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15M, los acampes: Democracia republicana, ya

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200511 - Arturo del Villar - DEMOCRACIA REPUBLICANA YA

Un fantasma recorre
España, y asusta a los políticos en campaña electoral. El llamado en los medios de comunicación movimiento del 15 de mayo, que no por sus integrantes, se ha instalado en las plazas centrales de las ciudades españolas, para reclamar reformas sociales. En su inicio la convocatoria estaba dirigida a los jóvenes, los ninis, que ni trabajan ni estudian porque no pueden hacerlo, debido tanto a la falta de puestos laborales como a la inexistencia de becas, aunque después nos sumamos gentes de todas las edades a la manifestación, porque la inmensa mayoría de los vasallos del reino se ha hartado de soportar esta situación sin salida a la que nos han llevado los dos partidos políticos dinásticos alternantes en el poder.

(Ver: ¡Que se vayan todos!: La Qasba en Madrid)
 
Sin embargo, no es muy acertado el eslogan principal que señorea en estas acampadas: “Democracia real ya.” La palabra castellana democracia es una traslación directa de la griega, que se traduce a nuestro idioma como poder popular. Por lo tanto, la única democracia verdadera es la republicana, en la que efectivamente ejercen el poder los delegados del pueblo elegidos libremente.
Por su propia definición, una monarquía jamás podrá ser democrática, puesto que el poder lo ejerce una única familia con carácter hereditario. Eso es feudalismo. En las monarquías los hombres y mujeres que las padecen son feudatarios del monarca, considerado inviolable, irresponsable, incriticable e ininjuriable. Así lo señala, por ejemplo, el título II de la vigente Constitución Española, la de la monarquía del 18 de julio instaurada por el dictadorísimo en el sucesor designado por él mismo, con carácter vitalicio y hereditario.
Esa Constitución fue elaborada por representantes de seis organizaciones políticas, una vez consumada la sumisión feudataria de los partidos hasta entonces izquierdistas, el Socialista Obrero y el Comunista. Los partidos republicanos eran ilegales, de modo que no podían opinar. Dos veces había expulsado el pueblo español a la dinastía borbónica, ante el deseo de vivir en una España con honra. Las dos ocasiones se frustraron por la traición de unos militares monárquicos, y en 1977 por la traición de los partidos políticos hasta entonces de izquierdas.

DOS PARTIDOS CON UNA POLÍTICA

Lo mismo que en la restauración de 1874, en la de 1975 se alternan dos partidos políticos en el poder, sin diferencias sustanciales en sus actuaciones. El partido llamado impropiamente Socialista y hasta Obrero hace una política ultraderechista, muy semejante a la ultraconservadora del que dice ser Popular. Ambos son dinásticos, partidarios de la permanencia de España en la Organización Terrorista del Atlántico Norte, fieles vasallos del emperador estadounidense, adoradores de las empresas multinacionales gringas, lacayos de los grandes banqueros que les conceden unos préstamos sin necesidad de devolución, y esclavos de los dirigentes más derechistas de la Unión Europea.
Los dos partidos pactan apaños que les benefician mutuamente, para mantener su carácter hegemónico. El ejemplo más denigrante es la Ley Orgánica 6/2002 de Partidos Políticos, que les faculta para impedir la existencia de aquellos que pueden restarles votos. El Gobierno de Euskadi es resultado de un pacto entre esos dos partidos, sin ninguna estridencia, a pesar de sus nombres, porque la aplicación de sus programas es única. Cuando el pueblo vasco decide reunirse en partidos políticos o agrupaciones electorales en la legítima defensa de sus intereses identitarios, los llamados socialistas y los que dicen ser populares actúan conjuntamente para ilegalizarlos. Los nombres de Sortu y Bildu están de radical actualidad por ese motivo. Las sentencias judiciales son dictadas en nombre del rey.
Un preso político vasco sobre el que recae el odio de ambos partidos, Arnaldo Otegi, ha sido absuelto reiteradamente de las acusaciones pendientes sobre él, pero sigue encarcelado y estigmatizado. Por ejemplo, el pasado día 8 de febrero el Tribunal Supremo anuló la sentencia que le había condenado por una supuesta apología del terrorismo en Amorebieta. El 15 de marzo el Tribunal Europeo de los Derechos del Hombre, con sede en Estrasburgo, falló a su favor y condenó al reino de España a pagarle una indemnización. El 18 de mayo ha sido el Tribunal Supremo de España el que le ha absuelto de la condena por exaltación del terrorismo en el velódromo de Anoeta. Pero Otegi seguirá en la cárcel, porque disgusta a la monarquía del 18 de julio, y entorpece la alternancia en el poder de los dos partidos políticos hegemónicos.

LA PROTESTA DE LOS PARIAS

Contra esta situación protestan pacíficamente los integrantes de las manifestaciones y acampadas conocidas como movimiento 15 de mayo. Es una manifestación popular, ajena a las organizaciones políticas, ya que los manifestantes no propugnan ninguna ideología política concreta. Lo que hacen es denunciar la pésima actuación de los dos partidos dinásticos alternantes, conducente a los cinco millones de parados, a la falta de perspectivas, a la revocación del estado de bienestar, y a la desilusión total por no tener alicientes para confiar en un porvenir incierto.
Se está comparando esta acampada con la iniciadora de las revueltas populares en los países árabes, desde el pasado mes de enero. Las teóricas repúblicas árabes suelen ser dictaduras vitalicias y hereditarias, iguales a una monarquía. Siempre una monarquía es una dictadura, contraria al sentido de la democracia. El 14 de enero salió de Túnez el dictador Ben Alí, después de 23 años en los que engrandeció desmesuradamente su fortuna. El 11 de febrero concluyó en Egipto la dictadura de Mubarack, tras 29 años en el poder dedicados a amasar una incalculable fortuna. El rey de España lleva 35 años ocupando el trono en que le sentó el dictadorísimo.
En la Puerta del Sol se ven muchas banderas republicanas. Los acampados pueden pasar allí los días enteros porque carecen de obligaciones, al no ser estudiantes ni trabajadores. Son los parias de la sociedad, y se rebelan contra esa situación. Piensan, luego protestan. No van a perder nada si fracasan, porque nada tienen.
Las revueltas triunfaron en Túnez y en Egipto porque los militares se unieron al pueblo al que pertenecen, contra el dictador y sus secuaces que les ordenaban disparar sobre los manifestantes pacíficos. El Ejército español está formado por inmigrantes sudamericanos y africanos, a causa del desprestigio a que lo llevó su apoyo a la dictadura, así que es imposible adivinar su comportamiento.

 

 

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