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. El mayor desmán financiero de nuestra historia
. Los buitres merodean a las cajas

191011 - Rafael Cid - Ràdio Klara - Estos días los medios de comunicación que habitualmente ponen letra y música a las preferencias del sistema nos están informando con gran profusión de detalles sobre las abusivas retribuciones otorgadas a algunos directivos de las cajas de ahorro “nacionalizadas” por no haber alcanzado los ratios oficiales de capitalización. Lógicamente, la difusión de esos escandalosos y multimillonarios “paracaídas de oro” concedidos a altos ejecutivos de entidades como la CAM, cuarta en el ranking del sector, y Novacaixagalicia, ambas intervenidas por el FROB (Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria), ha tenido como resultado inmediato la repulsa generalizada de la opinión pública.

De esta guisa, y siempre gracias a la oportuna publicitación de los medios, la indignación de la ciudadanía he hecho diana sobre las cajas-institución, contribuyendo a criminalizarlas sin distinguir entre causa y efecto, entre el todo y las partes. Así se ha generado la demanda social exigida para culminar el expolio que se estaba produciendo sobre el único referente de banca pública que quedaba en España tras la privatización tiempo atrás de la otra banca oficial que competía con la banca privada. La cosa suena al chusco dicho “qué patada les hemos pegado en nuestro propio culo”.

(Ver:
La banca pública es mejor que la banca privada: el caso de EEUU)

Porque a la hora de valorar el nivel de robo social que representan esas delincuenciales prebendas arrampladas por algunos gañanes de las cúpulas de las cajas que ahora meritoriamente se denuncian y lo que supone acabar legalmente con un sector crediticio de servicio público que cubría más del 45% del sistema financiero, la cosa no tiene color. El saqueo de verdad está en lo último, aunque todos lo bendigan, o casi todos. Mientras que el de los mangantes de cuello blanco, con ser un latrocinio como la copa de un pino, no es sino la excusa propiciatoria para justificar la demonización de las cajas de ahorro como esas manzanas podridas que un buen padre de familia debe eliminar por imperativo de urbanidad. De esta forma, burla burlando, bajo la batuta del gobierno socialista y el apoyo cómplice del Partido Popular, hemos asistido a la última gran desamortización producida en España para beneficio de las clases dominantes y la gran banca multinacional que tanta responsabilidad tiene en la crisis que padecemos.

El catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona, Antón Costas Comesaña, lo anunció hace unos meses en un valiente y esclarecedor artículo titulado “El mayor desmán financiero de nuestra historia”, donde de-construía la trama del expolio y señalaba a sus cabecillas y responsables. Sostenía el economista, tras mostrar su perplejidad porque se fuera a entregar “la mitad del sistema financiero español a precios de saldo y de desguace” (¿recuerdan el caso Loterías del Estado?) a bancos, inversores privados y “fondos buitres”, que la medida carecía de la mínima coherencia económica requerida porque suponía:

“Primero, una concentración desmedida y una disminución significativa de la competencia bancaria, cuyos perjudicados serán familias, profesionales y pequeñas y medianas empresas. Segundo, la aparición de riesgo de exclusión financiera para personas con baja cultura financiera, que tenían en la proximidad de las oficinas de las cajas un servicio público que los bancos no prestarán. Tercero, la pérdida de la Obra Social de las cajas, que actúa como un segundo Estado de bienestar, al atender a situaciones sociales adonde no llegaban las políticas públicas. Y, cuarto, la pérdida de un instrumento de dinamización cultural, especialmente en zonas pobres o alejadas”.

Era lo que Costas denominaba un “largo camino de despropósitos” cometido en comandita por legisladores, autoridades, reguladores, supervisores y las propias cajas”, cada uno desde su propia responsabilidad: Legisladores, autoridades económicas y monetarias han puesto un empeño digno de otras causas en liberalizar las cajas para romper sus fronteras geográficas naturales y dejar que hicieran todo lo que hacían los bancos. No midieron los riesgos. Esa libertad que se otorgó a los directivos chocaba con la lentitud de sus órganos de gobierno a la hora de tomar decisiones en momentos de crisis.

(Ver:
Guía didáctica para entender la crisis de la deuda pública española)

Los directivos aprovecharon esa liberalización para una expansión irresponsable y para concentrar las inversiones en inmuebles y suelo. Como los depósitos de los impositores no daban para financiar la expansión crediticia, se endeudaron hasta las cejas en los mercados europeos de capital. Riesgo inmobiliario y alto endeudamiento ha sido un cóctel explosivo.

Lo más sorprendente es ver cómo el supervisor, el Banco de España, dejó crecer ese riesgo y endeudamiento. Su labor de vigilancia y supervisión ha sido manifiestamente mejorable. La situación actual cuestiona su labor, al menos hasta 2007. No vale ahora echarle la culpa a la “politización” de las cajas. No puede lavarse las manos. Alguna explicación merecen los españoles y que la autoridad bancaria les diga qué hará en el futuro para desarrollar mejor su función. Las autoridades autonómicas y locales han puesto su grano de arena. Al buscar una solución en los matrimonios endogámicos han empeorado la situación. La unión de dos contagiados no da lugar a uno sano.

Finalmente, el Gobierno ha estado creyéndose durante demasiado tiempo su propia mentira: que teníamos el mejor sistema bancario del mundo mundial. Faltó diagnóstico precoz para ver el contagio y diligencia en la aplicación de la medicina que tenía a mano: el propio Fondo de Garantía de las Cajas y el FROB. Ahora todo son prisas y precipitaciones. Y así nos va”.

Pero en su escrito el profesor no se contentaba con la denuncia pública, esgrimía como salida positiva para las cajas “la intervención temporal y la depuración de responsabilidades” para “volver a recuperar su ámbito de negocio natural”. Lo contrario de lo que finalmente ha ocurrido. Desde la quiebra de la Caja de Castilla la Mancha ( la que financió a El Pocero y el aeropuerto de Ciudad Real) hasta las últimas “nacionalizaciones” nominativas (otra vez se socializan las pérdidas y se privatizan los beneficios) que afectan a Catalunyacaixa, Novacaixagalicia, Unnim y la CAM, de momento, con un coste para el erario público de 7.751 millones de euros (casi la partida de rescate que reclama Grecia en la actualidad), no se conoce ninguna acción de la fiscalía para esclarecer la gestión de las cúpulas directivas de las cajas impuestas por el consenso de los poderes políticos dominantes en sus zonas de actuación. Una responsabilidad que debería alcanzar a otros órganos colegiados de control, en donde estaban representados, por ejemplo, CCOO y UGT, que en la mayoría de los casos fueron convidados de piedra del aquelarre gerencial. O valieron para que sus miembros se lucraran con créditos blandos de esas mismas entidades o hicieran de su culiparlante presencia en las juntas una manera de complementar ingresos (1.000 euros por cabeza era la dieta de la asistencia en la CAM).

(Ver:
José María Aznar)

Sin embargo, como si de una profecía autocumplida se tratara, a lo que hemos asistido es a un ejercicio de linchamiento hacia las cajas-institución por parte de las mismas autoridades encargadas de su supervisión y previsión de riesgos, que ha alcanzado su paroxismo en la afirmación urbi et orbi del gobernador socialista del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, de que la CAM era “lo peor de lo peor”, que es tanto como brindar a la afición el descabello de morlaco sin ningún género de miramientos. MAFO, el economista socialdemócrata que escribía los editoriales económicos del diario El País en la etapa Aznar; la misma máxima autoridad española en materia financiera que en plena crisis afirmara que los parados estaban poniendo en peligro el negocio bancario.

La gran pregunta es ¿cómo nos hemos dejado embaucar hasta llegar a poner en almoneda el patrimonio acumulado por varias generaciones de humildes ahorradores? ¿Cómo hemos permitido que nos roben las cajas, entidades sin ánimo de lucro que destinaban una parte de su excedente a obra social? ¿Qué extraño virus ha podido alienarnos hasta el punto de permitir el expolio de unas entidades que representaban el nivel local del Estado de Bienestar por su promoción de servicios asistenciales, de salud, educativos, culturales y desarrollo regional? La clave vírica está en la información metabolizada. Nos han dicho y redicho que eran ineficientes, obsoletas y que sólo servían para que unos cuantos aprovechados hicieran sus agosto. O sea, nos han facilitado la excusa (en parte cierta) para actuar sin miramientos contra la institución, y muerto el perro se acabó la rabia.

Una gran mentira envuelta en cuatro lamentables anécdotas verdaderas para que los árboles impidan ver el bosque. El verdadero problema es que las cajas competían con ventaja a los bancos. Eran más eficientes y más rentables. No lo decimos nosotros. Lo afirma un economista del régimen que en otra época iba de rojo subido:

“Para dar una idea de la importancia financiera de las Cajas de Ahorro, baste indicar que sus depósitos suponen más de la mitad del mercado, por encima de los de la banca (…) Las cajas obtienen mejores calificaciones en este punto –ratio de eficiencia- que los bancos (el ratio, sin considerar las amortizaciones, para 1998, ha sido de 55,2 por 100 para las cajas y de 60,34 por 100 para los bancos). Las cajas son más rentables que los bancos. En 1997 su ROA (ratio on asstes ) fue 0,88 por 100 frente al de los bancos, del 0,61 por 100” (Ramón Tamames, Estructura económica de España, pág.715, 25ª edición, 2008).

Como dejó escrito Víctor Hugo, “detrás de una gran fortuna siempre suele haber un crimen”.

(Ver:
Yo acuso. Carta a Don José Luís Rodríguez Zapatero)

280111 - El mayor desmán financiero de nuestra historia - Antón Costas Comesaña, catedrático de Política Económica en la Universidad de Barcelona - El País

Tengo en el cuerpo la incómoda sensación de que estamos a punto de cometer el mayor desmán financiero de nuestra historia: la entrega de la mitad, ¡la mitad!, del sistema financiero español, a precios de saldo y desguace, a bancos, inversores privados y “fondos buitres”, como les llama un conocido y reputado analista financiero, José Carlos Díez, en su blog.

Quizá este malestar es debido a un arrebato de patriotismo. En cualquier caso, las consecuencias serían muy importantes. Primero, una concentración desmedida y una disminución significativa de la competencia bancaria, cuyos perjudicados serán familias, profesionales y pequeñas y medianas empresas. Segundo, la aparición de riesgo de exclusión financiera para personas con baja cultura financiera, que tenían en la proximidad de las oficinas de las cajas un servicio público que los bancos no prestarán. Tercero, la pérdida de la Obra Social de las cajas, que actúa como un segundo Estado de bienestar, al atender a situaciones sociales adonde no llegaban las políticas públicas. Y, cuarto, la pérdida de un instrumento de dinamización cultural, especialmente en zonas pobres o alejadas.

El valor económico que se perdería para la sociedad en su conjunto sería inmenso. Muchísimo mayor que el valor patrimonial o contable, que es lo que ahora está en juego.

Si queremos preservar ese valor económico, la solución no es la fuga hacia delante, para entregarlas a inversores privados. La solución es la vuelta atrás, hacia lo que nunca deberían haber dejado de ser.

Las cajas son una institución financiera peculiar. Su mercado geográfico natural es el local y provincial. Y su función natural el crédito a las familias y pymes. Ese mercado y esa operativa eran coherentes con una específica estructura de propiedad distinta de la de los bancos.

(Ver:
Depredadores financieros)

Ha sido una historia de éxito, hasta ahora.

A esta situación se ha llegado a través de un largo camino de despropósitos. Son muchos los que han colaborado: legisladores, autoridades, reguladores, supervisores y las propias cajas.

Legisladores, autoridades económicas y monetarias han puesto un empeño digno de otras causas en liberalizar las cajas para romper sus fronteras geográficas naturales y dejar que hicieran todo lo que hacían los bancos. No midieron los riesgos. Esa libertad que se otorgó a los directivos chocaba con la lentitud de sus órganos de gobierno a la hora de tomar decisiones en momentos de crisis.

Los directivos aprovecharon esa liberalización para una expansión irresponsable y para concentrar las inversiones en inmuebles y suelo. Como los depósitos de los impositores no daban para financiar la expansión crediticia, se endeudaron hasta las cejas en los mercados europeos de capital. Riesgo inmobiliario y alto endeudamiento ha sido un cóctel explosivo.

Lo más sorprendente es ver cómo el supervisor, el Banco de España, dejó crecer ese riesgo y endeudamiento. Su labor de vigilancia y supervisión ha sido manifiestamente mejorable. La situación actual cuestiona su labor, al menos hasta 2007. No vale ahora echarle la culpa a la “politización” de las cajas. No puede lavarse las manos. Alguna explicación merecen los españoles y que la autoridad bancaria les diga qué hará en el futuro para desarrollar mejor su función.

Las autoridades autonómicas y locales han puesto su grano de arena. Al buscar una solución en los matrimonios endogámicos han empeorado la situación. La unión de dos contagiados no da lugar a uno sano.

Finalmente, el Gobierno ha estado creyéndose durante demasiado tiempo su propia mentira: que teníamos el mejor sistema bancario del mundo mundial. Faltó diagnóstico precoz para ver el contagio y diligencia en la aplicación de la medicina que tenía a mano: el propio Fondo de Garantía de las Cajas y el FROB. Ahora todo son prisas y precipitaciones. Y así nos va.

La solución para preservar el valor económico que las cajas tienen para la sociedad y la economía española es la intervención temporal y la depuración de responsabilidades. Esa intervención no debería llevar aparejada la obligación de conversión en bancos. Al contrario, debería forzar a las cajas intervenidas a dar un paso atrás: volver a recuperar su ámbito de negocio natural. No es imposible. Así se ha hecho en otros momentos de reforma bancaria.

¿Cuánto costaría la intervención? La vicepresidenta Elena Salgado ha estimado que unos 20.000 millones adicionales, incluyendo bancos. En total, un 3% del PIB. Cantidad manejable, y más productiva que los gastos faraónicos en el AVE. Y menor del 6% del PIB que costó la intervención del sector privado bancario en los años ochenta, desde Rumasa hasta Banesto. En todo caso, ese coste no es nada comparado con el valor económico que se perdería con la desaparición de las cajas.

Creo que vale la pena salvar las cajas. Si no, el epitafio de los historiadores de nuestro sistema financiero será que “entre todos la mataron, y ella sola se murió”.

(Ver:
Fondos Buitre)

230111 - Los buitres merodean a las cajas - José Carlos Diéz - Cincodias

Hoy publica El País que fondos extranjeros acechan a las cajas. Realmente se trata de los llamados fondos buitres y ya llevan bastante tiempo sobrevolando nuestra querida
España y este economista observador ha estado en contacto con alguno de ellos. Para las personas poco familiarizadas con ellos, Richard Gere encarna bastante bien su espíritu en Pretty Woman. El problema es que Hollywood las pelis que empiezan mal siempre suelen acabar bien pero en la vida real hay evidencia empírica suficiente que demuestra que dejar entrar a los fondos buitres puede no ser la mejor opción.

La familia de mi mujer es de la sierra de la Demanda en Burgos y para llegar hay que pasar el desfiladero de la Yecla, antes de Santo Domingo de Silos, donde hay una colonia de buitres y este economista observador suele parar para observar su magistral vuelo. También solemos ir al cañón del rio Lobos, disfrutando de la majestuosidad de los pinares del lugar que me recuerdan a Nueva Inglaterra o a la zona francófona canadiense, y puedes disfrutar del vuelo del buitre negro desde el mirador de la carretera, algo difícil de describir. Por lo tanto, respeto por los buitres ya que cumplen su función en la naturaleza y en una economía de mercado que también se rige por el principio de la selección natural darwiniana. No obstante, es conveniente analizar si los fondos buitres son la mejor opción para nuestro sistema bancario.

Algunos sueñan con ver desaparecer las cajas pero parece que tendrán que esperar. Las cajas son instituciones muy valoradas por sus clientes y tardaremos mucho tiempo en verlas desaparecer, independientemente de cual sea su naturaleza jurídica. Baste un ejemplo real mucho mejor que los teóricos; CCM estuvo en el disparadero de la opinión pública durante meses y al final tuvo que ser intervenida. Muchos medios hablaban abiertamente de quiebra. ¿Cuántos clientes decidieron sacar sus depósitos de la caja ante el temor de perderlo? Sólo el 10%. Eso significa que el 90% de los clientes fueron fieles a la entidad en un caso extrema de incertidumbre.

Acertaron. A parte del seguro de depósitos, la caja sobrevive y tras el saneamiento ya tiene margen operativo positivo, la inyección de capital rondará los 1.500 millones de euros y el contribuyente español ha pagado cero euros ya que todo lo ha soportado el Fondo de Garantía de las cajas, un granero que acumuló grano en las época de la edad dorada del crédito para hacer frente a imprevistos en la época de vacas flacas. ¿Qué nos quieren hacer creer los del mito de la caverna? Que el agujero era de 9.000 millones, que lo hemos pagado todo los contribuyentes y que la intervención ha sido un desastre y la caja sigue con problemas. Por eso desconfía de los que te digan que el resto del sistema de cajas está igual y sólo les queda la solución de desaparecer.

Antonio Machado decía que “sólo un necio confunde valor con precio”. Las cajas tienen valor pero ¿qué precio quieren los
Fondos Buitre? El otro día me comentaba un banquero de toda la vida que vivió en primera persona la crisis bancaria de los ochenta en España y la de la deuda de emergentes en aquella época y que tuvo que negociar la reestructuración de la deuda de un banco americano con el estado mejicano, argentino, etc y charlamos sobre el tema de los fondos buitres. Están exigiendo obtener rentabilidades del 35% de la inversión lo cual supone valorar las cajas a precios ridículos y de momento los precios de venta y de compra no se encuentran por eso estamos lejos de ver acuerdos. Ambos coincidimos que hay que buscar otra solución.

(Ver:
El golpe de Estado de Zapatero, la hora de la verdad del 15-M)

En estos momentos la banca mundial cotiza en media próxima a su valor en libros, por lo tanto próxima a sus mínimos históricos. Lo peor que es las previsiones de los analistas es que siga cotizando a valor en libros en 2013, lo cual ahuyentan a los inversores a empresas tecnológicas o con exposición a países emergentes que ofrecen rentabilidades esperadas mucho más elevadas y con menor riesgo. La banca española cotiza por debajo de valor en libros y algunas entidades tan sólo cotizan al 60% de su valor en libros. Según la teoría financiera las empresas tienen dos fuentes básicas de financiación ajena: emitir acciones o emitir bonos o solicitar préstamos estas dos últimas son equivalentes. Siguiendo la q de Tobin se emiten acciones cuando las expectativas de los inversores con respecto al futuro de los beneficios de la compañía son positivos y sino es más racional emitir bonos.

Ahora se argumenta que las entidades tienen problemas para conseguir financiación en mercados y que la única solución sería emitir acciones como hace cualquier empresa. El problema es que un banco no es cualquier empresa. Para empezar el Estado asegura sus depósitos y esos depósitos son la base de su negocio minoristas y su cartera de clientes es su fondo de comercio y su principal valor. Entonces si nos regimos por la economía de mercado deberíamos eliminar a la nueva entidad el seguro de depósitos, algo que sería un suicidio y que obligaría a una intervención pública de la entidad en un futuro próximo con mucho más coste para el contribuyente.

Otro problema es que en estos casos conviene releer los capítulos introductorios de los manuales de economía que nos enseñan la diferencia entre valor contable y valor económico.

Hasta ahora hemos hecho un análisis contable pero estamos dejando de lado la estimación de externalidades que genera el sistema bancario.

Cuando se habla de que una caja representa una pequeña cuota de mercado nacional y eso hace irrelevante la intervención se hace un análisis incorrecto. Las cajas suelen ser líderes en su provincia y área de influencia por lo que son muy relevantes para la economía local o regional. En estos momentos de elevada restricción de crédito y con la necesidad de elevar la solvencia, ninguna entidad financiera está en condiciones de absorber los créditos a pymes de la otra entidad, por lo que el daño de vender esas carteras a otras entidades que no las conocen podrían suponer otra tuerca más en la restricción de crédito, más cierre de empresas y más desempleo en la región.

Por lo tanto un análisis de valor económico aconseja probar otras alternativas a los fondos buitres. Esta semana he estado con mi buen amigo Ángel Serrano de Aguirre Newman que periódicamente me da el sentimiento de mercado del sector inmobiliario. Tras un 2009 en el que los únicos compradores eran family office de grandes fortunas españolas, en los últimos meses los grandes fondos inmobiliarios internacionales han recuperado cierto interés por nuestra querida España, aunque estamos lejos de una situación de plena normalidad. Por ejemplo, Aguirre Newman acaba de asesorar en la venta en lease back de la sede Sogecable en Tres Cantos. Hay mucho interés por los lease back pero también por suelos buenos con valor. Los fondos inmobiliarios exigen una rentabilidad a su inversión del 6%, por lo que parece mejor explorar esta opción antes de acudir a los fondos buitres.

Es prioritario para las entidades optimizar su cartera inmobiliaria y dejarse aconsejar por profesionales externos que tengan el contacto con los inversores internacionales y por lo tanto con la realidad y comenzar un proceso urgente de venta de activos con el fin de generar liquidez y desapalancar a la entidad. Con las viviendas adjudicadas el proceso ya ha comenzado y ahora toca con el suelo. Otra opción es asociarse con promotores profesionales que hayan sobrevivido a la crisis y que puedan poner en valor los suelos donde hay demanda embalsada.

Otra opción antes de acudir a fondos buitres es la intervención de Banesto en 1993. Tras intervenirlo y sanearlo el banco se sacó pública subasta y otra entidad se encargó de su saneamiento. En aquella época, el Central Hispano también tenía una capitalización muy débil y se rumoreaba con su posible intervención. Hoy las tres entidades son parte del Santander uno de los líderes mundiales en banca minorista. Otro ejemplo es Unicaja, que surge de la fusión de varias cajas y fue forzada por el Banco de
España a principios de los noventa. Hoy es una de las cajas con mejores ratios de solvencia, eficiencia y rentabilidad que superan a la mayoría de bancos españoles e internacionales.

Los contribuyentes tuvimos que asumir parte del saneamiento y dar créditos para garantizar que el proceso llegase a buen término. Pero luego hemos recuperado con creces nuestra inversión cobrando el impuesto de sociedades y los impuestos generados por las innumerables empresas que han podido desarrollar sus proyectos gracias a sus créditos. Esto no sería posible si fuera un inversor privado, por lo que el Estado es el único que puede gestionar la externalidad y poner en valor las entidades en este momento. Por lo tanto, de momento los buitres tendrán que esperar.


 

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