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Dice lo que muchos franceses piensan y no se atreven a repetir en voz alta
y tiene una ejecutividad que una clase política cloroformada por años de
cohabitación en el poder ha perdido. Había acusado a los jóvenes
de los suburbios de ser la racaille, la basura social y amenazaba
con limpiar la banlieue a golpes de karcher, una
poderosa manguera industrial, ante el horror de los ministros de su propio
gabinete, con un presidente Jacques Chirac enmudecido.
Ese mismo día, antes de la llegada de Barbare a su dorado y napoleónico
despacho, acababa de anunciar otra de sus declaraciones provocativas:
expulsaría a los 120 extranjeros detenidos en los disturbios, más allá de
que tuvieran o no permiso de trabajo en Francia. Esos horrores
declamativos no eran gratuitos: el 68 por ciento de los franceses apoyaba
su conducta. Entre ellos, 40 por ciento de los socialistas y el 90 por
ciento de los xenófobos del Frente Nacional. Un buen y pragmático capital
electoral para el 2007 para el nuevo líder del populismo francés.
Con sólo tres meses en su cargo, Vincent Barbare iba preparado para la
confrontación con el ministro Sarkozy y su lenguaje machista y brutal de
abogado litigante. No imaginaba que el desafío podría ser tan incómodo y
con tan malos resultados para su empresa, su imagen, con repercusiones en
la libertad de prensa y la legislación sobre la vida privada.
Libro censurado
El ministro del interior, a pedido de su esposa Cecilia, de la que está
separado y en vías de divorcio, le exigía que bloqueara la salida de un
libro sobre ella. Un seguro best seller, escrito por Valerie Domain,
periodista de Gala, una revista de la prensa del corazón.
Cecilia había colaborado espontáneamente en esta biografía autorizada,
hasta que leyó los dos últimos capítulos que hacían referencia a su
abandono de la casa matrimonial, a causa de su enamoramiento del jefe de
la campaña publicitaria de su marido, Richard Attias.
Hasta mayo, Cecilia y Nicolas Sarkozy eran los Kennedy franceses. Hasta
impulsaban esa imagen, posando para la revista Paris Match, en
una mala copia de aquella famosa foto del presidente John Kennedy y su
hijo John John jugando a los pies del escritorio de su despacho.
Los fotógrafos mostraban su casa, su living, sus vacaciones, sus trajes de
baño, su intimidad. Una extraña obsesión mediática, en un país donde la
privacidad es sagrada y defendida rigurosamente por las leyes, los números
de teléfonos privados de los ministros son un tabú a respetar
sacrosantamente y su vida personal, un misterio que todos los
periodistas conocen pero de la que jamás escriben una línea.
La sombra de Sarko
Cecilia era la sombra de su marido, su jefa de gabinete sin sueldo en el
Ministerio del Interior y a veces ministra en ejercicio, su principal
asesora en el Ministerio de Economía, a donde se mudó la familia con su
pequeño hijo Luis y su niñera.
Fue ella la que organizó su lanzamiento presidencial en el show político
más espectacular de la historia de Francia en Le Bourget el año pasado.
Un día histórico, en todos los sentidos, porque cambiaría para siempre la
vida del matrimonio más famoso de la República. Ella conocería a Richard
Attias, el publicista que se ocuparía de la imagen de su marido en la
carrera a la presidencia.
Esa ambición, a la que se opone el presidente Jacques Chirac y que
enfurece a Dominique de Villepin, el primer ministro del gabinete en el
que Nicolas es el ministro del interior, porque tiene sus mismas
aspiraciones. Intrigas palaciegas en la República.
El flechazo
Coupe de foudre completo. Amor a primera vista. Una semana antes del
referéndum europeo por la Constitución, Cecilia partió a la espectacular
ciudad jordana de Petra del brazo de Richard Attias, después de decirle a
su marido que necesitaba “una pausa de reflexión”.
La prensa la detecta en Jordania e identifica a su amante. Sarkozy
suspende –destruido– una entrevista en 20 Heures en la TF1. “La verdad es
simple. Como millones de familias, la mía conoce dificultades. Estas
dificultades están en tren de superarse”, admite Sarkozy en France 3,
después de algunos días.
Experto en crisis institucionales, al rey Juan Carlos de España le toca un
rol nuevo: broker sentimental en la emergencia. Nicolas y Cecilia van a
una corrida y cenan con Su Majestad en Madrid para mostrar una unidad de
fachada y de cara a los fotógrafos.
Una semana más tarde, Nicolas Sarkozy asume nuevamente como ministro del
interior de Jacques Chirac.
¿Su primera medida? Despedir a un oficial de prensa de la policía, bajo la
acusación de haber desperdigado el rumor de su separación, en nombre de un
complot de chiquistas y villepenistas.
La guerra por la sucesión en el Eliseo es abierta y despiadada. Sarko
retoma su carrera política sin Cecilia al lado. El proyecto Primera Dama
se esfuma mientras él se propone reconquistar a su mujer en 100 días, en
otra de las clásicas y exaltadas fórmulas sarkozianas.
El ministro del interior está de vacaciones en Arcachon cuando se entera
que ha salido la famosa tapa de Paris Match del 24 de agosto. En
pantalones, su esposa Cecilia aparece en compañía del publicista Richard
Attias. Una tempestuosa conversación con Arnaud Lagardere, dueño de Match
y su amigo, se produce. Otra igual con Alan Genestar, el editor de la
revista, que da tormentosas explicaciones.
Hasta hay rumores de que Genestar podría ser despedido. Pero Match ya está
en la calle y la edición se agota.
El rumor de la separación se ha transformado en una evidencia fotográfica.
Cecilia, entre el corazón y la razón no es “un libro sulfuroso”. Palabras
de la autora, Valerie Domain. Es bastante menos osado que la aventura de
Cecilia Sarkozy, su propia protagonista. Pero su historia en blanco y
negro puede ser un thriller pesado de digerir hasta para la segunda dama
de Francia, como bautizó la prensa a Cecilia, la ex modelo, ex jefa de
gabinete de su propio marido y ex-otro yo de Nicolas Sarkozy, que en mayo
decidió abandonarlo.
Los flechazos forman parte de la historia del matrimonio Sarkozy. Cuando
Cecilia se casó en primeras nupcias con el comediante Jacques Martin, fue
Nicolas quien celebró la ceremonia como alcalde de Neully sur Seine, un
suburbio chic de París.
Los amigos del ministro aseguran que el amor del alcalde surgió allí, a
pesar de ser un buen amigo del presentador televisivo. “Me tengo que casar
con esta mujer”, dicen que dijo. Lo logró varios años más tarde.
Estado de urgencia
Ni Sarkozy ni el editor han admitido hasta ahora cuáles fueron los
términos de la brutal entrevista, donde el ministro le exigió que no
publicara el libro de su mujer. Según Le Canard, que descubrió la presión
editorial sobre First, el ministro habría mencionado que era en nombre del
estado de emergencia que el libro no podía ser publicado.
Este estado excepcional, que regirá en Francia por 3 meses más desde el 7
de noviembre por la crisis en los suburbios, le otorga al ministro del
interior poderes de control de la prensa y las noticias que él mismo se
comprometió a no ejercer.
Es más: hasta se resistió a la declaración de estado de emergencia,
decidido por el presidente Jacques Chirac, con quien tiene una horrenda
relación personal a pesar de ser su ministro, para frenar el estallido
social.
“Nosotros tenemos cosas más importantes que hacer”, dijo el portavoz del
ministro, ante todas las demandas de aclaraciones de los periodistas.
Decisión tomada
El editor Barbare salió de la entrevista ministerial con la decisión de no
publicar el libro, cuyas 25.000 copias ya impresas debían salir a las
librerías el 24 de noviembre. Hasta la campaña de prensa estaba lista.
Pero First informó a Valerie Domain que el libro no sería publicado.
Furiosa y perpleja, la periodista comenzó a consultar a sus abogados y
trataba de proteger su manuscrito de un allanamiento policial u orden
judicial de secuestro, en nombre del respeto de la vida privada de un
funcionario público francés.
“Es extravagante encontrarme en esta situación. Mi libro no tenía nada de
sulfuroso. No es una investigación como Watergate”, se defendió la
periodista Valerie mientras buscaba desesperadamente otro editor, en un
mundo de editores horrorizados con la decisión de su colega.
En una entrevista con el diario francés Le Parisien, Cecilia Sarkozy
admitió que ella fue quien pidió a su marido hacer algo para que no
publicara su biografía autorizada.
“Estoy escandalizada. Fui yo quien le pidió a Nicolas que hiciera alguna
cosa. Yo encontré a Valerie Domain cuando ella hizo el primer libro
Mujeres de, hijas de, que era muy gentil a mi criterio. Ella llamó
cuando yo estaba en la UMP (el partido político de su marido). Me dijo que
quería hacer una biografía de mi infancia, mi familia. Yo la encontré
media hora, no más”, contó madame Sarkozy.
Cecilia insistió en que ella no leyó el manuscrito “sino ciertos pasajes
que me han escandalizado. Por eso reaccioné. Yo no quiero que nuestra vida
privada sea mediatizada. Yo no quiero hablar, yo no quiero que se hable
más”. Ella no sabe qué es lo que Nicolas Sarkozy hizo para impedir su
publicación.
“Yo sabía que ese libro estaba en el punto de salir. Y llamé a Nicolas en
rescate. Fui yo quien le pidió que me ayudara. El me dijo que se ocuparía.
Es todo lo que sé”, contó Cecilia.
Según Le Canard, Cecilia no se encontró sólo media hora con
Valerie Domain.
En realidad, ellas hablaron en dos largas entrevistas, cuyos casetes
Valerie guarda hoy como un tesoro. El primero fue en septiembre en un bar
de un lujoso hotel de París. El segundo, una semana más tarde.
Pero entre septiembre y octubre, periodista y entrevistada mantuvieron
numerosas discusiones telefónicas, mensajes de textos calurosos sobre sus
celulares, que incluían fijar encuentros. Cecilia vive ahora entre París,
donde su hijo va al colegio, y Nueva York, donde reside y trabaja su
enamorado, Richard Attias. Las dos mujeres se pusieron de acuerdo para que
Cecilia leyera los pasajes más sensibles. Fue después de esta lectura que
madame Sarkozy no devolvió los llamados a Valerie.
La revista Le Express anuncia que aparecerá un libro de Valerie Domain,
donde ella ha visto a Cecilia “antes y después de su ruptura”.
Entre la irrupción de Nicolas Sarkozy en su flamente rol de censor
sentimental de su propio infortunio y la tapa de Paris Match, una nueva
mujer aparece en la vida del ministro del interior francés.
Una nueva vida
Un Sarko relajado y junto a una joven de pelo oscuro caminaba en Darty, la
casa de electrodomésticos en el barrio parisino de la Madeleine, donde los
franceses hacen sus compras para la casa porque las heladeras, cocinas y
lavarropas son enviados el mismo día.
La escena se repite tres días después y hasta hay clientes que se toman
fotos con las cámaras de sus teléfonos portables junto a él. Los paparazzi
reemplazan a los admiradores. La foto de Sarkozy y su nueva novia se
cotiza a 100.000 dólares.
¿La novedad? Ninguna revista la compra. Ni Paris Match niVSD, obvios
clientes, están dispuestos a publicarla. El diario France Soir revela el
nombre de la novia de Sarkozy. El ministro del interior los demanda
judicialmente, al igual que a la agencia France Press, que osa enviar un
cable reproduciendo la misma noticia. Nicolas Sarkozy exige 1 euro de
“reparación moral” y su novia, 100.000 euros.
Nadie más menciona a la nueva mujer en la vida de Nicolas Sarkozy, que
trabaja en un diario francés y ha pedido cambio de sección a su editor
para conservar su independencia profesional. La ley francesa impide
identificarla, incluida la prensa extranjera.
Después de negociar con el editor Vincent Barbare para que no se publicara
el libro, argumentando razones que sólo él conoce, Sarkozy partió en su
helicóptero para seguir visitando comisarías, policías heridos, familiares
de los dos muertos del estallido social y centros de comandos, para
reforzar su rol de sheriff republicano en la crisis de la banlieue.
Sin complejos
Con su amor por la intelectualización, los franceses han bautizado a
Sarkozy de iconoclasta. Es más simple. Con las encuestas en la mano y los
ojos puestos en el palacio del Eliseo, Sarko habla como un opositor o un
oficialista de acuerdo a los sondeos cualitativos y sin el menor complejo.
Cuando menciona “la ruptura” y una “sociedad justa”, parece un
eurocomunista.
Puede ser confundido con un socialista si describe “el bloqueo de la
escalera social”, con familias confinadas en pequeños departamentos
insalubres sin espacio para los chicos para hacer sus deberes.
Pero cuando anuncia las deportaciones, la racaille y el karcher no es ni
más ni menos que una réplica con lifting del xenófobo líder del Frente
Nacional, Jean Marie Le Pen.
Tan parecido que Le Pen fue forzado a decir que sus electores prefieren
“el original y no la copia”. ¿Más contradicciones? El sueño de Nicolas
Sarkozy es parecerse a Tony Blair. Lo imita en sus discursos, pretende
llevar adelante su modelo anglosajón de cambios en la paralizada Francia.
Tiene su mismo talento para cautivar a su auditorio y la misma enfermiza
debilidad por controlar a la prensa y a la vez, mediatizarlo todo a su
favor. Una ecuación que siempre termina en tragedia. Más tarde o más
temprano
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Querido o detestado, Nicolas Sarkozy
no produce la menor indiferencia. Pasará a la historia como un ministro
del interior autoritario, con una mano firme contra el crimen y en
inmigración.
Ambicioso, hiperactivo, no pertenece a la elite francesa que se formó en
la Escuela de Administración Pública (ENA). Utiliza el hartazgo de la
sociedad francesa ante su propia decadencia para convertirse en el nuevo
salvador de la República.
Fue un protegido de Jacques Chirac y hasta se enamoró de su hija Claude,
cuando se inició en política. Pero la relación se deterioró con el
Presidente cuando apoyó en 1995 a su rival Edouard Balladur. El año pasado
fue forzado por Chirac a renunciar a su cargo si quería consolidar su
carrera presidencial y regresar al partido, la UMP, cuya presidencia
ejerce.
Nació en París, el 28 de enero de 1955. Su padre es un inmigrante húngaro
y su madre, judía, hija de un médico griego. El ministro es católico y un
hijo de la inmigración.
Entre 1979 y 1981 estudia en el Instituto de Estudios Políticos.
Finaliza su maestría en leyes y en 1981 recibe su certificado de aptitud
de abogado.
A los 28 años se convierte en el alcalde más joven de Francia en Neuilly
sur Seine. Estuvo en el cargo hasta el 2002.
En 1982 es consejero regional de la Ille de France y asume como diputado
por los Altos del Sena.
En 1999 es diputado europeo.
Desde abril del 2004 ejerce la presidencia del consejo general de Altos
del Sena.
Fue ministro de presupuesto entre 1993 a 1994 y portavoz del gobierno.
En 1995 fue designado ministro de comunicación.
Entre el 2002 y el 2004 fue ministro del interior de Jacques Chirac, que
volvió a asumir, pero como ministro de estado desde el 2 de junio del
corriente año
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