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María Laura Avignolo

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Derecho a morir es ley en Francia

Nicolas Sarkozi: el polémico ministro del Interior francés

Durante los incidentes que tuvieron en vilo a Francia, acusó a los inmigrantes de los suburbios de “basura social”. Y amenazó con “limpiarlos a manguerazos”. Su política de mano dura y su estilo provocador y de confrontación convirtieron al actual ministro del interior en un firme candidato a la presidencia, en 2007. En el medio, lo rodean los escándalos. Su mujer lo abandonó por su jefe de campaña. Y él, que sale con una periodista, prohibió a los medios que publicaran su nombre.Cuando el ministro del interior francés, Nicolas Sarkozy, convocó a su despacho en el palacio de la place Beauvau al editor Vincent Barbare, el director de ediciones First, el Boletín Oficial publicaba el decreto en el que se establecía en Francia el estado de emergencia. Era el 9 de noviembre y el estallido social de los jóvenes franceses de la banlieue, hijos de los inmigrantes y excluidos, cumplía su segunda semana de violencia. No menos de 600 autos quemados en una sola noche, toque de queda para menores en Niza, Cannes y la Riviera más Normandía. El país crispado ante una fractura social que negó por 30 años y para el mundo exterior, con París en llamas.

Sarko, este pequeño hijo de un inmigrante húngaro y una madre judía con un padre griego, con una espalda tan desarrollada como su ego y piernas desproporcionadamente cortas para sus enormes ambiciones presidenciales para el 2007, era el rey de la crisis. Con apenas 50 años, adicto al trabajo y a la mediatización de su figura, Sarkozy ha hecho de la provocación y la permanente confrontación un estilo para crecer en política.

 

Dice lo que muchos franceses piensan y no se atreven a repetir en voz alta y tiene una ejecutividad que una clase política cloroformada por años de cohabitación en el poder ha perdido. Había acusado a los jóvenes de los suburbios de ser la racaille, la basura social y amenazaba con limpiar la banlieue a golpes de karcher, una poderosa manguera industrial, ante el horror de los ministros de su propio gabinete, con un presidente Jacques Chirac enmudecido.

Ese mismo día, antes de la llegada de Barbare a su dorado y napoleónico despacho, acababa de anunciar otra de sus declaraciones provocativas: expulsaría a los 120 extranjeros detenidos en los disturbios, más allá de que tuvieran o no permiso de trabajo en Francia. Esos horrores declamativos no eran gratuitos: el 68 por ciento de los franceses apoyaba su conducta. Entre ellos, 40 por ciento de los socialistas y el 90 por ciento de los xenófobos del Frente Nacional. Un buen y pragmático capital electoral para el 2007 para el nuevo líder del populismo francés.

Con sólo tres meses en su cargo, Vincent Barbare iba preparado para la confrontación con el ministro Sarkozy y su lenguaje machista y brutal de abogado litigante. No imaginaba que el desafío podría ser tan incómodo y con tan malos resultados para su empresa, su imagen, con repercusiones en la libertad de prensa y la legislación sobre la vida privada.

Libro censurado

El ministro del interior, a pedido de su esposa Cecilia, de la que está separado y en vías de divorcio, le exigía que bloqueara la salida de un libro sobre ella. Un seguro best seller, escrito por Valerie Domain, periodista de Gala, una revista de la prensa del corazón.

Cecilia había colaborado espontáneamente en esta biografía autorizada, hasta que leyó los dos últimos capítulos que hacían referencia a su abandono de la casa matrimonial, a causa de su enamoramiento del jefe de la campaña publicitaria de su marido, Richard Attias.

Hasta mayo, Cecilia y Nicolas Sarkozy eran los Kennedy franceses. Hasta impulsaban esa imagen, posando para la revista Paris Match, en una mala copia de aquella famosa foto del presidente John Kennedy y su hijo John John jugando a los pies del escritorio de su despacho.

Los fotógrafos mostraban su casa, su living, sus vacaciones, sus trajes de baño, su intimidad. Una extraña obsesión mediática, en un país donde la privacidad es sagrada y defendida rigurosamente por las leyes, los números de teléfonos privados de los ministros son un tabú a respetar sacrosantamente y su vida personal, un misterio que todos los periodistas conocen pero de la que jamás escriben una línea.

La sombra de Sarko

Cecilia era la sombra de su marido, su jefa de gabinete sin sueldo en el Ministerio del Interior y a veces ministra en ejercicio, su principal asesora en el Ministerio de Economía, a donde se mudó la familia con su pequeño hijo Luis y su niñera.

Fue ella la que organizó su lanzamiento presidencial en el show político más espectacular de la historia de Francia en Le Bourget el año pasado.

Un día histórico, en todos los sentidos, porque cambiaría para siempre la vida del matrimonio más famoso de la República. Ella conocería a Richard Attias, el publicista que se ocuparía de la imagen de su marido en la carrera a la presidencia.

Esa ambición, a la que se opone el presidente Jacques Chirac y que enfurece a Dominique de Villepin, el primer ministro del gabinete en el que Nicolas es el ministro del interior, porque tiene sus mismas aspiraciones. Intrigas palaciegas en la República.

El flechazo

Coupe de foudre completo. Amor a primera vista. Una semana antes del referéndum europeo por la Constitución, Cecilia partió a la espectacular ciudad jordana de Petra del brazo de Richard Attias, después de decirle a su marido que necesitaba “una pausa de reflexión”.

La prensa la detecta en Jordania e identifica a su amante. Sarkozy suspende –destruido– una entrevista en 20 Heures en la TF1. “La verdad es simple. Como millones de familias, la mía conoce dificultades. Estas dificultades están en tren de superarse”, admite Sarkozy en France 3, después de algunos días.

Experto en crisis institucionales, al rey Juan Carlos de España le toca un rol nuevo: broker sentimental en la emergencia. Nicolas y Cecilia van a una corrida y cenan con Su Majestad en Madrid para mostrar una unidad de fachada y de cara a los fotógrafos.

Una semana más tarde, Nicolas Sarkozy asume nuevamente como ministro del interior de Jacques Chirac.

¿Su primera medida? Despedir a un oficial de prensa de la policía, bajo la acusación de haber desperdigado el rumor de su separación, en nombre de un complot de chiquistas y villepenistas.

La guerra por la sucesión en el Eliseo es abierta y despiadada. Sarko retoma su carrera política sin Cecilia al lado. El proyecto Primera Dama se esfuma mientras él se propone reconquistar a su mujer en 100 días, en otra de las clásicas y exaltadas fórmulas sarkozianas.

El ministro del interior está de vacaciones en Arcachon cuando se entera que ha salido la famosa tapa de Paris Match del 24 de agosto. En pantalones, su esposa Cecilia aparece en compañía del publicista Richard Attias. Una tempestuosa conversación con Arnaud Lagardere, dueño de Match y su amigo, se produce. Otra igual con Alan Genestar, el editor de la revista, que da tormentosas explicaciones.

Hasta hay rumores de que Genestar podría ser despedido. Pero Match ya está en la calle y la edición se agota.

El rumor de la separación se ha transformado en una evidencia fotográfica.

Cecilia, entre el corazón y la razón no es “un libro sulfuroso”. Palabras de la autora, Valerie Domain. Es bastante menos osado que la aventura de Cecilia Sarkozy, su propia protagonista. Pero su historia en blanco y negro puede ser un thriller pesado de digerir hasta para la segunda dama de Francia, como bautizó la prensa a Cecilia, la ex modelo, ex jefa de gabinete de su propio marido y ex-otro yo de Nicolas Sarkozy, que en mayo decidió abandonarlo.

Los flechazos forman parte de la historia del matrimonio Sarkozy. Cuando Cecilia se casó en primeras nupcias con el comediante Jacques Martin, fue Nicolas quien celebró la ceremonia como alcalde de Neully sur Seine, un suburbio chic de París.

Los amigos del ministro aseguran que el amor del alcalde surgió allí, a pesar de ser un buen amigo del presentador televisivo. “Me tengo que casar con esta mujer”, dicen que dijo. Lo logró varios años más tarde.

Estado de urgencia

Ni Sarkozy ni el editor han admitido hasta ahora cuáles fueron los términos de la brutal entrevista, donde el ministro le exigió que no publicara el libro de su mujer. Según Le Canard, que descubrió la presión editorial sobre First, el ministro habría mencionado que era en nombre del estado de emergencia que el libro no podía ser publicado.

Este estado excepcional, que regirá en Francia por 3 meses más desde el 7 de noviembre por la crisis en los suburbios, le otorga al ministro del interior poderes de control de la prensa y las noticias que él mismo se comprometió a no ejercer.

Es más: hasta se resistió a la declaración de estado de emergencia, decidido por el presidente Jacques Chirac, con quien tiene una horrenda relación personal a pesar de ser su ministro, para frenar el estallido social.

“Nosotros tenemos cosas más importantes que hacer”, dijo el portavoz del ministro, ante todas las demandas de aclaraciones de los periodistas.

Decisión tomada

El editor Barbare salió de la entrevista ministerial con la decisión de no publicar el libro, cuyas 25.000 copias ya impresas debían salir a las librerías el 24 de noviembre. Hasta la campaña de prensa estaba lista. Pero First informó a Valerie Domain que el libro no sería publicado.

Furiosa y perpleja, la periodista comenzó a consultar a sus abogados y trataba de proteger su manuscrito de un allanamiento policial u orden judicial de secuestro, en nombre del respeto de la vida privada de un funcionario público francés.

“Es extravagante encontrarme en esta situación. Mi libro no tenía nada de sulfuroso. No es una investigación como Watergate”, se defendió la periodista Valerie mientras buscaba desesperadamente otro editor, en un mundo de editores horrorizados con la decisión de su colega.

En una entrevista con el diario francés Le Parisien, Cecilia Sarkozy admitió que ella fue quien pidió a su marido hacer algo para que no publicara su biografía autorizada.

“Estoy escandalizada. Fui yo quien le pidió a Nicolas que hiciera alguna cosa. Yo encontré a Valerie Domain cuando ella hizo el primer libro Mujeres de, hijas de, que era muy gentil a mi criterio. Ella llamó cuando yo estaba en la UMP (el partido político de su marido). Me dijo que quería hacer una biografía de mi infancia, mi familia. Yo la encontré media hora, no más”, contó madame Sarkozy.

Cecilia insistió en que ella no leyó el manuscrito “sino ciertos pasajes que me han escandalizado. Por eso reaccioné. Yo no quiero que nuestra vida privada sea mediatizada. Yo no quiero hablar, yo no quiero que se hable más”. Ella no sabe qué es lo que Nicolas Sarkozy hizo para impedir su publicación.

“Yo sabía que ese libro estaba en el punto de salir. Y llamé a Nicolas en rescate. Fui yo quien le pidió que me ayudara. El me dijo que se ocuparía. Es todo lo que sé”, contó Cecilia.

Según Le Canard, Cecilia no se encontró sólo media hora con Valerie Domain.

En realidad, ellas hablaron en dos largas entrevistas, cuyos casetes Valerie guarda hoy como un tesoro. El primero fue en septiembre en un bar de un lujoso hotel de París. El segundo, una semana más tarde.

Pero entre septiembre y octubre, periodista y entrevistada mantuvieron numerosas discusiones telefónicas, mensajes de textos calurosos sobre sus celulares, que incluían fijar encuentros. Cecilia vive ahora entre París, donde su hijo va al colegio, y Nueva York, donde reside y trabaja su enamorado, Richard Attias. Las dos mujeres se pusieron de acuerdo para que Cecilia leyera los pasajes más sensibles. Fue después de esta lectura que madame Sarkozy no devolvió los llamados a Valerie.

La revista Le Express anuncia que aparecerá un libro de Valerie Domain, donde ella ha visto a Cecilia “antes y después de su ruptura”.

Entre la irrupción de Nicolas Sarkozy en su flamente rol de censor sentimental de su propio infortunio y la tapa de Paris Match, una nueva mujer aparece en la vida del ministro del interior francés.

Una nueva vida

Un Sarko relajado y junto a una joven de pelo oscuro caminaba en Darty, la casa de electrodomésticos en el barrio parisino de la Madeleine, donde los franceses hacen sus compras para la casa porque las heladeras, cocinas y lavarropas son enviados el mismo día.

La escena se repite tres días después y hasta hay clientes que se toman fotos con las cámaras de sus teléfonos portables junto a él. Los paparazzi reemplazan a los admiradores. La foto de Sarkozy y su nueva novia se cotiza a 100.000 dólares.

¿La novedad? Ninguna revista la compra. Ni Paris Match niVSD, obvios clientes, están dispuestos a publicarla. El diario France Soir revela el nombre de la novia de Sarkozy. El ministro del interior los demanda judicialmente, al igual que a la agencia France Press, que osa enviar un cable reproduciendo la misma noticia. Nicolas Sarkozy exige 1 euro de “reparación moral” y su novia, 100.000 euros.

Nadie más menciona a la nueva mujer en la vida de Nicolas Sarkozy, que trabaja en un diario francés y ha pedido cambio de sección a su editor para conservar su independencia profesional. La ley francesa impide identificarla, incluida la prensa extranjera.

Después de negociar con el editor Vincent Barbare para que no se publicara el libro, argumentando razones que sólo él conoce, Sarkozy partió en su helicóptero para seguir visitando comisarías, policías heridos, familiares de los dos muertos del estallido social y centros de comandos, para reforzar su rol de sheriff republicano en la crisis de la banlieue.

Sin complejos

Con su amor por la intelectualización, los franceses han bautizado a Sarkozy de iconoclasta. Es más simple. Con las encuestas en la mano y los ojos puestos en el palacio del Eliseo, Sarko habla como un opositor o un oficialista de acuerdo a los sondeos cualitativos y sin el menor complejo. Cuando menciona “la ruptura” y una “sociedad justa”, parece un eurocomunista.

Puede ser confundido con un socialista si describe “el bloqueo de la escalera social”, con familias confinadas en pequeños departamentos insalubres sin espacio para los chicos para hacer sus deberes.

Pero cuando anuncia las deportaciones, la racaille y el karcher no es ni más ni menos que una réplica con lifting del xenófobo líder del Frente Nacional, Jean Marie Le Pen.

Tan parecido que Le Pen fue forzado a decir que sus electores prefieren “el original y no la copia”. ¿Más contradicciones? El sueño de Nicolas Sarkozy es parecerse a Tony Blair. Lo imita en sus discursos, pretende llevar adelante su modelo anglosajón de cambios en la paralizada Francia. Tiene su mismo talento para cautivar a su auditorio y la misma enfermiza debilidad por controlar a la prensa y a la vez, mediatizarlo todo a su favor. Una ecuación que siempre termina en tragedia. Más tarde o más temprano
 

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Querido o detestado, Nicolas Sarkozy no produce la menor indiferencia. Pasará a la historia como un ministro del interior autoritario, con una mano firme contra el crimen y en inmigración.

Ambicioso, hiperactivo, no pertenece a la elite francesa que se formó en la Escuela de Administración Pública (ENA). Utiliza el hartazgo de la sociedad francesa ante su propia decadencia para convertirse en el nuevo salvador de la República.

Fue un protegido de Jacques Chirac y hasta se enamoró de su hija Claude, cuando se inició en política. Pero la relación se deterioró con el Presidente cuando apoyó en 1995 a su rival Edouard Balladur. El año pasado fue forzado por Chirac a renunciar a su cargo si quería consolidar su carrera presidencial y regresar al partido, la UMP, cuya presidencia ejerce.
 

  • Nació en París, el 28 de enero de 1955. Su padre es un inmigrante húngaro y su madre, judía, hija de un médico griego. El ministro es católico y un hijo de la inmigración.
     

  • Entre 1979 y 1981 estudia en el Instituto de Estudios Políticos.
     

  • Finaliza su maestría en leyes y en 1981 recibe su certificado de aptitud de abogado.
     

  • A los 28 años se convierte en el alcalde más joven de Francia en Neuilly sur Seine. Estuvo en el cargo hasta el 2002.
     

  • En 1982 es consejero regional de la Ille de France y asume como diputado por los Altos del Sena.
     

  • En 1999 es diputado europeo.
     

  • Desde abril del 2004 ejerce la presidencia del consejo general de Altos del Sena.
     

  • Fue ministro de presupuesto entre 1993 a 1994 y portavoz del gobierno.
     

  • En 1995 fue designado ministro de comunicación.
     

  • Entre el 2002 y el 2004 fue ministro del interior de Jacques Chirac, que volvió a asumir, pero como ministro de estado desde el 2 de junio del corriente año

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