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Esbirro y Amo

200411 - Francisco Pena Torres - PiensaChile

 

"Hasta que los leones no tengan sus propios historiadores, las historias de caza siempre glorificarán al cazador" - Proverbio africano

Retomando su secular tradición colonialista, la Francia de
Nicolás Sarkozy, el «Bush francés» como lo llama la prensa norteamericana, sigue jugando con gran ímpetu y entusiasmo el papel de gendarme en Africa. Los aplausos de Obama y de H. Clinton son más que decidores. Washington parece haberle dado el agreement en la labor de policía internacional realizada por París en nombre del « mundo libre ». (Ver: Sarkozy, el minúsculo esbirro del imperio)

El hiperactivo presidente francés, en un afán desesperado por impedir la creciente erosión del apoyo de los electores que lo eligieron en 2007 y el desbande de sectores de sus conmilitones -lo que hace presagiar su derrota en la presidencial de 2012- realiza ímprobas contorsiones presentándose como paladín de los derechos humanos. En pocas semanas ha llevado las armas galas a intervenir en dos teatros de operaciones en África, aparte de los nueve otros puntos del planeta donde mantiene efectivos militares en pie de guerra.

Francia tiene un pesado prontuario colonial y como Estados Unidos en nuestro continente siempre ha considerado a África como su « patio trasero ». Los acontecimientos acaecidos en Costa de Marfil confirman la distribución de roles entre las potencias imperialistas y demuestran la necesidad absoluta de reformar profundamente la
ONU como lo ha propuesto el ex canciller nicaragüense Miguel d'Escoto, puesto que estas intervenciones se han hecho enarbolando el estandarte de los derechos humanos, amparándose en un supuesto derecho de injerencia otorgado por la ONU. Es la justificación con la cual se gargarizan en estos momentos los dirigentes de los países imperialistas para camuflar su acción.

El colonialismo francés se apoderó de Costa de Marfil a fines del siglo XIX, pero ya desde 1863 había establecido un Protectorado. La presencia europea, gala particularmente, data del siglo XVII, cuando los negreros franceses comenzaron a dedicarse al tráfico de esclavos, en el marco del lucrativo triángulo comercial esclavista del Atlántico : Burdeos, África, América.

Desde 1685 bajo Luis XIV, el Código Negro francés había legalizado la esclavitud y fue aplicado no sólo en África sino también en América. La Convención lo abolirá en 1794 pero será restablecido bajo Napoleón en 1802. En 1848 la esclavitud fue definitivamente abolida en
Francia.

A fines de ese siglo, las tropas francesas debieron enfrentar al jefe guineano Samory Turé, que los derrotó en varias oportunidades y que sólo fue vencido en 1898, cuando la coincidencia de los intereses colonialistas europeos prohibió en la Convención de Bruselas (1890) la venta de armas a los africanos, cinco años después del tratado de Berlín (1885) que había repartido los territorios y zonas de influencia en África. La colonización francesa se asentará en 1915 y Costa de Marfil pasó a formar parte de África Occidental Francesa.

Desde fines del siglo XIX Francia había teorizado por boca de uno de sus dirigentes -Jules Ferry- acerca de la obligación del « pesado fardo civilizatorio » que debían asumir las naciones europeas en África.

«Un amigo trabaja a plena luz del día, un enemigo en la oscuridad». Proverbio africano.

En 1960, Francia, presidida por de Gaulle desde 1958, ante el auge de los movimientos independentistas desencadenados luego de la Segunda Guerra Mundial, que habían adoptado la recomendación onusiana sobre el « derecho de los pueblos a disponer de sí mismos », prefirió otorgarles a sus colonias una independencia limitada si aceptaban seguir bajo la tutela francesa en el marco de una « Unión-Asociación ».

Sólo un dirigente africano de la ex AOF le habló seco y golpeado a de Gaulle : el guineano Sekú Turé, quien optó por la plena independencia, provocando con esto su puesta en cuarentena y el cese de toda ayuda económica francesa. Tuvo que buscar ayuda y apoyo en la URSS y China.

A diferencia de Turé, el dócil Félix Houphouet-Boigny gobernó Costa de Marfil desde 1960 a 1993, en el marco de lo que se ha llamado el « sistema Francáfrica », esto es, gozando con ayuda política, financiera y militar gala que garantizaba la estabilidad del régimen cliente y al mismo tiempo el control de sus ex colonias. A la cabeza de esta organización estaba Jacques Foccart, gaullista e importante agente de los servicios secretos galos que hacía y deshacía gobiernos, distribuyendo algo más que buenas y malas notas entre las ex colonias francesas. Fue Foccart el autor de varios infructuosos complots destinados a derrocar al indócil Turé.

En 1960 la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución 1514 relativa a la independencia de las colonias y enunció el derecho a la autodeterminación. Posteriormente, desde la guerra y hambruna en Biafra, entre 1967 y 1970 se comenzó a reflexionar sobre si en ciertos casos -para proteger a la población civil- tendría que reconocerse el derecho de injerencia humanitaria. Este concepto ha sido debatido desde entonces entre los especialistas del derecho internacional, existiendo partidarios y detractores de éste.

Numerosos juristas siguen pensando que es un concepto que viola la propia Carta de la ONU (capítulo I,7) puesto que transgrede las disposiciones relativas a la soberanía de los estados y además es difícil separar los móviles humanitarios de los móviles políticos subyacentes. Desde mucho antes de la fundación de la ONU, consideraciones políticas camufladas de humanitarismo moralizador han servido para justificar como ahora en Costa de Marfil y Libia, operaciones imperialistas. La injerencia « humanitaria » ha sido siempre ejercida por los países del Norte rico contra países pobres del Sur.

Sería una novedad extraordinaria que países del Sur se concertaran y lograran el aval de la ONU para intervenir en un país del Norte por haber violado de manera grave y flagrante los derechos humanos, por ejemplo, de trabajadores emigrantes. Como sería inusual que la ONU acogiera una demanda de intervención para proteger a la población palestina o en nuestro país a la población mapuche, sin que algunos de los cinco estados que disponen de derecho a veto lo ejercieran en esas circunstancias.

La tendencia actual, gracias al desarrollo de las tecnologías de las comunicaciones, tiende a expresarse en el « fuego de la acción » y otorga buena conciencia a los televidentes europeos y norteamericanos, quienes apoltronados en los mullidos sillones de los livings de sus casas observan con disgusto los actos de violencia de negros, indios o de individuos de cualquier otra piel más oscura que los caucásicos, en todo caso, actos considerados incompatibles con la moral y las buenas costumbres del primer mundo civilizado, que en lo que a carnicerías y genocidios se refiere tiene una experiencia incomparable.

«La mentira da flores pero no frutos». Proverbio africano.

Las justificaciones esgrimidas por París para intervenir en África causarían risa si no fuera porque una vez más el autodesignado « país de los derechos humanos », viola los principios que dice defender.

En Costa de Marfil, Francia ha intervenido sin que hubiese al inicio un mandato de la ONU y París mantiene tropas en territorio marfileño desde 2002, en virtud de acuerdos militares bilaterales.

Desde la muerte del dócil Houphouet-Boigny en 1993, Costa de Marfil se hundió progresivamente en una crisis política, exacerbada por los particularismos étnicos y religiosos. Instalado hoy al más puro estilo colonial por las tropas francesas, Alassane Ouattara, fue en 1990 ministro de Houphouet-Boigny y siguiendo las normas del FMI autorizó la privatización del agua y de la electricidad en Costa de Marfil.
 


Esbirro Sarkozy

El principal beneficiario fue un íntimo de Nicolas Sarkozy, el magnate galo Martin Bouygues.

Ouattara había sido durante años un obediente funcionario del FMI, del cual fue director para África. Las facilidades acordadas a compañías extranjeras -europeas o norteamericanas- le granjearon la simpatía y reconocimiento de sus mandantes. Casado en segundas nupcias en 1991 en la Municipalidad del distrito 16 de París, la flor y nata de los « señores de África » galos se dieron cita en el matrimonio : Bouygues, Juan Cristóbal Mitterrand y Cecilia, la segunda mujer de Sarkozy. La connivencia entre Ouattara y el establishment galo, la « Francáfrica » subsistía a pesar del paso del tiempo y en 2002, Ouattara fue trasladado por las fuerzas francesas a París ante las amenazas de su rival Laurent Gbagbo.

«Cuando el león envejece hasta las moscas lo atacan». Proverbio africano

Este último, que había estado exiliado y hecho sus estudios en Francia en los años ochenta. Había frecuentado los círculos cercanos al PSF y pensaba en 2005 seguir al frente de la Costa de Marfil. Comenzó naturalmente a favorecer a grandes industriales como Vincent Bolloré, íntimo de Sarkozy, el amigo que le prestó su yate para celebrar su victoria electoral en 2007. Fue justamente a este industrial que le fue atribuida una parte del puerto de Abidyán.

En 2000 Laurent Gbagbo se había encaramado en el poder afirmando haber ganado las elecciones en detrimento del general Robert Guéi. Dos años más tarde (2002) un intento de golpe de estado contra Gbagbo se transformó progresivamente en una rebelión en el norte del país. Se crearon las Fuerzas Nuevas y el hoy llamado Reagrupamiento de Republicanos, mayoritariamente musulmán. Los rebeldes ocuparon el 60% del territorio marfileño en conformidad con un plan establecido previamente por el ejército francés, que fuerte de 4 500 hombres y en virtud de acuerdos militares bilaterales se había instalado desde ese año en el país, bajo el nombre de la fuerza « Licorne ».

Francia reunió a los beligerantes en París y Accra y obtuvo un acuerdo de las partes, que fue desconocido por Laurent Gbagbo a su regreso a Costa de Marfil. En esos años escaramuzas y tiroteos entre tropas gubernamentales y francesas tuvieron como resultado la muerte de soldados galos. Francia respondió destruyendo la aviación marfileña y comenzó a evacuar a sus connacionales. La FIDH de Costa de Marfil acusó a las tropas francesas de haber causado la muerte de más de 60 jóvenes marfileños y herido a 1 000 de ellos.

En la última elección en noviembre de 2010 la Comisión electoral independiente, que no estaba habilitada para ello, anunció con prisa la victoria de Ouattara atribuyéndole el 54% de los sufragios. Inmediatamente dicho resultado fue reconocido por la metrópolis colonial, por la UE, EEUU y la ONU. Sin embargo, el Consejo Constitucional marfileño dio otras cifras y proclamó la victoria de Laurent Gbagbo, con el 51% de los sufragios.

Los partidarios de Gbagbo reclamaron un nuevo conteo de los votos, pero no hubo caso, París, Washington, la
ONU, las instituciones financieras internacionales públicas y privadas ya habían decidido que el nuevo presidente sería el antiguo hombre de confianza del FMI, Alassanne Ouattara.

Una comisión de investigación formada por dos célebres abogados franceses, Jacques Vergés y Roland Dumas, ex ministro de relaciones exteriores de F. Mitterrand, indagaron en Costa de Marfil y han publicado sus conclusiones, estableciendo que grandes y burdos fraudes masivos habían sido realizados por los partidarios de Ouattara. A los fraudes se agregaron las matanzas llevadas a cabo por las tropas de Ouattara en la ciudad de Duekué. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) afirma que habrían sido asesinadas 800 personas por las tropas del Reagrupamiento de los Republicanos.

Jacques Vergés ha puntualizado : « Había un contencioso electoral en Costa de Marfil y Francia se apresuró a intervenir. Alguien no se comportaba correctamente con Occidente, entonces Francia intervino. Otro era más obsecuente, entonces Francia lo apoyó. Todo bajo la monserga de proteger a la población civil. El CICR concluyó que las fuerzas de Ouattara eran culpables del asesinato de 800 personas pero he aquí que el mismo Ouattara ha anunciado que el ex presidente Gbagbo será juzgado por el TPI ! »

El epílogo ha sido patético. Ante la imposibilidad material para las fuerzas de Ouattara de terminar con la resistencia de Laurent Gbagbo atrincherado en el palacio presidencial, las tropas galas procedieron al bombardeo sistemático de las posiciones gubernamentales con helicópteros y artillería. Sin embargo una rápida contraofensiva llevada a cabo por las fuerzas de Gbagbo logró recuperar desde el 11 de abril algunos barrios aledaños al Palacio. Fue entonces que París decidió forzar la decisión y una columna de blindados irrumpió por la parte trasera del Palacio, por la residencia del embajador francés, abriendo un forado por donde ingresaron las tropas de Ouattara.

Las tropas francesas han jugado un papel decisivo en la guerra civil que ha tenido lugar desde hace años en Costa de Marfil, a pesar de las denegaciones oficiales que siguen afirmando que Francia ha actuado únicamente bajo mandato de la
ONU para proteger a la población civil. Las imágenes difundidas por la TV gala muestran a hombres en armas avanzando por un subterráneo para capturar a Gbagbo. Es el subterráneo que había hecho construir Houphouet-Boigny que comunicaba la Embajada de Francia con el Palacio presidencial. Todo un símbolo de sujección al poder colonial. Gbagbo había hecho construir un muro para evitar dicho pasaje.

La corresponsal del canal galo BFM TV, Nadia Dellaire, reportó desde Abidyán en directo después de la captura de Gbagbo : « Para qué jugamos con las palabras. Fueron soldados franceses quienes ayudaron a capturar a Laurent Gbagbo ». Curiosamente, la periodista ha desaparecido de las emisiones del canal.

En los acontecimientos ocurridos en Túnez y Egipto, fue decisiva la participación popular. En Costa de Marfil no ha habido tal ola humana que ha barrido con el régimen. Ha sido una fuerza militar extranjera que ha intervenido en la más pura tradición colonialista socorriendo y prestando mano fuerte a uno de sus clientes y que tiene el aval de la ONU.

Este último aspecto es la enseñanza fundamental de estos acontecimientos. Se pretende legitimar de esta manera futuras intervenciones que serán decididas por un cenáculo reducido de potencias imperialistas y que han contado lamentablemente para estas primeras intervenciones en África con la anuencia por omisión de Rusia, China, India, Brasil y Alemania, que representan nada menos que a la mitad de la población mundial.

El llamado o declaración firmada por Cameron, Obama y Sarkozy apunta a este objetivo. Es tal vez por eso que tardíamente el presidente ruso ha declarado que la OTAN está sobrepasando en Libia el mandato que se le había entregado.

El capitalismo para desarrollarse tuvo que aventar al antiguo régimen que obstruía dicho desarrollo. Ello implicó formas de democracia burguesa restringidas y tuteladas por el depositario del monopolio de la violencia legítima que se constituyó en cada territorio. El orden o desorden mundial fue cautelado a su vez en función de los intereses de las grandes potencias, pero nunca se les atribuyó explícitamente el monopolio de la violencia legítima en el plano internacional. Hoy, las exigencias de la cada vez más creciente rentabilidad del capital financiero internacional, las empuja a tratar de desembarazarse y echar por la borda toda obligación contraída en la sociedad de naciones que ellas mismas impusieron. Para ello no trepidan en avasallar y violar las normas que habían existido hasta hoy, utilizando de manera mañosa las organizaciones internacionales que controlan, al tiempo que en el plano interno se avanza a grandes pasos en la constitución de estados policiales destinados a reprimir y criminalizar los inevitables sobresaltos populares que la crisis insostenible necesariamente producirá para poder pasar a formas superiores de convivencia. Para pasar a la posibilidad de otro mundo posible.

«Es la hora de los hornos. El fuego que te quemará es con el cual te estás calentando». Proverbio africano.

Paco Peña, París, 15 de abril de 2011.


 

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