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021111 -
Miguel Romero-
VIENTO SUR
- Duelo a muerte en Grecia
1. “Los de arriba no pueden seguir gobernando como antes; los de
abajo no quieren seguir siendo gobernados como antes”. Con el
retorno de la idea de la revolución social –retorno inicialmente
jubiloso y ahora ya escarpado, como estamos viendo en Túnez y
Egipto- vuelve también el diagnóstico político de la crisis
revolucionarias que se elaboró a comienzos del siglo XX. Entonces se
pensaba que la condición para que la crisis se resolviera a favor de
“los de abajo” era la existencia de un partido revolucionario. La
experiencia, como siempre, ha ido mostrando una realidad mucho más
compleja, incluso cuestionando el propio concepto de “partido de
vanguardia”.
(Ver: La cumbre del
gatillazo griego)
(Ver:
Crisis y Paraísos fiscales)
Éste podía ser un debate teórico hasta el día de ayer. Pero el
anuncio del primer ministro griego Yorgos Papandreu de someter a
referéndum en las próximas semanas el segundo “rescate” aprobado
hace sólo unos días en la Cumbre europea del 27-28 de octubre, lleva
estos desafíos a la más candente actualidad y a la práctica, no sólo
para el pueblo y las instituciones griegas, sino en todo el marco
europeo… por lo menos.
2. El anuncio del referéndum ha provocado reacciones de
“indignación”, “irritación”, “consternación” y otros términos
derivados en diferentes miembros de ese consejo de administración de
la banca europea llamado Comisión o Consejo de la UE. Ha producido
en pocas horas una caída en picado de las bolsas y otra vuelta de
tuerca en una crisis cuya única característica clara es que no tiene
fin. Es sin duda el acontecimiento político más transcendente desde
que empezó la política de “rescates”, porque es la primera vez que
existe un riesgo real de que la ciudadanía de un país de la UE
desobedezca y revoque una orden de los “mercados”. Entonces, ¿por
qué la noticia sólo aparece en la página 24 de la última edición de
El País, con una llamada casi invisible en la portada? Pues porque
en el “libro de estilo” sobre el tratamiento desinformativo de la
crisis económica no hay respuesta, todavía, al desafío político que
el referéndum griego significa. Por el momento están desconcertados.
Pero no sólo ellos.
El referéndum constituye también un reto incierto, pero también una
brecha prometedora en el muro de la Troika (FMI+BCE+UE), para el
movimiento de resistencia en Grecia; y también para toda esa
convergencia de movimientos y aspiraciones internacionales que se
vienen llamando “los indignados” (un nombre que hay que leer con
lenguaje inclusivo, sabiendo que es un movimiento de mujeres y de
hombres).
(Ver: El problema de Grecia)
3. No hay que darle ningún mérito a Papandreu, un político
“socialista” servil y cobarde, responsable de la situación
catastrófica en que se encuentra su país. Ha convocado el referéndum
porque no puede gobernar frente al rechazo activo de la mayoría de
la población griega. Y ha convocado el referéndum para ganarlo. No
es un desafío a la Troika; es un desafío al movimiento de
resistencia que desde hace cerca de dos años está luchando con una
determinación admirable, sin tirar la toalla pese a todos los golpes
durísimos recibidos. Un duelo a muerte, en sentido político: si
ganara el sí, sería un golpe terrible para el movimiento. Y puede
ganar.
Por eso ha empezado ya la riada de amenazas anunciando el
apocalipsis si gana el no. En los gabinetes de comunicación de
Papandreu alguien debe estar ya traduciendo al griego la pregunta
con la Felipe González nos derrotó en el referéndum sobre la OTAN de
1986: “¿Quién gobernará el no?”
4. Por más inciertos que sean sus resultados, y pese a todos los
riesgos que conlleva, la convocatoria del referéndum es una victoria
del movimiento de resistencia en Grecia. Esta victoria muestra la
compleja relación entre la política de las calles y la política de
las instituciones.
Las instituciones políticas griegas en su conjunto han sido el
enemigo del movimiento, pese a que a su frente había un gobierno “de
izquierdas” y a que en el Parlamento había una presencia notable de
diputados a la izquierda del PASOK. Ha sido la calle, y sólo la
calle, la que ha protagonizado la resistencia a los golpes sucesivos
del poder. Pero ahora, la calle va a tener que lucha en un terreno
institucional como es un referéndum decisorio.
El referéndum decisorio es el instrumento democrático que queda en
la crisis de legitimidad de los regimenes parlamentarios, pero es un
instrumento muy manipulable en manos del que formula la pregunta,
especialmente cuando no tiene enfrente a un candidato alternativo al
poder.
Un candidato que no tiene por qué ser un partido, ni una coalición
de partidos. Más aún no existe ni en Grecia, ni en ningún otro país
de la UE, ninguna fuerza política de estas características que pueda
representar una alternativa, lo que exigiría un reconocimiento como
tal por parte del movimiento de resistencia.
Pienso que ese tipo de alternativas pertenece al pasado y que ahora
hay que inventar formas nuevas de articulación socio-política. Es un
desafío desmesurado lograrlo en unas pocas semanas en Grecia, donde
por otra parte el sectarismo existente a la izquierda del PASOK es
mayor incluso que sufrimos por aquí,. En todo caso, la victoria del
no sería la mejor opción para acercarse a ese objetivo.
Sin duda, si gana el no, habrá una crisis muy grave en Grecia. Pero
es la mejor opción para el pueblo griego y los pueblos europeos, la
que abre mejores posibilidades para fortalecer la movilización en un
escenario de derrota de las élites.
5. Las luchas del pueblo griego no han encontrado en Europa la
solidaridad que merecen; incluso, no hace tanto tiempo de que un
dirigente de CC OO utilizara a Grecia como ejemplo de la
“inutilidad” de las huelgas generales. Ahora hace falta algo más que
solidaridad, algo que podríamos llamar una “solidaridad egoísta”.
Porque no se trata solamente de apoyar la lucha por el no en Grecia.
Se trata de comprender lo que nos jugamos en esa lucha.
El sistema, es decir, esa articulación de poderes económicos,
políticos y mediáticos que gobierna el mundo, tiene pánico a un
posible contagio europeo del referéndum griego. “Es como pedirle la
opinión a un niño de dos años sobre una medicina amarga que tiene
que tomar”, se ha atrevido a decir uno de esos tertulianos que comen
del pesebre de los que mandan. Hay muchos “niños” en Europa que ya
saben que esa medicina es venenosa.
No es tanto que los gobernantes tengan miedo de perder los
referendos: recordemos que si bien la mayoría de la población
española era favorable a un referéndum sobre la reforma
constitucional del consenso bipartidista PSOE-PP, las encuestas
indicaban que, de convocarse el referéndum, el sí obtendría una
amplia mayoría.
Tienen miedo a dar cauce a que se introduzcan mecanismos de
“democracia directa”, aún tan deformados y manipulables como los
referendos, en el juego institucional. Le aterra todo lo que puede
favorecer la expresión política de la calle, cuando la calle está
movilizada, como lo está aquí desde el 15-M. En ese terreno de
luchan, temen con razón que más tarde o mas temprano perderán.
6. Así que ante el referéndum griego deberíamos considerarnos como
"votantes en el exterior", y votar de la única manera que podemos
hacerlo que es mostrando con fuerza nuestro apoyo al pueblo griego.
Un no sostenido desde abajo puede ganar. Y si gana, habremos
aprendido una lección importante sobre lo que tenemos que hacer.
Miguel Romero es editor de
VIENTO SUR
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