|
051011 -
Carlos Aznárez -
Guatemala.
Se viene el giro a la derecha y la “mano dura” -
Exactamente 15 años después de que en
Guatemala
se firmaran los Acuerdos de Paz entre el ejército y la
guerrilla de la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca
(URNG), dejando atrás nada menos que 150.000 muertos, el país
parece optar nuevamente por refugiarse en promesas de mano dura,
militarización y pena de muerte, con la excusa de combatir la
inseguridad.
Esta evidente involución en la muy frágil democracia
guatemalteca, surge también de la lectura de los resultados
electorales recientes. En ese marco, el general retirado Otto
Pérez Molina, del ultraderechista Partido Patriota obtuvo el
36,09% de los votos, y el abogado derechista y empresario
–acusado de tener fuertes lazos con el narcotráfico- Manuel
Baldizón (Partido Libertad Democrática Renovada) logró el 23,27
% de los sufragios.
(Ver:
Elecciones 2011 en Guatemala: más de lo mismo)
(Ver:
Elecciones 2011 en Guatemala)
Ambos candidatos irán a una segunda vuelta el próximo 6 de
noviembre, y por ello ya se han lanzado a conquistar nuevas
alianzas con el resto de los partidos que han quedado fuera de
juego. Sin embargo, el general Pérez Molina, aparece con mayores
perspectivas de triunfo, teniendo en cuenta que se ha impuesto
en 19 de los 22 departamentos del país, aunque Baldizón ya ha
anunciado que contrató a dos expertos asesores de imagen en
Estados Unidos
para que lo ayuden a ganar la partida.
(Ver:
Operación PBSuccess: El 27 de junio 1954 los Estados Unidos
asesina la esperanza en Guatemala)
Mucha agua bajo el puente ha pasado desde aquellos Acuerdos de
Paz a la baja, firmados por Pérez Molina, en nombre del
ejército, y la URNG, (organización que concurrió a las urnas en
alianza con el partido de
Rigoberta Menchú y solo obtuvo el 2,5% de los votos), pero
poco y nada se ha solucionado para los sectores mas humildes de
Guatemala.
El país, con una importante mayoría indígena y campesina, sigue
sufriendo serios problemas alimenticios, la mortalidad infantil
alcanza al 26 por mil, la tasa de desempleo continúa en aumento
y en algunas provincias alcanza cifras históricas, a lo que se
suma que casi dos millones de personas son analfabetas o
semianalfabetas.
|

Manuel Baldizón |

Otto Pérez Molina |
Además, en todos estos años, la lacra del paramilitarismo ha
recrudecido y se han producido nuevas matanzas.
Hasta el presente ningún gobierno ha sabido (más allá de
promesas demagógicas) resolver los reclamos de las grandes
mayorías de la población, y a todos los anteriores déficit se le
suman los problemas de la inseguridad (de 15 a 20 personas son
asesinadas cada día por temas delincuenciales) y el feminicidio,
que se han convertido en una noticia casi rutinaria.
En ese marco, es que crecen los discursos guerreristas como el
del general Pérez Molina, quien asegura que “va a combatir el
crimen organizado con el ejército en la calle”, anunciando entre
otras recetas el regreso de las denominadas “fuerzas de tareas
paramilitares” (task forces), que él y sus hombres utilizaron en
los años 70 y 80 para masacrar al campesinado.
(Ver:
Guatemala: A 50 años del golpe de estado a
Jacobo Arbenz)
El ultraderechista general pertenece a la generación de
oficiales que se formaron en la
Escuela de las Américas norteamericana, donde camadas
enteras de uniformados aprendieron a torturar y asesinar en el
marco de la doctrina “contrarevolucionaria” que luego se
autodenominó de “Seguridad Nacional”.
Pérez Molina es además el fundador de los temibles Kaibiles, una
fuerza especial uniformada que se caracterizó por asesinar –con
métodos bestiales- a numerosos pobladores a los que se acusaba
de favorecer a la guerrilla.
Según fuentes de la Oficina de Washington para Asuntos
Latinoamericanos (WOLA), Pérez Molina fue parte del llamado
“Sindicato”, uno de los cinco grupos que manejan el crimen
organizado en Guatemala.
Además, fue en los primeros años de la década del 80, el
comandante de la Base El Quiché, una zona donde el ejército usó
la táctica de tierra arrasada y “aldeas estratégicas” como en
Vietnam. Allí se produjeron las mayores y más sangrientas
matanzas de civiles, en su mayor parte indígenas mayas, de
acuerdo a informes de la Comisión de la Verdad. Pérez Molina era
el jefe directo de la Fuerza de Tareas Gumarcaj, la cual asesinó
niños, hombres, mujeres y ancianos, muchos de ellos líderes
poblacionales y religiosos. Sus aterrorizadas víctimas lo
conocía como el “comandante Tito”.
Por otra parte, el ahora aspirante a Presidente, también está
acusado de ser un veterano intermediario entre la
CIA
estadounidense y el ejército. Así lo delató en 1995 la revista
neoyorquina “The Nation”, que señaló al “coronel Pérez Molina,
junto con su colega Edgar Godoy Gaitán”, como receptores de
fuertes partidas de dinero de la Central de Inteligencia para
impulsar acciones clandestinas.
Por su parte, la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado, le
acusa en esos años, de tener relación, junto a otros miembros
del Estado Mayor Presidencial, con el asesinato del juez Edgar
Ramiro Ogáldez, quien casualmente estaba procesando varios casos
que involucraban a ex-miembros del Ejército, incluyendo a Pérez
Molina.
En el otro rincón de la competencia electoral está el empresario
Manuel Baldizón, quien también abreva en fuentes de la derecha
neoliberal, y ha basado sus millonarias campañas electorales en
explicar que frente al delito la única medicina es “el rigor,
aunque duela y lastime, porque sin rigor no hay justicia”. Para
ello, invocando “el apoyo de Dios y la Virgen”, sugiere pena de
muerte para los que roban o matan. Pero como también es
necesario acompañar los gestos violentos con medidas populistas,
Baldizón promete doble y triple aguinaldo a los trabajadores y
“viviendas para todos”.
El candidato se esfuerza en desmentir su ligazón con los capos
del narcotráfico local, pero no puede demostrar de dónde surge
el dinero, que en grandes partidas, invirtió en una campaña
electoral que los medios consideraron más que fastuosa. Sobre
todo, cuando pocos años atrás Baldizón había confesado tener
serias dificultades económicas en su actividad comercial.
Ahora, posa como un empresario próspero, que en poco tiempo
construyó en su ciudad natal de Petén un pequeño imperio en el
cual se destacan los rubros de la construcción, el transporte de
pasajeros, los centros comerciales y las empresas de TV por
cable.
Este es el escenario que encontrarán los votantes de la segunda
vuelta, de allí que en muchos ciudadanos prive el escepticismo
sobre el futuro que les espera al tener que elegir entre una
derecha dura y otra similar, pero con cobertura más demagógica.
Quien sí se muestra satisfecho –gane quien gane el próximo 6 de
noviembre- es el embajador de
Estados Unidos,
Arnold Chacon. No es para menos: los dos aspirantes han
confesado estrechar aún más los lazos de amistad con Washington
y fortalecer los tratados comerciales bilaterales y también los
de cooperación militar. Toda una definición.
|