|
220110 -
Carlos Rivera Lugo - Algo huele
mal en Haití y no son sólo los cadáveres o los escombros dejados
como secuela del siniestro terremoto que le azotó la semana
pasada. No le bastó al presidente estadounidense Barack Obama
continuar con la militarización de la política exterior de su
país, sino que ahora también ha procedido a una nueva ocupación
militar de Haití, aprovechándose oportunistamente de la tragedia
acontecida. Washington ha enviado 10 mil soldados para hacerse
cargo totalmente no sólo de la operación humanitaria de su país
sino que, de paso, para apropiarse, para sus tropas, del poder
soberano en ese país hermano. Para ello ha decretado
unilateralmente para todos los fines a Haití un Estado fallido
que necesita ser gobernado a partir de su tutelaje.
Incluso, para mayor cinismo, Obama ha puesto a cargo de los
esfuerzos “humanitarios” estadounidenses no sólo al ex
presidente William J. Clinton, sino que también a su notorio
predecesor, George W. Bush, cuyas políticas de seguridad
nacional ha seguido esencialmente emulando y cuyo historial de
desprestigio incluye su crasa incompetencia en la tragedia de
Nueva Orleans.
Los neoliberales de Milton Friedman no lo hubiesen hecho mejor:
aprovecharse de la crisis para adelantar intereses que en
tiempos normales serían políticamente imposibles. Estamos ante
una nueva expresión de lo que la intelectual canadiense Naomi
Klein ha llamado magistralmente la doctrina del shock.
La disputa está trabada: ¿quién es hoy el soberano en Haití?
“Se trata de ayudar a Haití, no de ocupar a Haití”, ha
denunciado Alain Joynanet, el secretario de Estado francés para
la Cooperación, luego de haber estado en Puerto Príncipe y
haberse contrariado con los impedimentos impuestos al aterrizaje
de dos aviones procedentes de su país con ayuda humanitaria por
parte de los militares estadounidenses que han tomado control
del Aeropuerto Internacional de la capital. Francia en ese
sentido se ha sumado a Venezuela y Nicaragua para pedirle a la
Organización de las Naciones Unidas que defina claramente cuál
es la naturaleza de la actual presencia estadounidense en Haití.
El presidente venezolano Hugo Chávez ha criticado la
militarización de los esfuerzos humanitarios de Estados Unidos:
“No hay necesidad de enviar tropas… Haití lo que necesita en
estos momentos es médicos… El pueblo haitiano no necesita
dinero, Obama, ese pueblo lo que necesita es alimentos, agua y
medicamentos”. Venezuela, junto a Cuba, ha enviado sendas
misiones médicas y rescatistas. El gobierno de Caracas ha
establecido un puente aéreo solidario, con la cooperación de
Rusia, quien le ha puesto a la disposición dos aviones de carga
IL-76 con capacidad de 40 toneladas cada uno. Además, el
mandatario venezolano se ha comprometido a “enviarle lo que
requiera el pueblo haitiano en combustible”.
La preocupación de Francia, Venezuela y Nicaragua ha sido
abonada por las declaraciones del Ministro de Defensa de Brasil,
en el sentido de que la ocupación actual deberá durar “por lo
menos unos cinco años más”. Aunque Brasil encabeza la fuerza de
6,700 cascos azules de la ONU que opera en el país, las 10,000
tropas estadounidenses enviadas sólo responderán a Wáshington.
En el control absoluto que ha asumido sobre la operación del
aeropuerto de la capital, ya se ve como Estados Unidos ha
reducido a la misión de la ONU (Minustah) a un papel
estrictamente auxiliar a sus propios esfuerzos. Incluso, la
secretaria de Estado Hillary Clinton ha defendido que se proceda
a reconocerle poderes especiales al actual presidente René
Preval, los cuales “en la práctica se nos delegarían a
nosotros”.
Estados Unidos teme un gran estallido social en cualquier
momento ante la falta de agua, comestibles y medicamentos, y se
prepara para su contención o represión. De ahí que los
principales protagonistas de su magna operación humanitaria sean
los departamentos de Estado y de Defensa. Su intervención se
está canalizando por medio del Comando Sur de Estados Unidos,
cuya misión oficial –no se puede olvidar- es la de “dirigir
operaciones militares y promover la cooperación en el terreno de
la seguridad para conseguir los objetivos estratégicos de EEUU”.
Asimismo, lo está asistiendo la Agencia para el Desarrollo
Internacional (USAID), un notorio frente civil utilizado
comúnmente para encubrir operativos militares y de inteligencia
en el exterior.
Un informe de la Fundación Heritage del 14 de enero de 2010,
reconocido tanque de ideas de la derecha estadounidense, resume
el contenido de la misión de Estados Unidos en Haití: “Para EEUU,
el terremoto tiene implicaciones tanto humanitarias como de
seguridad nacional, lo que requiere una respuesta rápida que no
sólo tiene que ser audaz sino también decisiva, movilizando las
capacidades civiles del ejército y del gobierno tanto para el
rescate a corto plazo y los esfuerzos de socorrer a las víctimas
como para un programa de recuperación y reformas a largo plazo
en Haití”.
Al respecto, no se pueden desconocer los designios
intervencionistas que históricamente han caracterizado la
relación de Estados Unidos con Haití, desde intervenciones
militares, el apuntalamiento de la criminal dictadura de los
Duvalier, hasta el intento por tutelar neocolonialmente a los
gobiernos civiles, como en el caso del presidente Jean-Bertrand
Aristide y más recientemente el de Préval, un socialista que no
ha contado con las simpatías de Wáshington. Por medio de
agencias internacionales como el Banco Mundial (BM) o el Fondo
Monetario Internacional (FMI), se ha vetado diversos intentos de
Préval por implantar reformas sociales y económicas necesarias.
De ahí que el mismo informe antes mencionado de la Heritage
Foundation opina lo siguiente: “El gobierno del Presidente René
Préval es débil y está ahora literalmente inmerso en el caos más
absoluto. Es probable que Cuba y Venezuela, que ya han intentado
minimizar la influencia de EEUU en la región, aprovechen esta
oportunidad para elevar su perfil y su influencia”. Al respecto,
no se puede pasar por alto la membresía de Haití en Petrocaribe,
uno de los retoños del ALBA (Alternativa Bolivariana para los
Pueblos de Nuestra América).
Y, por si hacía falta algún elemento adicional para abonar a las
sospechas sobre el papel de Estados Unidos en torno a esta
tragedia de históricas proporciones, el martes 19 de enero
circuló una escalofriante información a través de la agencia
española de noticias EFE en la que se da parte de un alegado
reporte preparado por la Flota Rusa del Norte en el que se
apunta a que el sismo que ha desvastado a Haití fue el “claro
resultado” de una prueba experimental de la Marina de Guerra
estadounidense de una de sus “armas” para provocar terremotos,
con vista a ser utilizada para provocar eventualmente una serie
de terremotos en Irán que produjese la caída del régimen
islámico.
Según la información publicada por EFE, el reporte ruso es el
resultado del monitoreo que se ha estado haciendo de las
actividades navales de EEUU en el Caribe a partir de la
activación reciente, por Wáshington, de la Cuarta Flota. Según
éste, desde finales de la década de los setentas, Estados Unidos
ha adelantado significativamente el estado de sus armas de
terremotos y “ahora emplea dispositivos que usan una tecnología
de Pulso, Plasma y Sónico Electromagnético Tesla junto con
bombas de ondas de choque”. Además, el sistema (conocido como
proyecto HAARP) permitiría, además, crear anomalías
climatológicas para provocar inundaciones, sequías y huracanes.
Puntualiza la agencia española: “El informe compara además la
experimentación de la Marina Estadounidense de dos de estas
armas de terremotos la semana pasada, cuando la prueba en el
Pacífico causó un terremoto de magnitud 6.5 azotando el área
alrededor de la ciudad de Eureka, en California sin causar
muertes, pero con su prueba en el Caribe que causó ya, la muerte
de al menos 140,000 inocentes”.
Indica EFE que, según el citado informe de la Flota Rusa del
Norte, es “más que probable” que la Marina estadounidense haya
tenido “conocimiento total” de los daños catastróficos que
potencialmente podría tener sobre Haití la prueba experimental
realizada.
|