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Haití, botín del Caribe, el país más pobre de América

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04 -
Haití es sin dudas el botín del Caribe desde hace unos años, apetecido por grandes potencias como Estados Unidos y Francia, con la complicidad de las Naciones Unidas.

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Los medios frente a la realidad en Haití
. Bush-Chirac: Lo pasado...pisado
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Los medios frente a la realidad en Haití - Anthony Fenton ZNet en español 270204

No hay que dejarse engañar por las deformaciones de los medios sobre la situación en
Haití. Se trata de crear la impresión de que Aristide es un dictador y enfrenta una auténtica oposición democrática para justificar un nuevo golpe de los paramilitares y la elite haitiana.

A juzgar por la reciente cobertura de la crisis en Haití en los medios corporativos, podría llegarse a creer que están "ayudando e instigando" un intento de golpe de estado contra el democráticamente elegido Jean-Bertrand Aristide. Día tras día, los medios internacionales dominantes lanzan historias generadas sobre todo por Associated Press y Reuters que tienen poca base en la realidad.

El 10 de febrero, el Globe and Mail, el principal periódico nacional de Canadá, reprodujo un artículo de AP que se basó en Radio Vision 2000, de propiedad de la elite haitiana. (1) Ese artículo contrastó el reciente "levantamiento violento" en Gonaives, la cuarta ciudad por su tamaño en Haití, con la insurrección de 1986 que causó el derrocamiento de la opresiva dictadura Duvalier. La inevitable conclusión hacia la que orientan a los lectores canadienses es que Aristide es, o podría ser, un dictador, que puede o no, merecer lo que le va a suceder.

 Es difícilmente el tipo de contexto que pueda llevar a los ciudadanos a apoyar a los asediados haitianos.

Paul Knox del Globe ha estado informando desde Haití a partir del 11 de febrero, y ha presentado hasta ahora dos artículos, ninguno de los cuales se diferencia del "circuito de desinformación" que incluye el reciclaje por parte del equipo de prensa corporativo de dudosas informaciones generadas por la elite. [vea Pina] Se otorga credibilidad al mismo contexto mencionado: que Aristide confronta a una oposición legítima que tiene todo derecho a apoyar su violento derrocamiento. Knox cita a Charles Baker, un rico propietario de fábrica que dice: "Luchamos todos por lo mismo. Aristide tiene que renunciar." (2)

El otro periódico nacional de Canadá, el National Post, [considerado el más 'derechista' de los dos diarios] no ve problema alguno en el uso de titulares como el publicado en su sitio en la red del 13 de febrero: "Militantes de Aristide lanzando piedras obligan a los opositores a anular marcha de protesta". (3) En ninguna parte del artículo se menciona el comunicado de prensa del presidente Aristide, que condena la obstrucción de la protesta y que llama a que se respete el derecho constitucional a la manifestación pacífica.

Es interesante ver que los medios corporativos no han mencionado que la "oposición" a la que se refieren y que legitiman repetidamente, sólo representa un miserable 8 por ciento de los votantes registrados en Haití, según un sondeo estadounidenses realizado en 2000. Según el Consejo de Asuntos del Hemisferio [COHA, por sus siglas en inglés], "su único objetivo político parece ser reconstituir el ejército e implementar rigorosos programas de ajuste estructural". (4) Como los periodistas se basan en la oposición para todo lo que es un poco más que algunos soundbites inflamatorios, descartan repetidamente la información que sería necesaria para que sus esfuerzos ganen en credibilidad.

La congresista estadounidense Maxine Waters publicó el 11 de febrero un comunicado de prensa, después de su reciente visita a Haití, en el que llamaba a la administración Bush a que se le uniera en la condena de la "así llamada oposición" y, específicamente, de Andre Apaid Jr., que es un "partidario de Duvalier" que, junto con su Grupo de 184, está "tratando de instigar un baño de sangre en Haití para luego culpar al gobierno por el desastre resultante en la creencia de que EE.UU. ayudará a los así llamados manifestantes contra el presidente Aristide". (5)

También apuntó al Banco Mundial y al FMI y su "continuo embargo", que asciende a cientos de millones de fondos desesperadamente necesitados. La representante Waters describió las siguientes medidas positivas emprendidas por Aristide:

"Bajo su dirección, el gobierno haitiano ha realizado importantes inversiones en la agricultura, el transporte pública y la infraestructura. El gobierno [recientemente] dobló el salario mínimo de 36 a 70 gourdes por día, a pesar de la fuerte oposición de la comunidad empresarial... El presidente Aristide también ha convertido la atención sanitaria y la educación en prioridades nacionales. Se construyeron más escuelas en Haití entre 1994 y 2000 que entre 1804 y 1994. El gobierno expandió los programas de almuerzo escolar y de autobuses escolares y da un subsidio de un 70% para libros de texto y uniformes".

La representante Waters formuló claras declaraciones en nombre de Aristide que de otra manera no aparecen en los comentarios de la administración Bush y en los engaños de los medios corporativos sobre Haití. Waters completó su declaración con un importante llamado, en el que apela a los medios corporativos para que "discontinúen la práctica de repetir rumores e insinuaciones," con los que funcionan como "megáfonos internacionales para la oposición. Mienten desvergonzadamente a diario".

Otra congresista, Barbara Lee, desafió directamente a Colin Powell en una carta formal que le dirigió el 12 de febrero, después que Powell anunció que la administración de EE.UU. "no está interesada en un cambio de régimen" en Haití. Dijo Lee: "Parece que EE.UU. está ayudando e incitando el intento de derribar violentamente el gobierno Aristide. Con todo respeto, esto parece ser "cambio de régimen"... Nuestras acciones - o inacción - pueden estar empeorando las cosas". (6)

En una conferencia de prensa el miércoles, Aristide llamó a una solución pacífica y democrática de la agitación que existe en Haití. Una vez más apeló a la oposición a que discuta racionalmente las cosas con su gobierno para poder trabajar hacia una solución equitativa.

Ahora parecería ser una buena oportunidad para que grupos por la justicia social con una amplia base se galvanicen alrededor del tema crítico de Haití. Los haitianos necesitan desesperadamente apoyo popular internacional si han de superar este último ataque. Utilizando la historia como guía, deberíamos mantener extrema cautela cuando un lado de la boca de la administración de EE.UU. promueve "la democracia y la libertad" y una "solución pacífica" a la situación en Haití, mientras del otro lado apoyan los intereses de actores como André Apaid Jr. Las declaraciones de algunos representantes estadounidenses son alentadoras. Otras son algo raras.

En una conversación de hoy con el representante Gregory Meeks, quedó bien clara su posición poco fiable. La "principal preocupación [de Meeks] es la democracia" y la promoción de la democracia no significa que "se tome partido". Es una posición familiar la que se está pregonando, en la que EE.UU. apoya la democracia pero no está dispuesto a apoyar activamente al líder democráticamente elegido. El Miami Herald tomó nota ayer, de que el Caucus Negro del Congreso, cuya posición es apoyada por Meeks, "llama a terminar la violencia en Haití, pero no repite su apoyo tradicional a Aristide". (énfasis del autor).
Estas son señales peligrosas, ya que las ciudades haitianas continúan bajo el ilegal asedio por antiguos miembros de los paramilitares, que - según Pina - "Se reunieron en la República Dominicana y que ahora llevan fusiles M16 totalmente nuevos". Pina también señaló que se sabe que la República Dominicana acaba de recibir un embarque de 20.000 M16 fabricados en EE.UU.

Como una gran parte de los actuales problemas que afectan a Haití provienen de dramáticos problemas económicos, deberíamos pasar a considerarlos. En su libro de 1997 "Haití in the New World Order" [Haití en el Nuevo Orden Mundial] (l), Alex Dupuy resume la actitud de EE.UU. hacia Haití:

"Para la inteligencia de la política exterior, la defensa y la promoción de la democracia y del libre mercado sirven como la visión mayor subyacente tras los objetivos políticos de EE.UU. en el nuevo orden mundial... La democracia no se va a firmar a menos que sus corolarios -una economía de libre mercado y un sistema de libre comercio- sean también promovidos." (7)

La lógica del Departamento de Estado, según COHA, ve a Aristide como "poco más que un 'Castro sin barba'", que fue desdeñado por Jesse Helms, una tradición que es continuada por sus "herederos ideológicos" en el Departamento de Estado: Roger Noriega y Otto Reich. Deberíamos recordar que este tipo de actitud fue preponderante hace más de una década, cuando Aristide fue elegido presidente por primera vez.

En 1991 Aristide fue derrocado por los brutales paramilitares, dirigidos por los antiguos empleados de la CIA Emmanuel Constant y Raoul Cedras. La masiva afluencia de refugiados que huían del brutal régimen paramilitar del FRAPH en Haití, además de una corriente de apoyo interior para Haití, forzaron a Clinton a "restaurar la democracia" en Haití en 1994. Aristide, con su camino allanado por las tropas de EE.UU., volvió a Haití reconocido internacionalmente como su legítimo líder.

El retorno de Aristide fue posibilitado sólo cuando "estrechó a la burguesía haitiana y aceptó una ocupación por EE.UU. y la agenda neoliberal de Washington". Como ha detallado Noam Chomsky: "El gobierno Aristide [debía] seguir un paquete estándar de "ajuste estructural", dedicando los fondos extranjeros sobre todo al pago de la deuda y a las necesidades de los sectores empresariales, y adoptando una "política abierta de inversiones extranjeras". (8) .

Para entonces la agenda neoliberal se había afianzado como parte del Nuevo Orden Mundial, orientado para reaccionar ante "el llamado del Sur por justicia, igualdad, y democracia en la sociedad global". Esta agenda ha llevado a otros como Susan George a resumirla como sigue:

"El neoliberalismo se ha convertido en la principal religión mundial con su doctrina dogmática, su sacerdocio, sus instituciones legisladoras y, lo que tal vez sea lo más importante, su infierno para infieles y pecadores que se atrevan a desafiar la verdad revelada." (9)

El Banco Mundial predijo en 1996 que hasta un 70 por ciento de los haitianos difícilmente sobrevivirían las medidas de mercado libre propugnadas por el banco en Haití. Según un artículo del Guardian de 2002, a fines de los años 90 la producción de arroz de Haití había sido reducida a la mitad y las importaciones subvencionadas de EE.UU. representaban más de la mitad de las ventas de arroz en el país". (10) Mientras Haití se convertía en el "alumno estrella" del FMI y del Banco Mundial, tales políticas "devastaban" a los agricultores locales.

Los Programas de Ajuste Estructural [SAPs, por sus siglas en inglés], que han sido impuestos a Haití, han, como es tradicional, impulsado la privatización de las industrias estatales. Según Aristide en su libro de 2000 "Eyes of the Heart" [Ojos del corazón], la privatización "concentrará aún más la riqueza" en circunstancias que un 1 por ciento de la población ya controla un 45 por ciento de la riqueza. En cuanto al por qué Haití aceptaría las medidas del Banco Mundial y del FMI, Aristide muestra el contexto en la línea de "muertos si lo hacemos, muertos si no": "O ingresamos a un sistema económico global, en el que sabemos que no podemos sobrevivir, o rehusamos, y enfrentamos la muerte por inanición lenta". (11)

Sin olvidar que EE.UU. efectivamente controla el Banco Mundial y el FMI (12), debemos considerar las conclusiones de Susan George y de los Institutos Transnacionales basados en una investigación extensiva de esas instituciones: "Las políticas económicas impuestas a los deudores... causaron incalculables sufrimientos humanos y un sufrimiento medioambiental generalizado mientras al mismo tiempo extraían los recursos de los países deudores". (13) George subraya cómo las consecuencias de este "bumerang de la deuda" que resulta en que las naciones ricas se benefician realmente con el enorme servicio de la deuda de las pobres, nos afectan a todos. Mientras la gente en el Sur "es mucho más gravemente afectada por la deuda que la del Norte, en ambos casos una ínfima minoría se beneficia mientras la abrumadora mayoría paga". (14)

La administración de EE.UU., el par Banco Mundial-FMI y las elites haitianas que se benefician con una agenda neoliberal, saben todos que Aristide prefiere la auténtica democracia por sobre la reforma neoliberal. Aristide sigue apoyando las ideas que lo llevaron al poder como el primer líder haitiano democráticamente elegido en 1991. Como me dijo ayer Kevin Pina, las masas populares [empobrecidas] que veneraron a Aristide en 1991 "siguen dispuestas a luchar por él. Están dispuestas a morir si significa que Aristide puede completar su período".

El mes pasado en Monterrey, en la Cumbre Especial de las Américas, una Iniciativa Tercera Frontera fue acordada por la Comunidad del Caribe y Estados Unidos. Uno de los principales objetivos de la iniciativa es "asegurar que los beneficios de la globalización se sientan incluso en las economías más pequeñas", mientras se coordinan lazos que desalienten las actividades terroristas y aumenten la seguridad en el área. (15)

Sólo sabremos con certeza cómo esto se aplica al caso de Haití con el progreso - o deterioro - de la situación. Al terminar nuestra conversación de ayer, Kevin Pina subrayó lo siguiente:

"Haití necesita desesperadamente el establecimiento de tradiciones democráticas. ¿ Cómo se supone que se rompa el modelo de inestabilidad? ¿Qué va a impedir que se pida al próximo presidente democráticamente elegido que dimita? Si la gente se deja engañar por estas deformaciones y mentiras perjudica la causa de Haití."

Los ciudadanos de Canadá, Estados Unidos y Europa tienen todos un papel que jugar en este asunto, porque la instigación de la inestabilidad haitiana y la continuación de la miseria haitiana están siendo realizadas y financiadas en nuestros nombres. Al dejarnos engañar por el cuadro engañoso de Haití que es presentado por nuestros medios corporativos, estamos violando activamente los derechos humanos fundamentales junto con el derecho de Haití a la autodeterminación.

Todo lo que se pueda hacer para denunciar esta circulación de mentiras debe ser hecho con una urgencia que sobre todo aprecie el derecho de todos los haitianos a determinar su propio futuro

Notas:

[1] Globe and Mail, February 10, 2004, "Haitian Insurrection Spreads to several more towns." A16.

[2] Globe and Mail, February 11, 2004 "Haiti's 'peaceful people' erupt in Violence", A16.

[3] National Post, February 13, 2004.

[4] "Unfair and Indecent Diplomacy: Washington's Vendetta against Haiti's President Aristide," January 15, 2004.

[5] Trascripción obtenida de Enlace de Prensa Extranjera de Haití, Michelle Karshan, February 11, 2004.

[6] De la oficina de la congresista Barbara Lee. Contacto: 202-225-2398

[7] Alex Dupuy, "Haiti in the New World Order: The Limits of Democratic Revolution," p. 7.

[8] Vea Chomsky: "The Tragedy of Haiti" en su: "Year 501: The Conquest Continues" pp. 197-219.

[9] Susan George, conferencia: "A Short History of Neoliberalism", marzo de 1999: http://www.globalpolicy.org/globaliz/econ/histneol.htm

[10] Vea The Guardian: "Haiti: proof of hypocrisy", April 11, 2002:

[11] Pasajes del libro de Aristide

[12] Cita de Brookings Institution: "U.S. Relations with the World Bank: 1945-1992": "Más que ningún otro país, Estados Unidos, ha moldeado y dirigido el desarrollo institucional, las políticas y las actividades del Banco Mundial," p. 88. The Brookings Institution, a propósito es un conocido afiliado del Proyecto Democracia Haití, que tiene una relación amistosa con Andre Apaid Jr., y el G-184.

[13] Vea George: "The Debt Boomerang," 1992.

[14] Ibid.

[15] Cita de Bush II, Sitio en la red del Departamento de Estado

Título original Media vs. Reality in Haití, Autor: Anthony Fenton, 13 de febrero de 2004

Link: http://www.zmag.org/content/showarticle.cfm?SectionID=21&ItemID=4977

Traducido por Germán Leyens

¿A quién le importa Haití? - Max Lesnik

La verdad es esa. A nadie le importa Haití. Y todos saben por qué. Porque la república de Haití es pobre, la más pobre de toda América y porque sus habitantes son negros y los negros no son bienvenidos en muchas partes, como ocurre en La Florida que devuelven a sus balseros aunque toquen tierra con sus pies bien secos y digan la verdad, que se van de su país por razones económicas y no porque no haya libertad.

Las informaciones que llegan de Haití son alarmantes. La región de Cabo Haitiano estaba aislada desde ayer miércoles, con barricadas por todas partes en franca revuelta contra el gobierno del Presidente Bertrand Aristide. Fuerzas de la policía y grupos armados patrullan las calles. Se reporta que ex militares que pertenecieron a anteriores gobiernos dictatoriales han regresado al país cruzando la frontera de República Dominicana con el fin de avanzar sobre la capital, Puerto Príncipe, para derrocar al gobierno de Aristide. La rebelión se ha extendido a otras poblaciones del país. Se dice que ya los opositores controlan mas de once ciudades, mientras en la comunidad internacional se discute el caso haitiano, pero nadie ha dicho que hacer y como hacerlo para evitar que el baño de sangre llegue a tragedia de holocausto.

Se dice que la responsabilidad de la crisis haitiana recae directamente sobre el propio Presidente Arisitide porque en las elecciones congresionales pasadas, en las cuales la oposición se negó a participar por faltas de garantías, el gobierno tomó posesión de todos los escaños del parlamento.

Pero lo que comenzó como una protesta cívica de manifestaciones callejeras se ha convertido en una verdadera guerra en la que ni gobierno ni oposición civil tiene el control de la situación. Ahora los que aparecen como los jefes del movimiento contra el Presidente Aristide no son los políticos descontentos, sino otros más violentos, como es el caso del cabecilla de una milicia armada, Louis Jodel Chamblain, quien dirigió un Golpe de Estado contra Aristide en el año 1991. Y ahora vuelve a las andadas.

Y no es ese solo. En la revuelta también está Guy Philippe, quien fuera un odiado jefe de la policía haitiana durante la dictadura militar que derrocara a Aristide, gobernando brutalmente el país desde el año 1991 hasta el 1994. Philippe, acusado de feroz violador de los derechos humanos encabeza una banda de mas de 300 hombres armados que según se dice, están listos para entrar en Puerto Príncipe en una semana, atacar el palacio Presidencial y establecer un gobierno militar después de “ajusticiar” al Presidente Aristide.

Negra se ha tornado la situación en Haití. En la OEA, en Naciones Unidas, en París y en Washington se habla con preocupación sobre la situación haitiana. Pero ningún organismo internacional ni gobierno de las llamadas “Democracias ricas del llamado mundo libre” ha tomado la decisión sabia y humanitaria de ayudar a resolver la crisis haitiana, que para empezar a buscar soluciones, debe iniciarse con una ayuda humanitaria masiva. Porque es el hambre, la miseria, el deterioro de la economía, la que ha provocado, como ha sido en otras ocasiones, la crisis que hoy amenaza con llevar al desastre a la nación haitiana

Lamentablemente a nadie le importa Haití. Porque los haitianos son pobres y porque los haitianos son negros. Nadie lo dice pero esa es la verdad. ¡Que se maten entre ellos que en Haití ni hay oro ni hay petróleo. Porque si así fuera, ya el mundo hubiera dicho: ¡Aquí estamos! Pero no es así. ¿ Negros y pobres? Derechos humanos, para qué

Enviado por Revista Koeyu Latinoamericano, Caracas, Venezuela
 

Maldición Haití  - Ignacio Ramonet Enero 2004

Se celebra estos días el bicentenario de la independencia de Haití,“primera república negra del mundo” y segundo país de América que conquistó su plena soberanía —después de Estados Unidos. Este aniversario nos invita a una reflexión sobre el destino de una nación surgida de la lucha contra la esclavitud, y de una revolución que tanta influencia tuvo en la independencia de Sudamérica.

La epopeya se inicia hacia 1659, cuando los franceses
—consecuencia del Tratado de los Pirineos— empiezan a colonizar la parte occidental de Santo Domingo. Y a transformarla poco a poco en una inmensa plantación de caña de azúcar. Para trabajar y cortar esa caña mandan a traer de África a miles de esclavos mediante el abominable negocio de la trata. Como lo hacían también las demás potencias
—España, Holanda, Inglaterra, Dinamarca— que dominaban el Caribe.

Se estima que en 1784, unos 100 000 franceses poseían 7 800 plantaciones y más de 500 000 esclavos. Cada año, en esa época los colonos blancos importaban unos 30 000 esclavos cuya rentabilidad era altísima. Por esas fechas Santo Domingo producía el 75 por ciento de todo el azúcar que se consumía en el mundo. A medio camino entre el manjar de reyes y el medicamento panacea (se le atribuían, en particular virtudes afrodisíacas), el azúcar era entonces un caro producto de lujo que consumían todas las realezas y burguesías de Europa.

Pero invocando los grandes ideales de la Revolución Francesa, esos esclavos se sublevan el 14 de agosto de 1791 al mando de Toussaint Louverture, llamado el Espartaco negro. La guerra va a durar trece años, se caracterizará por su crueldad y sus atroces matanzas. Para intentar sofocar la insurrección, Napoleón (casado con Josefina, una criolla dominicana) manda una expedición de 43 000 veteranos, que serán derrotados por la fiebre amarilla y por la formidable estrategia guerrera de los jefes insurrectos. El 18 de noviembre de 1803, en la batalla final de Vertiéres, los rebeldes mandados por Capois La Mort derrotan a los franceses capitaneados por el temible Donatien Rochambeau. La guerra se termina con un balance espantoso: 150 000 esclavos, y 70 000 franceses muertos (de ellos unos 20 000 criollos).

El 1 de enero de 1804, en la plaza de armas de la ciudad de Gonaïves, ante una multitud en júbilo, se proclama la independencia de la isla de Santo Domingo, que toma entonces su antiguo nombre indio de Haití. Esta proclamación suena como un aldabonazo en todo el continente americano. Los esclavos negros, sometidos a una dominación infernal, demostraban que, por su propia lucha, sin la ayuda de nadie, podían conquistar la libertad. Y que, basándose en las ideas de la Ilustración y de las Luces, podían crear una nación nueva de hombres libres.

Simón Bolívar, que se refugiara un tiempo en Haití, entenderá el mensaje. Y gracias a la promesa de abolir la esclavitud, obtendrá que negros e indios se sumen a la lucha por la independencia de América del Sur. Una participación que se revelará decisiva.

El “mal ejemplo” de Haití aterrorizó sin embargo a todas las potencias que —a pesar de la prohibición de la trata por el Congreso de Viena en 1815— siguieron autorizando la infame esclavitud. Había que hacérselo pagar. Y nadie ayudó a la nueva república negra. Al contrario, todos la boicotearon. Con las penurias, el país cayó en guerras civiles que arrasaron el territorio, múltiples veces incendiado. Casi desaparecieron los frondosos bosques y la vegetación tropical. Después llegó el tiempo de la ocupación por Estados Unidos que duró 35 años (de 1915 a 1934). Vinieron luego nuevos dictadores, y entre ellos algunos —como Papa Doc Duvalier— de los más despóticos y más tiránicos que el mundo haya conocido jamás.

Aún sigue la inestabilidad política. Y la miseria crónica. Y el SIDA. Es hoy Haití uno de los países más pobres del mundo. Como si se prolongase el escarmiento a los esclavos por haber osado liberarse. Como si para Haití, y por un efecto contrario del vudú, la liberación se hubiera transformado en una infinita maldición

Haití, retrato de un país desesperanzado - Forum Barcelona Enero 2004

Las continuas protestas en Haití contra el presidente Jean-Bertrand Aristide han vuelto a costar la vida a dos personas y han causado una treintena de heridos. Los observadores describen las protestas como las más duras desde 1990, cuando una revuelta popular derrocó al dictador Duvalier.

Claves
Haití intenta hallar su dirección en la guía de transiciones a la democracia. Víctima del legado militar, el país no ha conseguido a lo largo de los años noventa estabilizar un sistema aquejado por infinitos males. El país caribeño, el más pobre de América y uno de los menos desarrollados del mundo exceptuando el continente de África, ostenta récordes tan tristes como el de haber tenido el mayor número de Gobiernos de América Latina, las peores violaciones de los derechos humanos en tiempos de paz y el mayor número y las más prolongadas intervenciones militares por parte de EEUU. Es, también, un firme candidato para el récord del mayor número de elecciones manipuladas.

Pese a contar con una población eminentemente rural, sólo el 20% del presupuesto público se destina al campo. Los programas impuestos últimamente por instituciones como el FMI se han basado en modelos externos y no han revertido en cambios visibles para la población. El compromiso internacional ha permitido crear una nueva policía, considerada el principal éxito de la transición, pero en la que han ingresado antiguos miembros del Ejército de dudoso compromiso democrático. Además, el control judicial y político de las fuerzas de seguridad es mínimo: el sistema judicial destaca por su corrupción y poca fiabilidad, y las instituciones políticas también viven su caos particular. Haití carece de un sistema de partidos homologable, ocupando su lugar las rencillas personales y los discursos populistas. La transparencia de los procesos electorales es mínima y el espacio para el consenso muy reducido, lo que en varias ocasiones ha paralizado el proceso de toma de decisiones del Estado. Sobre el sistema político gravita la figura del presidente Jean-Bertrand Aristide, acusado por un reciente informe de la ONU de ejercer la represión, de violar los derechos humanos, de crear una policía paralela que tortura y ejecuta y de presidir un sistema corrupto. Cabe añadir la creciente influencia del narcotráfico en el país, el aumento de la criminalidad, la destrucción medioambiental y la incidencia de la desnutrición infantil y el analfabetismo para completar un retrato realmente negativo de la situación en Haití. La presencia de observadores de la ONU y la Organización de Estados Americanos (OEA) y la cooperación de EEUU y la UE, entre otros, habían conseguido algunos logros, como la reducción de violaciones de los derechos humanos o la creación de la policía, pero el deterioro de la situación ha provocado su retirada dejando a Haití abandonada a su suerte por la comunidad internacional y privándole de las más que necesarias ayudas externas. Haití no existe para el resto del mundo. Pero sus habitantes sufren la pobreza, el Sida y las laceraciones.

Antecedentes y evolución

Haití forma parte de la zona de influencia directa de Estados Unidos, país que ha determinado decisivamente su vida política desde el siglo XIX. Haití obtiene la independencia de Francia en 1804 y es gobernado a partir de entonces por líderes de la comunidad mulata. Se suceden Gobiernos militares, como lo será el de Dumarsais Estimé, primer presidente negro del país, a partir de 1946. En 1957 accede al poder François Duvalier, primero de la saga que completará su hijo Jean-Claude. El sistema establecido por los Duvalier reduce el peso del Ejército, para evitar nuevos complots militares, pero lo sustituye creando una fuerza paramilitar (los "Tonton Macoutes", o "cocos") encargada de eliminar a todo adversario. Se calcula que unas 30.000 personas murieron por este motivo en Haití entre 1957 y 1986.

A mediados de los años ochenta, la sublevación popular lleva a los sectores afines al régimen a promover retoques en el liderazgo, para evitar males mayores. La mala imagen de Haití también genera preocupación en Estados Unidos. Ante la presión social y el creciente rechazo de sus antiguos valedores, Jean-Claude Duvalier abandona Haití en febrero de 1986, dando paso a tímidas reformas promovidas por la comunidad internacional y controladas por otros jefes militares. En 1987 se aprueba una nueva Constitución en referéndum, y se da inicio a varias convocatorias electorales que culminarán con los comicios presidenciales de diciembre de 1990, ganadas cómodamente por el entonces sacerdote Jean-Bertrand Aristide, adherente a la teología de la liberación y líder del movimiento Lavalas ("avalancha").

Aristide representa a las clases populares en su lucha contra la élite que había dominado el país históricamente. Su discurso contra las intervenciones extranjeras y a favor de la justicia social triunfa fácilmente en un país desde siempre afectado por la influencia estadounidense y por los graves desequilibrios económicos, aunque el nuevo presidente necesita ayudas económicas externas. Sus excesivas ambiciones (reforma del Ejército, solicitud a Francia de la extradición de Duvalier, etc.) siembran el malestar en algunos sectores, y un golpe de Estado militar se hace con el poder en octubre de 1991. El nuevo Gobierno de Raoul Cédras supera inicialmente el bloqueo comercial aprobado por la OEA, pero la situación se complica al añadirse las sanciones de EEUU y la ONU. Mientras tanto, una nueva fuerza paramilitar (el Frente Revolucionario para el Avance y el Progreso de Haití, FRAPH) que actúa principalmente en barrios populares se encarga de eliminar o atemorizar a los sectores partidarios de Aristide. Unas 40.000 personas escapan del país, convirtiéndose muchas en boat people (balseros) con destino a las costas de EEUU, de donde son devueltos. La presión internacional vence la resistencia de los militares, que huyen tras la intervención militar estadounidense, autorizada por la ONU, de septiembre de 1994.

Aristide recupera el poder pero deberá aceptar los términos de un pacto que limita su margen de decisión. Haití asume las políticas neoliberales del FMI, respeta la posición de sus élites y reinicia la reforma de las fuerzas de seguridad. En diciembre de 1995, al cumplirse los cinco años de mandato, el presidente abandona el cargo, ante la negativa internacional a permitirle recuperar los tres años en el exilio. Accede al poder su discípulo René Préval, bajo las órdenes del cual pasarán varios candidatos a primer ministro. El descontento popular con las políticas económicas del Gobierno, que pese a conseguir mejoras en los indicadores (reducción de la inflación, leve baja del paro, etc.) no se ven reflejadas en la vida cotidiana, lleva a la convocatoria de varias huelgas generales. Líderes como el propio Aristide aprovechan el descontento para clamar contra el neoliberalismo, haciendo gala de un discurso más bien populista.

A esta tensión se añade en abril de 1997 la polémica por los resultados de la primera ronda de las elecciones legislativas parciales. Como en convocatorias anteriores, la poca claridad de los datos pone en el ojo del huracán al Consejo Electoral Provisional (Provisional porque todavía hoy no se ha constituido el Permanente previsto en la Constitución de 1987), acusado de partidismo a favor de Aristide. Ante este clima agitado, el primer ministro Rosny Smarth presenta su dimisión dos meses después. El principal grupo parlamentario es la Organización del Pueblo en Lucha (OPL), uno de los partidos herederos del movimiento Lavalas que lideró Aristide, actual máximo dirigente de la Familia Lavalas (FL). La poca claridad de los resultados hace que la OPL, como otros partidos, renuncie a la segunda vuelta y pase a oponerse frontalmente a Préval, cuyos siguientes candidatos a primer ministro serán repetidamente rechazados por el Legislativo.

Tras 18 meses de vacío de poder, en diciembre de 1998 accede a la jefatura de Gobierno Jacques Édouard Alexis, quien en marzo forma un Gobierno donde destacan los próximos a Préval y en que participan miembros de varios partidos menores. Este gabinete es nombrado por decreto, ya que de las dos Cámaras sólo un tercio de senadores tiene su mandato en vigor. No se esperan cambios significativos en la apertura económica de Haití, aunque la inestabilidad haya dificultado el cumplimiento del plan de ajuste establecido en enero de 1995. Además, la congelación del Legislativo impide la aprobación a tiempo de los presupuestos, hecho que imposibilita la recepción de créditos internacionales necesarios. La inversión extranjera se centra sobre todo en las llamadas maquiladoras, fábricas donde los derechos laborales son inexistentes. Pese a la formación de Gobierno, el desconcierto persiste, y el discurso catastrofista de los gobernantes no ayuda a calmar la situación. Algunos consideran que Préval desea sembrar el caos para hacer inevitable el retorno de su mentor, Jean-Bertrand Aristide, al cargo (no se pueden tener dos mandatos seguidos, pero sí discontinuos).

Condiciones actuales

Las elecciones legislativas, celebradas en junio y julio de 2000 después de continuos aplazamientos y de 6 meses de vacío de poder, dan una mayoría aplastante al partido de la Familia Lavalas, presidido por Jean-Bertrand Aristide. Éste se erige, asimismo, en vencedor de las elecciones presidenciales, celebradas en noviembre de 2000 y denunciadas por fraude masivo por la oposición y los observadores internacionales que anuncian la congelación de las ayudas en caso de que no se corrijan los fallos detectados tanto en el escrutinio de las elecciones legislativas como presidenciales. La esperanza de que las elecciones lanzaran a Haití sobre la senda democrática se ha desvanecido nuevamente. Y el Estado sigue careciendo de recursos para imponer el orden, sobre todo en zonas rurales, donde a menudo dominan los clanes y la intimidación. En 1998 se hablaba de unos 50 muertos al mes provocados por la delincuencia común.

En cuestión de tres años, el régimen de Aristide ha vuelto a deparar tristes récordes a Haití: arrestos arbitrarios por la policía paralela del presidente, 150 ejecuciones sumarias en dos meses, decenas de muertos por enfrentamientos entre leales al presidente y la oposición, restricción de la libertad de expresión, asesinatos de periodistas y un largo etcétera vuelven a dibujar un panorama de desesperanza. El único motor que actualmente intenta cambiar el rumbo de este país es la Plataforma Democrática de la Sociedad Civil, que agrupa a asociaciones socio-profesionales y que exige la renuncia de un presidente que fuera en su tiempo el “cura de los pobres”. Sin embargo, su relevo no asegura un mejor futuro para Haití, porque la alianza no cuenta con el apoyo de otro poder en el país, la Iglesia católica, y entre sus filas conviven demócratas y nacionalistas de dudosa carrera democrática

EEUU y Haití: Golpe a golpe - Eduardo “Tato” Pavlovsky

En su libro Globaloney, que apareció en el 2000, el sociólogo James Petras da una versión de Jean Bertrand Aristide que no parece conocerse bien.
Según Petras, Aristide, un cura populista, defensor de los pobres, mayoría aplastante en Haití, con ánimos de restablecer una mayor justicia social, gana las elecciones en 1991 con el 80 por ciento de los votos. Llega al poder contra Washington y contra el candidato del Banco Mundial.
Como siempre ocurre en Latinoamérica, Estados Unidos apoya clandestinamente a Raoul Cedras en un golpe de Estado y cae el gobierno recién electo por el pueblo. Caen con él las ideas de una justicia social más humana, que parecía encarnar Aristide y acababan de ser refrendadas en las urnas.
Aparentemente Washington hace una crítica “formal” al golpe, mientras envía a Puerto Príncipe al mismo tiempo todo tipo de asesores y apoyo al gobierno golpista. Miles de haitianos salen hacia Florida y Washington se preocupa de cómo evitar el flujo de negros haitianos a EE.UU. Entonces, señala Petras, se repite el proceso: buscar una salida electoral. “A Aristide lo ponen en una habitación en Washington y le enseñan quiénes van a ser sus futuros ministros, cómo va a ser su próximo programa de gobierno y su nuevo plan económico” (¿no es siempre igual?). Le enseñan nuevos modales. Aristide acepta el retorno pero con su nuevo perfil neoliberal. Vuelve entonces una democracia sin apoyo popular, la gente se siente excluida del proceso y “el país queda ocupado por el ejército norteamericano y otras fuerzas”.
Para mantener esta línea de gobierno, aprendida en los salones de Washington, Aristide ejerce una brutal dictadura. Bandas que hoy están en la calle con su padrinazgo. Bandas que han sido formadas. Ejército informal que creó el presidente para intimidar o asesinar a sus opositores políticos. Mientras tanto, la rebelión popular es cada vez más intensa.
El Aristide que en 1991 ganó las elecciones con el 80 por ciento del voto popular y con intenciones de un mayor bienestar y justicia social, fue derrocado por un golpe de Estado al estilo Departamento de Estado.
El Aristide que terminó ayer es el que estuvo en Washington tres años recibiendo el adoctrinamiento para ejercer un gobierno autocrático-neoliberal. Es el Aristide que defraudó a los haitianos. El curita tercermundista que los traicionó. De allí la tremenda indignación popular, que no acepta el 85 por ciento de pobreza y marginalidad en su población.
El último Aristide es un cura de derecha. El otro, el que ganó la primera elección, era progresista y por eso sufrió un golpe de Estado.
Estados Unidos como siempre le hizo un golpe de Estado.
Duvalier, los Tonton Macoutes y Aristide. Sus bandas de terror. La misma miseria y marginación en el pueblo. Y su brutal exclusión
 

Bush-Chirac: Lo pasado...pisado - John Lichfield The Independent para Página 12 010304

Un año después de que Washington y París discutieran espectacularmente sobre Irak, Estados Unidos y el ejército francés, junto con las fuerzas de paz civiles, pronto podrían estar patrullando codo a codo en las calles de Haití. El rol central que jugó el ministro francés de Relaciones Exteriores, Dominique de Villepin, en las negociaciones que llevaron a la partida del presidente Jean Bertrand Aristide es, hasta ahora, el signo más visible de un derretimiento en las relaciones franco-norteamericanas.
Con la tácita bendición de Estados Unidos, Villepin se convirtió el miércoles pasado en el primer líder extranjero que exhortó a Aristide a dar un paso al costado. Su declaración, apoyada por consultas casi diarias al secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, ayudó a Washington a salir de un apuro diplomático. Como Estados Unidos había reinstalado a Aristide en 1994, y durante mucho tiempo lo apoyó, Washington no quería ser visto –especialmente en un año de elecciones– como el primer país que presionó por su salida del poder. Ayer, algunos demócratas acusaron a la administración de Bush de montar un golpe de Estado en Haití, como parte de un viejo modelo que consiste en crear y derrocar regímenes de los países del Caribe y América Central. Con la participación de Francia en la salida de Aristide, será más difícil que esas acusaciones cobren importancia. De todas formas, la sombra de la guerra de Irak y la pelea entre Estados Unidos y Francia pende sobre el futuro de Haití.
El gabinete del presidente Jacques Chirac dijo anoche que no se ha tomado ninguna decisión sobre el envío de tropas francesas a Haití como parte de una fuerza de paz internacional. El Palacio Elíseo dijo que Francia todavía cree –tal como se anunció el jueves pasado– que una fuerza de paz civil sería la mejor alternativa para restaurar el orden en la ex colonia francesa. Parte de las dudas de Francia sobre el envío de tropas se debe a que no querría ser vista en casa como integrante de la “invasión” militar norteamericana a Haití, cuando hace muy poco París hacía campaña contra la invasión anglonorteamericana de Irak.
Anoche, el ministro de Exteriores francés subrayó que la cuestión de la fuerza de paz haitiana debe ser discutida por el Consejo de Seguridad de la ONU. De todas formas, el ministro tuvo el cuidado de enfatizar que en cuanto al tratamiento de la crisis haitiana todavía hay una “cooperación perfecta entre París y Washington”. El resultado podría ser un acuerdo que prevea una combinación de fuerzas civiles y militares, a la que Francia proveería de efectivos policiales (muy útiles en un país francófono), mientras que Estados Unidos, y posiblemente Canadá, aportarían las tropas.

Villepin –que luego de Chirac ocupa el segundo puesto en el ranking de odio de los conservadores norteamericanos después de que Francia se negara a aceptar los argumentos para una guerra en Irak– jugó un rol central en las negociaciones que terminaron con la salida de Aristide. El viernes se reunió con su par haitiano y otros funcionarios del régimen de Aristide y dejó en claro que la comunidad internacional –Francia y EE.UU. incluidos– ya no veía a Aristide como parte de ningún acuerdo posible en la nación del Caribe. También se dice que Villepin jugó un papel importante en garantizar un lugar para el exilio de Aristide y su entorno. Exactamente cuál, no se sabía, pero anoche parecía poco probable que ese lugar fuera Francia. Es que París le dio asilo al dictador haitiano “Baby Doc” Duvalier cuando fue derrocado en 1986.
Hace exactamente 200 años, Francia perdió Haití en una sangrienta pelea por la independencia. Pero esta ex colonia sigue integrando esta especie de “Commonwealth” relajado que conforman las naciones francófonas, y muchos de sus problemas internos tienen un impacto directo en Martinica, Guyana y Guadalupe, que son departamentos franceses en el extranjero. En los últimos años, la crisis haitiana ha provocado nuevas oleadas de inmigrantes a estos departamentos y a la misma Francia. De hecho, uno de cada cuatro habitantes de la Guayana Francesa es de origen haitiano.

 


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