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241109 -
Alejandro Manrique Soto - El
plan del gobierno hondureño de facto va ganando terreno. La
fecha de las elecciones presidenciales se aproxima y la
situación derivada del golpe de Estado continúa prácticamente
igual. El gobierno de Micheletti ha sabido prolongar el tiempo
para que nada suceda, para que no se cumpla con el plan de
Tegucigalpa-San José, el cual plantea como punto principal la
restitución del presidente Zelaya al cargo, y de esta manera se
lleven a cabo las elecciones el 29 de noviembre y con eso se
trate de dar borrón y cuenta nueva a la situación general del
país y sobre todo se intenten restablecer relaciones
diplomáticas con los países de la comunidad internacional.
El gobierno golpista de Micheletti ha ignorado una vez más los
acuerdos que, con la intervención de enviados internacionales
que mediarían en la crisis, tratarían de destrabar las pláticas
que se habían dado al interior del país. El más grave de todos
es el desconocimiento del más reciente acuerdo en el cual las
partes del conflicto habían quedado en la creación de un
“gobierno de unidad nacional” integrado por miembros de los dos
grupos en pugna pero con el presidente Zelaya a la cabeza como
presidente del país. Esta fórmula era de por sí totalmente
impositora ya que maniataba cualquier decisión del presidente
Zelaya dirigida a continuar con su plan de democratizar las
instituciones y la legislación hondureña.
El acuerdo fue aceptado en términos generales y traicionado a
los pocos días de su creación. El punto central era la
restitución de Zelaya en la presidencia y la conformación del
nuevo gabinete, pero el gobierno de facto no cumplió con lo
pactado y ante la real falta de presión por parte de la
comunidad internacional y de, hay que decirlo, del movimiento de
resistencia hondureño, el cual no ha logrado reunir la fuerza
suficiente para cambiar la correlación de fuerzas a su favor,
los golpistas se dieron el lujo, de manera cínica, de anunciar
que el nuevo gobierno de unidad nacional estaba bien y que sería
encabezado por Roberto Micheletti, el propio presidente de
facto.
Frente a esta situación podemos ver con mayor claridad lo que
desde un principio se lograba vislumbrar con la firma del pacto
de San José auspiciado por el presidente costarricense Oscar
Arias y detrás de él la secretaria de Estado de EUA Hillary
Clinton, a saber, la creación de comisiones, encuentros,
pláticas, reuniones, gestiones, intervenciones, diálogos y
etcéteras, con el objetivo de ganar tiempo para que primeramente
el gobierno de facto se asentara y afianzara en el poder y
después, una vez logrado esto, dejar correr el tiempo para que
llegara la fecha en que se realicen las elecciones en el país.
La estrategia de los golpistas y sus aliados, tanto dentro como
fuera del país, ha ido dando el resultado esperado. El inicio de
las campañas electorales lleva ya más de un mes, y su desarrollo
ha sido gris y descolorido pero eso es lo que menos les importa
a los oligarcas, políticos y militares que detentan el poder
real en Honduras. Aquí lo central es que se realicen las
elecciones sea como sea y se dé un “aval” a quien salga
triunfador para presentarlo frente a la comunidad internacional
como la solución al conflicto y la salida a la crisis generada
con el golpe de Estado, y de esta manera dar la vuelta a la
página y continuar manteniendo en Honduras una situación de
dominio, privilegios, autoritarismo, explotación, monopolios y
opresión, pero ahora con el cobijo de un gobierno surgido de un
supuesto proceso electoral apegado a la ley y en espera del
reconocimiento internacional.
Hacia el 29 de noviembre se encaminan los esfuerzos del gobierno
dictatorial de Micheletti y su camarilla de facto. Ven en esa
fecha la oportunidad de salir ilesos y con ganancias de la
aventura a la que se lanzaron cuando decidieron derrocar por la
fuerza y el apoyo de las fuerzas armadas al presidente Zelaya y
romper así el orden constitucional de ese país centroamericano.
Lo que ahora esperan es que se desarrollen las elecciones y se
elijan los nuevos gobernantes, elecciones que no está de más
decirlo estarán organizadas a modo y por lo tanto se pueden
calificar desde ahora de fraudulentas por el hecho de que no se
desarrollarán dentro del marco de la constitución del país, ni
el reconocimiento de la comunidad internacional, sino que serán
organizadas, planeadas y truqueadas por un gobierno surgido de
un golpe de Estado -
Rebelión
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