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Quién es John Dimitri Negroponte |
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0604 - John Dimitri Negroponte, un hombre acusado de violación de Derechos Humanos, es el embajador de Bush en Irak
John Negroponte tiene una
larga carrera diplomática, y es precisamente su "experiencia" lo que
"John Negroponte es un hombre de enorme experiencia y conocimiento; por lo tanto me siento tranquilo pidiéndole que realice esta misión tan difícil", dijo el presidente Bush La mayor sede diplomática de
EEUU Antes de que se confirmara su nominación, el diplomático había señalado
que es importante que la ONU tenga un papel importante en el proceso
político y en las elecciones en el país árabe. La guerra dejó muy mal sabor de boca entre los diplomáticos de la ONU y aún ahora hay muchas dudas sobre el papel que tendría que jugar el organismo internacional después de que Washington decidiera atacar, aún sin el consentimiento del Consejo de Seguridad. Por ahora, sin embargo, quedan muchas dudas sobre qué pasará después del 30 de junio, en vista de la escalada de violencia en el Irak. La administración Bush no ha dado a conocer sus planes tras la devolución del poder, aunque por el momento, en lo que se refiere al papel que jugará Negroponte, se sabe que en un principio las tropas estadounidenses seguirán bajo el comando del Pentágono y no del embajador. Hombre callado y eficaz Sus colegas de otros países, por su parte, lo han descrito como un diplomático callado, que sabe conseguir lo que quiere sin mucho ruido. Otros también dicen que es "especialista en tareas de seguridad y espionaje". Inicio en Vietnam Así es que desde 1960 Negroponte ha ocupado varios puestos diplomáticos en todo el mundo, incluyendo países en América Latina: fue embajador en Honduras (1981-85) y en México (1989-93). Capítulo oscuro Incluso, cuando en 1989 George Bush padre lo designó como embajador en México, Negroponte tuvo que enfrentar muchos cuestionamientos por parte del Congreso para lograr que le confirmarán ese cargo. Escuadrones de la muerte Tras su puesto en México, el presidente Bill Clinton lo nombró como embajador en Filipinas y posteriormente como su negociador en Panamá, para ver si era posible que se mantuviera la presencia de tropas estadounidenses en el Canal una vez que éste fuera devuelto al país centroamericano, negociaciones que fracasaron. A patir de 1997, Negroponte se trasladó al sector privado, donde trabajó como vicepresidente para operaciones internacionales de la empresa editorial McGraw Hill. De vuelta a la arena pública
Esta nominación también causó controversia y fue cuestionada por varios legisladores por su pasado en América Central Negroponte, quién nació en Londres y luego fue naturalizado estadounidense, habla varios idiomas, incluyendo un excelente español, que es muy difícil de encontrar entre los actuales funcionarios de alto rango en la administración Bush Fuente
Equipo Nizkor
por los Derechos Humanos
Honduras:
cuando Negroponte y los militares argentinos la convirtieron en el
infierno |
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Ahora lo sabemos: Sí, sí y sí. TEGUCIGALPA, Honduras - La búsqueda de Nelson Mackay Chavarria - padre de familia, abogado del gobierno, posible subversivo - comenzó un domingo de 1982, después de que desayunara y saliera a comprar el periódico. Terminó el pasado mes de diciembre, cuando su esposa, Amelia, presenció cómo los médicos forenses extraían sus frágiles huesos de una fosa situada en la Honduras rural. Descubriendo un trozo de la camisa rojiazul que su marido llevaba el día en que desapareció, Amelia exclamó: "¡Díos mío, es él!". Junto con Amelia Mackay, la nación hondureña ha comenzado a
enfrentarse a la verdad tan largamente sospechada: que cientos de sus
ciudadanos fueron secuestrados, torturados y asesinados en los años 80 a
manos de una unidad secreta del ejército entrenada y asistida por la
Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Se desconoce el número exacto de personas ejecutadas por el Batallón
316 . A lo largo de los años se han ido encontrando cuerpos no
identificados ni reclamados, enterrados en zonas rurales, a lo largo de
los ríos y en los bosques. Según Abrams, "No era la política de los Estados Unidos desaparecer
gente, asesinar gente. Tampoco era nuestra política mirar para otra
parte". "Una política de derechos humanos no se hace para hacerle sentir bien
a uno", afirma, "sino para hacer algún bien en el país en el que quieres
actuar". Algunas de las víctimas del Batallón 316 eran subversivos, implicadas en delitos tales como colocación de bombas y robos. Nelson Mackay, un hombre de carácter afable y de ascendencia australiana, tenía muchos amigos en la institución militar, pero era sospechoso de arreglar ventas de armas para un grupo radical estudiantil Muchos otros fueron secuestrados y asesinados por ejercer las mismas
libertades por las que los Estados Unidos dicen que estaban luchando en
América Latina. Entre las víctimas se encuentran estudiantes que se
manifestaban por la liberación de los prisioneros políticos,
sindicalistas que organizaban huelgas en pro de salarios más altos,
periodistas que criticaban el régimen militar y maestros de escuela que
pedían tasas justas para los pobres. SIGUIENDO A LAS VÍCTIMAS Antes de ser secuestrados y torturados, los sospechosos eran objeto
de seguimiento por parte del Batallón 316. Los que sobrevivieron recuerdan sesiones de interrogatorio que duraban horas. Los miembros del Batallón les gritaban obscenidades, les acusaban de ser terroristas, y les decían que nunca más volverían a ver a sus familias si no respondían a las preguntas y confesaban. Milton Jiménez, ex dirigente de un grupo estudiantil radical de izquierda, se vio sometido a este tipo de interrogatorio. Él y varios compañeros de universidad fueron secuestrados por la policía militar el 27 de abril de 1982. Jiménez cuenta que cuando se negó a responder a las preguntar los oficiales le dijeron que iban a matarle. "Dijeron que estaban terminando de cavar mi tumba....Estaba convencido de que iba a morir". Le colocaron de pie frente a un pelotón de ejecución. Apuntaron hacia
él, prometiéndole que había llegado su hora. Pero nunca dispararon.
Después fue liberado. Métodos sencillos. No había nada de sofisticado en los métodos de tortura empleados por
el Batallón 316. Además de la capucha -un trozo de caucho extraído del
interior de un tubo que impide a una persona respirar a través de la
boca y la nariz- usaban sogas para colgar a las víctimas del techo y
golpearlas, y cables eléctricos para infligir torturas mediante
descargas. José Barrera, un ex torturador del batallón entrevistado en Toronto, recuerda los ruegos de los prisioneros. "Siempre nos pedían que les matáramos", declaró, "La tortura es peor que la muerte". El Batallón 316 fue entrenado en sus inicios por los argentinos, a quienes el General Álvarez había invitado a Honduras, habiéndose graduado él mismo con honores en la Academia Militar Argentina. "Los argentinos llegaron primero, y ellos enseñaron como desaparecer a la gente. Los Estados Unidos les hicieron más eficaces", manifestó Oscar Álvarez, un ex oficial de las fuerzas especiales hondureñas y también diplomático, sobrino del general. "Los americanos...trajeron el equipamiento", dijo. "Impartieron el entrenamiento en los Estados Unidos, y trajeron algunos agentes aquí para impartir entrenamiento en Honduras. Dijeron 'Necesitan a alguien que intercepte los teléfonos, que transcriba las cintas, necesitan grupos de vigilancia'. Trajeron cámaras especiales dentro de termos. Enseñaron técnicas de interrogatorio". "Los Estados Unidos no venían aquí y ordenaban matar gente", añadió,
"Nunca vi actividades de los Estados Unidos encaminadas a crear
escuadrones de la muerte". Ex miembros del Batallón Batallón 316 y oficiales hondureños
manifestaron que la CIA entrenó a miembros de la unidad en técnicas de
interrogatorio y vigilancia, tanto en los Estados Unidos como en
Honduras. En testimonio desclasificado a solicitud de The Sun, Stolz dijo al comité: "El curso consistía en tres semanas de instrucción teórica seguidas de dos semanas de ejercicios prácticos, que contemplaban el interrogatorio de prisioneros de hecho por parte de los estudiantes. Se rechazaban el abuso físico u otros tratos degradantes, no sólo porque no fuera correcto, sino porque históricamente se ha comprobado que no son eficaces". Confirmó que oficiales de la CIA visitaron el lugar donde estuvo Inés
Murillo, de 24 años de edad, durante su cautiverio. "Dijeron que la tortura no era una forma de obtener la verdad en los interrogatorios. Pero Álvarez dijo que la manera más rápida de conseguir información era mediante la tortura", declaró a los investigadores del comité selecto del Senado. Los investigadores del Senado entrevistaron a Caballero en Canadá,
como parte de la misma investigación en la que testificó Stolz. UN HOMBRE, UNA MISIÓN. Cuando Álvarez tomó el mando de las fuerzas armadas hondureñas en
1982, a la edad de 44 años, Washington pasó a tener el hombre ideal para
su empresa de combatir la insurgencia comunista en Centroamérica. Álvarez era hijo de un director de instituto que le obligaba a
recitar poesía para evitar el tartamudeo. No obstante, su lectura
favorita era la historia militar. Admiraba tanto al "zorro del desierto"
alemán de la II Guerra Mundial, el Mariscal de Campo Erwin Rommel, que a
uno de sus hijos le puso el nombre de Erwin y al otro Manfred, como el
hijo de Rommel. El 6 de febrero de 1981, cuando todavía estaba al mando de la FUSEP
pero ya había sido elegido como comandante en jefe de las fuerzas
armadas hondureñas, le comentó a Binns su admiración por la manera en
que los militares argentinos habían tratado la cuestión de los
subversivos y le dijo que planeaba usar los mismos métodos en Honduras. "Álvarez subrayó que Occidente y las democracias eran blandos, quizás demasiado blandos para hacer frente a la subversión comunista". Los argentinos, decía, habían enfrentado la amenaza eficazmente, identificando -y ocupándose- de los subversivos. Su método, opinaba, es el único medio eficaz de afrontar el desafío. "En lo relativo a la subversión, [Álvarez] optaría por la acción
dura, firme y extra-jurídica", advertía Binns. Desde entonces no ha sido visto y se presume muerto. En su cable a Washington acerca del incidente, el Embajador decía: "Creo que debemos cortar esta situación de raíz. Ya he pedido al jefe de la estación [de la CIA] que, tangencialmente, saque a relucir este problema con....Álvarez (cuyos pupilos parecen ser los actores principales y de quien sospecho es la fuerza intelectual detrás de esta nueva estrategia para agarrar subversivos/criminales)". HACIENDO OÍDOS SORDOS Binns recomendó que el Gobierno de los Estados Unidos actuara para
poner fin a la violencia militar amenazando con retener la ayuda
militar. "Esas sugerencias arrancaron un estruendoso silencio de
Washington", dijo en una reciente entrevista en su casa de Tucson,
Arizona. "Mi mensaje no era el mensaje que todos querían escuchar". "No creíamos que pudiéramos apoyar de manera eficaz la resistencia a las guerrillas en Centroamérica sin estar dispuestos a conceder un apoyo público significativo a sus gobiernos", declaró Enders. "Temíamos que el enfoque que había sido adoptado por la
Administración Carter, que era muy crítico respecto de ellos y podía
desmoralizarles, no podría convencer a la Unión Soviética, o a los
salvadoreños, hondureños y otros, que íbamos en serio". A medida que la estrella del General Álvarez crecía, el Presidente
Reagan daba órdenes de llevar a cabo una agresiva, y en su mayor parte
secreta, arremetida contra el comunismo en Centroamérica. El 1 de diciembre de 1981 ordenó a la CIA trabajar contra los
sandinistas en Nicaragua y los insurgentes de izquierdas en El Salvador,
a través de "no-americanos" principalmente. USS HONDURAS La asociación con Honduras y el General Álvarez se intensificó. La ayuda militar a Honduras creció de 3.900 millones de dólares en 1980 a 77.400 en 1984. El diminuto país se vio saturado con tanto equipamiento militar y
personal de los Estados Unidos que algunos empezaron a referirse a él
como el "USS Honduras". En agosto de 1982, dio unas conferencias de prensa en Ciudad de México sobre el Batallón 316, "un escuadrón de la muerte que operaba en Honduras y que estaba dirigido por el comandante en jefe de las fuerzas armadas, General Gustavo Álvarez". Dio los nombres de tres víctimas, entre ellas Nelson Mackay. En la Embajada de los Estados Unidos en Tegucigalpa, los funcionarios
estadounidenses tuvieron que afrontar las peticiones personales y
escritas de los familiares de los desaparecidos. "Su actitud era tolerante y de guardar silencio", dijo. "Necesitaban
que Honduras prestara su territorio más de lo que les preocupaba que se
estuviera matando a gente inocente". Los periódicos hondureños publicaron casi a diario historias acerca
de la violencia militar y anuncios a toda página con fotos de los
desaparecidos. Sólo en 1982 se publicaron, por lo menos, 318 historias
sobre las violaciones a manos de los militares. "General Álvarez, como ser humano que es, le ruego que libere a mis
hijos", podía leerse en un titular de El Tiempo del 30 de abril de
1982.. Los familiares de las víctimas del Batallón 316 se manifestaron por cientos en las estrechas calles de Tegucigalpa pidiendo el retorno de los desaparecidos. "¡Se los llevaron vivos y vivos los queremos de vuelta!", coreaban, en su mayor parte mujeres mayores, de rostros arrugados, con pañuelos blancos en la cabeza y llevando posters con dibujos de sus hijos y nietos desaparecidos. Sin embargo, con la determinación de evitar las preguntas del
Congreso, los funcionarios de los Estados Unidos en Honduras ocultaron
las pruebas de las violaciones a los derechos humanos. Era normal que no aparecieran ejemplos específicos de brutalidad a
manos de los militares hondureños en los informes de derechos humanos,
preparados por la Embajada bajo la directa supervisión del Embajador
Negroponte. EL FINAL DE ÁLVAREZ En 1984 a otros oficiales hondureños comenzó a preocuparles el que
Álvarez hubiera llevado al país a una violencia excesiva contra su
propia gente. Recordando una conversación con Álvarez acerca del Batallón 316,
Sánchez declaró que el jefe de las fuerzas armadas le dijo: "Uno tiene
que combatir el comunismo con todas las armas y en todos los terrenos, y
no siempre los medios son justos". El 31 de marzo de 1984, la carrera militar de Álvarez llegó a un
repentino e inesperado final. Nunca se encontró a los asesinos, pero un grupo llamado Movimiento de
Liberación Popular reivindicó el asesinato. LA DEFENSA DE UNA VIUDA Lilia Álvarez, la viuda del General, defiende su memoria. "Ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y la falta del
debido proceso....caracterizaron estos años de intolerancia", declaraba
el informe del Comisionado Nacional de Protección de los Derechos
Humanos en Honduras. "Tal vez, más preocupante que las violaciones en sí
mismas, era la tolerancia de las autoridades para con estos crímenes y
la impunidad con que que fueron cometidos". "Aquéllos de nosotros que vivimos aquel periodo tenemos el compromiso
de que no se vuelva a vivir", afirmó el Fiscal General de Honduras,
Edmundo Orellana. "Tenemos el compromiso de construir una sociedad que
diga 'nunca jamás'". "Dios te salve María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres....". La voz de Mackay iba subiendo a medida que recitaba la plegaria una y
otra vez. Más de una década después de la ejecución de Mackay y otros, las fuerzas hondureñas tratan todavía de frustrar la investigación acerca de los crímenes de los militares hondureños. Carias está bajo vigilancia las 24 horas. Otros dos testigos hondureños que participaron en investigaciones previas han sido asesinados. El Comisionado hondureño de derechos humanos, Leo Valladares, ha recibido tantas amenazas que, en abril, sacó a tres de sus hijos de Honduras, viaje que fue arreglado rápidamente después de que uno de los escoltas de Valladares fuera abatido a disparos en un autobús. No se efectuó arresto alguno por la matanza. A pesar de este tipo de intimidaciones los familiares de los
desaparecidos siguen determinados. Una vez al mes se congregan frente al
Congreso hondureño, en el centro de Tegucigalpa, y distribuyen
octavillas con los nombres y rostros de los desaparecidos. "Espero que un día Dios me deje encontrar a mi hijo, aunque sólo sea su cadáver", dijo. Ninguno de los familiares cree que los desaparecidos estén vivos,
pero quieren saber cómo murieron sus familiares y quién es responsable de
sus muertes. Amelia, la viuda de Nelson Mackay, comparte la misma determinación. Pocas semanas después de la desaparición de su marido detuvo su
búsqueda pública a causa de amenazas telefónicas contra sus hijos.
Entonces se dedicó a trabajar muchas horas para poder mantener a sus
hijos en colegios privados. Escondía debajo de su cama una caja que contenía el historial de la
dentadura de su marido, su tarjeta de identificación en la que figuraba
su peso y talla, y una fotografía de él llevando una camisa a rayas
rojas y azules que llevaba el día en que desapareció. LA PRIMERA REPÚBLICA BANANERA Honduras es la "república bananera" originaria, término acuñado desde
principios de siglo 20 para describir la dependencia política y económica
del país respecto de las compañías frutícolas estadounidenses. Casi ningún rico permanecía en Honduras, el país más pobre de Centroamérica.
Honduras no es el único lugar de América Latina donde la Agencia Central de Inteligencia ha colaborado con los regímenes represores. Este mismo año se ha revelado que un oficial del ejército
guatemalteco vinculado con dos asesinatos de alto perfil era un agente
pagado de la CIA. Una de las víctimas era un hostelero estadounidense
que vivía en Guatemala, la otra un guerrillero de izquierdas casado con
una abogado nacida en Baltimore. Creada en 1947, la CIA ha llevado a cabo operaciones encubiertas en América Latina desde sus inicios. En 1954, la CIA diseñó un golpe lanzado desde la vecina Honduras que sirvió para derrocar al Presidente guatemalteco Jacobo Arbenz Guzmán, e instaló un gobierno militar. La CIA apoyó el derrocamiento del Presidente chileno Salvador Allende
en 1973, y procedió a lanzar un programa encubierto para enardecer la
reputación del hombre fuerte de Chile, el General Augusto Pinochet.
Funcionarios estadounidenses han admitido que la CIA pagó al ex
dirigente militar de Panamá, Manuel Antonio Noriega, más de 160.000
dólares por sus servicios como fuente de inteligencia. En una de sus actuaciones más controvertidas de la guerra fría, la
CIA orquestó la invasión fallida de Cuba, en Abril de 1961, mediante una
fuerza de exiliados cubanos. [Fuente: The Baltimore Sun - Por Gary Cohn y Ginger Thompson, Sun Staff - Publicado originalmente el 11 de junio de 1995. Primera entrega de una serie. Traducido al español desde el original en inglés por el Equipo Nizkor el 10sep01] |
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