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0804 - ¿Qué quiere Moqdata Sadr?

Bajo el gobierno de Saddam Hussein, los chiitas eran particularmente perseguidos y oprimidos, y esta clase de fiestas estaban prohibidas

Por esta razón, ni siquiera las explosiones ocurridas en las dos ciudades a principios de este año, en las que murieron cientos de personas, lograron ensombrecer el entusiasmo de los peregrinos que se acercaron a las ciudades que consideran la cuna de la rama chiita del Islam.

Heredero

Pero ahora el domo dorado del santuario del imán Ali está cubierto nuevamente de humo y sonidos de guerra, y esta vez, la violencia gira en torno a un chiita: Moqtada Sadr

Anthony Shadid es uno de los pocos periodistas que lo entrevistó.

"Me reuní con Moqtada Sadr apenas terminó la guerra. Nos encontramos en su casa, en las afueras de Nayaf. Hablamos durante casi una hora", dijo Shadid.

"Ciertos temas definen su movimiento: la competencia por el liderazgo con el ayatolá Ali Sistani y una cierta ambivalencia respecto a la presencia estadounidense, que con el tiempo se fue convirtiendo en profunda oposición. Otro punto es su convicción de que va a jugar un rol político en su país, que cree haber heredado de su padre".

Su padre, el Gran Ayatolá Mohammed Sadiq Sadr, era una carismática e importante personalidad religiosa que murió a balazos cinco años atrás, después de encabezar un movimiento religioso entre los pobres de la ciudad.

Moqtada era su hijo menor. Él fue quien heredó el movimiento, arraigado profundamente en los marginados y desposeídos chiitas.

Fuerza en expansión

Para el profesor Gareth Standsfield de la Universidad de Exeter en Inglaterra, Moqtada y sus seguidores constituyen un movimiento social y político que no puede ser ignorado.

"Sadr fue uno de los primeros en ocuparse de su comunidad en ciudad Sadr apenas cayó Saddam Hussein. Semanas antes de que los estadounidenses llegaran a Bagdad e intentaran reconstruir la infraestructura eléctrica, Sadr ya había comenzado, por ejemplo, a trabajar para reestablecer los servicios en la ciudad", explicó Standsfield.

"Existe un aspecto religioso, pero lo que sucede en torno a Sadr tiene más que ver con la identidad comunitaria. La gente lo reconoce como un líder chiita que va a mejorar su posición".

Según Standsfield, su apoyo se está extendiendo.

"Sadr cuenta con más apoyo en Basora. Tiene un representante en Kirkuk y gente en todo Bagdad, Nayaf y Karbala. Pasó del respaldo básicamente chiita a contar con simpatizantes entre los iraquíes nacionalistas que luchan contra las fuerzas de ocupación y que no cooperan con lo que consideran un gobierno interino títere".

Pero si bien el apoyo de base es grande, los clérigos en el tope de la jerarquía chiita no están tan impresionados con Sadr. El Gran Ayatolá Ali Sistani, el más reverenciado de los clérigos iraquíes chiitas, se encuentra actualmente recibiendo tratamiento médico en un hospital de Londres. Muchos ven la ausencia de Sistani como una oportunidad para Moqtada Sadr.

Torpeza

De acuerdo al profesor estadounidense Noah Feldman, quien asesoró a la Autoridad Provisional de la Coalición sobre la nueva Constitución iraquí, Sistani no manejó de forma efectiva la situación con Sadr.

"En un principio, su actitud era algo así como 'tu eres muy joven, no te daré la satisfacción de tratarte de igual a igual'. Cuando Sistani necesitaba comunicarse con Sadr, le enviaba a su propio hijo como diciendo 'tu estatus se lo debes a tu padre, por eso te mandaré a mi hijo a negociar contigo'", señaló Noah.

"En un principio esta estrategia fue efectiva, y logró mantenerlo aislado, rodeado sólo de gente joven, enfurecida. Pero desafortunadamente, cuando Estados Unidos cometió la torpeza de intentar arrestar a Moqtada Sadr, el hecho redujo la marginalización provocada por Sistani, al darle una señal a los chiitas comunes de que Sadr debía ser importante si EE.UU. quería librarse de él".

Pero, ¿qué es lo que quiere Sadr? Según Feldman, lo que él quiere es que lo tomen en serio.

Opciones

"A largo plazo, él tiene sólo dos opciones. Puede incrementar su nivel de insurgencia hasta transformarse en tal amenaza para el Estado que éste no tiene más alternativa que responder, a través de su eliminación a manos de los militares estadounidenses. Esta es una posibilidad que a Sadr no le interesa", dice el profesor.

"O, puede continuar siendo una presencia frustrante y molesta, en cuyo caso no surgirá como la figura nacional que a él le gustaría ser. Por eso, a la larga, ninguna de estas dos estrategias resultan viables. Así es que creo que es muy posible que Sadr eventualmente querrá convertirse en un político más legítimo".

En cambio, para el profesor Standsfield, Sadr tiene ambiciones mucho mayores.

"Sadr no quiere ver un Irak dividido. Los seguidores de Sadr quieren mantener la integridad territorial de Irak y se oponen a cualquier intento -especialmente de los kurdos- de dividir al país".

"El clérigo quiere", agregó Standsfield, "un Estado islámico, un Estado islámico chiita, que es obviamente algo que Irak no ha sido en el pasado y que generaría un conflicto virtualmente con cualquier otra comunidad en Irak. Esto es realmente a lo que apuntan".

Para ser un clérigo joven y relativamente inexperto, Sadr ha jugado sus cartas con gran habilidad. Tiene menos hombres y armas que su enemigo, y si bien no tiene la capacidad de ganar la lucha en el terreno militar, en la arena política, la contienda está lejos de haber terminado.

Sadr se convirtió en una fuerza innegable y, pase lo que pase, el gobierno interino iraquí deberá lidiar con el movimiento que ha encabezado y con las expectativas de sus seguidores

Moqdata Sadr, de 30 años, repetidamente ha exigido el abandono de las tropas extranjeras del país y sus seguidores promueven constantes protestas anti-estadounidenses
 

Un joven líder dentro de una sociedad que considera que la edad y experiencia son esenciales para ostentar autoridad religiosa.

Para sus simpatizantes, Moqtada Sadr es una figura cuya sabiduría va más allá de sus años. Pero sus detractores lo ven como un radical impaciente e inexperto que tiene como objetivo dominar las instituciones chiitas más sagradas de Irak.

Ascenso

Hijo menor de Muhammad Sadiq Sadr, un alto clérigo chiita asesinado en 1999 por agentes del gobierno iraquí, Moqtada Sadr era virtualmente desconocido por fuera de Irak antes de la invasión comandada por Estados Unidos en marzo de 2003.

La caída del régimen baazista reveló su base de poder: una red de instituciones chiitas de caridad fundadas por su padre.

En las primeras semanas después de la invasión, los seguidores de Moqtada Sadr patrullaron las calles del los barrios marginados chiitas de Bagdad distribuyendo alimentos.

Su nombre tiene una clara resonancia poderosa - el distrito chiita de Bagdad conocido como "Ciudad Saddam" fue rebautizada "Ciudad Sadr".

Organización

En junio de 2003 organizó un grupo de milicianos, el Ejército Mehdi, desafiando así el control de armas impuesto por las fuerzas de la coalición, y logrando la alianza de las autoridades religiosas chiitas de la ciudad sagrada de Najaf.

También anunció el establecimiento de un gobierno rival al Consejo de Gobierno Iraquí designado por EE.UU., aunque la medida no fructificó.

Moqtada Sadr también estableció un periódico semanal, al-Hawza.

Las autoridades interinas anunciaron una prohibición de 60 días del periódico en marzo de 2004, acusándolo de fomentar la violencia antiestadounidense.

Al joven clérigo se le conoce por dar discursos enardecidos en los que exhorta a la aplicación de la ley islámica, al tiempo que despierta el orgullo nacional iraquí.

A diferencia de otros clérigos más moderados como el gran ayatolá Ali Sistani, Moqtada Sadr hace un llamado a los líderes espirituales para que participen más activamente en el futuro político de Irak.

En abril de 2003, sólo dos días después de la caída de Bagdad, los simpatizantes de Sadr fueron acusados del asesinato del Abdul Majid Khoei, un dirigente chiita moderado que había trabajado desde el exilio con los gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido.

Moqtada Sadr negó enérgicamente cualquier participación en el asesinato.

Sus seguidores también han tenido enfrentamientos con el ayatolá Sistani, quien ha empezado a ocupar una posición destacada en anticipación a la entrega de poder a manos iraquíes anunciada para el 30 de junio.

Entre otros hechos a destacar, Moqtada Sadr denunció el ataque de agosto 2003 contra la sede de la ONU en Bagdad.

Asimismo, el joven clérigo ha visitado en reiteradas veces la vecina Irán desde el derrocamiento de Saddam Hussein y se ha reunido con altos funcionarios en Teherán

La Clave Chiita

No dudo por un momento que la autoridad final debe estar en manos de los sunitas, pese a su inferioridad numérica, ya que de lo contrario tendremos un estado teocrático, que es el mismo infierno"
(Gertrude Bell, arqueóloga y funcionaria británica en Mesopotamia después de la primera guerra mundial)

En Irak los chiitas son mayoría, son el 60% de una población de 26 millones, completada por sunitas -a los que pertenecía Saddam Hussein- y kurdos, musulmanes también pero no árabes.

Bell fue considerada "la reina sin corona de Irak".

Son también el centro de peregrinaciones y protestas, en la que expresan su fervor religioso en unas y su rechazo a Hussein y Estados Unidos en otras.

Para Gertrude Bell no se trataba más que de gente "encarnizadamente devota", "violenta e intratable", "extremista", "fanática y conservadora".

Londres siguió al pie de la letra los consejos de esta aventurera victoriana y facilitó la creación de Irak con un gobierno sunnita.

Esto se mantuvo hasta nuestros días, Saddam Hussein y los suyos se aseguraron con mano de hierro de que Irak no terminara dividido en un estado kurdo al norte, uno sunita en el centro y uno chiita en el sur

Una historia de marginación

Si bien los chiitas son mayoría en Irak e Irán, alcanzan apenas el 10% de la población musulmana en el mundo.

Y arrastran además una historia de marginación y represión incluso de parte de sus hermanos árabes.

La última experiencia en ese sentido fue con el imperio turco otomano y luego con Hussein, que los mantuvo bajo su bota durante 24 años.

Esa historia de represión moldeó una fe basada en el sacrificio y la resistencia.

"A los chiitas, como a cualquier otra comunidad perseguida (...) les caracteriza el cerrilismo: un cuidado obsesivo, fanático y ortodoxo por mantener pura su doctrina", dijo el periodista y escritor Ryszard Kapuscinski en su libro "El Sha"

Los chiitas son seguidores de Alí, yerno de Mahoma, considerado la continuación de la familia ya que él sólo tuvo hijas

Los sunitas, en cambio, reconocen a otros califas que sucedieron al profeta antes de que Alí llegara al califato

Pero éste fue asesinado, al igual que sus hijos y sucesores, Hassan y Hussein. Desde entonces, siglo VII, el califato estuvo en manos de sunnitas

A los chiitas, como a cualquier otra comunidad perseguida (...) les caracteriza el cerrilismo: un cuidado obsesivo, fanático y ortodoxo por mantener pura su doctrina. La palabra del ulema Ryszard Kapuscinski: "El Sha"

"Tenemos nuestros eruditos, y ellos tienen un mensaje de Dios. Dejemos todo en sus manos que ellos se encargarán de nosotros desde el nacimiento hasta la muerte. Haremos lo que ellos digan", sentenció Nasiy Al Yasiri, participante en una manifestación contra EE.UU.

Son palabras que no deberían sorprender en el Irak actual, donde los clérigos chiitas -con su voz poderosa- ocupan el vacío dejado por el régimen de Saddam y el único liderazgo de confianza para la población chiita

Y ellos fueron quienes convocaron la peregrinación desde sus mezquitas

Los ayatolá más veteranos gozan de un amplio poder en el Irak post Saddam Hussein

"Cada chiita elegirá un clérigo al que seguirán en el día a día y al que también pagarán un impuesto religioso, ese es un factor clave. El ayatolá más sabio o carismático recibe más dinero, poder e influencia", dijo a la BBC el experto en Islam, Baqer Moin

Diferencias de opinión

Jomeini revolucionó Irán y al chiísmo

Pero la religión y la política no son un cóctel atractivo para todos los chiitas.

Es un dilema que también se empieza a discutir en Irán, donde los reformadores enfrentan la dura resistencia de los ayatolá más conservadores.

Como dice Jane Little, de la BBC, fue el ayatolá Jomeini, líder de la revolución islámica en Irán, quien también revolucionó el chiísmo.

La fe chiita cree en 12 líderes que guían a la humanidad, el último será uno que se revelará para establecer la justicia en la Tierra

Pero Jomeini argumentó que en su ausencia son los clérigos quienes tienen que comprometerse políticamente

Irak es Irak

Y es por eso que los expertos en el tema no creen que los chiitas de Irak sean influenciados por los de Irán, como dejó entrever Estados Unidos, contrario a la creación de un gobierno teocrático.

De momento es cierto que son la autoridad más reconocible y confiable pero "la mayoría de los clérigos no quiere saber nada de política", dijo el prominente chiita Laith Kubba a la BBC.

Little asegura que muchas de las protestas en las calles de Irak reclaman un gobierno islámico pero no queda claro en realidad a qué se refieren.

Por el momento la religión es un poderoso símbolo de protesta y de unión para una población que se quiere hacer oír tras siglos de marginación.

Falta conocer si Estados Unidos les escuchará finalmente o si oirá, por el contrario, la lejana voz de Gertrude Bell


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