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Las elecciones en Irlanda auguran algo más que un cambio de Gobierno

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020311 - Soledad Galiana - Gara - Los conservadores de Fine Gael y los laboristas apuestan por un Gobierno de coalición en Irlanda, y ya han iniciado conversaciones para perfilar un acuerdo, mientras que el resto de los partidos políticos se preparan para la primera sesión parlamentaria, que tendrá lugar el próximo miércoles, unas horas antes de una reunión de la Unión Europea en la que se debatirá la deuda irlandesa.

Normalmente la cobertura de los medios de comunicación en lo que a elecciones se refiere suele centrarse en el partido político que ha obtenido la victoria, pero en el caso de los comicios generales celebrados la pasada semana en Irlanda, comentarios, análisis y noticias se han centrado en la derrota de Fianna Fail. Quizás se deba a la enormidad de la debacle o a que, como señalaba una comentarista del diario «Irish Times», Fianna Fail era uno de los pilares de la tradición irlandesa, junto a la Iglesia católica y la Asociación de Deportes Gaélicos.

La pérdida de la referencialidad de la institución religiosa se inició años atrás con el escándalo de abusos sexuales y maltrato de niños, jóvenes y mujeres a manos de aquellos que se suponía debían protegerles. El viernes pasado le llegó la hora a Fianna Fail, al que el electorado irlandés le ha hecho pagar por el desastre económico que vive el país después de catorce años de gobierno, doce de ellos de superávit presupuestario.

Algunos auguran que el colapso del voto tradicional del partido -que se remonta a principios del siglo XX, cuando la guerra civil en contra y a favor del tratado que dio origen al Estado irlandés y la partición de Irlanda- abre la puerta a una nueva forma de hacer política en el país, dominada por la historia y la tradición. Estas elecciones ha acabado con dinastías políticas y con la idea de que los escaños y las carteras ministeriales son hereditarias.

Camino a la estabilidad

Pero ahora es el momento en el que los electores deben dejar de regocijarse en la derrota infligida para analizar las consecuencias de los votos otorgados. Los conservadores de Fine Gael han comenzado a negociar una eventual alianza con los laboristas, porque es el único camino para la estabilidad -la que proporcionan cien diputados-, aunque ésta pase por compromisos difíciles para ambas formaciones.

El laborista Eamon Gilmore declaraba el domingo que quería que las negociaciones sobre una posible coalición de Gobierno concluyeran los antes posible, y advertía de que su partido no estaba dispuesto a esperar la iniciativa de Fine Gael. Precisamente, han sido algunos de los diputados independientes los que ya le han dado la espalda a una posible negociación con Fine Gael y han anunciado su intención de formar un grupo técnico en el Parlamento para poder disfrutar de mayor tiempo en sus intervenciones.

Sin embargo, la formación de Gobierno en Irlanda se reviste de urgencia cuando se conocen los plazos. El Parlamento irlandés se reúne el próximo miércoles para designar al taoiseach (primer ministro). El jueves, los líderes de los diecisiete países de la zona euro -entre los que está prevista la presencia de Enda Kenny ya como primer ministro irlandés- mantendrán un encuentro en Bruselas para discutir cuestiones clave de la operación de rescate de la economía irlandesa. En quince días, se formalizarán las decisiones sobre esta cuestión. Irlanda tiene prisa por elegir su nuevo Ejecutivo.

Aunque los dos partidos no son aliados políticos naturales se han unido con anterioridad para formar Gobierno.

Reuniones a dos bandas

Así pues, el líder conservador Enda Kenny y Gilmore mantuvieron su segunda reunión en dos días durante la mañana de ayer con el objetivo de averiguar si son capaces de encontrar una «base común» sobre las cuestiones más urgentes que tendrá que abordar el futuro Ejecutivo dublinés. Ambos coinciden en la necesidad de modificar varios de los términos del rescate financiero de Irlanda por parte de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI) negociado por el Gobierno saliente de Brian Cowen con sus socios comunitarios y valorado en 85.000 millones de euros, como los tipos de intereses impuestos para devolver el préstamo, y cumplir así su promesa electoral. Pero difieren en cuestiones de política económica en el ámbito irlandés, como la reducción de la deuda pública de Irlanda, las reformas del sector público y la relación entre impuestos y recortes fiscales.

Mientras Kenny y Gilmore mantenían su segundo encuentro, las delegaciones de sus partidos se encontraban en la sede del Gobierno irlandés. El encuentro entre las dos formaciones comenzó al mediodía, antes de lo esperado. Fine Gael está representado por los diputados Phil Hogan, Michael Noonan y Alan Shatter, mientras que la delegación laborista la integran Joan Bruton, Pat Rabbitte y Brendan Howlin, junto a su consejero económico Colm O'Riordan.

Precisamente Shatter, diputado del Fine Gael y miembro del equipo negociador del partido ya advirtió de que aunque no querían cerrar la puerta a un acuerdo parlamentario con los independientes, sería «muy difícil» alcanzarlo. Se espera que cualquier posible pacto se perfile para finales de semana, cuando el Partido Laborista mantendrá una reunión extraordinaria, ya que sus estatutos recogen que los líderes necesitan la aprobación de los representantes de la organización del partido antes de formalizar un acuerdo de Gobierno.

Y Sinn Féin celebraba sus resultados con la satisfacción de quienes por fin reciben pago a los años de trabajo local y comunitario, con una propina de escaños inesperados. Sinn Féin, con catorce escaños después de triplicar el número de votos y de representantes en el Parlamento, se erige en una fuerza importante de la oposición, encabezada por Fianna Fail por una diferencia de seis diputados. Algunas voces reclaman una alianza entre Sinn Féin e independientes de izquierda para arrebatar al partido derrotado incluso el liderazgo de la oposición.

El fin de la tendencia de voto tradicionales ha beneficiado a Sinn Féin, cuyos candidatos contaban tan sólo con aquellos votos que recibían de los incondicionales del partido y nunca se beneficiaban de las transferencias.

Y, en este punto, es importante explicar el funcionamiento del proceso electoral en Irlanda. Los votantes reciben una papeleta que incluye a todos los candidatos de todos los partidos que aspiran a un escaño en su circunscripción electoral. El votante puede establecer un orden de preferencias marcando las papeletas con números que van del 1 (primera preferencia) hasta completar el total de candidatos.

Cuando se cuentan las papeletas, primero se dividen en relación a las primeras preferencias de los votantes -esto es, de acuerdo con los candidatos marcados con el número 1-. Si alguno supera la cuota en ese área (el número de votos emitidos dividido por el número de escaños) el excedente de sus votos se divide entre los candidatos que en estas papeletas aparecen con el número dos. Lo mismo ocurre con aquellos que resultan eliminados por no contar con suficientes votos.

En el pasado, Sinn Féin no aparecía entre las segundas o terceras preferencias de los votantes, pero esa tendencia también ha cambiado aunque no de una forma espectacular.


 

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