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310110
- Gideon Levy - Los peces gordos
de
Israel
atacaron al amanecer en un amplio frente. El
presidente en Alemania, el Primer Ministro con un séquito
gigante en Polonia, el ministro de Exteriores en Hungría, su
viceministro en Eslovaquia, el ministro de Cultura en Francia,
el ministro de Información en las
Naciones Unidas e incluso Ayoob Kara, diputado del Likud en la Knesset y miembro de la
comunidad drusa, en Italia. Todos ellos estuvieron por ahí fuera
para hacer floridos discursos sobre el Holocausto.
El miércoles fue el Día Internacional en Recuerdo del
Holocausto, y un dispositivo israelí de relaciones públicas se
desplegó como no se ha visto en años. El cronometraje del
inusual esfuerzo –nunca hubo tantos ministros desplegados por el
globo– no es casual: Cuando el mundo dice Goldstone, nosotros
decimos Holocausto, como si tratáramos de desdibujar la
impronta. Cuando el mundo dice ocupación, nosotros decimos Irán,
como si quisiéramos que se olvidaran.
No va a ayudar mucho. El Día Internacional en Recuerdo del
Holocausto ha pasado, los discursos pronto se olvidarán y la
deprimente realidad de cada día permanecerá. Israel no va
emerger pareciendo bueno, ni siquiera tras la campaña de
relaciones públicas.
En la víspera de su partida, el Primer Ministro,
Benjamín Netanyahu habló en el Yad Vashem. "Hay mal en el mundo," dijo.
"El mal se debe arrancar de raíz al principio". Alguna gente
está "tratando de negar la verdad." Excelsas palabras, dichas
por la misma persona que sólo un día antes, no necesariamente en
el mismo tono, pronuncio palabras muy diferentes, palabras de
verdadero mal, mal que debería erradicarse desde el principio,
mal que Israel está tratando de ocultar.
Netanyahu habló de una nueva “política de migración”, que es
mala hasta los tuétanos. Malévolamente, pone juntos trabajadores
inmigrantes y refugiados miserables –señalando que todos ellos
ponen en peligro a Israel, bajan nuestros salarios, dañan
nuestra seguridad, nos van a convertir en un país tercermundista
y traen drogas. Apoya fervorosamente a nuestro racista ministro
del Interior, Eli Yishai, quien ha hablado de los migrantes como
propagadores de enfermedades como la hepatitis, la tuberculosis,
el sida y Dios sabe qué más.
Ningún discurso del Holocausto borrará esas palabras de
incitación y denigración contra los migrantes. Ningún discurso
de recuerdo eliminará de raíz la xenofobia que ha fomentado su
jefe en Israel, no sólo en la extrema derecha, sino en Europa y
en todo el gobierno.
Tenemos un Primer Ministro que habla del mal pero que está
construyendo una verja para impedir que los refugiados de guerra
llamen a las puertas de Israel. Un Primer Ministro que habla del
mal pero que comparte
el crimen del bloqueo de Gaza, ahora en su
cuarto año, dejando a 1,5 millones de personas en ignominiosas
condiciones. Un Primer Ministro en cuyo país los colonos
perpetran pogromos contra palestinos inocentes bajo el lema
"etiqueta de precio," que también tiene horrorosas connotaciones
históricas, pero contra los que el Estado no hace virtualmente
nada.
Éste es el Primer Ministro de un Estado que arresta a cientos de
manifestantes de izquierda que protestan contra las injusticias
de la ocupación y de la
Guerra en Gaza, mientras otorga perdones
masivos a los derechistas que se manifestaron contra la
desconexión. En su discurso de ayer, la equiparación de
Netanyahu de la Alemania nazi con el fundamentalista Irán no fue
más que propaganda barata. Hablar de "degradar el Holocausto."
Irán no es
Alemania,
Ahmedinejad no es
Hitler y equipararlos no
es menos falaz que igualar a los soldados israelíes con los
nazis.
El Holocausto no se debe olvidar y no hay necesidad de
compararlo con nada. Israel debe participar en los esfuerzos por
mantener su recuerdo vivo, pero al hacerlo debe mostrarse con
las manos limpias, limpias del mal de sus propios hechos. Y ello
no debe levantar sospechas de que está usando cinícamente la
memoria del Holocausto para obliterar y desdibujar otras cosas.
Lamentablemente, no es el caso.
Qué hermoso habría sido si en este Día Internacional de
recuerdo, Israel se hubiera tomado el tiempo de examinarse a sí
mismo, mirar hacia dentro y preguntarse, por ejemplo, cómo es
que el antisemitismo ha asomado la cabeza en el mundo
precisamente el año pasado, el año después de que nosotros
arrojáramos bombas de fósforo blanco sobre Gaza. Qué hermoso
habría sido si en este Día Internacional en recuerdo del
Holocausto, Netanyahu hubiera declarado una nueva política para
integrar a los refugiados en vez de la expulsión, o que hubiera
levantado el bloqueo de Gaza.
Un millar de discursos contra el antisemitismo no van a
extinguir las llamas encendidas por la Operación Plomo Fundido
que amenazan no sólo a Israel sino a todo el mundo judío.
Mientras Gaza esté bajo bloqueo e Israel se hunda en su
xenofobia institucionalizada, los discursos del Holocausto
permanecerán vacíos. Mientras el mal esté incontrolado aquí, en
casa, tampoco el mundo va a ser capaz de aceptar nuestros
sermones a otros, incluso si se los merecen
-
Haaretz -
Traducido para
Rebelión por Carlos Sanchis y
revisado por Caty R.
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