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151210
- Francis Boyle - El 15
de Noviembre de 1988 el Consejo Nacional Palestino (CNP) reunido
en Argelia proclamaba la Independencia del Estado palestino
reconocido de jure por 130 países y de facto por la mayoría de
los estados que conforman la
Unión Europea. De hecho, sólo una intensa campaña
diplomática del gobierno de Estados
Unidos impidió que los Estados Europeos acordaran a
Palestina
un reconocimiento total. Asimismo el Estado palestino es
miembro de la Liga de Estados Árabes y de la Conferencia
Islámica. Por otra parte, cuando el Tribunal Internacional de
Justicia de la Haya –Alto Tribunal de Justicia de las
Naciones Unidas– inició los procedimientos para condenar la
construcción del muro del apartheid en la
Palestina
ocupada no dudo en invitar a los representantes de la
Autonomía a sus deliberaciones lo que significa que también el
Tribunal Internacional de la Haya así como la Organización de
las
Naciones Unidas
que en su día le concedió el status de observador, reconocía su
existencia. En pocas palabras podría decirse que actualmente
Palestina disfruta de todos los derechos acordados a un Estado
Miembro de las
Naciones Unidas
a excepción del derecho a votar del que no disfruta debido
exclusivamente al veto de los
Estados Unidos
en el Consejo
de Seguridad, veto claramente ilegal.
Desde la perspectiva de un orden mundial, la Declaración de
Independencia
Palestina
de 1988 fue una oportunidad única de conseguir la paz con Israel
puesto que dicha Declaración suponía, en primer lugar, el
reconocimiento explicito por parte del CNP de la Resolución 181
en donde se acordaba, por parte de las
Naciones Unidas,
la partición de
Palestina
en dos Estados, Israel y
Palestina, en toda la región
ocupada por el antiguo Mandato Británico de Palestina; se
aceptaba asimismo la imposición de un estatus internacional
sobre la ciudad de Jerusalén con el fin de facilitar el resto de
los acuerdos.
Pero no nos engañemos, que los palestinos aceptasen esta
partición no significaba que fuesen a olvidar la injusta,
criminal decisión impuesta en su día por una ONU –una
organización recién creada y sin ninguna experiencia previa en
la resolución de conflictos– que les obligaba a aceptar una
división de sus tierras que violaba el derecho a la libre
autodeterminación de los pueblos tal y como se ve reconocido por
el Derecho Internacional pero representaba, eso sí, un sincero
deseo de resolver el conflicto en base a la solución de los dos
estados. Han pasado veintidós años desde que los palestinos
aceptaron la resolución 181 y seguimos igual. Israel nunca ha
demostrado el mínimo interés o buena fe a la hora negociar la
paz con los palestinos todavía menos si de lo que se trata es de
encontrar una solución al conflicto con la solución de los dos
Estados. Ni siquiera los Acuerdos de Oslo de 1993 fueron otra
cosa que un divertimento para Israel donde lo único que
pretendía era ganar tiempo con la creación de un batustan
palestino provisional por cinco años, solución que, ni que decir
tiene, fue rechazada de plano por la Delegación Palestina.
Precisamente la misma solución que tanto Israel como EEUU
pretenden conseguir ahora de forma que aquel batustan
provisional vea prolongada su existencia pasando a ser
permanente, obligando así al pueblo palestino a renunciar
definitivamente a todos sus derechos, entre ellos, el derecho al
retorno de los refugiados tal y como fue estipulado en 1948 por
la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 194.
Podría decirse que, desde la Conferencia de Basilea de 1897, los
sionistas no se han desviado una iota de sus primeros objetivos,
a saber, la creación del Gran Israel en la región comprendida en
el antiguo Mandato Británico proyecto que incluye una limpieza
étnica de la población palestina tan radical y completa como
sean capaces de conseguir. Después de veintidós años sin que
hayamos visto otras iniciativas que el estrangulamiento y
destrucción de Gaza y la construcción de un muro infame que
condena al apartheid a los habitantes de la antigua Cisjordania,
va siendo hora de que los palestinos cambien de estrategia por
lo que respetuosamente me atrevería a sugerirles la siguiente
idea: ¡No firmen nada! ¡Dejen que Israel se derrumbe por sí
solo! No se trata de ninguna ocurrencia personal, de hecho la
idea proviene de un reciente informe elaborado por la CIA
profetizando el colapso de Israel en el plazo de unos veinte
años. Con el debido respeto mi obligación es insistir,
aconsejarles que no firmen nada, cualquier acuerdo en las
circunstancias actuales equivaldría no a la paz sino a la
consolidación definitiva de la entidad sionista en Palestina por
los siglos de los siglos. Sin su colaboración necesaria, el
sionismo e Israel tal y como hoy la conocemos tendrían sus días
contados.
Entretanto, es necesario que los palestinos mantengan la presión
sobre Israel, el sionismo y los sionistas porque suyo es el
derecho reconocido por la legislación internacional a resistir
de forma no violenta ante una ocupación militar ilegal, colonial
y genocida que se prolonga desde 1948. A este respecto debemos
añadir que no es acertado el paralelismo que los medios suelen
establecer entre el perfil del Estado de Israel y el de la
Sudáfrica pre-Mandela pues más bien recuerda al de la Yugoslavia
genocida, un país que acabó colapsando debido a sus propias
contradicciones internas, dejó de ser reconocido como miembro de
las Naciones Unidas y desapareció como tal Estado, entre otras
cosas, por su radical conculcación de los derechos humanos. Un
factor importante que no deberíamos olvidar es, por otra parte,
el hecho de que las fuerzas demográficas están a favor de los
palestinos y en contra de los sionistas. Cierto también que EEUU
empieza a estar un poco harto de girar cheques en blanco a un
Israel ensoberbecido, no sólo porque le sale muy caro sino
porque, al mismo tiempo, interfiere con su imperial objetivo de
conseguir petróleo en otros Estados árabes y musulmanes. Por
otra parte, la Campaña Internacional de Boicot, Desinversiones y
Sanciones (BDS) contra el estado de Israel no sólo ha levantado
el vuelo en los cielos de toda Europa y EEUU sino que está
obteniendo buenos resultados. Las atrocidades cometidas por
Israel (Yenín, Gaza, Líbano) han terminado por arruinar su
imagen revelando al mundo el verdadero rostro del sionismo.
Resumiendo, podríamos decir que estas fuerzas políticas,
económicas, militares, diplomáticas, sociológicas, psicológicas
y demográficas han empezado a actuar en favor de los palestinos
y en contra de Israel. Costará todavía algunos años pero al
final conseguirán imponerse. Es por eso que los palestinos no
deberían firmar ahora ningún acuerdo, sino seguir esperando.
Después de todo, ¿qué son veinte años después de los 68 que
llevan resistiendo sin haber conseguido absolutamente nada?
Francis Boyle es profesor de
Derecho Internacional en Champaign, Universidad de Illinois.
Autor, entre otros títulos de El Futuro del Derecho
Internacional y la Política Exterior Norteamericana; Los
Palestinos y el Derecho Internacional; Destruyendo el Orden
Mundial, Guerra Biolóogica & Terrorismo. Honoris Causa en
Derecho por la Universidad de Harvard, es también Doctor en
Ciencias Políticas por la misma Universidad. -
Dissident
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Traducido por Pilar Salamanca
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