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181108 -
Steven R. Reed
Nota biográfica
Steven R. Reed es profesor
de Gobierno Contemporáneo en la Facultad de Estudios Políticos,
Universidad de Chuo, 742-1 Higashi-nakano, Hachioji City, Tokyo 192-03,
Japón. Su investigación actual se centra en las elecciones y sistemas
electorales de Japón. Entre sus publicaciones más recientes figuran
Making Common Sense of Japan (1993) y Japan Election Data: The
House of Representatives, 1947-1990 (1992).
En colaboración con Ieiri Tomonori,
Okumura Mutsuko, Rokkaku Koji, Tabata Shuichi, Tabira Kenji, y Takeuchi
Masao
Japón es un país confuso de imágenes contrastantes y
cambiantes. Pregúntenle a cualquier experto si Japón es moderno o
tradicional, amante de la paz o guerrero, o cualquier otra pareja de
opuestos, y no sólo presentará una imagen que contradiga a la de otros
muchos expertos, sino que es probable que la imagen predominante en la
actualidad sea bastante diferente de la de hace tan sólo diez o veinte
años. La imagen de la corrupción en Japón sigue este mismo patrón
confuso.
Algunos presentan un retrato de Japón como país dirigido
por una burocracia eficiente, de élite y esencialmente incorruptible,
como la Alemania de Oriente. Otros pintan una imagen de un gobierno y
una sociedad marcados por relaciones personales, facciones y corrupción,
como la Italia de Oriente. La imagen alemana predominó en los años 60
durante el periodo de fuerte crecimiento económico, pero recientes
revelaciones y acontecimientos apuntan a la comparación italiana como
más apropiada. Desde luego, es probable que estas imágenes reflejen más
bien la cobertura actual de los medios de comunicación que los
resultados de prolijos estudios académicos. Por ello, es posible que las
imágenes no reflejen con exactitud la realidad de la corrupción en
Japón, Alemania o Italia. La finalidad de este artículo es presentar alguna información sobre la corrupción política en Japón en un intento
preliminar de describir el tipo de dicha corrupción y su alcance desde
una perspectiva comparativa.
El intento será preliminar por dos razones. En primer
lugar, la corrupción es un tema sumamente difícil de abordar para la
política comparativa. Ante todo, es evidente que resulta imposible
recoger datos fiables sobre actividades ilegales. Lo que conocemos de la
corrupción suele provenir de los escándalos. Un escándalo nos permite
lanzar una breve mirada bajo la superficie de la política a través de un
incidente determinado que por alguna razón se conviertepúblico, pero no
existe motivo para pensar que los datos proporcionados por los
escándalos sean imparciales o representativos. Es más, la política
comparativa aún tiene que alcanzar un consenso sobre la definición de la
corrupción, aunque yo seguiré el camino trazado por Gibbons (1993) al
identificar como corrupto todo comportamiento que, de convertirse en
conocimiento público, conduciría a un escándalo. Esta definición tiene
en cuenta las actitudes, e implica que un acto pudiera ser corrupto en
algunas ocasiones y lugares, pero no en otros. A menudo, la variación
cultural entorpece los estudios comparativos sobre la corrupción: el
comportamiento escandaloso en un país podría considerarse normal en
otro.
En segundo lugar, este estudio sólo puede ser preliminar
porque la literatura sobre la corrupción política japonesa es, de
momento, aún limitada. Tenemos numerosos informes periodísticas e
históricos excelentes, pero la mayoría tienen como objetivo criticar la
situación en Japón y dar recomendaciones para la reforma, lo cual es
bastante comprensible. Si bien estos propósitos son loables, las
comparaciones diseñadas para extraer lecciones que pudieran ayudar a la
causa de la reforma política en Japón rara vez dan como resultado
descripciones equilibradas de la corrupción política. Dado que no se
puede aprender de aquellos que están peor que uno, se elige
comparaciones que dan una imagen muy negativa de Japón. De hecho, en
general los estudios sobre corrupción en todos los países encuentran que
«nuestro» país es particularmente un mal ejemplo. Tengo la fuerte
sospecha de que, sobre todo los académicos japoneses, tienden a
compararse con un modelo «occidental» imaginario que ninguna nación
occidental del presente cumple en la actualidad.
Como académicos, estamos atrapados en el dilema de saber
que sin una crítica, las cosas no mejorarán, pero la crítica sola no
producirá los análisis científicos y comparativos necesarios para
comprender las causas fundamentales de la corrupción. Este artículo
adoptará una perspectiva comparativa e intentará ser todo lo científico
y objetivo posible.
La
corrupción y la cultura en Japón
La definición de una conducta escandalosa y corrupta
varía según la época y el lugar. La corrupción tiene un componente
cultural y cabría suponer que las actitudes japonesas frente a la
corrupción serán diferentes de las actitudes «occidentales». Los datos
disponibles sugieren, no obstante, que existe un amplio consenso entre
los países industrializados democráticos, ya sean orientales u
occidentales, en cuanto a qué constituye la corrupción.
El Cuadro 1 recoge los resultados de una encuesta
periodística de Asahi realizada en Estados Unidos y Japón. Las
similitudes son sorprendentes. La única diferencia significativa es que
a algunos estadounidenses les preocupan los hábitos de bebedores y la
conducta sexual de los políticos, lo que reduce algo el porcentaje de
los que están preocupados por el dinero. La mayor cantidad de japoneses
preocupados por el dinero en la política podría deberse al momento de
realización de la encuesta, justo en medio de los informes sobre el
escándalo Recruit. El mayor número de estadounidenses preocupados por el
sexo y el alcohol tal vez debería atribuirse a la influencia del
puritanismo. A diferencia del Reino Unido y Estados Unidos, en Japón y
Francia hay pocos escándalos sexuales, pero las actitudes japonesas
frente al dinero en política y ante la propensión de los políticos a la
mentira son muy similares a las halladas en «Occidente».
Cuadro 1: Actitudes frente a la corrupción en
Estados Unidos y Japón
¿Cuál es el mayor problema ético en política?
|
El dinero |
54% |
62% |
|
Las mentiras
|
33% |
35% |
|
El alcohol |
7% |
0% |
|
El sexo |
4% |
0% |
¿El dinero influye excesivamente en las elecciones?
¿Las empresas que contribuyen a las campañas tienen
excesiva influencia?
Fuente: Asahi Shinbun, 11 de
mayo de 1989
A pesar de no estar directamente relacionada con la
corrupción política, parte de la información sobre las actitudes de los
ejecutivos japoneses ante las conductas empresariales indebidas,
proviene de una encuesta de estudiantes que realizaban cursos de
dirección para el Master de Administración de Empresa en Japón, Estados
Unidos y Alemania. A estos estudiantes de empresariales se les preguntó
acerca de las prácticas «aceptadas» que suelen considerarse «poco
occidentales» y específicamente japonesas. Aquí, de nuevo, el resultado
más destacado fue la similitud entre los ejecutivos de los tres países.
Las diferencias encontradas no eran grandes, y no se constató una mayor
frecuencia del esquema de diferenciación oriente-occidente entre Japón,
Alemania y Estados Unidos, respecto de otros esquemas (Endo 1992).
Por último, un análisis preliminar de la reacción del
electorado japonés ante las acusaciones de corrupción ha revelado
más similitudes que diferencias entre Estados Unidos y Japón (Reed,
1994). Por ejemplo, el electorado estadounidenses vuelve a elegir al
75% de los políticos afectados por escándalos, mientras que los
electores japoneses vuelven a elegir al 60% de los suyos.
Las actitudes de los ciudadanos japoneses frente a la
corrupción política son similares a las de los ciudadanos de otros
países democráticos industrializados. Sin embargo, existen al menos
dos aspectos de la cultura japonesa que facilitan la corrupción: las
frecuentes ocasiones para la entrega de obsequios, y un predominio
de las redes de relaciones personales.
En las costumbres japonesas abundan las ocasiones
para la entrega de obsequios. Los japoneses son tan capaces como
cualquiera de distinguir entre obsequios apropiados e inapropiados,
y es probable que situen el límite entre unos y otros en puntos
bastante similares, pero la frecuencia de las ocasiones para la
entrega de obsequios facilita la concesión de sobornos claramente
inapropiados de empresarios a políticos o de políticos a los
electores.
Aparte de las diversas fiestas nacionales y los
muchos acontecimientos personales (matrimonios, funerales, etc.) en
los que se hace obsequios, suele ser apropiado regalar algo al
reunirse con otros por motivos de trabajo. Frecuentemente se ofrece
un recuerdo a los participantes de un acontecimiento. Si se asiste a
la inauguración de una tienda, es normal encontrarse algo adicional
en la bolsa de la compra al llegar a casa. Si se asiste a un combate
de sumo, se recibe una bolsa de souvenirs. Así también, al asistir a
una reunión de un «grupo de estudio» político auspiciado por un
candidato político y sus seguidores, es probable que se reciba una
bolsa con recuerdos y literatura de campaña. Si bien la mayoría de
estas entregas de obsequios resulta perfectamente apropiada, es
fácil incluir un sobre lleno de dinero junto con los souvenirs,
recuerdos y detalles. Las actitudes japonesas frente a la corrupción
tal vez no difieran mucho de las actitudes «occidentales», pero las
costumbres japonesas proporcionan una notable tapadera para el
soborno. Poca falta hacen los sobornos pasados «por debajo de la
mesa».
Las sociedades son redes casi por definición, pero en
varios sentidos Japón es una sociedad más reticular que la mayoría.
Las «redes de viejos amigos», fundadas a partir de una experiencia
universitaria compartida, sobre todo entre los licenciados de la
Universidad de Tokio, están presentes en la mayoría de
organizaciones de élite en Japón. Más importante aún para el estudio
de la corrupción, es el poder derivado de tener una red que discurra
entre los límites organizativos entre partido político gobernante y
oposición, entre políticos y burócratas, y entre gobierno y empresa.
Las negociaciones que traspasan estos límites suelen correr a cargo
de individuos capaces de usar sus relaciones personales para mitigar
diferencias ideológicas o conflictos de intereses. La amistad
permite que el intermediario reuna a las partes, a menudo para cenar
y tomar unos tragos, con el fin de resolver sus problemas «de hombre
a hombre». (La sociedad japonesa en general, y el mundo político en
particular, sigue dominada por hombres, pese a algunas conquistas
recientes de las mujeres.) Por ejemplo, algunos periodistas tienen
una influencia sorprendente, precisamente porque se relacionan con
tantos tipos de personas distintas.
La utilización de intermediarios puede ser
perfectamente legítima, pero también puede implicar intercambios
monetarios ilegítimos mediante prqueños trucos, como perder dinero
deliberadamente en un juego de mahjongg. Más siniestro es el papel
de los kuromaku. En el teatro kabuki, los kuromaku se
desplazan por el escenario vestidos de negro, cambiando los
accesorios de lugar y dando continuidad a la obra. El público los
ve, pero se supone que deben ignorar su presencia. Los kuromaku
políticos suelen ser turbios personajes vinculados al crimen
organizado y a los grupos de derecha. Fueron más activos en la
primera época de la posguerra, pero uno de ellos, Kodama Yoshio,
afortunadamente conocido como «el último kuromaku», desempeñó
un papel significativo en el caso Lockheed de mediados de los años
70.
Cabe mencionar dos aspectos de la sociedad reticular
en relación con la corrupción: Las relaciones entre el Partido
Liberal-democrático (PLD) y los políticos de la oposición, y el
dangou, una modalidad japonesa de adjudicar las licitaciones
para la contratación de obras públicas.
La Dieta japonesa es «viscosa»: resulta difícil
conseguir la aprobación de proyectos de ley, y resulta fácil,
incluso para grupos pequeños, truncar el proceso. Pese a tener una
mayoría de escaños desde 1955 hasta 1993, el PLD ha necesitado, a
menudo, negociar acuerdos con uno o más partidos de la oposición
para asegurar un funcionamiento estable de la Dieta. Algunos
acuerdos eran legítimos: se concedía a la oposición abundantes
ocasiones para difundir su mensaje si luego permitían la aprobación
del proyecto de ley. Algunos pactos conllevaban incluso concesiones
significativas en materia de políticas. Otras veces hizo falta
dinero para engrasar las ruedas de la maquinaria legislativa. En
cualquier caso, en muchas situaciones era necesario un
intermediario, y las relaciones con los diputados de la oposición en
la Dieta constituían un recurso de poder para los políticos del PLD.
Los dangou estuvieron en el centro del caso
Zenekon. Los carteles de regulación de precios son corrientes en los
sectores de la construcción de todo el mundo, y en Japón también son
corrientes los pactos colusorios de este tipo en otros sectores.
Hasta 1982, era típico del sector de la construcción japonés que
hubiera alrededor de diez licitantes designados. Aquel año, el
escándalo de las licitaciones fraudulentas obligó al gobierno a
doblar el número de empresas designadas, lo que suprimió con
eficacia el poder del sector para autorregularse. Aprovechando este
vacío, apareció Kanemaru Shin, que logró restaurar la connivencia
efectiva y cobrar un precio por sus servicios (Woodall 1993). La
connivencia es producto de unos incentivos económicos que están
presentes en todas partes, y la teoría general predice muchas cosas
acerca de cuándo y dónde ocurre. Sin embargo, los empresarios,
burócratas y economistas japoneses están menos comprometidos con la
competencia económica y mucho más abiertos a la cooperación
económica que los grupos análogos en Estados Unidos. Se trata de una
diferencia cultural evidente, pero es muy posible que en este
aspecto Europa Occidental se parezca más a Japón que Estados Unidos.
Japón es una sociedad de redes en muchos sentidos
importantes, y el poder de las redes personales junto con el papel
tradicional de los intermediarios facilita la corrupción. Por otro
lado, cabe recordar que Japón es también una sociedad burocratizada
con una fuerte orientación a los exámenes. El ingreso en las
universidades de élite y las promociones burocráticas figuran entre
los muchos bienes importantes que son distribuidos casi
exclusivamente mediante exámen. Aunque se puede encontrar
excepciones en las que los contactos personales o las contribuciones
económicas inclinan la balanza, parece evidente que si uno es capaz
de aprobar un examen, no necesitará contactos ni dinero. Asimismo,
muchos bienes que serían fuentes sumamente útiles de patrocinio (la
entrada en los programas de viviendas públicas es un buen ejemplo)
son adjudicados por lotería o por algún otro mecanismo impersonal.
Sería un error ignorar tanto la red personal como los
aspectos burocráticos impersonales de la sociedad japonesa.
Desafortunadamente, la mayoría de los académicos suele analizar un
aspecto o el otro, y disponemos de poca información que nos permita
evaluar el equilibrio entre estas dos realidades.
El
alcance de la corrupción política en Japón
Cualquier intento de evaluar con exactitud el volumen
total de la corrupción en un país está condenado al fracaso, pero
diversos fragmentos de información nos llevan a concluir que la
corrupción es un grave problema en Japón, sólo inferior, quizá, al
de Italia en el mundo industrializado.
En primer lugar, además de una sucesión contínua de
escándalos menores y locales, Japón ha experimentado una serie de
escándalos importantes a lo largo del periodo de la posguerra: El
caso Showa Denko se convirtió en un tema clave de las elecciones de
1949; el caso Shipbuilding fue un escándalo que marcó las elecciones
de 1955; las elecciones de 1967 se vieron afectadas por una serie de
escándalos que los medios nombraron «Niebla Negra»; el caso Lockheed
incidió tanto en las elecciones de 1976 como en las de 1983, éstas
últimas porque se dictó un veredicto de culpable contra el anterior
primer ministro Tanaka Kakuei; el caso Recruit afectó a las
elecciones de 1989 a la Cámara de Representantes y a los comicios
generales de 1990; y los casos Sagawa Kyubin, Kyowa y Zenekon
afectaron las elecciones generales de 1993. En cada una de estas
elecciones, los partidos implicados en los escándalos perdieron
porcentajes significativos en votos y escaños. Las elecciones de
1955 y 1993 desempeñaron un papel en la modificación del sistema de
partidos japonés, pues marcaron, respectivamente, el nacimiento y la
desaparición de la hegemonía del PLD.
En segundo lugar, las personas implicadas en los
escándalos por corrupción han sido, además, figuras destacadas. En
el Cuadro 2 se hace una relación de los primeros ministros de la
posguerra japonesa y su implicación en diversos escándalos. De los
veintiún hombres que han ocupado el cargo, seis han estado
directamente implicados en alguno de los principales escándalos de
la posguerra, y la mitad de ellos han estado implicados de alguna
manera u otra en un escándalo. Conviene destacar particularmente el
hecho de que Sato Eisaku, Tanaka Kakuei y Fukuda Takeo estuvieron
directamente relacionados con escándalos de corrupción antes
de ser elegidos primer ministro. Una condena por soborno (recurrida
con éxito) no perjudicó la carrera política de Tanaka, que tampoco
se vio perjudicado por la orden de detención que se emitió en su
contra, y en la que fue necesaria la intervención política oficial
del primer ministro Yoshida para impedir la detención efectiva de
Sato. En aquel momento se investigaba también a Ikeda, aunque la
intervención política del primer ministro Yoshida evitó que la
implicación de Ikeda tuviera tanta difusión, así que él también
puede contarse entre los cuatro primeros ministros elegidos a pesar
de su historial de escándalos por corrupción. El cuarto es Fukuda,
que fue procesado y absuelto en el caso Showa Denko por decisiones
tomadas mientras servía en el Ministerio de Finanzas. Reconoció
haber aceptado el dinero pero dijo no saber que se trataba de un
soborno.
Cuadro 2: Primeros ministros japoneses de la
posguerra, y la corrupción
|
Yoshida Shigeru |
Abril 1946,
Nov. 1948 |
No se le conoce escándalos pero perdonó a
Sato Eisaku |
|
Katayama Tetsu |
Mayo 1947 |
No se le conoce escándalos |
|
Ashida Hitoshi |
Enero 1948 |
No se le conoce escándalos |
|
Hatoyama Ichiro |
Diciembre 1954 |
No se le conoce escándalos |
|
Ishibashi Tanzan |
Diciembre 1956 |
No se le conoce escándalos |
|
Kishi Nobusuke |
Febrero 1957 |
Implicado en el caso Niebla Negra
|
|
Ikeda Hayato |
Junio 1960 |
Implicado en el escándalo Shipbuilding
|
|
Sato Eisaku |
Octubre 1964 |
Orden de detención por el caso Shipbuilding
|
|
Tanaka Kakuei |
Septiembre 1972 |
Recurrió con éxito la condena por un caso de
soborno; condenado por el caso Lockheed |
|
Miki Takeo |
Noviembre 1974 |
No se le conoce escándalos |
|
Fukuda Takeo |
Diciembre 1976 |
Detenido en el caso Showa Denko |
|
Ohira Masoyoshi |
Noviembre 1978 |
No se le conoce escándalos |
|
Suzuki Zenko |
Julio 1980 |
Implicación marginal en Kyowa |
|
Nakasone Yasuhiro |
Noviembre 1982 |
Rumores de implicación en los casos Lockheed
y Recruit |
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Takeshita Noboru |
Octubre 1986 |
Implicado en el caso Recruit |
|
Uno Sosuke |
Junio 1989 |
Escándalo menor relacionado con mujer
|
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Kaifu Toshiki |
Octubre 1989 |
No se le conoce escándalos |
|
Miyazawa Kiichi |
Octubre 1991 |
Implicación menor en caso Recruit
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Hosokawa Morihiro |
Agosto 1993 |
Problema menor por préstamos de Sagawa Kyubin
|
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Hata Tsutomu |
April 1994 |
No se le conoce escándalos |
|
Muruyama Tomoichi |
Junio 1994 |
No se le conoce escándalos |
|
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|
En la actualidad existe la tendencia a asociar la
política sucia con los políticos de partido y la política limpia con
los políticos ex burócratas. Los gobiernos de Ikeda y Sato, ambos ex
burócratas, fueron épocas tranquilas políticamente, y los escándalos
importantes reaparecieron con el gobierno del político de partido
Tanaka y sus protegidos. No se puede ignorar el papel de Tanaka pero
tampoco conviene olvidar que cinco de los siete primeros ministros
antiguos burócratas estuvieron implicados en a corrupción, y que
cuatro estuvieron directamente implicados en escándalos importantes.
Por último, en años recientes Japón ha vivido una ola
de escándalos en los que estaban implicadas cantidades exorbitantes
de dinero y un gran número de políticos. La crisis empezó en 1988
con el caso Recruit. En Recruit, el volumen de dinero y la cantidad
de políticos implicados no tenían precedentes, aunque pocos
políticos violaron las leyes. El caso Recruit fue un importante
factor en la derrota histórica del PLD en las elecciones a la Cámara
de Representantes de 1989. El Partido socialista superó al PLD en
las urnas por primera (y última) vez. Las pérdidas del PLD fueron
aún más impresionantes en los comicios locales. Recruit tuvo también
un efecto, aunque reducido, sobre las elecciones generales de 1990.
Dos primeros ministros se vieron obligados a dimitir en ambas
derrotas electorales: el primero fue Takeshita Noburu, sucesor de
Tanaka Kakuei. La ira de los electores había empezado a disiparse
cuando se destapó una nueva ronda de escándalos. Durante la
investigación del caso Sagawa Kyubin en 1991, se encontró una
cantidad insólita de dinero en posesión de Kanemaru Shin,
administrador de la facción de Takeshita. Se reveló el pago
sistemático de comisiones ilegales en proyectos de obras públicas
que implicaron prácticamente a todo el sector y dieron pie al caso
Zenekon. También fueron reveladas algunas conexiones oscuras entre
la política y el crimen organizado.
El efecto combinado de los juicios en curso y las
constantes revelaciones sirvió para que la corrupción siguiera
estando a la orden del día, y agravó el ya creciente malestar con la
política. Varios partidos nuevos, dos formados por tránsfugas del
PLD, compitieron en las elecciones generales de julio de 1993. El
efecto combinado del transfuguismo y la popularidad de los nuevos
partidos produjo un terremoto electoral que, si bien no alcanzó la
intensidad de las elecciones italianas de 1994 ni de las elecciones
canadienses de 1993, fue lo bastante fuerte para terminar la era de
la hegemonía del PLD. El gobierno de coalición de Hosokawa, que no
era del PLD, promulgó una reforma política de primer orden que
cambió, entre otras cosas, el sistema electoral. El nuevo sistema,
como buena parte de los antecedentes que lo originaron, es
notablemente parecido al que se ha adoptado recientemente en Italia.
Aunque queda mucho trabajo por delante, parece
evidente que la crisis de la corrupción política japonesa de los
años 90 no es tan grave como la crisis italiana. Japón no puede
superar a Italia en cuanto al porcentaje de la clase política
implicada, el grado de implicación del crimen organizado, la
cantidad de violencia experimentada, ni siquiera en cuanto a la
medida del rechazo público del sistema político de posguerra. En
realidad, la cantidad total de juicios e investigaciones por soborno
no ha aumentado significativamente, aunque las investigaciones
apuntan ahora a las altas instancias, con más acusaciones de
alcaldes y gobernadores. Por otro lado, ninguna otra democracia
industrializada se parece más a Italia que Japón.
Una
reflexión sobre la investigación de la corrupción en Japón
Los tribunales japoneses no tienen poderes para el
apercibimiento. No pueden reclamar partes específicas de
información. Emiten, en su lugar, órdenes de registro. La policía,
en ocasiones cientos de agentes, se presenta de improviso en la
puerta y recoge todo el material potencialmente relevante antes de
que se pueda quemar o esconder algo. Se llevan cajas de documentos
de los hogares y oficinas para examinarlos detenidamente en
comisaría. Este estilo de investigación significa que la policía
tiene que estar muy segura de que va a encontrar algo antes de
solicitar una orden de registro. Sería una auténtica vergüenza que
una legión de agentes recogiera miles de documentos y no encontrara
nada inculpatorio. Por otra parte, cuando se emite una orden de
registro, la policía se apropia de mucha más información de la
necesaria para procesar el caso original. La forma más frecuente de
descubrir la corrupción política es la revelación accidental de
registro de sobornos entre los archivos de un sospechoso investigado
por otras causas. Este estilo contribuye asimismo a explicar la
pauta de largos periodos de pocos casos de corrupción seguidos del
descubrimiento de escándalos en los que se ven implicados numerosos
políticos: una sola investigación exitosa puede ramificarse
rápidamente. Además, tengo la impresión de que las empresas
japonesas suelen conservar buenos registros de su actividad criminal
porque pueden estar seguros de que, bajo circunstancias normales, es
posible guardarla en secreto.
Pautas cambiantes en la corrupción del Japón de la posguerra
Los estilos y quizá también la magnitud de la
corrupción han ido cambiando a lo largo del tiempo. Podemos
distinguir cuatro épocas: la primera época de la posguerra, la era
hegemónica del PLD de los años 60, la era Tanaka de los años 70 y
80, y el actual periodo de crisis iniciado en 1989.
Los dos escándalos importantes de los años 40 y 50,
Showa Denko y Shipbuilding tuvieron que ver con programas en que el
gobierno adjudicaba cuotas de producción directamente a las
empresas. Cuando el gobierno ejerce tanta influencia sobre las
empresas que se beneficiarán y crecerán, el soborno es una buena
inversión. Las empresas japonesas invirtieron grandes cantidades y
derivaron enormes beneficios.
Después de las elecciones de 1955, los Partidos
Liberal y Democrático se fundieron para formar el Partido Liberal
Democrático (PLD) que gobernaría Japón durante los próximos 35 años.
La hegemonía del PLD se consolidó en 1960 con el gobierno de Ikeda,
que atenuó el fuego de las batallas ideológicas sobre el rearme, y
centró la atención en el crecimiento económico. El inicio de la
hegemonía del PLD coincidió con un fuerte crecimiento económico que,
junto con el fin de las leyes de emergencia para la recuperación
económica, cambiaron el carácter de la relación entre política y
economía. El gobierno no se refugió en un papel de laissez-faire.
Continuó su intervención a través de orientaciones administrativas
pero, salvo adquisiciones directas del gobierno, se puso fin a la
adjudicación arbitraria de cuotas a las empresas. Ya no era posible
una corrupción al estilo de Showa Denko o Shipbuilding.
Es evidente que la corrupción continuó bajo el PLD,
pero es muy posible que se redujera. Los políticos y burócratas
tenían menos que vender, y una industria de rápido crecimiento tenía
menos necesidad de comprar influencias políticas. Existen motivos
para creer que la corrupción disminuyó y, ciertamente, no hay razón
para pensar que el nivel de corrupción se mantuviera constante, pero
hay al menos dos razones para creer que el decenio de los 60 pudiera
parecer menos corrupto de lo que realmente fue. En primer lugar, el
PLD estaba atrincherado en el poder y se encontraba, por tanto, en
una posición inmejorable para encubrir información sobre la
corrupción que sí existía. No hay duda de que los medios de
comunicación tenían datos sobre la corrupción que no publicaban. En
segundo lugar, los juicios por corrupción de los años 50 produjeron
muy pocas condenas. De aquí se desprende que era prácticamente
imposible demostrar que se pagaba dinero a cambio de ejercer una
influencia política. Los políticos podían aducir simplemente que el
dinero era una contribución de campaña. Aunque se sabe poco sobre el
papel desempeñado por los jueces y fiscales en la investigación de
la corrupción, sería razonable postular que estaban menos dispuestos
a perseverar en casos que tuvieran pocas probabilidades de
resolverse con una sentencia condenatoria. Así, cierta combinación
desconocida de niveles reales más bajos y la menor probabilidad de
procesar los casos de corrupción dio como resultado veinte años sin
un escándalo importante.
La corrupción que salió a la luz pública durante esta
época seguía siendo de bajo nivel. El escándalo del proyecto de ley
sobre la prostitución, que estalló en 1957, tuvo que ver con pagos
del sindicato de prostitutas a los políticos para persuadirlos de
que votaran en contra del proyecto de ley que ilegalizaba la
prostitución, más tarde para que alteraran su aplicación y, por
último, para que recibieran alguna compensación. (Hasta ese momento,
había sido legal pero regulado.) Los políticos implicados
representaban zonas con grandes distritos de mucha prostitución y
estaban representando a sus constituyentes al más puro estilo del
PLD. Si el sector implicado hubiera sido más respetable, no habría
habido escándalo. En este caso, se construyó centros comerciales en
los distritos para ofrecer un empleo alternativo a quienes se
quedaron cesantes a raíz de la ley, otra política típica del PLD.
Lo más destacado de la corrupción durante los
tranquilos años del decenio de los 60 son los escándalos «Niebla
Negra» de 1967. No hubo un incidente crucial que los desencadenara.
«Niebla Negra» fue un acontecimiento mucho más trascendente en los
medios de comunicación que los casos Showa Denko o Shipbuilding. Los
temas exagerados por la prensa en aquel momento no eran tanto
asuntos de dinero a cambio de influencias como de abusos de poder.
Hubo dos casos de políticos que emplearon la coacción para conseguir
dinero y favores de los empresarios, pero los incidentes más
pintorescos fueron los más populares. El ministro del Transporte
ordenó que los trenes rápidos se detuvieran en un pequeño pueblo de
su distrito, y esto desencadenó su dimisión del cargo. Otro
parlamentario del PLD consiguió que el gobierno pagara por el viaje
de luna de miel de su hija. Un tercero ordenó que la orquesta
militar tocara en un desfile para darle la bienvenida a casa cuando
fue a visitar su distrito. Este tipo de corrupción parece
particularmente característico de la primera época en la hegemonía
del PLD. Si bien es imposible estar seguro de que la corrupción
disminuyera realmente durante aquellos años, el hecho de que los
medios no consiguieran destapar escándalos tan graves como Showa
Denko o el Shipbuilding, aunque estuvieran pendientes de la
corrupción en 1967, resulta bastante convincente.
La carrera de Tanaka Kakuei cambió el panorama de la
política japonesa en varios sentidos. En 1972, sucedió a una línea
de tres primeros ministros de la élite, ex burócratas y educados en
la Universidad de Tokio, a pesar de no haberse licenciado de la
universidad. Construyó su carrera política atrayendo a su distrito
electoral fondos gubernamentales conseguidos sobre la base del
patrocinio político, y fue ahí donde organizó una máquina política
legendaria. Era un maestro de la maniobra política en la Dieta,
violó y reescribió las reglas de la política de facciones dentro del
PLD, y negoció con los partidos de la oposición para conseguir la
aprobación parlamentaria de polémicos proyectos de ley. Entendía la
política democrática en un sentido distinto de sus predecesores
burocráticos. Él fue secretario general del PLD durante las
elecciones de 1969 y, aunque se le concedió más crédito de lo que
merecía por esa victoria, es posible que su conocimiento detallado
de las situaciones políticas en todos los distritos electorales,
además de sus maquinaciones estratégicas, procuraran al PLD algunos
escaños adicionales. Tanaka debería ser un personaje conocido en
cualquier país con una política democrática de larga trayectoria. En
Estados Unidos, su carrera es notablemente parecida a la de Lyndon
Johnson.
Al parecer, el papel desempeñado por Tanaka en el
panorama cambiante de la corrupción en Japón ha sido el de
sistematizar y racionalizar el proceso, y cambiar la pauta existente
de empresarios y grupos de intereses que ofrecían dinero a cambio de
influencias, hacia una pauta en la que los políticos exigían dinero
de los empresarios y grupos de intereses bajo la amenaza implícita
de una pérdida de influencia (Johnson 1986.) La corrupción ya era
menos una transacción empresarial que una extorsión. El ejemplo más
claro fueron las elecciones de 1974 a la Cámara de Representantes,
en que se adjudicó candidatos a determinadas empresas e industrias
para que éstas los financiaran y votaran. Pese a un significativo
aumento en los gastos, esta campaña electoral «basada en la empresa»
(kigyou-gurumi) no logró salvar el descenso electoral del
PLD. Se practicó, no obstante, más de cien detenciones como
respuesta a las denuncias de violación de las leyes electorales.
Tanaka alcanzó cotas de popularidad sin precedentes
para un primer ministro cuando fue elegido en 1972, pero al poco
tiempo estas cotas descendieron a nivel históricos, principalmente
debido a la inflación causada por su política de gastos. En 1974, se
vio obligado a dimitir a raíz de la publicación de un artículo que
ponía al descubierto su estilo político. El PLD encontró un «Míster
Limpio» en Miki Takeo, aunque fue durante el gobierno de éste que se
reveló en el Congreso de Estados Unidos el hecho de que la empresa
Lockheed había pagado sobornos a políticos japoneses (MacDougall
1988). Con esta investigación, el Congreso estadounidense provocó
complicaciones políticas en muchos países, pero las revelaciones
fueron un golpe para la política japonesa cuando atravesaba una
coyuntura particularmente vulnerable. Con cualquier otro primer
ministro en cualquier otro momento, es posible que el caso Lockheed
se hubiera ocultado bajo la alfombra, pero Miki pidió a Estados
Unidos toda la documentación, y exigió al sistema judicial japonés
un procesamiento enérgico. Tanaka quedó atrapado en su propia red.
Fue detenido y llevado a juicio por segunda vez en su carrera.
A pesar de su implicación e incluso después de ser
condenado en 1983, la facción de Tanaka fue siguió creciendo. Dado
que esta facción era la más grande y no contaba con un candidato
propio para primer ministro, Tanaka pudo jugar a hacedor de reyes y
siguió ejerciendo un poder inmenso hasta que una apoplejía lo dejó
incapacitado en febrero de 1985. Durante al menos tres años, el
político más poderoso de Japón ejercía su poder en la sombra a la
vez que recurría una condena por soborno.
El caso Lockheed recordaba los escándalos de Showa
Denko y de Shipbuilding pues en ellos se hizo entrega de dinero a
cambio de una decisión gubernamental que beneficiaba directamente a
la empresa. Se distinguía de éstos, no obstante, porque estaba
implicada una empresa extranjera y fue revelada por políticos
extranjeros, lo que dificulta enormemente su valoración. Podría
contemplarse como una excepción en un cuadro general de menor
corrupción interior, o como una excepción a la regla según la cual
es posible ocultar la corrupción. En cualquier caso, ya resuelto el
escándalo Lockheed y hasta 1988, Japón pareció volver al modelo
característico del decenio de los 60.
La parte más interesante de la historia es el
capítulo final, pues se trata de una crisis de corrupción que
contribuyó a cambiar el sistema de partidos japonés.
Desafortunadamente, los hechos son todavía demasiado recientes y
demasiado complejos para extraer conclusiones definitivas en este
momento, pero a continuación presentamos una síntesis de los hechos
más destacados. La principal dificultad es que los escándalos de los
años 90 no tienen una pauta común y resulta imposible efectuar un
resumen sencillo.
En el caso Recruit estuvo implicada una empresa
relativamente nueva del sector de la información, también
relativamente nuevo. Aunque es verdad que la empresa Recruit Cosmos
recibió a cambio ciertas compensaciones en materia de políticas,
este escándalo sorprendió a la empresa cuando hacía una inversión a
gran escala en su futuro político. Según parece, la empresa iba
comprando su penetración en las redes políticas. Como recién
llegada, la empresa parece haber malinterpretado algunas de las
sutilezas del juego. El público reaccionó con estupor ante los
volúmenes de dinero y la cantidad de políticos implicados, muchos de
ellos de los partidos de la oposición. Los escándalos Kyowa y Sagawa
fueron, en muchos sentidos, casos típicos de soborno, que destacan
sobre todo porque financiaban la publicación de informes sobre la
corrupción en los periódicos. La investigación del caso Sagawa, no
obstante, implicó a Kanemaru Shin que, a su vez, puso al descubierto
algunas conexiones con el crimen organizado y el caso Zenekon.
Zenekon reveló la existencia de comisiones pagadas de forma
clandestina en el sector de la construcción, y desencadenó las
dimisiones de varios gobernadores y alcaldes. La revelación
constante de casos de corrupción fomentó el creciente malestar con
el sistema político y contribuyó a la derrota del PLD.
La
corrupción japonesa en perspectiva
Heidenheimer (1993) nos proporciona el mejor marco
para analizar la corrupción desde una perspectiva comparativa. En la
Tabla 3, reproducimos una parte de su análisis. De sus cuatro
categorías, sólo cabe examinar las dos últimas, el «sistema moderno
de patrocinador-cliente» y el «sistema moderno basado en una cultura
cívica», porque es evidente que Japón no es ni un «sistema tradición
basado en las relaciones de familia» ni un «sistema tradicional
basado en la relación patrocinador-cliente».
Tabla 3: La corrupción japonesa desde una
perspectiva comparativa
|
Punto |
|
Patrocinio moderno |
Cívico moderno |
|
1. |
Las autoridades se desvían de la ley en
aspectos menores para beneficiar a los amigos |
POE |
Frecuente |
|
2. |
Las autoridades aceptan obsequios como
muestra generalizada de buena voluntad |
POE |
Esporádico |
|
3. |
Nepotismo en designaciones oficiales y
adjudicación de contratos |
POE |
Esporádico |
|
4. |
Las autoridades se benefician de decisiones
públicas a través de negocios complementarios (sobornos
políticos directos) |
Frecuente |
Esporádico |
|
5. |
Los clientes comprometen el voto de acuerdo
con las directrices del patrocinador |
Frecuente |
Inusual |
|
6. |
Los clientes necesitan la intervención de un
patrocinador para conseguir la «vía de derecho»
administrativo |
Esporádico |
Inusual |
|
7. |
Las autoridades esperan recibir obsequios
(comisiones ilegales) como requisito para respetar «vía de
derecho» |
Esporádico |
Inusual |
|
8. |
Las autoridades toleran el crimen organizado
a cambio de compensaciones |
Esporádico |
Inusual |
|
9. |
Los militantes cambian repentinamente su
fidelidad al partido por razones pecuniarias |
Esporádico |
Inusual |
|
10. |
Las autoridades y los ciudadanos ignoran
pruebas claras de corrupción |
Esporádico |
Inusual |
Fuente: Adaptada de
Heidenheimer, 1993, pp. 156-7.
En algunos casos, Japón corresponde claramente a la
categoría de patrocinador-cliente. En el punto 2, las personas que
ocupan puestos de poder pueden contar con el ofrecimiento de muchos
obsequios. En la actualidad, es noticia el «escándalo» del derroche
en los agasajos de que son objeto los burócratas estatales por parte
de las autoridades locales. Asimismo, la recaudación de fondos
políticos mediante «sobornos políticos directos» (punto 4) es tan
habitual que podría considerarse incluso de procedimiento operativo
estándar (POE). Al menos en el sector de la construcción, era
imprescindible el pago de comisiones ilegales (punto 7), aunque cabe
preguntarse acerca de la extensión de esta conducta en otros
ámbitos. En otros casos, Japón encaja claramente en la categoría de
sistema cívico. El nepotismo (punto 3) no es corriente, el número de
votos que pueden movilizarse a través de las estructuras de
patrocinador-cliente (punto 5) son insignificantes, y rara vez se
observa en los militantes un cambio de lealtad al partido por
razones pecuniarias (punto 9).
En muchos casos, se podría argumentar el tema desde
ambos lados: Las autoridades japonesas se desvían, efectivamente, de
la ley en aspectos menores para beneficiar a sus amigos, pero eso es
normal incluso en los sistemas cívicos modernos. La cuestión es si
se efectua con frecuencia o si se trata de una procedimiento
operaivo estándar (POE). Por lo visto, Japón se sitúa en un punto
intermedio: la conducta no es del todo inhabitual pero se vuelve POE
únicamente en un conjunto selectivo de actividades administrativas o
para personas de gran prestigio. Asimismo, se observa ejemplos de
clientes que no disfrutan de la «vía de derecho» si no cuentan con
un patrocinador influyente, pero cabe preguntarse si no se trata de
un fenómeno «esporádico» o «inusual». No hay duda de que los
contactos inciden en la rapidez con que se consigue esta vía de
derecho. Hasta hace poco, el crimen organizado era tolerado en
cierta medida, pero no necesariamente a cambio de compensaciones.
Éste es también un terreno que cabría estudiar más a fondo, pero una
razón que explica la tolerancia hacia el crimen organizado fue la
valoración de que era preferible una política realista que lo
mantuviera dentro de ciertos límites que una política idealista que
intentara eliminarlo.
Quizá el problema más difícil sea el grado en que a
veces son ignoradas la claras pruebas de corrupción. Aquí también
conviene decidir si la incidencia es esporádica o inusual, y las
recientes revelaciones de corrupción en prácticamente todas las
democracias industrializadas sugieren que no deberíamos fijar el
rasero para juzgar a Japón demasiado alto. La idea de que en Japón
existe la tendencia a ignorar la corrupción tiene su principal
fundamento en el hecho de que los políticos corruptos suelen ser
reelegidos y en que el PLD conservó el poder aunque se viera
periódicamente sacudido por escándalos de primer orden. Se podría
criticar a los electores japoneses de no ser lo bastante sensibles a
las acusaciones de corrupción, pero lo mismo podría reprocharse al
electorado de todas las democracias. Los electores no cumplen con
los niveles establecidos por los guardianes autodesignados de la
democracia, ya sean de los medios de comunicación o de la
intelectualidad. De hecho, los candidatos y partidos salpicados por
el escándalo han perdido votos. El electorado japonés no ha ignorado
la corrupción. Asimismo, se podría culpar a los medios de no
informar a los electores de las conductas corruptas habituales. Una
vez más, no obstante, Japón aparece como un país perfectamente
normal. Volvemos a pensar en Lyndon Johnson: «todo el mundo» (salvo
el público) conocía sus dudosas prácticas. Si bien es cierto que los
votantes y los medios hicieron su parte, hace ya mucho que los
políticos japoneses fallaron en la suya. Destaca por su
espectacularidad el fracaso del PLD en reducir el poder de Tanaka
Kakuei después de 1983.
Juzgado en términos globales, Japón se sitúa en algún
punto intermedio entre un sistema de patrocinador-cliente y un
sistema de cultura cívica. Su ubicación exacta es debatible, pero
los acontecimientos más recientes se interpretan mejor si se los
contempla como parte del proceso de transición desde un sistema de
patrocinio a un sistema cívico. Cabe esperar que la transición sea
exitosa pero la historia de la democracia en otros lugares no ofrece
muchas esperanzas de que algún día la corrupción desaparecerá del
todo.
Traducido del inglés
Referencias
ENKO H. 1992. Kigyou Katsudou ni okeru «kouseisa»
no Kokusai Chousa Houkoku, (Dentsuu Souken).
GIBBONS, K.M. 1993. «Towards an Attitudinal
Definition of Corruption» en Heidenheimer y otros (comps.),
Political Corruption: A Hankbook (Transaction Publishers).
HEIDENHEIMER, A.J. 1993. «Perspectives on the
Perception of Corruption» en Heidenheimer y otros (comps.),
Political Corruption: A Handbook (Transaction Publishers).
JOHNSON, C. 1986. «Tanaka Kakuei, Structural
Corruption, and the Advent of Machine Politics in Japan», The
Journal of Japanese Studies 12: 1-28.
MACDOUGALL, T. 1988. «The Lockheed Scandal and the
High Costs of Politics in Japan», En: Adrei S. Markovits y Mark
Silverstein (comp.), The Politics of Scandal (Holmes and
Meier).
REED, S.R. 1994. "The Response of the Japanese
Electorate to Corruption Scandals», ponencia presentada en el XVI
Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Ciencias
Políticas, Berlín.
WOODALL, B. 1993. «The Logic of Collusive Action: The
Political Roots of Japan's Dango System», Comparative
Politics 25:297-312.
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