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090309 - Durante los últimos 50
años,
Japón
ha estado gobernado casi ininterrumpidamente por el mismo
partido político.
Las elecciones legislativas del domingo 30 de Agosto podrían
cambiar el paisaje político de la segunda economía mundial.
Las encuestas sugieren que en las elecciones legislativas de
este domingo el opositor Partido Democrático (PD) se impondría
al Partido Liberal Democrático (PLD) por amplio margen.
Este hecho ocurriría en momentos en que el país batalla para
salir de su peor recesión en 60 años, con una cifra récord de
desempleo del 5,7%, el peor índice desde el final de la
II Guerra Mundial.
¿Qué consecuencias podría traer para la segunda mayor economía
del mundo una derrota de la organización política
tradicionalmente favorecida por el tejido empresarial, y qué
llevó al PLD a su actual pérdida de popularidad?
Grietas
Fundado en 1955, el PLD ayudó a transformar al país de una
nación devastada por la guerra en un gigante industrial con un
papel hegemónico en el sistema financiero mundial.
Trabajando muy de cerca con el aparato burocrático y el mundo de
los negocios, el PLD encabezó ejecutivos que propiciaron un
crecimiento económico espectacular y elevaron los niveles de
vida de la población hasta convertirlos en unos de los más altos
del planeta.
Pero las grietas comenzaron a aparecer a principios de los años
90. La burbuja japonesa reventó.
Desde entonces el desempleo comenzó a golpear, la brecha entre
ricos y pobres empezó a ampliarse y la baja natalidad comenzó a
pender como una espada de Damocles sobre el hasta ese momento
sólido sistema de seguridad social.
La tan necesaria reforma no se emprendió debido al lastre que ya
para entonces significaban los intereses creados a partir del
vínculo estrecho entre la burocracia y el mundo empresarial,
como explica Phillipa Fogarty, analista de la BBC.
Parte del problema -añade Fogarty- fue que el PLD no supo
modificar una estructura que ya comenzaba a ser obsoleta y, en
vez de preocuparse por remodelar el sistema, se dedicó a
mantener satisfechos a todos los grupos de intereses.
"La búsqueda del consenso lesionó el ejercicio de un liderazgo
fuerte", como lo explica el doctor Steven Reed, de la
Universidad de Chuo, de Tokio.
"Comenzó a generalizarse una opinión de que el PLD estaba
perdiendo el contacto con la realidad, y dedicándose a
beneficiar a grupos económicos en lugar de trabajar por el bien
del país en su conjunto", en opinión del doctor Chris Hood,
director de Estudios Japoneses de la Universidad de Cardiff, en
el Reino Unido.
La pérdida de popularidad del partido -que únicamente salió del
poder entre 1993 y 1996- tocó fondo con el actual liderazgo de
Taro Aso, quien tiene índices de aceptación inferiores al 20% y
ha sido muy criticado por sus declaraciones aparentemente
ofensivas para las mujeres y los ancianos y por irritar a un
poderoso vecino: China.
¿Como
Barack Obama?
Sin embargo, pese a que el PLD puede perder el gobierno, algunos
opinan que el cambio no será drástico. Glen Fukushima, ex
presidente de la Cámara de Comercio Japonesa-estadounidense,
manifiesta que "Japón tiende a ser un país bastante conservador,
que evita los riesgos y prefiere la continuidad, la estabilidad,
la predictibilidad".
De cualquier manera Fukushima y muchos otros analistas coinciden
en que, con otro partido en el poder, cambiaría el tono del
gobierno. El PD podría transferir grandes cuotas de poder de las
manos del aparato burocrático a las de la clase política y
estimular el debate en torno a temas que van desde la educación
hasta la política exterior.
Sería lo que Masahiko Ishizuka, profesor de la Universidad
japonesa de Waseda, describe como "una nueva era de apertura" en
la política japonesa.
Todo eso se sustenta en parte en la imagen del líder del PD,
Yukio Hatayama, ingeniero de 62 años de edad con formación en
Estados Unidos quien -como expresa Duncan Bartlett, de la BBC-
intenta asemejar su perfil al del presidente de
Estados Unidos,
Barack Obama y, en consecuencia, asegura estar listo para
transformar la esfera política japonesa.
El PD "ofrece el cambio; ésa es su mayor promesa, y hay muy poca
gente en Japón que no esté de acuerdo en la necesidad del cambio
que el partido propone", manifiesta Fukushima.
Pero lo cierto es que el PD, según Fukushima, "de alguna manera
no tiene experiencia política porque nunca ha ejercido el poder
aunque muchos miembros del partido proceden del PLD".
Por el momento, esté o no
Japón
ante una nueva era -como expresa Duncan Bartlett, de la BBC- la
campaña de las elecciones legislativas de este domingo ya han
dotado a los japoneses de algo nuevo: la oportunidad de debatir
no sólo sobre qué partido político es el mejor para formar
gobierno sino también sobre otros temas relevantes en un país
que lucha por salir de su peor crisis económica en medio siglo.
- BBC
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