Cargando


 

Avizora Atajo Publicaciones

Biografías críticas

Biografías

Japón
Sendai
Los desastres japoneses: Terremotos, tsunamis, fusiones nucleares

Ir al catálogo de monografías
y textos sobre otros temas

Glosarios - Biografías
Textos históricos

ENLACES RECOMENDADOS:

- Japón: ¿cuánta radiación es peligrosa?
- Yukio Hayoyama es el nuevo Primer Ministro
- Mando político en Japón cambia de manos
- La corrupción política en Japón
- Hiroshima y Nagasaki

 

160311 - Gary Leupp - CounterPunch - Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

La apodan Mori no miyako, “la capital arbolada”. O tal vez deberíamos presentarla como –Sendai– la “Kioto de los bosques”. Al casti- llo de Lord Date Masamune, construido en los años 1600, se le llama Aoba-jo o “Castillo de Hojas Verdes” y a la calle principal de la ciudad-castillo Avenida Hojas Verdes. Cuando la visité durante una semana en 1986 –una visita prolongada ya que los tifones impedían el viaje por ferrocarril– me impresionó la verdura tan ausente en la mayoría de las ciudades japonesas, alimentada por el Río Hirose. Me enamoré de ella, y la comparé en muchos aspectos con Sapporo, donde conocí a mi esposa.
Siempre asociaré Sendai, como hacen muchos japoneses, con la canción Aobajo koi uta, una balada lastimera que comienza con este verso tan representativo del arte japonés, que siempre encuentra una belleza conmovedora en la fugacidad de la vida:


“Hirosegawa nagareru kishibe

Omoide wa kaerazu

Hayase odoru hikari ni

Yureteita kimi no hitomi

Toki wa meguri

Mata natsu ga kite

Ano hi to onaji nagare no kishi

Seoto yukashiki

Mori no miyako

Ano hito wa mo inai”


“En la ribera del Río Hirose que fluye

Recuerdo lo que no puede volver.

En la brillantez danzante de los rápidos

Veo tus ojos llenos de lágrimas.

El tiempo pasa.

El verano vuelve.

Como en ese día los rápidos entre las riberas

el delicioso sonido de los rápidos

en esta ciudad arbolada.

Esa persona ya no existe”

 

Sendai se encuentra situada de cara al Pacífico, a unos 300km al norte de Tokio, en la isla de Honshu (la más grande de las cuatro islas principales que componen el Japón). Japón se divide en siete regiones y Sendai está localizada en el corazón de la región Tohoku.

La distancia que existe desde Tokio hasta Sendai es de aproximadamente 1 hora y 40 minutos en Shinkansen (tren bala). El Aeropuerto de Sendai ofrece vuelos regulares que enlazan esta ciudad con otras principales del país y también, con algunas del mundo.

Sendai
es una ciudad que armoniza perfectamente con la naturaleza. Está el Océano Pácifico al Este y la cordillera Ou al Oeste. La planicie de Sendai, uno de los graneros más importantes del país, se extiende de Norte a Sur. Se puede ver mucha vegetación en las avenidas y parques del centro de la ciudad por donde corre el hermoso río Hirose. Este río ha ganado fama nacional porque aunque se trata de un río que corre por una gran ciudad, es remontado por el pescado “ayu” que vive sólo en aguas claras y limpias.

La ciudad de Sendai
, con su población de un millón de habitantes, es el centro político y económico en la región Tohoku (nordeste). Es una ciudad grande, pero cuenta con hermosos paisajes como el río Hirose que atraviesa el centro de la ciudad e hileras de zelkovas a lo largo de las avenidas. La ciudad está adornada con abundante vegetación por lo que es conocida como la Ciudad del Verdor.

Asimismo, Sendai tiene relevante fama como ciudad académica ya que varias universidades e institutos de investigaciones contribuyen al desarrollo de la tecnología avanzada.

Por otra parte, la ciudad de Sendai le da mucha importancia a la historia y cultura. También hoy en día se celebran distintos eventos tradicionales siendo el Festival de Tanabata el más representativo. Además, se llevan a cabo unas actividades musicales como el Concurso Internacional de Música de Sendai y el Festival de Jazz de la Avenida Jozenji. Por supuesto, no se puede dejar de mencionar las variadas obras de teatro que se representan. - City Sendai

Me pregunto si Sendai todavía existe. “Muchas áreas de la ciudad”, según CNN, “simplemente desaparecieron, el barro y las tablas cubren un área en la que solía haber una hilera de casas; un vehículo volcado entre ramas de árboles. Una escuela en la que había 450 personas cuando llegó el tsunami, con sus puertas reventadas y un revoltijo de muebles y un camión en el pasillo. Algunos profesores y estudiantes pudieron escapar del edificio, pero los funcionarios dijeron que otros no lo lograron.”

Ubicada sólo a 160 kilómetros del epicentro del terremoto del viernes, Sendai sufrió más daño que ninguna otra ciudad importante de Japón. Hablan de su vecindario, Futaki, como “zona cero” del desastre. Sendai, en la Prefectura Miyagi, es la ciudad más populosa en la vasta región Tohoku o Noreste. Tenía una población de un millón de personas antes del terremoto y del tsunami que provocó. Se piensa que la cercana localidad pesquera de

Minamisanriku perdió cerca de 10.000 de sus 17.000 residentes. Kasennuma, también en Miyagi, una ciudad de 74.000, está totalmente sumergida. Ciudades y aldeas enteras han sido tragadas por el mar. La cantidad oficial de víctimas mortales sigue siendo relativamente baja con 10.000, pero la cantidad de desaparecidos es inmensa. ¿Cuántos ha perdido Sendai?

Primero vino la violenta sacudida, que duró más de tres minutos. Cuando comenzó la gente debe haber pensado: “Hay que apagar la estufa a gas”. Todo escolar ha aprendido eso. Luego: “Preocúpate por un tsunami”.

Pero no hubo tiempo. Dentro de minutos, mientras se incendiaban las casas, el nivel del mar bajó dramáticamente, sólo para volver a surgir ferozmente. El muro de agua atacó la ciudad, sumergiendo las copas de los árboles, e inundó casi toda la costa del Pacífico de Tohoku. La pista del aeropuerto de Sendai fue inundada. Manzanas enteras de la ciudad se quemaron durante la noche mientras las bombas de incendio permanecían inactivas, incapaces de llegar a ellas por las calles inundadas. La tormenta perfecta de fuego y agua, una catástrofe de proporciones bíblicas. Una tormenta de nieve hizo la vida aún más miserable para los que carecían de un techo.

En la costa, la policía encontró los cuerpos de entre 200 y 300 personas que habían sido arrastradas por el mar, y devueltas a la costa. Fue el mayor desastre – no sólo el mayor en 140 años de registros históricos, sino probablemente en los últimos 1500 años. Y todavía no ha terminado; réplicas de una magnitud de 6 o más han tenido lugar en el intervalo de algunas horas.

 

. Tambalea la tercera economía mundial
.
Explota un segundo reactor en la central Fukushima
.
Gobiernos y medios occidentales minimizan la catástrofe nuclear en Japón
.
Accidentes nucleares
. Chernobyl: ¿Última advertencia?

. Explosión en la central nuclear de Fukishima
. Videos del terremoto y tsunami en Japón el 10/11 de Marzo del 2011

. Japón devastado por terremoto y en alerta nuclear (Video
. ¿Se acuerdan de Chernobil?

Sufro por Japón, donde pasé seis años, en total. El terremoto del viernes afectó a una inmensa zona del país. Mi suegra en Sapporo, en la isla norteña de Hokkaido, lo sintió claramente. Dijo a mi esposa (que se comunicó con ella después de tres intentos ya que muchas líneas telefónicas han sido interrumpidas), que pensó que se trataba de otro terremoto normal. (En realidad fue de magnitud 6,8 en Sapporo.) Estaba mirando televisión cuando tuvo lugar y vio que un temblor había ocurrido en Tokio, a 800 kilómetros hacia el sur. Qué extraña coincidencia, pensó, que haya habido terremotos en Saporo y Tokio al mismo tiempo. No se dio cuenta de que era el mismo terremoto, que por cierto fue sentido hasta en Beijing.

Como la mayoría de los japoneses, mi suegra tiene una actitud muy pragmática hacia los terremotos. Son shikataganai koto, algo que no se puede remediar. Hay que tratarlos racionalmente (incluso si tal vez se intenta explicarlos con referencia al dios Nai no kami de los terremotos, o el legendario bagre gigante Namazu, que vive en el barro bajo el agua y golpea duramente cuando no es controlado).

Ella opina que el terremoto es un castigo divino a Japón por la corrupción política y el faccionalismo. Pero la religiosidad y el fatalismo de esa mujer muy dura de 78 años coexisten con mucho sentido práctico. Su moderna casa prefabricada está programada de manera que cuando la tierra tiembla los armarios de la cocina se bloqueen automáticamente para que no caigan los platos. Y la estufa se apaga. Es organizada, como los japoneses en general cuando se trata de terremotos. Pero éste no fue normal.

Lloro por todo el país, pero específicamente por Sendai – Sendai con su dialecto singular que hallo incomprensible, Sendai con sus mujeres excepcionalmente bellas, Sendai con su rica historia. La elite samurái Date fue durante un tiempo amistosa hacia las misiones católicas romanas, protegiéndolas incluso cuando el poder central perseguía a los cristianos. En los años 1610 Date Masamune envió emisarios al Vaticano para establecer vínculos; viajaron a través del Pacífico a México y continuaron por el Atlántico. (En 1617 siete de los miembros de la misión samurái decidieron no volver a casa y se establecieron en una ciudad cerca de Sevilla donde cientos de personas todavía tienen el apellido “Japón”.)

Los enviados volvieron con cartas, pinturas y mapas preservados en el Museo de la Ciudad de Sendai. Por lo menos espero que así sea. Y espero que el monumento al gran escritor chino Lu Xun, quien estudió en la ciudad de 1904 a 1906, no haya sido dañado.

Los japoneses conocen Sendai como base de la Universidad Tohoku, una de las mejores universidades públicas del país. También saben del Festival Tanabata de la ciudad, realizado a principios de agosto todos los años. La población aumenta a lo que parece ser la mitad de la población de Tohoku para celebrar el mito chino del amor de la Princesa Tejedora (la estrella Vega) y el Pastor (la estrella Altair). El padre de la princesa, una poderosa deidad que presidía la Vía Láctea, le permitió que se reuniera con el pastor y se casara. Pero luego se enfureció cuando ella descuidó sus deberes de tejido de seda y él dejó que el ganado vagara hacia el cielo. Los separó, y sólo les permitió que se vieran una vez al año, cuando las urracas ayudaban a la princesa a cruzar por un puente celestial para encontrar a su esposo.

El festival de agosto, que celebra esa divina relación, es marcado por el despliegue de innumerables decoraciones por toda la ciudad, fuegos artificiales espectaculares, bailes y otros eventos. Hay que pensar en él como una especie de Mardi Gras atenuado, y en Sendai inundado como en Nueva Orleans después del huracán. ¿Sobrevivirá el festival, en celebración de la persistencia del amor, bajo las circunstancias más desfavorables?

A pesar de la opinión de mi suegra, no podemos atribuir a la acción divina o humana los movimientos de placas tectónicas de la costa de Honshu. Es sólo –shikataganai– así pasan las cosas en nuestro joven y vigoroso planeta. Pero puede suceder que la peor parte de este desastre sea hecho por el hombre. Cuando algunos seres humanos, en busca de beneficios y prosperidad, tratan de manera estúpida al medio ambiente, es necesario que los hagamos rendir cuentas.

Un tercio del suministro de energía de Japón es suministrado por reactores nucleares. Están ubicados en su mayor parte de las estrechas franjas de tierra costera donde vive la gran mayoría de los japoneses, vulnerables a inevitables cataclismos. Cuando un terremoto o una erupción volcánica hacen estragos en el suministro de la electricidad necesaria para bombear el agua que enfría el reactor, puede haber una fusión nuclear que libere dosis letales de radiación. Se piensa que el desastre de Chernobyl de 1986 produjo muchos miles de muertes de cáncer fuera de las 57 muertes inmediatas por exposición a la radiación.

¿Qué pasará si –como ahora parece extremadamente probable– las plantas de energía Dai-ichi y Dai-ni, sobre la costa de Sendai en la prefectura Fukushima, sufren fusiones nucleares? ¿Diremos shikataganai? ¿O pediremos las cabezas de los planificadores, políticos y mandamases corporativos que hicieron que sucediera? Durante años los sondeos de la opinión pública han mostrado que numerosos japoneses se oponen a la energía nuclear. Un sondeo de Asahi Shinbun de 1999 mostró que un 45% de los japoneses se opone a la energía nuclear, y sólo un 32% la apoya. En 1996, la mitad del electorado de la Prefectura Mie firmó una posición que se opone a la construcción de una planta nuclear. Pero como señaló un estudio de la opinión pública y de la energía nuclear en Japón publicado por la Universidad Rice en el año 2000, una minoría argumentó que la energía nuclear era la clave para la independencia energética de Japón. “Esos puntos de vista permitieron que los responsables descartaran las protestas como ansiedad a corto plazo, de intereses económicos egoístas. Utilizaron efectivamente recompensas financieras y compensación para calmar el descontento. Se prestó poca atención a la legitimidad de las preocupaciones del público respecto a la seguridad.”

A pesar de la oposición pública, y la ocurrencia de accidentes de los niveles 2, 3 y 4 (en 1995, 1997 y 1999 respectivamente), la dependencia de la energía nuclear aumentó. En 1990, un 9% de la electricidad de Japón fue generada por plantas nucleares, mientras en 2000 la cifra fue de un 32%.

En el filme Yume (Sueños) de1990, de Kurosawa Akira, basado en los propios sueños del gran director de cine, hay un breve pasaje llamado “El monte Fuji en rojo”. En la pesadilla, la gente huye de un terremoto por un puente. Varios –una mujer y sus dos hijos pequeños, un hombre en un traje, y un hombre vestido informalmente– se detienen para mirar hacia el monte Fuji, y se dan cuenta, horrorizados, de que está haciendo erupción. (Es perfectamente concebible. La última vez que hizo erupción fue en 1707 y lo ha hecho unas 75 veces en los últimos 2200 años.) Una inmensa nube radioactiva roja aparece en el horizonte mientras inmensas columnas de llamas envuelven la montaña. El hombre uniformado señala que la montaña está rodeada por seis plantas atómicas. Huyen, aunque declara que no hay escape porque Japón es pequeño.

La escena cambia a un acantilado desierto cubierto de escombros que domina el mar. El hombre de vestimenta informal pregunta dónde se ha ido la gente, y el otro le dice que todos han saltado al mar. Luego apunta al cielo y explica: “El rojo es plutonio 239. Un cien millonésimo de un gramo causa cáncer. El amarillo es estroncio 90. Se introduce en el cuerpo y causa leucemia. El púrpura es cesio 137. Afecta la reproducción y causa mutaciones. Produce monstruosidades. La estupidez del hombre es increíble. La radioactividad es invisible. Pero debido al peligro la colorearon. Pero eso sólo hace que sepas qué es lo que te mata. Es la tarjeta de visita de la muerte.”

Se inclina cortésmente, dice “Osaki ni” (una frase que significa literalmente, “yo primero”) se vuelve hacia el acantilado, y se prepara a saltar al mar. El otro hombre trata de retenerlo, señalando que la radiación no mata de inmediato, pero le responde “esperar la muerte no es vivir”.

La mujer que estrecha a sus hijos grita: “Nos dijeron que la energía nuclear era segura. El accidente humano es el peligro, no la propia planta nuclear. No habrá accidentes, no hay peligro. Es lo que nos dijeron. ¡Qué mentirosos! ¡Si no los cuelgan por esto, los mataré yo misma!” El hombre que está a punto de saltar al mar le dice que la radiación los matará en su nombre. De nuevo se inclina, y confiesa que él es el que merece morir. Se lanza por el precipicio mientras los vientos radioactivos rodean a los vivientes.

¿Fue sólo el mal sueño de un gran director japonés ese panorama de pesadilla? Los funcionarios japoneses están desdeñando la posibilidad de una gran calamidad. El secretario jefe de gabinete Edano Yukio “asume la posibilidad de una fusión nuclear” en uno de los reactores de
Fukishima. “A riesgo de provocar más preocupación pública”, dice, “no podemos excluir la posibilidad de una explosión. Si hay una explosión, sin embargo, no habría un impacto significativo sobre la salud humana.”

Me recuerda a la mujer en la película: No hay peligro. Es lo que nos dijeron. No quiero predecir lo peor, sabiendo poco sobre la energía nuclear. Pero obviamente no es segura si hay que evacuar a 180.000 personas como precaución, cuando los trabajadores tienen que luchar para evitar desastres, y los países instan a sus ciudadanos a abandonar Japón porque la radiación es la preocupación principal. Ya hay una influencia significativa sobre la salud mental de los japoneses presa de la ansiedad sobre explosiones y filtraciones. Mientras lloramos a los muertos, deberíamos en nombre de los vivientes luchar por energía segura, sustentable, verde.

Gary Leupp es profesor de historia en la Universidad Tufts, y profesor adjunto de Religión Comparativa. Es autor de “Servants, Shophands and Laborers in the Cities of Tokugawa Japan”; “Male Colors: The Construction of Homosexuality in Tokugawa Japan”; e “Interracial Intimacy in Japan: Western Men and Japanese Women, 1543-1900”. También colaboró con la despiadada crónica de CounterPunch sobre las guerras en Iraq, Afganistán y Yugoslavia: “Imperial Crusades.” Para contactos escriba a: gleupp@granite.tufts.edu


 

AVIZORA.COM
Política de Privacidad
Webmaster: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m.
Avizora.com