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061011
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Mahdi Darius
Nazemroaya -
Global
Research - Libia y la gran mentira: utilizar a
organizaciones de derechos humanos para emprender guerras
La guerra contra Libia está
construida sobre un fraude. El
Consejo de
Seguridad de la ONU aprobó dos resoluciones contra Libia
sobre la base de afirmaciones no demostradas, en concreto la de
que el coronel Gadafi estaba matando a su propio pueblo en
Bengasi y Libia. En su forma exacta, la afirmación era que
Muammar Gadafi había ordenado al ejército libio
asesinar a 6.000 personas tanto en Bengasi como en otras partes
del país. Estas afirmaciones se difundieron ampliamente, pero
siempre se explicaron vagamente. Sobre la base de esta
afirmación Libia fue llevada al
Consejo de
Seguridad de la ONU en su sede en Nueva York y
expulsada del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra.
(Ver:
La “izquierda” y Libia)
En una amplia campaña mediática contra
Libia también se
utilizaron falsas afirmaciones acerca de ejércitos de
mercenarios africanos en Libia y acerca de ataques aéreos contra
civiles. Estas dos afirmaciones se han dejado después de lado y
se han ido volviendo cada vez más opacas. Sin embargo, las
afirmaciones acerca de las masacres se utilizaron en un marco
legal, diplomático y militar para justificar la guerra de la
OTAN/NATO
contra Libia.
Utilizar los derechos humanos como un pretexto para la guerra:
la Liga
Libia por los Derechos Humanos y sus afirmaciones no
demostradas
Una de las muchas fuentes de la afirmación de que
Muammar Gadafi estaba
matando a su propio pueblo es la Liga Libia por los Derechos
Humanos (LLHR, por sus siglas en inglés). En realidad, la LLHR
fue fundamental para conseguir que la
ONU se implicara gracias a
sus afirmaciones específicas en Ginebra. El 21 de febrero de
2011 la LLHR consiguió que otras 70 Organizaciones No
Gubernamentales (ONG) enviaran cartas al presidente
Barack Obama, a la
Alta representante de la UE, Catherine Ashton y al
Secretario
General de la ONU, Ban-ki Moon, pidiendo una intervención
internacional contra
Libia, invocando la doctrina de la
“Responsabilidad de proteger”. En realidad, sólo 25 miembros de
esta coalición afirman ser grupos de derechos humanos.
La carta es la siguiente:
Los abajo firmantes, organizaciones no gubernamentales de
derechos humanos y humanitarias les urgimos a movilizar a la
ONU y a la comunidad internacional y a emprender una acción
inmediata para detener las atrocidades generalizadas que está
perpetrando actualmente el gobierno libio contra su propio
pueblo. No puede continuar el inexcusable silencio.
Como saben, se calcula que en los últimos días las fuerzas del
coronel
Muammar Gadafi ha asesinado deliberadamente a cientos
de manifestantes pacíficos y a personas inocentes por todo el
país. Sólo en la ciudad de Bengasi un doctor informó haber visto
al menos 200 cadáveres. Los testigos informan de que una mezcla
de comandos especiales, mercenarios extranjeros y personas
leales al régimen han atacado a los manifestantes con cuchillos,
rifles de asalto y armas de gran calibre.
Los francotiradores disparan contra manifestantes pacíficos. Se
ha utilizado la artillería y helicópteros contra masas de
manifestantes. Los responsables de los hospitales informaron de
muchas víctimas con disparos en la cabeza y el pecho, y de una a
la que un misil aéreo había dado en la cabeza. Se ha informado
de que los tanques están en las calles y aplastan a personas
inocentes. Los testigos informan de que los mercenarios están
disparando indiscriminadamente desde helicópteros y desde los
tejados. Se ha visto a mujeres y niños saltando del Puente
Giuliana en Bengasi para escapar. Muchos de ellos murieron por
el impacto del salto al agua mientras que otros se ahogaron. El
régimen libio está tratando de esconder todos estos crímenes
cortando el contacto con el mundo exterior. Las líneas de
Internet o telefónicas han sido cortadas o interrumpidas.
No hay duda aquí acerca de la intención. Los medios de
comunicación del gobierno han publicado amenazas abiertas
prometiendo que los manifestantes se encontrarían con una
“respuesta violenta y atronadora”.
En consecuencia, el gobierno de Libia está cometiendo unas
graves y sistemáticas violaciones del derecho a la vida tal como
está garantizado por la Declaración Universal de Derechos
Humanos y el Acuerdo Internacional sobre Derechos Civiles y
Políticos. Los ciudadanos que tratan de ejercer sus derechos
básicos a la libertad de expresión y de reunión están siendo
masacrados por el gobierno.
Además, el gobierno de Libia está cometiendo crímenes contra la
humanidad, tal y como lo define el Memorando Explicativo al
Estatuto de Roma de la
Corte Penal Internacional. Los asesinatos
masivos de civiles inocentes por parte del gobierno libio
equivalen a unos ataques particularmente odiosos que constituyen
una grave agresión a la dignidad humana. Como han confirmado
muchos testimonios orales y de vídeo recogidos por
organizaciones de derechos humanos y agencias de noticias, los
ataques del gobierno libio contra su población civil no son
acontecimientos aislados o esporádicos, sino que estas acciones
constituyen una política y una práctica generalizadas y
sistemáticas de atrocidades cometidas intencionalmente,
incluyendo el asesinato, la persecución política u otros actos
inhumanos que llegan al umbral de crímenes contra la humanidad.
(Ver: Además de los crímenes perpetrados contra el pueblo de
Libia, el hasta ahora impune
Nicolás Sarkozy,
preside un gobierno que es una auténtica cloaca de corruptos.)
Responsabilidad de proteger
Según el Documento Final de la Cumbre Mundial de 2005, ustedes
tienen una clara e inequívoca responsabilidad de proteger al
pueblo de Libia. La comunidad internacional, por medio de la
ONU, tiene la responsabilidad de utilizar los medios
diplomáticos, humanitarios y otros adecuados, de acuerdo con los
Capítulos VI y VIII de la Carta, para ayudar a proteger a la
población libia. Dado que manifiestamente las autoridades
nacionales libias no están protegiendo a su población de
crímenes contra la humanidad, los medios pacíficos serían
inadecuados, los Estados miembros están obligados a emprender
una acción colectiva de forma oportuna y decisiva, por medio del
Consejo de Seguridad, de acuerdo con la Carta de la
ONU,
incluyendo el Capítulo VII.
(Ver:
Nace la CELAC)
Además, les urgimos a convocar una Sesión Especial de urgencia
del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, cuyos miembros, según
la Resolución de la AG de la ONU 60/251, tienen la obligación de
tratar situaciones de violaciones graves y sistemáticas de los
derechos humanos. La sesión debería:
-Pedir a la Asamblea General que suspenda la condición de
miembro del Consejo de Libia, de conformidad con el Artículo 8
de la Resolución 60/251, que se aplica a Estados miembros que
cometen graves y sistemáticas violaciones de los derechos
humanos.
-Condenar firmemente la masacre de sus propios civiles por parte
de Libia, y exigir que acabe de inmediato.
-Desplegar inmediatamente una misión de expertos independientes
que recopilen hechos relevantes y documenten violaciones de las
leyes internacionales en relación a los derechos humanos y
crímenes contra la humanidad para acabar con la impunidad del
gobierno libio. La misión debería incluir una investigación
médica independiente sobre las muertes y una investigación sobre
las trabas ilegales que ha puesto el gobierno libio al acceso y
tratamiento de los heridos.
-Pedir al Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la
ONU y
a los Procedimientos Especiales del Consejo que sigan de cerca
la situación y emprendan las acciones necesarias.
-Pedir al Consejo que continúe atento a esta cuestión y aborde
la situación libia en su próxima XVI sesión regular en marzo.
Los Estados miembros y los altos cargos de la
ONU tienen la
responsabilidad de proteger al pueblo de Libia de lo que son
crímenes evitables. Les urgimos a utilizar todas las medidas y
niveles disponibles para poner fin a estas atrocidades por todo
el país.
Les urgimos a enviar un claro mensaje de que la comunidad
internacional, el Consejo de Seguridad y el Consejo de Derechos
Humanos en su conjunto no serán observadores pasivos de estas
atrocidades generalizadas. La credibilidad de la
ONU y muchas
vidas inocentes están en juego [1].
Según Physicians for Human Rights [Médicos por los Derechos
Humanos]: “[Esta carta], que se preparó siguiendo las
orientaciones de Mohamed Eljahmi, el célebre defensor de los
derechos humanos libio y hermano del disidente Fathi Eljahmi,
afirma que las atrocidades generalizadas cometidas por Libia
contra su propio pueblo equivalen a crímenes de guerra y que los
Estados miembros emprendan acciones por medio del Consejo de
Seguridad según la doctrina de la Responsabilidad de Proteger”
[2].
Entre los firmantes de la carta se incluyen
Francis Fukuyama,
United Nations Watch (que vela por los intereses de Israel y,
según fuentes israelíes, organizó toda la sesión contra Libyan
Arab Jamahiriya [Libia]), B’nai B’rith Human Rights Commission,
Cuban Democratic Directorate y toda una serie de organizaciones
enfrentadas a los gobiernos de Nicaragua,
Cuba, Sudán,
Rusia,
Venezuela y Libia. Algunas de estas organizaciones son vistas
con hostilidad como organizaciones creadas para emprender
campañas contra países que están enfrentados con Estados Unidos,
Israel y la
Unión Europea. Véase en el Anexo la lista de
firmantes.
(Ver:
Francis Fukuyama o el fin de un
fraude)
La LLHR está relacionada con la Federación Internacional de
Derechos Humanos (FIDH), que tiene su base en Francia y está
relacionada con el National Endowment for Democracy (NED). La
FIDH está activa en muchos lugares de África y en actividades en
las que está implicado el National Endowment for Democracy en el
continente africano. Ambas, la FIDH y la LLHR, emitieron también
un comunicado conjunto el 21 de febrero de 2011 en el que ambas
organizaciones pedían a la comunidad internacional que se
“movilizara” y apelara a la Corte Penal Internacional, al tiempo
que también hacían una afirmación contradictoria de que de 400 a
600 personas habían muerto desde el 15 de febrero de 2011 [3].
Por supuesto, eran unas 5.500 personas menos que la afirmación
de que se había masacrado a 6.000 personas en Bengasi. La carta
también promovía la falsa idea de que un 80% del apoyo a Gadafi
provenía de mercenarios extranjeros, algo que más de medio año
de combates demuestra que no es cierto.
Según el Secretario General de la LLHR, el Dr. Sliman
Bouchuiguir, la LLHR no podía validar las afirmaciones acerca de
las masacres en Bengasi cuando se le pidió demostrarlo. Cuando
se le preguntó cómo un grupo de 70 ONG de Ginebra podía mantener
las afirmaciones hechas por la LLHR en la capital suiza, el Dr.
Buchuiguir respondió que la base era una red de estrechas
relaciones. Esto es una farsa.
Las suposiciones no son ni pruebas ni razón para empezar una
guerra con una campaña de bombardeos que ha durado casi medio
año y ha costado muchas vidas inocentes, incluyendo niños y
ancianos. Lo que es importante señalar aquí es que el Consejo de
Seguridad de la
ONU decidió sancionar a Libia sobre la base de
esta carta y las afirmaciones de la LLHR. Ni el Consejo de
Seguridad de la
ONU ni los Estados miembros que estaban a favor
de la guerra se tomaron siquiera la molestia de investigar una
sola vez las afirmaciones. En una sesión en Nueva York, el
embajador indio ante la
ONU hizo referencia a esto cuando su
país se abstuvo en la votación. Así, al denominada “guerra
humanitaria” se emprendió sin ninguna prueba.
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Nota del editor de Global Research: U.N. Watch, que promovió
activamente la declaración de la LLHR, tiene relaciones formales
con el Departamento de Estado estadounidense. Fue establecido
durante el gobierno Clinton en 1993, bajo la presidencia de
Morris B. Abram, un ex representante permanente estadounidense
ante la ONU en Ginebra. U.N. Watch está formalmente aliado al
American Jewish Committee [Comité Judío Estadounidense] (AJC),
un poderoso lobby político pro-israelí con sede en Nueva York.
(Ver:
Petróleo)
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La relación secreta entre la LLHR y el Consejo de Transición
Las afirmaciones de la Liga Libia por los Derechos Humanos (LLHR)
se coordinaron con la formación del Consejo de Transición. Esto
resulta claro cuando se hace evidente la estrecha y reservada
relación entre la LLHR y el Consejo de Transición. Lógicamente,
la administración Obama y la
OTAN/NATO
también tenían que formar
parte de ello.
Sea lo que sea el Consejo de Transición y sean cuales sean las
intenciones de quienes lo apoyan, está claro que está siendo
utilizado como una herramienta por Estados Unidos y otros. Es
más, cinco miembros de la LLHR eran miembros o se convertirían
en miembros del Consejo de Transición inmediatamente después de
que se difundieran las afirmaciones contra Libia. Según
Bouchuguir, entre las personas relacionadas con la LLHR o
miembros de ella están Mahmoud Jibril y Ali Tarhouni.
El Dr. Mahmoud Jibril es una figura del régimen libio que fue
introducido en los círculos del gobierno libio por Saif Al-Islam
Qaddafi. Se le habría dado de forma democráticamente el puesto
de primer ministro del Consejo de Transición. Sus implicaciones
con la LLHR suscitan algunas cuestiones acerca de la
organización.
Por otra parte, el economista Ali Tarhouni se convertiría en el
Ministro del petróleo y finanzas del Consejo de Transición.
Tarhouni es el hombre de Washington en Libia. Se formó en
Estados Unidos y estaba presente en las principales reuniones
sobre los planes para cambiar de régimen en Libia. Como ministro
del petróleo y de finanzas lo primero que hizo fue privatizar y
casi entregar los recursos energéticos y la economía de Libia a
corporaciones y gobiernos extranjeros de la coalición dirigida
por la
OTAN/NATO
contra Libia.
El Secretario General de la LLHR, Sliman Bouchuiguir, incluso ha
admitido en privado que muchos miembros influyentes del Consejo
de Transición son amigos suyos. Surge una autentica cuestión de
intereses. Sin embargo, la relación secreta entre la LLHR y el
Consejo de Transición es mucho mas que una cuestión de conflicto
de intereses. Es una cuestión de justicia y de manipulación.
(Ver:
La OTAN, el pitbull imperial)
¿Quién es Sliman Bouchuiguir?
Sliman Bouchuguir es un desconocido para la mayoría, aunque fue
autor de una tesis doctoral que ha sido ampliamente citada y
utilizada en círculos estratégicos en
Estados
Unidos. Esta tesis
se publicó en 1979 en forma de libro, The Use of Oil as a
Political Weapon: A Case Study of the 1973 Arab Oil Embargo [El
uso del
petróleo como arma política: un estudio del embargo de
petróleo árabe en 1973]. La tesis trata del uso del petróleo
como arma de guerra por parte de los árabes, pero se puede
aplicar fácilmente a los rusos, iraníes, venezolanos y otros.
Examina el desarrollo económico y el bienestar económico, y
también se puede aplicar a vastas regiones, incluyendo toda
África.
La tesis analítica de Bouchuguir es reflejo de una importante
línea de pensamiento tanto en Washington como en Londres y Tel
Aviv. Es la encarnación de una mentalidad preexistente, que
incluye los argumentos del asesor de seguridad estadounidense,
George F. Kennan, para mantener una postura de disparidad por
medio de una guerra constante de múltiples facetas entre
Estados
Unidos y sus aliados, por una parte, y el resto del mundo por
otra. Se puede recurrir a esta tesis para impedir que los
árabes, u otros, se conviertan en potencias económicas o en
amenazas. En términos estratégicos, las economías rivales se
definen como amenazas y como “armas”. Esto tiene unas graves
connotaciones.
Por otra parte, Bouchuiguir hizo su tesis en la universidad
George Washington y fue dirigida por Bernard Reich, politólogo y
profesor de relaciones internacionales. Ha trabajado y ocupado
puestos en organismos como el Colegio de Inteligencia de Defensa
de
Estados
Unidos, la Escuela de Operaciones Especiales de las
Fuerzas Aéreas de
Estados
Unidos, la Facultad de la Guerra del
Cuerpo de Marines y el Centro Shiloah en la Universidad de Tel
Aviv. Ha sido consultor sobre Oriente Próximo para el Instituto
de Relaciones Exteriores del Departamento de Estado
estadounidense y recibido ayudas económicas, como la Subvención
del Programa de Investigación de la Academia de Defensa y la
Subvención German Marshalt. Reich también pertenece o perteneció
al equipo de redacción de diarios como
Israel Affairs (desde
1994 hasta ahora), Terrorism: An International Journal
(1987-1994) y The New Middle East (1971-1973).
Esta claro que Reich está unido a los intereses israelíes.
Incluso ha escrito un libro acerca de la especial relación entre
Estados
Unidos e Israel. También ha sido un defensor de un
“Oriente Próximo” que favorable a Israel. Esto incluye una
consideración especial del Norte de
África. Su trabajo también
se ha centrado en la importante interrelación estratégica entre
la Unión Soviética y Oriente Próximo, y también en la política
israelí en el continente africano.
Está claro por qué Reich supervisó la tesis de Bouchuiguir. El
23 de octubre de 1973, Reich ofreció un testimonio ante el
Congreso estadounidense con el título de “El impacto de la
guerra de octubre de Oriente Próximo”, claramente relacionado
con el embargo de petróleo de 1973 y el objetivo de Washington
de adelantarse a acontecimientos similares en el futuro o de
controlarlos. Hay que preguntarse cuánto influyó Reich a
Bouchuiguir y si Bouchuiguir propugna las mismas opiniones
estratégicas que Reich.
(Ver: AFRICOM)
El “Nuevo Norte de
África” y una “Nueva
África”
Más que simplemente un “Nuevo Oriente Próximo”, se está creando
una “Nueva
África”, cuyas fronteras estarán aún más trazadas en
sangre, como en el pasado. La administración Obama y sus aliados
han abierto una puerta para una nueva invasión de
África. El
Comando África de
Estados
Unidos (AFRICOM, por su siglas en
inglés) abrió las salvas de la guerra por medio de la operación
Odisea del Amanecer antes de que la guerra contra Libia fuera
transferida a la operación Protector Unificado de la
OTAN/NATO.
Estados Unidos ha utilizado a la
OTAN/NATO
para continuar con la
ocupación de la Europa de después de la
Segunda Guerra Mundial.
Ahora utilizará al
AFRICOM para ocupar
África y crear una
OTAN/NATO
africana. Está claro que
Estados
Unidos quiere una dilatada
presencia militar en
Libia
y
África bajo el disfraz de misiones
de ayuda humanitaria y para combatir el terrorismo, el mismo
terrorismo que ahora se está avivando en Libia y África.
Se está preparando el camino para una intervención en
África con
el pretexto de la lucha contra el terrorismo. El general Carter
Ham afirmó: “Si fuéramos a emprender una acción humanitaria,
¿cómo lo hacemos de forma eficaz y controlando el tráfico aéreo,
la gestión del aeródromo [y] este tipo de actividades?” [4]. En
realidad, la pregunta del general Ham es un argumento de
perogrullo para crear asociaciones militares africanas que se
integren entre ellas, así como nuevas bases que podrían incluir
el uso de más drones militares contra
Libia
y otros países
africanos. The Washington Post y The Wall Street Journal (WSJ)
han dejado claro que el Pentágono está tratando de establecer
más bases de
drones
en África y en la península Arábiga para
expandir sus guerras [5]. En este contexto, el Comando del
AFRICOM afirma que existen relaciones entre Al-Shabaab en
Somalia, al-Qaeda en el
Magreb islámico en el norte de
África
y Boko Harem en Nigeria. [6]
(Ver:
Los drones hacen que la
guerra sea demasiado fácil)
La guerra de
Libia es un fraude
El General Ham ha afirmado: “Tengo la plena confianza en que si
la ONU no hubiera tomado esta decisión, Estados Unidos no se
hubiera puesto a la cabeza con un gran apoyo, y con toda
seguridad muchas personas en Bengasi que hoy están vivas no lo
estarían” [7]. Esto no es verdad y está muy lejos de la
realidad. La guerra ha costado más vidas de las que se podrían
haber salvado. Ha arruinado a un país y ha abierto la puerta
hacia África a un proyecto neocolonial.
Las afirmaciones de la Liga Libia por los Derechos Humanos (LLHR)
nunca se sostuvieron o se verificaron. Se debe cuestionar la
credibilidad de la
ONU así como la credibilidad de muchas
organizaciones humanitarias y de derechos humanos que casi
presionaron en favor de una guerra. El Consejo de Seguridad de
la
ONU es, en el mejor de los casos, un organismo irresponsable,
que claramente ha actuado al margen del debido proceso legal.
Parece que este mismo modelo se está repitiendo contra la
República Árabe Siria, ya que individuos y organizaciones,
apoyados por potencias extranjeras a las que no les importan
nada las auténticas reformas democráticas o la libertad, están
haciendo las mismas afirmaciones.
Mahdi Darius Nazemroaya es sociólogo e investigador asociado del
Centre for Research on Globalization (CRG). Está especializado
en Oriente Próximo y Asia Central. Durante más de dos meses
permaneció en Libia y también fue corresponsal de Flashpoints,
que es un programa con sede en Berkeley, California.
NOTAS:
[1] United Nations Watch et al., “Urgent Appeal to Stop
Atrocities in Libya: Sent by 70 NGOs to the US, EU, and UN”, 21
de febrero de 2011:
<http://www.unwatch.org/site/apps/nlnet/content2.aspx?c=bdKKISNqEmG&b=1330815&ct=9135143>
[2] Physicians for Human Rights, “PHR and Human Rights Groups
Call for Immediate Action in Libya”, 22 de febrero de 2011:
<http://physiciansforhumanrights.org/press/press-releases/news-2011-02-22-libya.html>
[3] The International Federation for Human Rights (FIDH) and the
Libyan League for Human Rights (LLHR), “Massacres in Libya: The
international community must urgently”, 21 de febrero de 2011:
<http://www.fidh.org/IMG/article_PDF/article_a9183.pdf>
[4] Jim Garamone, “Africa Command Learns from Libya Operations,”
American Forces Press Service, 15 de septiembre de 2011:
<http://www.defense.gov/news/newsarticle.aspx?id=65344&reason=1>
[5] Gregory Miller y Craig Whitlock, “U.S. assembling secret
drone bases in Africa, Arabian Peninsula, officials say”, The
Washington Post, 20 de septiembre de 2011; Julian E. Barnes,
“U.S. Expands Drone Flights to Take Aim at East Africa”, The
Wall Street Journal (WSJ), 21 de septiembre de 2011.
[6] Garamone, “Africa Command Learns,” Op. cit.
[7] Ibid.
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ANEXO: FIRMANTES DE LA CARTA URGENTE PIDIENDO LA INTERVENCIÓN EN
LIBIA
12 de febrero de 2011, Ginebra, Suiza
1. Hillel C. Neuer, United Nations Watch, Suiza
2. Dr. Sliman Bouchuiguir, Libyan League for Human Rights, Suiza
3. Mary Kay Stratis, Victims of Pan Am Flight 103, Inc., USA
4. Carl Gershman, President, The National Endowment for
Democracy, USA
5. Yang Jianli, Initiatives for China, USA – Ex prisionero de
conciencia y superviviente de la masacre de la Plaza de
Tiananmen Square
6. Yang Kuanxing, YIbao – Escritor chino, firmante original de
la Carta 08, el manifiesto pidiendo la reforma política en China
7. Matteo Mecacci, Parlamentario, Nonviolent Radical Party,
Italia
8. Frank Donaghue, Physicians for Human Rights, USA
9. Nazanin Afshin-Jam, Stop Child Executions, Canadá
10. Bhawani Shanker Kusum, Gram Bharati Samiti, India
11. G. Jasper Cummeh, III, Actions for Genuine Democratic
Alternatives, Liberia
12. Michel Monod, International Fellowship of Reconciliation,
Suiza
13">Esohe Aghatise, Associazione Iroko Onlus, Italia
14. Harris O. Schoenberg, UN Reform Advocates, USA
15. Myrna Lachenal, World Federation for Mental Health, Suiza
16. Nguyên Lê Nhân Quyên, Vietnamese League for Human Rights,
Suiza
17. Sylvia G. Iriondo, Mothers and Women against Repression (M.A.R.
Por Cuba), USA
18. David Littman, World Union for Progressive Judaism, Suiza
19. Barrister Festus Okoye, Human Rights Monitor, Nigeria
20. Theodor Rathgeber, Forum Human Rights, Alemania
21. Derik Uya Alfred, Kwoto Cultural Center, Juba – Sudán de Sur
22. Carlos E Tinoco, Consorcio Desarrollo y Justicia, A.C.,
Venezuela
23. Abdurashid Abdulle Abikar, Center for Youth and Democracy,
Somalia
24. Dr. Vanee Meisinger, Pan Pacific and South East Asia Women’s
Association, Tailandia
25. Simone Abel, René Cassin, Reino Unido
26. Dr. Francois Ullmann, Ingenieurs du Monde, Suiza
27. Sr Catherine Waters, Catholic International Education
Office, USA
28. Gibreil Hamid, Darfur Peace and Development Centre, Suiza
29. Nino Sergi, INTERSOS – Humanitarian Aid Organization, Italia
30. Daniel Feng, Foundation for China in the 21st Century
31. Ann Buwalda, Executive Director, Jubilee Campaign, USA
32. Leo Igwe, Nigerian Humanist Movement, Nigeria
33. Chandika Gautam, Nepal International Consumers Union, Nepal
34. Zohra Yusuf, Human Rights Commission of Pakistan, Pakistán
35. Sekou Doumbia, Femmes & Droits Humains, Mali
36. Cyrille Rolande Bechon, Nouveaux Droits de l'Homme, Camerún
37. Zainab Al-Suwaij, American Islamic Congress, USA
38. Valnora Edwin, Campaign for Good Governance, Sierra Leona
39. Patrick Mpedzisi, African Democracy Forum, Sudáfrica
40. Phil ya Nangoloh, NamRights, Namibia
41. Jaime Vintimilla, Centro Sobre Derecho y Sociedad (CIDES),
Ecuador
42. Tilder Kumichii Ndichia, Gender Empowerment and Development,
Camerún
43. Amina Bouayach, Moroccan Organisation for Human Rights,
Marruecos
44. Abdullahi Mohamoud Nur, CEPID-Horn Africa, Somalia
45. Delly Mawazo Sesete, Resarch Center on Environment,
Democracy & Human Rights, RD Congo
46. Joseph Rahall, Green Scenery, Sierra Leona
47. Arnold Djuma, Solidarité pour la Promotion Sociale et la
Paix, Ruanda
48. Panayote Dimitras, Greek Helsinki Monitor, Grecia
49. Carlos E. Ponce, Latina American and Caribbean Network for
Democracy, Venezuela
50. Fr. Paul Lansu, Pax Christi International, Belgica
51. Tharsika Pakeerathan, Swiss Council of Eelam Tamils, Suiza
52. Ibrahima Niang, Commission des Droits Humains du Mouvement
Citoyen, Senegal
53. Virginia Swain, Center for Global Community and World Law,
USA
54. Dr Yael Danieli, International Society for Traumatic Stress
Studies, USA
55. Savita Gokhale, Loksadhana, India 56. Hasan Dheeree, Biland
Awdal Organization, Somalia
57. Pacifique Nininahazwe, Forum pour le Renforcement de la
Société Civile, Burundi
58. Derik Uya Alfred, Kwoto Cultural Center, Sudán del Sur
59. Michel Golubnichy, International Association of Peace
Foundations, Rusia
60. Edward Ladu Terso, Multi Media Training Center, Sudán
61. Hafiz Mohammed, Justice Africa Sudan, Sudán
62. Sammy Eppel, B'nai B’rith Human Rights Commission, Venezuela
63. Jack Jeffery, International Humanist and Ethical Union,
Reino Unido
64. Duy Hoang, Viet Tan, Vietnam
65. Promotion de la Democratie et Protection des Droits Humains,
RD Congo
66. Radwan A. Masmoudi, Center for the Study of Islam &
Democracy, USA
67. María José Zamora Solórzano, Movimiento por Nicaragua,
Nicaragua
68. John Suarez, Cuban Democratic Directorate, USA
69. Mohamed Abdul Malek, Libya Watch, Reino Unido
70. Journalists Union of Russia, Rusia
71. Sindi Medar-Gould, BAOBAB for Women’s Human Rights, Nigeria
72. Derik Uya Alfred, Kwoto Cultural Centre, Sudán
73. Sr. Anne Shaym, Presentation Sisters, Australia
74. Joseph Rahad, Green Scenery, Sierra Leona
75. Fahma Yusuf Essa, Women in Journalism Association, Somalia
76. Hayder Ibrahim Ali, Sudanese Studies Center, Sudán
77. Marcel Claude Kabongo, Good Governance and Human Rights NGO,
RD Congo
78. Frank Weston, International Multiracial Shared Cultural
Organization (IMSCO), USA
79. Fatima Alaoui, Maghrebin Forum for environment and
development, Marruecos
80. Ted Brooks, Committee for Peace and Development Advocacy,
Liberia
81. Felly Fwamba, Cerveau Chrétien, RD Congo
82. Jane Rutledge, CIVICUS: World Alliance of Citizen
Participation, Sudáfrica 83. Ali AlAhmed, The Institute for Gulf
Affairs, USA
84. Daniel Ozoukou, Martin Luther King Center for Peace and
Social Justice, Costa de Marfil
85. Dan T. Saryee, Liberia Democratic Institute (LDI), Liberia
Individuos: Dr. Frene Ginwala, ex portavoz de la Asamblea
Nacional SudafricanaFrancis Fukuyama, filósofo Mohamed Eljahmi,
activista libio de derechos humanos Glenn P. Johnson, Jr.,
tesorero, Victims of Pan Am Flight 103, Inc., padre de Beth Ann
Johnson, víctima del bombardeo de Lockerbie Fuente : U.N. Watch
(Véase nota 1)
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