Lydia Cacho Ribeiro es contundente: ’’Me
queda muy claro que Kamel Nacif trata de defender a Jean Succar Kuri, por
eso mi detención’’. Denuncia que quienes alimentan la corrupción y compran a
jueces y magistrados ’’son las personas que están vinculadas con el crimen
organizado y con mucho poder’’.
Su voz es firme, refleja entereza, apego a
sus convicciones: ’’No estoy dispuesta a perder la vida a lo estúpido, pero
sí la daría por las cosas en las que creo’’. Declara que su trabajo
periodístico desentrañó un caso de crimen organizado, ’’y eso en nuestro
país es todavía imperdonable’’.
La autora de la investigación Los demonios
del edén: el poder detrás de la pornografía -en el que recaba testimonios de
niñas sometidas a abuso sexual por parte del empresario hotelero- confiesa
que jamás imaginó que iba a escribir un libro sobre una red de presuntos
pederastas, ya que todas las investigaciones que realizó estaban enfocadas a
desentrañar lo que pasaba en las vidas de las víctimas. Ahora, a
consecuencia de ese trabajo, está sujeta a proceso judicial en Puebla, por
el presunto delito de difamación y calumnias contra el empresario textil
Kamel Nacif.
’’Nunca había explorado el tema del abuso
sexual infantil, y menos el de la pornografía; descubrirlo fue echarme un
clavado en lo más oscuro de la mente humana y de la capacidad de crueldad de
algunos’’, dice.
¿Cómo se encuentra a un mes de su
detención?
Con mucha fortaleza. Tengo sentimientos
encontrados. Por un lado estoy absolutamente convencida de que tenemos la
razón, que nos asiste la verdad y que voy a poder ganar el juicio. Por otro
soy muy realista, tengo muchos años viendo cómo matan personas, mujeres y
periodistas en nuestro país y nadie hace nada. Tengo una preocupación real:
estoy convencida de que el gobierno poblano, al menos el gobernador Mario
Marín Torres y la procuradora Blanca Laura Villeda, están muy involucrados
en esto; por supuesto estoy muy alerta en el sentido de que hay muchas manos
detrás de mi caso. Además, me preocupa un poco el poder de Kamel Nacif y de
Succar Kuri, de quienes lo defienden y lo protegen; que el crimen organizado
pueda más que yo y toda la gente que está junto a mí; eso es evidente, no
soy ingenua.
¿Qué cambió después de su detención?
¿Hay una Lydia antes y otra después?
Crecí en una familia que siempre estuvo
involucrada de una forma u otra en trabajo social. En un hogar donde lo
normal era defender lo que piensas y haces. Mi madre era francesa, y cuando
yo era niña me decía que le asombraba mucho cómo en México teníamos la
capacidad de negociar nuestra dignidad con tal de mantenernos libres. No
estoy dispuesta, como periodista ni como mujer, a negociar mi dignidad para
obtener mi libertad. He cambiado, sí. Me fortaleció lo que sucedió en el
camino a Puebla: haber sobrevivido.
¿Cuál considera que sea la razón de
fondo de las acusaciones en su contra? ¿Todo va encaminado al proceso que se
le sigue a Jean Succar Kuri?
Así es, es muy curioso pero se van juntando
varios elementos. Yo creo que hice, en términos prácticos, un buen trabajo
periodístico en el que no di mi opinión. Hice un análisis formal y rescaté
las declaraciones de mucha gente. Además, estuve muy cerca del caso durante
más de un año antes de realizar el libro. Mi trabajo de investigación no iba
enfocado a redactarlo, tenía el objetivo de desentrañar qué pasaba con las
víctimas. Me queda clarísimo que lo que hice fue tejer claramente cómo se
vincula Succar Kuri -quien aparentemente es un pederasta con gusto por las
niñas, como él mismo se califica-, con el lavado de dinero, el crimen
organizado, las protecciones de poder y los miles de millones de dólares que
deja el negocio de la pornografía infantil. Desentrañé un asunto de crimen
organizado y eso en nuestro país es imperdonable.
Llegó además a nombres de
funcionarios públicos.
Hay gente que me ha preguntado si yo creo que
detrás de esta denuncia están Emilio Gamboa (senador) y Miguel Angel Yunes
Linares (subsecretario de Seguridad Pública federal). Ignoro si Kamel Nacif
los buscó. Me parece que se debe investigar si están o no vinculados con
esta detención. Tenemos que ser bien claros, es absolutamente sospechoso:
¿qué está pasando con el caso de Succar?, ¿qué dice la Procuraduría General
de la República con todo esto?, ¿qué está haciendo la Subprocuraduría de
Investigación Especializada en Delincuencia Organizada con respecto a la
investigación de estos sujetos?
En la entrevista, Cacho -quien cuenta con
protección de policías federales desde febrero de 2005, a consecuencia de
las constantes amenazas de muerte presuntamente de Succar Kuri- defiende la
libertad de expresión. Considera que el periodismo en México ’’no debe ser
heroico, sino profesional y transformador’’.
¿Por qué se realiza el proceso en
Puebla y no en Cancún, donde presuntamente operaba Succar?
Esto se lo pregunta incluso la presidenta del
Tribunal Superior de Justicia de Quintana Roo, (Lizbeth Loy Song), en cuanto
ocurrió mi secuestro legal. Loy hizo varios llamados y después me comunicó
directamente que estaba indignada. Que una persona de ese nivel lo diga es
porque sabe algo. Estoy convencida que se hizo en Puebla porque ahí es donde
Kamel Nacif tiene sentado su poder tanto económico como político. Estudios
internacionales revelan que Puebla es el peor estado de la República en
términos de justicia; por cada 20 denuncias sólo se inicia una averiguación
previa, y justamente nos tocó a mí y a Martín Barrios. Curiosamente las
investigaciones que emprendieron contra nosotros fueron las mejores del año.
Regresando a su investigación, ¿cómo
llega a los testimonios de las niñas?, ¿cómo se da cuenta de lo que pasa en
Cancún?
Tengo 20 años ejerciendo el periodismo en
Quintana Roo. Soy feminista y uno de los temas que toco constantemente es la
violencia contra las mujeres. Cuando estas niñas fueron a denunciar la
primera vez ante el fuero común, al igual que muchos otros reporteros fui a
ver de qué se trataba el asunto. Lo cubrí en mi columna y con un par de
reportajes sin haberlas entrevistado, únicamente con la información que
obtuve de la procuraduría estatal. Posteriormente se desata todo porque la
subdirectora de averiguaciones previas convocó a todos los medios locales y
entregó fotografías de las niñas desnudas, sacó todas las evidencias y las
entregó a los medios.
’’Esto lo consideramos como un acto
intencional para pulverizar la posibilidad de las menores de defenderse
adecuadamente; también dio datos, teléfonos y direcciones de las víctimas,
se les acosó de manera terrible y buscaron al Centro Integral de Atención a
la Mujer. Pidieron apoyo, pero mucho tiempo después de que escribí sobre el
caso. Empezamos a darles protección, las contactamos con Interpol para que
denunciaran las amenazas de muerte. Esto fue en 2003.’’
¿Es cuando surge la idea del libro?
Escribir artículos periodísticos y continuar
la investigación me permitió tener mucha información. Honestamente nunca
pensé que iba a escribir un libro, lo que hacía era consignar los hechos. Un
día me llamaron de la editorial (Grijalbo) pidiéndome que escribiera sobre
el tema con otro amigo periodista que también había cubierto el caso. El no
pudo, y lo escribí sola. Me di cuenta de que ya tenía prácticamente listo
todo, porque tenía los expedientes al alcance y así fue como se dio el
libro; no empecé a escribir esta historia de la nada.
¿Considera que el gobernador Mario
Marín le debe algún favor a Kamel Nacif? ¿Puede haber complicidad?
Se me ha acercado mucha gente de Puebla; me
han llamado por teléfono para ofrecerme pruebas que demuestran que Nacif fue
uno de los grandes financieros de la campaña del gobernador. No me consta
todavía, pero todo el despliegue que hicieron en un principio hace
suponerlo.
Lydia Cacho enfrentará a su denunciante
-dice- preparada para un proceso largo e intenso. En el último mes no ha
descansado; no tiene tiempo porque se ha sumergido en su defensa, en su
razón. El próximo 27 de enero se presentará ante el juzgado tercero de lo
penal en Puebla, para firmar por primera vez el acta de libertad bajo
fianza. Deja una frase en el aire: ’’El periodismo está bajo libertad
condicional’
Fuente La Jornada