Fue esa la actitud que ese año adoptó en una
presentación de la revista Mundo, en la que descalificó la
investigación sobre los grupos
ultraderechistas actuantes en su
partido. Panistas como Calderón Hinojosa sabían perfectamente en
ese tiempo del predominio en su partido de grupos reaccionarios
públicos y secretos, nacionales e internacionales. Sin embargo,
públicamente negaban los hechos y atribuían tales señalamientos
a la intención de desvirtuar al PAN; esto fue lo que hicieron en
1995 cuando personajes vinculados a tales grupos llegaron al
poder en varios ayuntamientos de Jalisco.
También en 1995
Calderón fue seleccionado como candidato a gobernador del Estado
de Michoacán. Su campaña prefiguró en sus principales aspectos
la que ahora lleva a cabo para la presidencia de la República.
En ese tiempo, como hoy, el panista encontró sus principales
apoyos en grupos conservadores, jerarcas religiosos y
empresarios.
La jerarquía
católica de Michoacán recurrió a los Talleres de Fe y Política
para apoyar a los candidatos panistas en las elecciones
estatales de noviembre de 1995 y en vísperas de ellas, los
feligreses podían leer en el interior de la Catedral
Metropolitana un letrero de la Pastoral Salud y Vida y de la
Pastoral Juvenil donde se les exhortaba a que antes de votar
pensaran si su candidato era partidario de “la vida desde la
concepción”, así como de la “integridad” de la mujer, de la
familia y de la “moralización del ambiente”. Con esas consignas
buscaban beneficiar al PAN y a sus candidatos, que se
identificaban con ellas.
El 10 de agosto del
95, los obispos michoacanos difundieron un documento de
propaganda derechista cuyo título, más que elocuente, era “La
Responsabilidad de los cristianos de elegir a favor de la vida”,
pese a este apoyo, no ganó Calderón las elecciones estatales.
El panista usaba,
como lo hace ahora, una retórica basada en el insulto contra sus
adversarios, a quienes en ese tiempo amenazaba en su propaganda
con “amarrarles las manos” para que no saquearan el erario.
Paradójicamente, los panistas que hoy gobiernan a México, y en
especial la llamada familia presidencial, encabezada por Martha
Sahagún ha hecho gala de ilícito enriquecimiento, y a extremos
alarmantes ha saqueado el país haciendo ostentación a la vez de
un derroche vicioso e irracional que pone de manifiesto su falta
de cultura y de sensibilidad. Ahora, cuando se cuestiona a
Calderón sobre esos hechos, pretende desviar la atención
insultando a líderes del PRD o del PRI, pero sigue
beneficiándose del apoyo que le brindan los corruptos
gobernantes panistas.
En 1996 fue electo
Presidente Nacional del PAN para el periodo 1996-1999, cargo en
el cual enfrentó críticas y conflictos por sus actitudes
prepotentes y autoritarias. Por ejemplo, en 1997 se produjo una
escisión en el panismo del estado de Sonora, en la cual el hoy
presidente de ese partido, el ultraderechista Manuel Espino y el
propio Calderón Hinojosa se pusieron de acuerdo contra el
dirigente histórico Adalberto Rosas. Luego de su conflictiva
gestión, Calderón fue sustituido por Luis Felipe Bravo Mena,
quien al igual que el actual presidente del PAN pertenece a una
organización secreta de la ultraderecha denominada el Yunque.
A partir de 1998 fue
vicepresidente de la Internacional Demócrata Cristiana (IDC),
organización que reúne a muchos de los exponentes de las
corrientes derechistas y neoliberales del Continente: sean
antichavistas, anticastristas, o personajes del conservadurismo
católico, como la que fuera candidata presidencial de Perú,
Lourdes Flores, quien al igual que Calderón reivindica la moral
sexual del catolicismo, a la vez que las prioridades
plutocráticas. Fue coordinador de la bancada panista luego de
las elecciones del 2000 hasta febrero de 2003, cuando la
abandonó para ocupar la dirección del banco oficial Banobras.
Después lo nombraron secretario de Energía, donde hizo notar su
simpatía hacia la privatización de Pemex y la Comisión Federal
de Electricidad, además que por beneficiar a su familia con
concesiones ilegales.
El Hijo
Desobediente
Felipe Calderón
presentó su propio punto de vista sobre su campaña y sobre
algunos aspectos de vida en su libro El Hijo
Desobediente. Notas en campaña (Aguilar, México, 2006), que
se presentó y difundió durante la campaña presidencial.
El título del libro
obedece a una de las canciones favoritas de Felipe, el corrido
que lleva ese nombre, y que el panista ha usado en su campaña,
incluso para bautizar al autobús que lo trasladaba a los actos
proselitistas. Con ello, Fecal dejó la impronta de su ambición,
pues la letra de canción evoca no un proyecto de nación ni
necesidades populares, sino simplemente los conflictos de la
autoridad y del poder.
Como dice el propio
candidato panista en la página 21 de su libro, el corrido, cuyo
personaje principal se llama Felipe, “Cuenta la tragedia de un
joven que desafía a su padre y dispone sobre la manera en que lo
han de enterrar, pues su progenitor le ha augurado la muerte”.
La canción, que incluye la frase “Felipe, Dios te perdone”, que
ahora han hecho suya muchos mexicanos, luego del fraude
electoral del 2 de julio, se ha usado como expresión de una
supuesta rebeldía de Calderón contra Fox. Pero la falsedad de
ésta es evidente dado el inmenso apoyo que el mandatario
derechista ha proporcionado a su correligionario. Se trata del
repudio inconciente a su propio padre, Luis Calderón Vega.
Variando nombres y
circunstancias, el libro de campaña de Felipe es uno más de esos
productos típicos de los empresarios-políticos.
Significativamente, en varios de los pasajes referentes a la
vida con su esposa y sus hijos, es más patente la falta de
autenticidad de los dichos de Calderón, que llega a extremos
ridículos.
Según la encumbrada
pareja panista, a sus hijos siempre les dicen “…el por qué de
las cosas que hacemos... Y las hacemos por algo muy simple: amor
por México”. Pero la propia Margarita añade “El amor por
México... bueno, para empezar es algo indefinible. Más bien son
actitudes...”.Puntualiza la aspirante a suceder a Sahagún: “Los
mexicanos me gustan porque son como yo, como es Felipe, como son
nuestros hijos...”.
Cabe añadir que
Felipe y su esposa no son pioneros en el uso del vacío
sentimentalismo que apela al “amor” como arma política. La
pareja de los Bush, con toda la sangre que ha derramado ese
mandatario, suele recurrir a la prédica del “amor”, palabra
ciertamente indefinible y poco comprometedora.
Dentro de esa
retórica hipócrita y apologética, salta la afirmación de Fecal
de que “La parte más fuerte de mí es Margarita, mi esposa”, con
lo que reafirma su apego al modelo monárquico de la llamada
pareja presidencial implantado por Fox.
Desde luego, el
candidato panista no alude siquiera a cualquier hecho que empañe
una reputación que existe sólo en su publicidad de campaña. No
se refiere prácticamente a la guerra sucia contra la izquierda
ni a sus prácticas abusivas y perversas de colectar millones de
pesos entre empresarios para invertirlos en atacar a López
Obrador, ni a su aceptación de la ley Televisa, ni detalla las
actividades de personajes como su asesor franquista, Antonio
Solá, y menos aún alude a los negocios turbios de sus cuñados y
a los problemas que otros de sus parientes han tenido en su
gestión política.
Tramposo por
vocación, Calderón miente de manera sistemática mediante el
ocultamiento y selección de los hechos, además de que usa
eufemismos y rodeos para referirse a proyectos suyos que atentan
directamente contra los intereses de los que menos tienen.
Con la bandera de
que el país debe ser ”competitivo” sugiere incrementar los
privilegios para los empresarios, a la vez que eliminar derechos
y beneficios para los trabajadores y para los menos favorecidos,
promover privatizaciones e instaurar un orden represivo para
evitar ya no la delincuencia sino la disidencia. Leemos, por
ejemplo: “…nuestro reto es modificar los costos de las empresas
productivas, nuestro reto es aligerarla carga de quien invierte
y produce en México. ¿Cuáles son los costos que tenemos?. Para
ustedes, ya sea que tengan negocios o fábricas, costos muy
fuertes son la electricidad, el gas, los impuestos- incluyendo
lo complicado que es pagarlos-, las regulaciones burocráticas,
la falta de infraestructura…” (p. 68). El candidato panista
está, pues, al servicio de los empresarios y de sus ganancias
desmesuradas.
Calderón insiste
hasta el cansancio en sus dictados autoritarios para forjar “un
México que no se agache y se achicopale frente a un mundo que le
compite…” (p. 98), “…un México ganador, fuerte y seguro de sí
mismo…” (p. 115), al mismo tiempo que evita cualquier mención de
hechos como la represión en Sicartsa y en Atenco, la existencia
y naturaleza del EZLN y de otros grupos armados, y cualquier
tipo de conflictos sociales que, parecería, para Calderón no
existen en México.
Al igual que la
idealización de la juventud y el desprecio por el valor de la
historia son postulados del neoliberalismo radical que Felipe
expresa en su libro. Según él, el PRI y el PAN representan el
“pasado” de México (que incluye la justicia social y el estado
laico) mientras que el representa el futuro dictado por las
exigencias de un mundo capitalista supuestamente sin ideologías.
Por eso afirma: “…México tiene una rica historia, pero no
podemos vivir obsesionados por el pasado. Hay que vivir hacia
delante, hay que vivir y tener proyectos que nos permitan ganar
una vida mejor para cada mexicano” (p. 42).
Uno de los aspectos
del PAN que le han acarreado más críticas y costos políticos,
son sus raíces católicas conservadoras, así como la inveterada
presencia en él de grupos extremistas de esa filiación. Fiel a
su retórica hipócrita y tramposa, Calderón no abunda en el tema,
pero sí deja claro que él comparte esas raíces al grado de que
su padre, su abuelo materno -quien fue sinarquista-, sus
suegros, algunas de sus tías y otros de sus ascendientes
provienen de la militancia política religiosa, en la que él
mismo participó, relata, en grupos maristas. También enumera
entre sus principales simpatizantes y colaboradores a una
colección de dirigentes de la ultraderecha: Luis Pazos, Manuel
Espino, Ana Teresa Aranda, Luis Felipe Bravo Mena, Francisco
Salazar Saénz.
En la parte final
del libro, Calderón se extiende en sus delirantes profecías
sobre lo que será el país bajo su gobierno, que traerá felicidad
al de Estados Unidos y a los grandes empresarios del turismo y
de la construcción, entre otros, y donde habrá sofisticados
sistemas policíacos para vigilar segundo a segundo que no se
cuestione el orden panista.
Evidenciando que
concibe la del 2 de julio como una elección de Estado, Felipe
describe anticipadamente cómo será la noche del 2 de julio: “a
lo largo del día he tenido conocimiento de cómo van las cosas y
sé que he ganado. Pero la pregunta fundamental es si tengo o no
la mayoría en el congreso de la Unión. Me imagino dos
escenarios; el deseable, contar con la mayoría, y el probable,
que no cuente con ella” (p. 152)
Ante esa previsión,
sugiere eliminar la disidencia apelando a la “unidad nacional”
mediante un gobierno “de coalición”. Esto es, instaurar en la
práctica una dictadura derechista que implantaría leyes que el
PAN ya ha propuesto y que son contrarias al estado laico y a los
derechos de los trabajadores.
Su oferta electoral
Como bien ha
resumido un medio de su natal Michoacán, Calderón “acostumbra ir
a misa los domingos, y al igual que Vicente Fox, conoce
perfectamente el uso de la mercadotecnia” (Xòchitl Vázquez
Pallares Cambio de Michoacán, 9 de Febrero de 2006).
Calderón triunfó en
la contienda interna del PAN para designar a su candidato
presidencial gracias al apoyo que recibió de sectores clericales
arraigados en ese partido, y que siguen siendo sus principales
interlocutores, al igual que los grandes empresarios y
banqueros. A esos círculos Calderón, quien encarna la alianza
del conservadurismo católico con la derecha neoliberal, les
ofrece todo tipo de privilegios.
Una de las
principales consignas de la campaña de Calderón ha sido el
combate a la inseguridad, entendida principalmente como la
persecución policial contra los secuestradores y contra quienes
cometan delitos contra la propiedad. Evidentemente, no es la
prioridad para quienes carecen de empleo y de recursos, para
quienes no han amasado fortunas mediante abusos comerciales o en
el ejercicio de la política.
Calderón se dedica a
adjetivar como si fuera un “populista” a quienes, como Andrés
Manuel López Obrador, subsidian la economía de las familias y
personas más necesitadas, como los ancianos, a lo que Calderón
suele argumentar falazmente que “no hay dinero para hacerlo”.
Más aún, en su propaganda de campaña ha recurrido a los ataques
contra la imagen del presidente venezolano, a quien por sus
proyectos de beneficio social, Calderón identifica como
“populista” al igual que a López Obrador.
En lugar de
enfrentar las críticas por el apoyo que le brindó el
derechista
presidente español José Aznar, violando las leyes mexicanas,
se ha dedicado a cuestionar un pretendido apoyo de personajes de
Venezuela a la campaña de López Obrador. Pero, a la postre, la
participación activa de Aznar dejó muy claro el carácter
derechista del PAN, lo cual los dirigentes de ese partido se
niegan a aceptar.
Nepotismo
calderonista
Juan Luis Calderón,
hermano de Felipe, también ha sido diputado y cuando este era
secretario de Energía, Juan Luis trabajó en la Comisión Nacional
del Agua; luego de la renuncia de Calderón a su cargo, se
incorporó al ayuntamiento de Morelia como responsable del
Organismo Operador de Agua Potable y Saneamiento. El 10 de
febrero de 2006, el dirigente estatal del Partido del Trabajo,
Alfredo Zalce, acusó a Juan Luis Calderón de no atender las
demandas de "más de 66 colonias" irregulares de la ciudad.
Gabriel Hinojosa,
cuestionado exalcalde de Puebla que a mediados de la década
pasada acosaba a pordioseros, ancianos, prostitutas y
sindicalistas; es primo hermano de Felipe Calderón, lo mismo que
Guadalupe Hinojosa Rivero, ex funcionaria del Instituto Nacional
de Migración en Puebla.
Otro primo de
Calderón Hinojosa, José Carlos Lara Hinojosa, es su coordinador
de campaña en el sur de Veracruz. El pariente del candidato
panista ha dicho que “…las dirigencias municipales están
solicitándole el apoyo a la militancia para así poder costear la
campaña de Felipe Calderón, porque el candidato se ha dado
cuenta que cuando las cosas cuestan se les pone más empeño.
Por su parte,
Mariana Gómez del Campo, de 25 años, sobrina política del
candidato panista y colaboradora de su campaña, es diputada
local a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) y en
2004, fue activa promotora de la propaganda referente a la
“inseguridad pública” en la ciudad de México, que disfrazaba una
escalada propagandística contra el gobierno capitalino
encabezado por López Obrador. Según los datos personales que de
ella difunde el PAN, participa en ese partido desde 1994, y en
la Secretaría Nacional de Acción Juvenil en 1997, 1999 y del
2004 a la fecha. En el 2000 fue Diputada Suplente en formula con
Miguel Ángel Toscano. Posteriormente fue secretaria del entonces
presidente del PAN capitalino, José Luis Luege Tamargo, y forma
parte del Consejo Regional del PAN en el DF desde el 2004.
Ahora es diputada
electa de mayoría relativa en el Distrito XX Local que comprende
las delegaciones Benito Juárez y Álvaro Obregón, es Presidenta
de la Comisión de Juventud, Vicepresidenta de la Comisión
Deporte e integrante de las comisiones de Transporte y
Desarrollo Metropolitano. Asimismo se desempeña como
Coordinadora de la Campaña de Jóvenes del Candidato Presidencial
del PAN Felipe Calderón Hinojosa.
Exjefe de la sobrina
de Calderón, Luege ha sido dirigente de grupos ultraderechistas
como el Dhiac, y en cìrculos panistas, que aluden a la doble
moral imperante en el blanquiazul, se les atribuye una relación
sentimental.
La guerra sucia en
el poder
La derecha basó su
campaña electoral y su estrategia de defensa de su "triunfo" en
la manipulación mediática, para satanizar al candidato
presidencial del PRD y para validar la supuesta victoria, lo
mismo que en al apoyo abierto de Fox a Calderón no sólo con
declaraciones sino con grandes recursos públicos, en una larga
lista de trampas que los votantes constataron y cuya realidad el
oficialismo pretende negar y, lo que es igualmente grave, en el
albazo que dio el IFE al proclamar vencedor de las elecciones al
panista.
El resultado de
todas esas maniobras ha sido un movimiento popular de millones
de personas, muchas de ellas testigos del fraude. En
contrapartida, la derecha en el poder encuentra sus aliados en
la clase política, los empresarios y los medios televisivos,
favorecidos por Fox en plena campaña con la llamada ley Televisa
que otorgó amplios beneficios al poderoso consorcio a cambio de
su apoyo al panista.