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EE.UU. contra México. Seguridad nacional en riesgo

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210211 - Salvador González Briceño -  - Grupo Transicion

“Todo poder es una conspiración permanente”: Honoré de Balzac (1799-1850).

Como hace mucho no se veía, y ante cualquier acontecimiento importante lo seguiremos diciendo. El tema de la seguridad nacional de
México está tomando un cauce no únicamente de riesgo sino hasta peligroso. Cierto que se están dando muchos acontecimientos violentos en el país. Pero lo resbaladizo del asunto radica en las declaraciones derivadas que están adoptando los funcionarios de los Estados Unidos ligados con el tema, en asuntos que son más de origen común que únicamente de los mexicanos y [como lo decíamos hace poco], sin embargo, parecen estar cambiando el eje de la relación entre vecinos. La geopolítica, pues.

Hemos dicho que las evaluaciones sobre la narcoviolencia que están desarrollando las instancias de inteligencia y seguridad del vecino del norte, están forzando la relación con
México desde una de contrapesos hacia otra de desventaja y sujeción, o de injerencismo directo. Y avanza hacia el intervencionismo a pasos agigantados. Y, al parecer, en México nadie desde el gobierno federal se está percatando de esos cambios. Pero las declaraciones y amenazas —como la última de la secretaría de Seguridad Interior, Janet Napolitano—, así lo indican.
Entre los temas a que se refiere el clima de violencia están el transcurrido cerca de la frontera entre ambos países; las pugnas entre los carteles de las drogas en la supremacía por el control de los territorios; la disputa de los controles fronterizos por los cuales se traslada la droga hacia el mercado consumidor más grande del mundo; los vaivenes que ha tomando la dichosa guerra contra el narcotráfico mal orquestada desde el actual gobierno, y los atentados donde se ha involucrado a ciudadanos estadounidenses. (Ver:
Glosario de la “guerra contra el narcotráfico”)

El caso es que los pretextos no faltan. En tanto los balances y las amenazas suben de tono. Pero lo que no asumen los organismos de inteligencia de
Estados Unidos, pasando por los espías con cartas credenciales diplomáticas que operan desde la sede en Reforma —mas el cercano búnker que goza de estancia legal en México —, que encabeza Carlos Pascual, es que el de ahora no es un problema de un país sino de dos y más. El del narcotráfico no es únicamente problema de México, cuanto también de EU y de su afamada globalización neoliberal. El narcotráfico como síndrome de tamaña recomposición del negocio mundial.

Y su estrategia debiera ser no focalizada contra
México sino en coadyuvancia con su vecino del sur. Incluyendo a otros países europeos y de Latinoamérica, pero sin injerencismo imperial alguno. Menos de intervencionismo, como es la amenaza reciente hacia México. Así, en su atención, no se puede perder de vista que el asunto del narcotráfico es un fenómeno global, y como tal debe ser atendido. Menos responsabilizando solo a México. ¿Y qué hace Estados Unidos por contener la demanda desde del mercado consumidor más grande del mundo? ¿Qué por indagar en las redes financieras del capital ilícito que se mueve en sus propios bancos y en dólares? ¿Y la de siempre, qué hace Estados Unidos por contener el flujo de armas a México? ¿Es que sólo les importan los dineros y no las gentes que en México están cayendo por causas de la susodicha guerra?

El caso es que México debe tener cuidado con
Estados Unidos. Porque funcionarios, como la propia Napolitano, se están pasando de la raya [literalmente quieren traspasar la línea fronteriza]; van de los dichos y colosales pretextos a las amenazas directas a México. Ahora resulta que nada valen los más de 30 mil caídos mexicanos —la mayoría con sus arsenales todo calibre—, pero sí se indignan por un solo funcionario —seguro agente espía con cartas credenciales y estancia legal en el país— que resulta asesinado ¿en emboscada? [no quiere decir que no sea lamentable su muerte] como pretexto para levantar el tono. (Ver: La pobreza como forma de gobierno en México)

No obstante las disculpas del titular de Gobernación de
México, Francisco Blake Mora, y las promesas de esclarecer el caso, la señora Napolitano se volcó diciendo: “Enfáticamente…, la violencia contra el personal del DHS —secretaría de Seguridad Interna— en México representa un ataque contra todos aquellos que están al servicio de la nación y arriesgan la vida por nuestra seguridad, y que no será tolerado por ninguno de los dos países”.
Y por lo mismo se aceleró la creación del “grupo de trabajo conjunto”
México-Estados Unidos, para aclarar el asesinato del agente Jaime Zapata. Así, tanto Napolitano como el procurador de Justicia, Erik Holder, anunciaron la conformación de una fuerza de tarea especial dedicada al caso encabezada por la Oficina Federal de Investigaciones, el FBI, para “asistir” a las autoridades del país vecino.

Es decir, que ni siquiera se habla ya de si se autoriza o no la participación directa del
FBI para hacer investigaciones en nuestro país —lo que como constituye una flagrante violación a la soberanía nacional de México —, sino que se da por hecho; como aceptación del gobierno de Felipe Calderón. Por eso llegaron ya, desde el miércoles, los agentes citados a San Luis Potosí.

Así, en tanto se ha informado que el otro agente, Víctor Ávila, está fuera de peligro, dado de alta del hospital y recuperándose en su casa, nadie se explica por qué si los dichosos agentes se dirigían de la Ciudad de México hacia Nuevo León lo hicieron por carretera y no en avión. Nadie esgrimiría la falta de recursos. Nada más no se olvide que EU es el campeón de las conspiraciones, y es capaz de cualquier cosa. Los pretextos nunca la faltan para su política imperial. Y ahora le está poniendo el ojo a
México, como un ardid nuevo de geopolítica con Latinoamérica.
No obstante se trata de actitudes de flagrante violación a la seguridad nacional mexicana. Ese es el fondo del asunto. Porque bajo el pretexto de la amenaza de la narcoviolencia, EU está virando su atención de México hacia otra contra
México. El móvil es el crimen organizado. Lo que trae atrás es grave para México; es la amenaza intervencionista. No se olvide el presunto nexo entre Los Zetas y Al Qaeda. En tanto el gobierno de Felipe Calderón da por sentado todo eso y no hace reproche alguno.

Aclarar los términos de esas actitudes de EU para con su vecino del sur, sí que debe convertirse en una prioridad para el gobierno mexicano. Mientras se busca cómo violar a la seguridad nacional de México. Lo hemos advertido; seguiremos en vigía.


 

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