|
250509 -
Immanuel Wallerstein
- Cuando el premier Wen
Jiabao de
China
dijo en marzo de 2009
que estaba un poquito preocupado por la situación del dólar de
Estados Unidos, se hacía eco de los sentimientos de estados,
empresas e individuos por todo el mundo. Él hizo un llamado a
Estados Unidos para que mantenga su buen crédito, honre sus
promesas y garantice la seguridad de los activos de
China.
Apenas hace cinco años, esto habría parecido una petición muy
presuntuosa. Ahora parece entendible aun para Janet Yellen,
presidenta del Banco de la Reserva Federal de San Francisco,
pese a que considera que las propuestas de
China
acerca de la
divisa mundial de reserva está lejos de ser una alternativa
práctica.
>>La
compleja relación económica entre China y EEUU>>
Hay sólo dos maneras de almacenar riqueza: en estructuras
físicas concretas y en alguna forma de dinero (divisas, bonos,
oro). Ambas implican riesgos para el poseedor. Las estructuras
físicas se deterioran a menos que se utilicen, lo que implica
costos. Utilizar tales estructuras para obtener ingresos y como
tal ganancias, depende del mercado –es decir, de la
disponibilidad de compradores que deseen adquirir lo que las
estructuras físicas puedan producir.
Las estructuras físicas son, por lo menos, tangibles. El dinero
(que se denomina con cifras nominales) es meramente una
reclamación potencial ante las estructuras físicas. Si varía un
pequeño monto, casi nadie lo nota. Pero si varía
considerablemente y con frecuencia, sus poseedores pueden ganar
o perder mucha riqueza, en ocasiones bastante rápido.
En términos económicos una divisa de reserva es la forma más
confiable de dinero, la que varía menos. Es entonces el lugar
más seguro para almacenar cualquier riqueza que uno tenga, que
no asuma la forma de estructuras físicas. Desde por lo menos
1945, la divisa mundial de reserva ha sido el dólar
estadounidense. Es todavía el dólar estadounidense.
El país que emite la divisa de reserva tiene una ventaja
singular sobre los otros países. Es el único que puede
legalmente imprimir la divisa, siempre que piense que es a favor
de su interés hacerlo.
Todas las divisas tienen una tasa de cambio con las otras
divisas. Desde que en 1973
Estados Unidos
puso fin a su tasa
fija de cambio con el oro, el dólar ha fluctuado con respecto a
otras divisas, subiendo y bajando. Cuando su divisa ha bajado
con respecto a otra, se ha vuelto más fácil vender sus
exportaciones porque el comprador de las exportaciones requiere
menos de sus propias divisas. Pero también ha hecho más cara la
importación, debido a que requiere más dólares para pagar el
artículo importado.
En el corto plazo, una divisa debilitada puede incrementar el
empleo al interior de un país. Pero esto es, cuando mucho, una
ventaja de corto plazo. En el mediano plazo, hay mayores
ventajas de contar con una divisa considerada fuerte. Esto
significa que el poseedor de tales divisas tiene más control de
la riqueza del mundo medida en productos y estructuras físicas.
Más allá del mediano plazo, las divisas de reserva son fuertes y
quieren seguir siéndolo. La fortaleza de una divisa de reserva
se deriva no sólo de su control sobre la riqueza del mundo sino
del poder político que le ofrece al sistema-mundo. Es por eso
que la divisa mundial de reserva tiende a ser la divisa del
poder hegemónico en el mundo, aun si se trata de una potencia
hegemónica en decadencia.
Así que, ¿por qué está un poquito preocupado el primer ministro Wen? Es claro que es porque durante las últimas cuantas décadas,
la tasa de cambio del dólar estadounidense ha estado fluctuando
bastante pero a fin de cuentas va descendiendo lentamente. Uno
de los factores principales ha sido la deuda global
increíblemente creciente del gobierno de Estados Unidos. Existen
dos modos principales mediante los cuales
Estados Unidos
ha
podido balancear su contabilidad. Imprime dinero y vende bonos
del tesoro estadounidense, primordialmente a otros gobiernos
(los llamados fondos soberanos de inversión).
No es secreto que en años recientes el mayor comprador de bonos
del tesoro estadounidense haya sido
China. No es el único.
Japón
y Corea del Sur, Arabia Saudita y Abu Dhabi,
India y Noruega,
han comprado, todos, bonos del tesoro de Estados Unidos. Pero
China es hoy el mayor comprador, y dada la presente contracción
del crédito,
China
es uno de los pocos probables compradores en
el futuro inmediato.
El dilema para China, como para otros que invirtieron en bonos
del tesoro estadounidenses, es que si el dólar baja aún más o si
hay una inflación significativa por el hecho de que
Estados Unidos
imprime dinero, su inversión en bonos del tesoro puede
hacerlos perder dinero. Por otro lado, ¿qué alternativas tienen
China
o los demás?
La conclusión de políticas que China (y otros compradores) sacan
es que hay un discreto desposeimiento constante. No quieren que
sea tan rápido que ocasione un pánico bancario, pero que tampoco
sea tan lento que uno termine siendo el último fuera de la
puerta antes de la estampida, como tituló su artículo Joseph
Stroupe en el Asia Times.
China
está reduciendo la cantidad de bonos del tesoro
estadounidense que está comprando, y ahora prefiere comprar unos
de plazo más corto en lugar de aquellos de plazo más largo.
China
incursiona en el cambalache o trueque de divisas con otros
países, como Argentina, de tal modo que ninguno tenga que usar
dólares en sus transacciones. Y China está haciendo un llamado a
la creación de una divisa de reserva alterna basada en los
Derechos Especiales de Giro (DEG) creados por el
Fondo Monetario
Internacional, con base en una canasta de monedas.
Rusia ya
respaldó el llamado.
Estados Unidos no está seguro de cómo responder. Cuando el
secretario del Tesoro
Timothy Geithner dijo que el gobierno
estadounidense está bastante abierto a la propuesta de China de
incrementar el uso de los DEG, de inmediato bajó el dólar en el
mercado de divisas. Así que
Geithner
clarificó entonces lo que
había dicho. El dólar permanecería como divisa de reserva
dominante en el mundo y es probable que continúe así por un
periodo prolongado de tiempo. Aseguró que hará lo necesario para
garantizar que mantenemos la confianza en nuestros mercados
financieros, y en la capacidad productiva de este país y en
nuestros fundamentos de largo plazo.
¿Será que
Timothy Geithner
sólo está aparentando calma? Y más
importante, ¿quién cree que lo que dice es plausible? La clave
de la fuerza de una divisa no son los llamados fundamentos sino
la fe en la realidad de esos fundamentos.
Todos los actores principales están confiando que pueda haber
una aterrizaje suave, una transición ordenada hacia algo que se
aparte del dólar estadounidense. Nadie quiere precipitar una
caída libre, porque nadie está seguro de salir adelante si eso
ocurre. Pero si el estímulo de
Estados Unidos
resulta ser la
última de las burbujas, el dólar bien puede desinflarse
repentinamente en la forma más caótica. El modo de decir
estampida en francés es “sauve-qui-peut”, que se traduce
literalmente como sálvese quien pueda. -
La Jornada
- Traducción: Ramón Vera Herrera
|