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161109 -
Dean Baker - La pandilla de los
halcones deficitarios, ya famosos por hacer desaparecer en la
burbuja inmobiliaria 8 billones de dólares, que derrumbó la
economía está en pie de guerra, ahora insiste sobre la urgencia
de imponer un impuesto a las ventas nacionales. Proclaman que el
país necesita urgentemente ingresos adicionales para hacer
frente a los déficit presupuestarios previstos.
Si bien es posible que precisemos de ingresos adicionales en
algún momento, todavía tiene más sentido imponer un impuesto
sobre las transacciones financieras (FTT, por sus siglas en
inglés), que afectaría principalmente a los bancos de Wall
Street que nos dieron este desastre, que no imponer un impuesto
al consumo de las familias trabajadoras. Podemos recoger grandes
cantidades de dinero mediante el impuesto a la especulación de
los ambiciosos de Wall Street sin que apenas afecte la suerte de
las transacciones financieras que muchos de nosotros hacemos en
nuestra existencia cotidiana.
La lógica del FTT es sencilla. Impondría un pequeño recargo a
las transacciones de acciones, de futuros, los seguros derivados
de crédito y otros instrumentos financieros. El
Reino Unido impone
actualmente un 0,25% sobre la compra o venta de acciones. Esto
tiene muy poco impacto sobre la gente que compra acciones con la
intención de mantenerlas durante un largo período de tiempo.
Por ejemplo, si alguien compra 10.000 dólares de acciones,
pagará 25 dólares en impuesto en el momento de la compra. Si
esta persona vende las acciones diez años después por 20.000
dólares, deberá pagar 50 dólares en impuestos. Los impuestos
totales serían equivalentes a un incremento de 0,8 puntos
porcentuales en el impuesto a las ganancias de capital.
Por el contrario, si alguien está interesado en comprar acciones
a la una en punto para venderlas una hora después, este impuesto
es probable que dé un buen golpe a los beneficios esperados. Lo
mismo se aplica a la gente que está especulando en futuros,
seguros derivados de crédito y otros instrumentos financieros.
Podemos obtener más de 140.000 millones de dólares al año
mediante esta imposición a las transacciones financieras, una
cantidad equivalente al 1% del PIB. Antes de buscar la
aplicación de un impuesto sobre las ventas nacionales, o un
impuesto sobre el valor añadido, como le gustaría a la pandilla
de los halcones deficitarios, deberíamos insistir en poner en
marcha en primer lugar un conjunto de impuestos a las
transacciones financieras.
Un impuesto a las ventas nacionales afectará principalmente al
consumo de los trabajadores. La gente lo pagará en todas las
compras diarias (comida, ropa, medicinas); todo va a costar un
poco más como resultado del impuesto a las ventas. La gente
pobre y de medianos ingresos acabará pagando una proporción
mayor de sus ingresos en este impuesto. Ello es a causa de que
gastan una mayor proporción de su renta que los ricos y también
porque gastan una mayor proporción de la misma en los Estados
Unidos. Así como los ricos pueden tener la oportunidad de viajar
exhaustivamente por Europa o por países no afectados por los
impuestos a las ventas nacionales, bien poca gente de poca o
mediana renta tendrá esta opción. Esta gente vive y gasta su
dinero en los Estados Unidos.
Dado que el sector financiero es la fuente de los problemas
presupuestarios y de la actual situación económica del país, es
lógico que este sector soporte el peso de los nuevos impuestos
que podamos necesitar. El colapso económico causado por la
exuberancia irracional de Wall Street ha llevado a un gran
aumento de la carga de la deuda del país. Parece justo que Wall
Street se lleve la peor parte de los costes de la limpieza. Un
FTT es la forma de asegurarse de que esto sea así.
En resumen, tenemos que decirle a la pandilla de los halcones
deficitarios, muchos de los cuales ganaron su fortuna en Wall
Street, que han de lentificar el ritmo. El país debe hacer
frente a serios problemas de presupuesto, incluso aunque no sean
tan malos como esta pandilla afirma. Sin embargo, si precisamos
impuestos para hacer frente al déficit presupuestario, entonces
Wall Street es el sitio por donde empezar. Después que hayamos
puesto en marcha un impuesto sobre la especulación de Wall
Street, si aún necesitamos más dinero, entonces podremos hablar
sobre un impuesto que afectará principalmente a la clase media.
Dean Baker es co-director del
Center for Economic and Policy Research (CEPR). Es autor de
Plunder and Blunder: The Rise and Fall of the Bubble Economy.
Traducción para
SinPermiso:
Daniel Raventós
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