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. Respuesta a los inquisidores “progresistas”
. La mentira del SIDA

180110 - Dax Toscano Segovia - ¡El SIDA es un montaje!

García Blanca cuestiona las ideas vertidas en la medicina, desenmascarando un sinnúmero de mentiras que son permanentemente reforzadas por la industria mediática

A través de la lectura de una entrevista publicada en Insurgente realizada a Jesús García Blanca, el entrevistador llega a conocer a este personaje que, como el revolucionario de Tréveris, utiliza la duda como un mecanismo adecuado para llegar al conocimiento efectivo de las cosas para así no quedarse en la superficie. Que las personas salgan del mundo de las sombras, a decir de Platón, o que pasen del mundo de la seudoconcreción al de la concreción, a decir del gran revolucionario y teórico marxista Karel Kosik, es lo que García Blanca parece proponer a través de sus ideas.


Autor de “El rapto de Higea”, libro que a simple vista va a producir un remezón en los centros de poder económico, político y académico por las tesis que sostiene, García Blanca cuestiona las ideas vertidas en el campo de la medicina, principalmente las relacionadas con el SIDA, desenmascarando un sinnúmero de mentiras que son permanentemente reforzadas por la industria mediática a través de una poderosa campaña propagandística, tal como ha sucedido con el tratamiento informativo de la famosa gripe A(H1N1), así como por la propia ciencia que, según el entrevistado, se ha convertido en una nueva religión. Sobre esto y otros temas relacionados directamente con la salud, Jesús García Blanca expone algunos pensamientos que clarifican mejor el panorama en este campo en el que (no puede ser de otra manera en el capitalismo) hay intereses económicos e ideológicos determinados, cuyo propósito es mantener sometida a la población.
 

¿Cómo defines lo que es la salud?

Como un proceso en el que también se incluye lo que habitualmente llamamos “enfermedad”. Desde ese punto de vista, salud y enfermedad son dos caras de la misma moneda, las oscilaciones de un péndulo que corresponden a momentos de equilibrio y momentos de desequilibrio. La auténtica Salud es la capacidad del organismo para desatar procesos autocurativos, crisis de restablecimiento del equilibrio. Se trata de una visión dinámica más cercana al Higienismo y opuesta a la que podríamos llamar oficial que concibe la salud como un “estado”. De este modo, los sistemas sanitarios no se ocupan de mantener la Salud, sino de gestionar enfermedades.
 

¿Son válidos los parámetros establecidos por las instituciones médicas para establecer que una persona goza o no de salud?

Todos los parámetros, protocolos, criterios, resultados, comparaciones, estadísticas, estudios... establecidos por las instituciones médicas sirven a sus propios fines y responden a su lógica de funcionamiento. Como te he dicho antes, tienen que ver con la gestión de las enfermedades, no con la Salud. Un ejemplo sencillo: una persona con 39 grados de fiebre está “enferma” según los parámetros oficiales y en correspondencia con ello se le receta un antipirético; eso es gestión de la sanidad. Desde el punto de vista dinámico de la Salud, la fiebre es un signo de que el organismo está trabajando y por tanto una señal evidente de que goza de salud para afrontar la crisis.

¿Las personas, bajo el sistema capitalista, pueden gozar de salud?

La salud implica armonía, algo que en muchos sentidos se opone al Capitalismo. Eso no quiere decir que no existan lo que podríamos llamar “islas de salud en el océano del Capitalismo”, pero siempre a pesar de él, a la contra de sus imposiciones.

¿Qué elementos son necesarios para que las personas y los colectivos sociales puedan disfrutar de salud?

Poner a disposición de la gente conocimientos básicos para comprender cómo funciona nuestro organismo, nuestro sistema autocurativo, nuestras enormes capacidades naturales. “El conocimiento conduce a la esperanza”, decía Wilhelm Reich. Del sometimiento sanitario a la autogestión de la salud.

¿El stress es una enfermedad o solamente un estado de ánimo producto de determinadas circunstancias?

Si aplicamos lo dicho sobre la Salud, no tiene sentido distinguir entre “enfermedad” y “estado de ánimo”; todo está relacionado: lo físico, lo anímico, lo emotivo, lo mental, lo espiritual... El stress es un desequilibrio. Lo que ocurre es que los desequilibrios pueden ser pequeños y por tanto fácilmente asumibles por el organismo, o pueden ser profundos -muchas veces debido precisamente a la gestión errónea que la medicina alopática hace de la crisis- y provocar graves deterioros o incluso la muerte.

¿Cómo influye el consumismo en la salud de las personas?

La lógica del “consumismo” tiene que ver con la simplicidad, la dependencia y la velocidad. Llevado al terreno de la salud implica seguir la lógica absurda de buscar remedios rápidos contra supuestos “síntomas de enfermedades”. Resultado: acumulación de errores: se acallan señales de alarma del organismo con productos tóxicos y, lo que es más grave, dejamos intacto el origen del problema.

¿Cuál es la relación que existe entre la catástrofe ambiental que vivimos y la salud?

En un ecosistema, todo está relacionado: el estado de salud del planeta influye decisivamente sobre el estado de salud de sus habitantes, de igual modo que el comportamiento de éstos influye sobre su entorno.

¿Las drogas son negativas para la salud?

La experiencia me dice que no todo el mundo entiende lo mismo por “droga”. ¿Hablamos de sustancias prohibidas? ¿De medicamentos? ¿De tabaco, café y alcohol? En un sentido general, te diría que no hay casi nada esencialmente negativo o positivo. Lo que convierte algo en negativo o positivo es el uso que hagamos de ello. ¿Es positivo un martillo? ¿Es negativo? Depende de lo que hagamos con él.

¿Cómo consideras tú que debería tratarse el tema de las drogas con la juventud?

“Ilustración farmacológica”, como dice Antonio Escohotado, el autor que, desde mi punto de vista, ha estudiado este tema de modo más exhaustivo y riguroso.

¿Qué puedes decir sobre el manejo mediático que se hace sobre el tema de la salud y las enfermedades?

Los medios de comunicación utilizan como fuente para sus noticias sobre salud y medicina –y sobre ciencia en general- las publicaciones científicas. El problema es que esas revistas especializadas cumplen una misión de adoctrinamiento de la misma forma que lo hacen los medios de masas, sólo que a un nivel superior de complejidad y por ello con mayor impunidad.

Las propias revistas científicas han publicado estudios que demuestran la influencia determinante de la Industria farmacéutica y la censura que se ejerce sobre la publicación de artículos a través de un sistema llamado “peer review”, que no es otra cosa que un filtro establecido por determinados expertos que defienden los planteamientos oficiales y los intereses de las multinacionales de un modo escandaloso. El problema no es puntual, sino estructural; las publicaciones científicas pueden muy bien considerarse auténticas “encíclicas” de la religión de la modernidad: la Ciencia.

¿Cuál es la relación que se establece entre poder, miedo, salud, enfermedad y parálisis social?

Yo añadiría un ingrediente fundamental: la mentira; la mentira es consustancial con el Poder. Creo que la mezcla destructiva de miedo y mentira produce lo que has llamado “parálisis social”. En cuanto a la salud y la enfermedad son espacios donde actúa el Poder, ámbitos dominados por la parálisis social, la mentira y el miedo.

¿El tema de salud es un mecanismo para el control social?

Más que un mecanismo, es un territorio donde se ejerce el poder. Lo que Carlos Lerena llamaba –en su caso refiriéndose a la Educación- “una jurisdicción de poder”.

¿Es el sida un mito?

Es un montaje. Un montaje intencionado, perpetrado en las entrañas del Imperio, es decir desde determinadas agencias de su Sistema Sanitario: los CDC –Centros para el control de las enfermedades- y el EIS –Servicio de Inteligencia de Enfermedades.

¿Cuáles son las mentiras fundamentales que se han tejido alrededor de ésta enfermedad, si realmente existe como tal?

• Es mentira que el “SIDA” sea una enfermedad; es un montaje que toma como base problemas de salud reales y conocidos para inventar una falsa pandemia.

• Es mentira que el “VIH” haya sido aislado. Robert Gallo llevó a cabo un fraude intencionado falsificando los resultados obtenidos por su equipo.

• Es mentira que los “test del SIDA” sirvan para diagnosticar; todos los “seropositivos” son falsos positivos; es una etiqueta que te introduce en un engranaje destructivo.

• Es mentira que los “antivirales” sean tratamientos contra el “SIDA”; son venenos tendencialmente mortales que están produciendo los efectos que posteriormente se atribuyen al “VIH”.

Las transnacionales de medicamentos han puesto la ciencia a su servicio para fabricar enfermedades, mentir sobre el efecto de ciertos medicamentos e inducir a la población al consumo de los mismos. ¿Qué puedes decir al respecto?

No creo en una interpretación exclusivamente económica de estos problemas. El capitalismo ha impuesto esas reglas de juego y de pensamiento. Y los autodenominados “anticapitalistas” están atrapados en ellas.

Lo que planteas es cierto, pero es sólo la lectura más superficial del problema.

¿Cómo identificar las mentiras que se tejen alrededor del consumo de ciertos medicamentos, como en el caso del Tamiflu para supuestamente combatir la gripe A (HN1N1)?

¿Cómo identificar las mentiras a secas? Buscando siempre en el bando rebelde, entre los que nadan a contracorriente. Y ello por una razón de peso: quienes se oponen a una determinada teoría, concepción o planteamiento es porque lo ha estudiado a fondo –casi siempre incluso más a fondo que sus propios defensores- y se encuentran por tanto en mejor disposición para proponer alternativas, identifican errores y descubrir manipulaciones.

¿Ésta enfermedad es otra creación mediática fantástica?

Existen elementos suficientes para apuntar la “gripe A” a la lista de pandemias inventadas. Pero no perdamos de vista que este tipo de montajes tienen, por desgracia, consecuencias muy reales: mentiras, pavor, envenenamiento, stress, y en algunos casos la muerte. Afortunadamente, esta última invención les ha salido mal, y confío en que eso sirva para que mucha gente empiece a replantearse otras historias. Por otra parte, yo precisaría que los medios no son los responsables últimos de estos montajes, cumplen su función, que es –como explica magistralmente Pascual Serrano en su último libro- la desinformación, pero no son la única instancia implicada, más bien sirven a otras instancias de Poder mucho más complejas.

¿Cuál es tu criterio sobre las medicinas tradicionales, naturales y las homeopáticas?

Yo me apunto a la radicalidad higienista: “no medicinas alternativas; sino alternativas a la medicina”. Otra cosa es que cada cual decida responsablemente y con información suficiente buscar ayuda de tal o cual remedio o terapia. En este sentido, las medicinas tradicionales, las naturales o la homeopatía son desde luego mucho menos agresivas que la alopática oficial. Pero lo esencial, desde mi punto de vista, es mantener siempre el control sobre nuestra salud y no entregarnos ciegamente a la dependencia de un sistema sanitario o un terapeuta concreto, sea el que sea y practique la medicina que practique.

¿Qué piensas de la afirmación que ciertas personas hacen de que el vegetarianismo es una opción de vida para enfrentar al sistema capitalista?

Sinceramente, creo que haría falta un cambio mucho más profundo y radical para poder afirmar lo que dices. No sólo importa lo que haces, sino como lo haces. Si dejamos de comer carne para consumir vegetales, no me cabe duda de que el Mercado se reciclará –ya lo hace en parte. Otra cosa sería que cada cual plantara un pequeño huerto o que nos organizáramos en comunidades autosuficientes; si esto se hiciera a gran escala, quizá cabría una posibilidad de oponerse al Mercado. 15 de enero de 2010
 

Respuesta a los inquisidores “progresistas” - Dax Toscano

El 20 de enero de 1600 la Inquisición dictó el veredicto definitivo contra
Giordano Bruno, condenándolo a la pena de muerte, a la vez que ordenaba quemar sus libros por “heréticos y erróneos”.

La historia está llena de casos similares de persecución a las personas que profesan ideas distintas a las que al orden establecido le conviene.

La Iglesia Católica, aunque no sólo ella, ha cumplido un papel nefasto durante toda su existencia al ser la responsable de la muerte de pensadoras y pensadores opuestos a sus dogmas, como fue el caso de la matemática Hipatia, despellejada viva por los benevolentes seguidores de ésta religión.

De igual manera, los nazis hicieron lo suyo, obnubilados por las ideas absurdas esgrimidas por una doctrina que profesa el odio a todo lo que no calza en su invención estúpida de la existencia de la raza superior aria. Los nazis persiguieron, encarcelaron, explotaron, torturaron a millones de personas para imponer sus dogmas y demostrar su superioridad. Estos criminales, al igual que en la época de la Inquisición, también quemaron y prohibieron la lectura de libros de autores que no eran adecuados, según su criterio, para la mente de las personas.

En América Latina, dictadorzuelos como
Pinochet o Videla, siguiendo el ejemplo de sus maestros, los criminales nazis y los franceses que masacraron al pueblo argelino, desataron una brutal represión contra las y los revolucionarios que desde diferentes trincheras de combate lucharon contra esos regímenes fascistas. Actualmente, el narcoparamilitar presidente de Colombia, Álvaro Uribe, lleva adelante una campaña internacional para criminalizar a todas y todos quienes manifiesten su apoyo a la insurgencia.

Ésta ha sido la constante llevada a cabo por los detentadores del poder en las sociedades divididas en clases sociales.

Lo extraordinario ahora es que los censuradores, represores y persecutores de quienes piensan diferente y, por ende, actúan diferente a lo que el establishment propone, están utilizando mecanismos para lograr no sólo el consenso de las fuerzas opuestas al cambio, sino de aquellas que dicen enarbolar un pensamiento progresista, sobre lo que hacen.

Varios elementos se conjugan para que esto sea posible: una muy bien estructurada campaña propagandística para convencer incluso a los menos crédulos, una poderosa industria mediática puesta al servicio de los intereses de la burguesía y el imperialismo norteamericano y europeo, un sistema educativo que en apariencia está relacionado con el pensamiento científico, pero que en realidad sigue respondiendo a ideas conservadoras y anacrónicas, lo cual hace que las y los jóvenes en realidad no piensen sino que solamente crean.

¿Qué es lo grave de ésta situación?

Que para reforzar las ideas dominantes se ha acudido al discurso científico, para de ésta manera dar solidez a sus profundas argumentaciones. Esto ha calado tan hondamente en la mente de las personas, que quienes ponen en tela de juicio lo que ese discurso científico dice, son dignos merecedores de la hoguera.

Hay mentiras que han sido tan bien elaboradas que, incluso, se les otorga una validez científica. Y algo más, hasta la religión hoy está utilizando a la ciencia para que su discurso tenga valor.

Lo primero que hay que señalar para aquellas personas que tienen una fe ciega en la ciencia, es que está actividad humana no es neutral, sino que, por el contrario, responde a intereses políticos, económicos e ideológicos determinados. Una cosa es que hayan criterios de validez universal para comprender ciertos hechos, ciertos procesos y otra, muy distinta, es que se acepte, sin ningún cuestionamiento, todo lo que se elaborara en los claustros donde están las y los científicos. Por ejemplo, se ha pretendido que todas las personas asuman que el universo surgió como resultado de la gran explosión, el Big Bang, cuando ésta teoría es errónea. ¿Por expresar un criterio diferente al comúnmente impuesto, se puede calificar a quien o quienes no lo defienden como reaccionarios y oscurantistas? Es algo absurdo.

En segundo lugar, hay que explicar a quienes se han convertido en verdaderos soldados del ejército de la “ciencia”, que uno de los requisitos para desarrollar el pensamiento científico es el ejercicio permanente de la duda. No aceptar pasivamente lo que otras y otros han hecho en ese campo, no asumir como propio el discurso elaborado en los centros académicos y científicos porque puede ser que en esos sitios también se estén produciendo cosas erróneas. Por ejemplo, el premio Nobel de medicina, James Watson ha afirmado que los blancos son más inteligentes que los negros; entonces porque ésta estúpida e irreal afirmación la hace un “científico” laureado, hay que asumirla como válida, sin ningún cuestionamiento.

Creer es aceptar pasivamente las cosas, dudar implica indagar, investigar.

De igual manera, no se puede asumir algo bajo el limitado criterio del principio de autoridad, porque ello conlleva a la sumisión, a la pasividad. Es necesario recordarles a esos inquisidores “progresistas”, que repiten consignas como la de “ciencia y comunismo”, que para hacer ciencia hay que llegar a la esencia de las cosas, así como entender los procesos sociales y, fundamentalmente, meterse en el movimiento mismo de lo real para desentrañar, a través de la praxis social, las contradicciones existentes y a la vez descubrir lo que es histórica y genéticamente estructural a los mismos.

En tercer lugar hay que solicitar a esos humanitarios y, a la vez, eruditos “críticos” que han dejado sus comentarios en la página de “Kaos en la red” sobre la entrevista realizada a Jesús García Blanca, que no sean ociosos y se den el trabajo de recopilar y leer los trabajos investigativos relacionados con el tema no sólo del VIH, sino en general sobre la salud, el uso de fármacos, el papel de las transnacionales farmacéuticas en el montaje de enfermedades y en los procesos para inducir a la gente a consumir medicamentos, para que así tengan otros elementos que les permita analizar y reflexionar desde el otro lado de la orilla a lo que la ciencia oficial expresa sobre estas cuestiones.

Asimismo se les solicita que lean el libro “El rapto de Higea”, que comparen lo expuesto por el autor con otros documentos, que se preocupen por consultar diversas fuentes y que ahí, con seriedad expresen sus criterios. Por ejemplo, analicen las ideas expuestas por la científica Rebeca Culshaw sobre el sida. De igual manera, se pide a estas personas que con sus comentarios demuestran amplitud de criterio, que revisen la historia del África para que descubran que las causas de lo que esos pueblos viven, son otras muy distintas a las que profesan los repetidores del discurso oficial. No olviden el coloniaje, la explotación, la esclavización, las divisiones creadas entre pueblos hermanos por el imperialismo, el saqueo de los recursos, el hambre, etc.

En cuarto lugar, estimados comentaristas, enfermos de “opinionitis” aguda, no crean sólo en lo que los medios les presentan. Recuerden, por ejemplo, que cuando las Torres Gemelas cayeron, falsimedia dijo al mundo que fue el resultado del impacto de los aviones que golpearon contra esos edificios, acto terrorista llevado a cabo por fundamentalistas islámicos. Hoy se sabe, con mayor conocimiento, que lo que se produjo es una implosión, que hubo una detonación para provocar la caída del
World Trade Center, realizada por el mismo aparato militar industrial estadounidense para justificar la invasión a Afganistán e Irak.

Finalmente, hay que expresar con claridad para aquellos que señalan por ejemplo que “tal como la negación del holocausto es delito, también, y con mucha más razón, debería serlo la negación del sida” que esos mecanismos son propios de los regímenes y sistemas autoritarios, falsificadores de la verdad como lo son el sionismo y el imperialismo. Sería bueno que se investigue el papel de este movimiento en la Segunda Guerra Mundial, el pacto con
Hitler para acabar con su propio pueblo. De igual manera, no debería olvidar este individuo que quiere judicializar a quienes disienten con las versiones oficiales sobre el tema de la salud y, particularmente, sobre el sida, las atrocidades que el sionismo, que se considera víctima hasta hoy día, comete contra el pueblo palestino, como otrora lo hicieron los nazis contra judíos, gitanos, comunistas, homosexuales - Enero 16 de 2010 - trocasluar@yahoo.com - La Haine

La invitación está hecha. Piensen y dejen de creer. Eso los hará más libres y menos sumisos.

La mentira del SIDA
- Octubre 11, 2009 de Josep Pamies

Sabemos que errar es humano, pero la hipótesis de que el VIH es la causa del SIDA es un error diabólico”. (Palabras de Kary Mullis, Premio Nobel de Química 1993, en el prólogo del libro “Inventando el virus del SIDA”, de Peter Duesberg [1])

¿Es el sida una gran mentira?

1. Introducción


¿Es posible que el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) NO sea la causa del SIDA? ¿Es posible que la inmensa mayoría de los ministerios y servicios públicos de salud, facultades de medicina, centros médicos, organizaciones y publicaciones científicas, e incluso la Organización Mundial de la Salud, lleven 20 años aceptando y difundiendo una “versión oficial” que no está respaldada por ninguna evidencia científica? ¿Es posible que el VIH, el virus asesino que 70 millones de personas han creído tener en la sangre, ni siquiera exista? ¿Es posible que los que defienden la “versión disidente”, entre los cuales hay al menos 2 Premios Nobel, hayan sido sistemáticamente censurados por casi la totalidad de los medios de comunicación del mundo? ¿Es posible que 26 millones de personas hayan muerto por una enfermedad falsa? ¿Es posible que el SIDA sea el negocio más perverso de las últimas décadas, o tal vez de la historia?

Probablemente, la gran mayoría de las personas que lean estas preguntas responderá dentro de su cabeza “No, nada de eso es posible”. Algunos dirán “El mundo está podrido, pero nunca tanto…” Otros irán un poco más lejos: “Tal vez las multinacionales farmacéuticas estarían dispuestas a montar un negocio semejante, pero no podrían obtener la complicidad de las escuelas de medicina, las revistas científicas, o los médicos independientes que no obtendrían ningún beneficio”.

Sin embargo, cualquiera que se considere escéptico, que esté anímicamente dispuesto a aceptar que lleva años creyendo mentiras y sumergido en la ignorancia, y que se dé el tiempo de buscar información relacionada a la “versión disidente” sobre el VIH y el SIDA en internet (el único medio de comunicación que los poderes políticos y económicos no pueden controlar), encontrará toneladas de información como para entender que todas las preguntas del primer párrafo tienen una escalofriante respuesta: SÍ, TODO ESO ES POSIBLE.

Soy demasiado ignorante sobre biología, química y medicina como para saber a ciencia cierta qué es verdadero y qué es falso en este tema, pero al menos estoy seguro de una cosa: durante 20 años se nos ha ocultado mucha información, y ese solo hecho me parece inaceptable.

2. La ignorancia está de moda

Hace 5 años, mi única preocupación sobre el VIH y el SIDA era ser prudente en mi vida sexual para evitar contagiarme, y nunca me preocupé de informarme más allá de los métodos de prevención.

Pero en 1999 supe que existía una “versión disidente”, totalmente opuesta a la oficial. Primero leí en la Zona de Contacto un reportaje sobre Kary Mullis, y tres años después una entrevista a un doctor chileno llamado Gonzalo Larraín, en el desaparecido Diario Noreste (ya hablaré de ambos personajes). Me invadieron la curiosidad y la ansiedad por encontrar respuestas, y desde entonces he pasado cientos de horas en internet buscando información que me parezca confiable sobre esta “versión disidente”, tratando de responder las muchas preguntas que inevitablemente han ido apareciendo. Gracias a eso, ahora sé algo sobre el tema, aunque todavía es muy poco, pero suficiente como para tener numerosas dudas razonables acerca de la versión oficial.

En estos 5 años he conversado el tema con unas 50 personas, entre familiares, amigos y conocidos. Casi todos leen diarios, revistas y libros, ven bastante televisión por cable, y tienen internet en sus casas. Pese a su fácil acceso a la información, ninguno de ellos había escuchado o leído algo sobre la versión disidente. Para el 100% de mis “encuestados”, había una sola verdad sobre el SIDA, y además sabían muy poco sobre esa “verdad”. Muchos de ellos pusieron cara de sorpresa cuando supieron que VIH y SIDA no son sinónimos (ni en la versión oficial ni en la disidente).

Además de la ignorancia, me ha sorprendido y entristecido la poca importancia que casi todos ellos le dieron al problema cuando se los conté. Algunos me escucharon con bastante atención y se sorprendieron mucho, pero hasta donde recuerdo, nadie me volvió a mencionar el asunto. No parecen darse cuenta de que éste no es un problema de vida o muerte, sino un problema de decenas de millones de vidas o muertes. Por más que sean mis familiares, amigos y conocidos, no puedo evitar considerarlos cómplices por omisión, y la principal motivación que tengo para escribir esto es precisamente crear conciencia entre la gente que me rodea.

Pero aunque ahora todo esto me impresiona bastante, es exactamente la misma ignorancia en la que yo estaba sumido hace pocos años. Por lo tanto, creo que para poder hablar de la versión disidente, es necesario empezar por aclarar los aspectos más básicos de la versión oficial.

3. La “versión oficial”

Al igual que la mayoría de los asuntos que involucran millones de muertes con billones de dólares, la versión oficial del SIDA nació en EE.UU. Según el sitio www.vihsida.cl [2]:

“En junio (de 1981) el Centro para el Control de Enfermedad de Atlanta en Estados Unidos (CDC, Centers for Disease Control), publica el primer reportaje sobre un tipo raro de neumonía: ‘Pneumocistis Carinii’ en cinco jóvenes, todos homosexuales activos residentes en Los Angeles. No se frecuentaban entre ellos, no tenían amigos comunes y no tenían conocimiento de enfermedades similares entre sus compañeros sexuales. Dos de ellos informaron haber mantenido relaciones homosexuales con diversas personas.

El cuadro inicialmente fue interpretado de la siguiente forma:

1) Todos presentan infecciones oportunistas, por lo tanto, debía existir un trastorno de la inmunidad y

2) Un agente infeccioso sexualmente transmisible, debía ser el responsable de este nueva enfermedad.


La creencia inicial de limitar esta enfermedad sólo a homosexuales llevó a algunos autores a denominarla “Síndrome de Inmunodeficiencia relacionada con los homosexuales” o “Peste Rosa”. En agosto del mismo año, 111 casos similares fueron reportados al CDC, lo que llevó a organizar un registro nacional de casos. Luego, nuevos casos de SIDA fueron descritos en drogadictos haitianos, hemofílicos, pacientes transfundidos, hijos de madres en riesgo, parejas heterosexuales y trabajadores de la salud, lo que hizo a la comunidad médica y a la sociedad, tomar conciencia de la existencia de una nueva epidemia sin precedentes en la historia de la medicina “.

En 1983, dos años después de definida esta “nueva enfermedad” se “descubrió” cuál era la causa: un nuevo virus llamado VIH (siendo más estricto, es un retrovirus, pero la diferencia me parece irrelevante para los objetivos de este ensayo). Los responsables de este sensacional descubrimiento fueron dos: el norteamericano Robert Gallo, que trabajaba en los National Institutes of Health (NIH, uno de los dos principales organismos públicos de salud de EE.UU.), y el francés Luc Montagnier, del Instituto Pasteur de París. Aunque en un principio hubo polémica entre ambos por la paternidad de la hipótesis VIH = SIDA, al poco tiempo se pusieron de acuerdo y decidieron compartir el dudoso honor. Hasta el día de hoy, ambos son considerados las máximas eminencias en el tema, y han ganado reconocimiento, galardones, fama y, sin duda, mucha plata.

Todos sabemos que SIDA significa Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (a su vez, síndrome significa “conjunto de síntomas”), mientras que VIH quiere decir Virus de Inmunodeficiencia Humana. Según la versión oficial, el VIH es la causa del SIDA.

Una persona que supuestamente tiene el VIH en la sangre pero todavía no tiene ningún síntoma, es un “portador sano”, “portador asintomático”, o “portador pasivo”. El VIH debilita nuestro sistema inmunológico (es decir, las defensas naturales de nuestro cuerpo), por lo que esa persona tarde o temprano va a tener síntomas, y pasará a ser un “portador enfermo”, “portador sintomático”, o “portador activo”. En otras palabras, va a tener SIDA.

Tanto en Chile como en el mundo, hay más portadores sin SIDA que portadores con SIDA. Pese a esto, uno de los principales “logros” de la propaganda oficialista es haber instalado en la cabeza de la gente más o menos informada la certeza de que VIH y SIDA son, respectivamente, causa y efecto. Y peor aún, en la cabeza de la gente desinformada, se ha instalado la aberrante y confusa idea de que VIH y SIDA son distintos nombres para una misma cosa. Éste es el primer malentendido que hay que desterrar.

¿Es posible que el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) NO sea la causa del SIDA?

Según un documento oficial de la OMS del año 2004, “El SIDA (Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida) es una enfermedad causada por un virus llamado VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) y que ocasiona la destrucción del sistema inmunitario de la persona que la padece. El SIDA fue descubierto a finales de la década de los 70 y su descubrimiento fue publicado científicamente por primera vez el 5 de julio de 1981 en Mortality Weekly Report, una revista periódica de medicina. Esta fecha ha sido la más acogida por la comunidad científica, aunque claramente disputada por varios investigadores [3]“.

4. La “versión disidente”

Aunque dentro de los disidentes existen diversas posturas, hay bastante concordancia en cuanto a negar, desmentir o al menos poner en duda prácticamente todos los principios básicos de la versión oficial. Según los disidentes:

4.1. El SIDA no es una enfermedad propiamente tal, es sólo un concepto artificioso que engloba una treintena de enfermedades preexistentes. De hecho, la lista de enfermedades incluidas ha ido creciendo sistemáticamente durante estos 20 años, inflando así la cantidad de personas etiquetadas como enfermos de SIDA.

4.2. Nadie ha demostrado jamás que el VIH sea la causa del SIDA, ni que el virus se transmite por la vía sexual. Es más, ni siquiera se ha demostrado que el VIH existe.

4.3. Las posibles causas por las que un sistema inmunológico puede deteriorarse hasta el extremo de provocar la muerte son múltiples: desnutrición, malas condiciones sanitarias, uso y abuso de drogas intravenosas, entornos sociales agresivos, y, especialmente, el estigma del SIDA, la propaganda del terror, la condena a muerte que significa resultar positivo en un test y, en gran medida, las drogas – legales, por cierto – extremadamente tóxicas que se les recetan a los portadores sanos y enfermos, especialmente el AZT, que fue desarrollado en los años 70 como anticancerígeno, pero fue posteriormente desechado… por tóxico.

4.4. Los tests que supuestamente detectan la presencia del VIH en la sangre no tienen ninguna validez científica. Aquí hay otra confusión muy difundida, porque he oído a muchas personas referirse al “test de Elisa” como el “test del SIDA”, cuando en realidad es un disparate creer que el SIDA es algo que se puede encontrar en la sangre. Un poco menos absurdo es creer que los tests detectan la presencia del VIH en la sangre, pero la realidad tampoco es ésa: simplemente detectan una presencia anormal de ciertos anticuerpos que supuestamente indican la presencia del VIH.

La “versión disidente” no es, como muchos pueden creer, un delirio paranoico de un puñado de chiflados ociosos o seudorebeldes. A continuación, voy a escribir acerca de algunas de las personas que defienden esta postura. Creo que con esto puedo matar dos pájaros de un tiro: por un lado, demostrar que es una teoría más que respetable, y por otro lado, contar en qué consiste a través de los postulados y las experiencias de estas personas.

Con ustedes, los disidentes:

Disidente 1: Peter Duesberg


Científico alemán nacido en 1936, y radicado en EE.UU desde 1964. Es Doctor en Química de la Universidad de Frankfurt (Alemania), y profesor de Biología Molecular y Celular de la Universidad de Berkeley (California) desde 1973 hasta la fecha. Fue el primero en aislar el gen del cáncer, ganó el Premio Anual de Científicos de California en 1971 y fue electo miembro de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. en 1986.

Peter Duesberg fue uno de los primeros en oponerse a la versión oficial del SIDA. Él sostiene que el VIH posiblemente existe, pero es inofensivo, y que la principal causa del SIDA es el abuso de las drogas, tanto de las recreativas como de las recetadas contra el propio SIDA. Pese a sus sobrados méritos y a su indiscutible aporte a la ciencia, ha sido sistemáticamente censurado por los medios, y el gobierno de EE.UU. le retiró totalmente el apoyo económico, por lo que ha tenido que seguir investigando por sus propios medios.

En una entrevista concedida en 1998 a “El Pequeño Periódico”, de Colombia, Duesberg declaró lo siguiente:

“Se realizan encuentros internacionales anuales alrededor del SIDA, a los cuales no se invita a nadie que no crea en el VIH y eso es extremadamente grave para la ciencia. Eso puede ser religión, puede ser política, pero no ciencia. La ciencia es tradicionalmente abierta a otras posibilidades, especialmente cuando no se tienen resultados (…) La mayoría de las grandes universidades de Norteamérica no permiten un seminario sobre este aspecto. Están todas cerradas porque si usted habla, ellos podrían perder sus fondos, podrían perder a sus amigos, las grandes compañías les quitarían su apoyo y podrían quedar sin sus tremendos megabyte de entradas”.

“En los últimos años nadie quiere invitarme a ningún encuentro porque estoy cuestionando el VIH, y cuestionando la gigantesca inversión, la gigantesca industria. La industria de cincuenta billones de dólares que se han gastado. En nombre de la tecnología científica no podemos tener toda esa gente sufriendo y muriendo innecesariamente. Y lo digo porque la están matando con AZT. La droga no sólo no les ayuda, sino algo peor, el AZT realmente los está matando. (…) Y todo en nombre de una hipótesis que hasta ahora no ha curado a nadie[4]“.

Peter Duesberg ha escrito y co-escrito varios libros sobre este tema, entre ellos “Por qué NUNCA ganaremos la guerra contra el SIDA”, “SIDA: ¿Causado por Virus o por Drogas?”, “SIDA Infeccioso: ¿Hemos Sido Engañados?”, “SIDA: Las Buenas Noticias son…”, e “Inventando el Virus del SIDA”. Éste último es probablemente el más famoso, y su prólogo está escrito por otro renombrado disidente: Kary Mullis.

Disidente 2: Kary Mullis

Doctor en Bioquímica de la Universidad de Berkeley (California). En 1993 obtuvo el Premio Nobel de Química por haber inventado una técnica para analizar el ADN llamada Reacción en Cadena Polimerasa (en inglés, Polymerase Chain Reaction, o simplemente PCR). Esta técnica es usada para medir la carga viral (en otras palabras, la “cantidad de virus”) en los supuestos portadores. Sin embargo, el propio Kary Mullis – sin duda uno de los disidentes más enérgicos – ha dicho hasta el cansancio que la PCR no sirve para medir cargas virales, y que habría renunciado al Nobel si hubiera sabido el uso que se le iba a dar a su invención.

El prólogo que Mullis escribió para el libro de Duesberg, es, a mi juicio, uno de los textos más creíbles y a la vez impactantes sobre la versión disidente. En él, Mullis relata que en 1988 estaba escribiendo un reporte para Specialty Labs (Santa Monica, California), y cuando redactó la frase “El VIH es la causa más probable del SIDA”, quiso respaldar su afirmación con alguna cita científica.

“Para mí, era muy llamativo que el individuo que había descubierto la causa de una enfermedad mortal y hasta ahora incurable, no fuese continuamente aludido en las publicaciones científicas hasta que la enfermedad estuviese curada y olvidada. Pero, como pronto aprendería, el nombre del individuo – que sería seguro materia de Premio Nobel – no estaba en boca de nadie. (…) Tenía que haber un informe publicado, o quizás varios, que juntos indicasen que el VIH es la posible causa del SIDA. Tenía que haberlo”.

Mullis también buscó la información en internet y no la encontró, pero no le dio mucha importancia a eso. “Para estar seguro de una conclusión científica, lo mejor es preguntar a otros científicos directamente. (…) Como parte de mi trabajo, iba a muchos encuentros y congresos. (…) Adquirí el hábito de acercarme a cualquiera que diese una charla sobre SIDA y preguntarle qué referencias debía citar para esa cada vez más polémica declaración: «el VIH es la probable causa del SIDA». Después de 10 ó 15 encuentros en un par de años, empecé a preocuparme cuando vi que nadie podía citarme la referencia. No me gustaba la fea conclusión que se estaba formando en mi mente: la campaña entera contra la enfermedad considerada con creces como la peste negra del siglo XX, estaba basada en una hipótesis cuyos orígenes nadie podía recordar. Eso desafiaba tanto al sentido científico como al común.

Finalmente, tuve la oportunidad de interrogar a uno de los gigantes de la investigación del VIH y del SIDA, el doctor Luc Montagnier, del Instituto Pasteur, cuando dio una charla en San Diego. Esta sería la última vez en que sería capaz de realizar mi pregunta sin mostrar cólera. Me figuré que Montagnier conocería la respuesta, así que se la planteé”.

Montagnier intentó eludirlo con un par de débiles respuestas con las que Mullis no se dio por satisfecho, y ante la insistencia de éste, “el doctor Montagnier se dirigió hacia el otro lado de la habitación para saludar a un conocido” -
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http://www.plural-21.org

http://www.webislam.com/?idt=11619

http://www.dsalud.com/numero86_3.htm

 

 


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