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261111 -
Martine Orange -
Viento Sur
/ Mediapart - ¿Pueden los
hombres que han participado en un mundo antiguo ser los que
imaginen uno nuevo? Los que han amparado sus desmadres y lo han
hundido en la crisis, ¿pueden ser los mismos que los que aplican
los remedios? Empujada por
Ángela Merkel y
Nicolas Sarkozy, Europa ha decidido eludir la cuestión: so
pretexto de la urgencia de la crisis, la pareja franco-alemana
ha dejado aparcada la democracia para instalar gobiernos
formados por expertos, exonerados de acudir a las urnas.
(Ver:
El plan de la élite para un nuevo orden social mundial)
Lukas Papademos en Grecia, Mario Monti en Italia… esto tiene, a
los ojos de Berlín y París, un poco más de credibilidad que los
gobiernos desgastados y despreciados de
Yorgos Papandreu y
Silvio Berlusconi.
¡Pista libre, por tanto, para los eurócratas! Estos tienen el
mérito, dicen, de comprender tanto a los mercados como los
engranajes de Europa. Se supone que encarnan esos gobiernos de
la razón, que junto con la pareja franco-alemana pueden ayudar a
sacar a Europa de la crisis.
Pero ¿realmente son los hombres que convienen? Porque si se mira
más de cerca, han estado en todos los fregados de los últimos
tiempos en Europa. No solo han participado activamente en su
evolución, sino que también, si no impulsaron, por lo menos
ampararon las maniobras, manipulaciones y errores habituales que
hoy están en el meollo de la crisis de Europa y del euro. Con
Mario Draghi, el nuevo presidente del
Banco Central Europeo (BCE), han formado uno de esos tríos
que han estado en el epicentro de los problemas de las deudas
soberanas y mantenido una relación más que estrecha con
Goldman Sachs y los bancos estadounidenses en este terreno.
Los mismos bancos que hoy especulan contra los Estados europeos
y el euro.
(Ver:
¿Para qué votar si gobiernan los bancos?)
(Ver:
Goldman Sachs, vampiro)
Hace años que
Goldman Sachs se infiltró en la cúspide estatal de
Estados Unidos El banco se presta
generosamente a ceder a sus exdirectivos al Gobierno
estadounidense en nombre del “interés general”: a
Henry Paulson, expresidente de
Goldman Sachs nombrado secretario del Tesoro por
Georges Bush y encargado en este puesto de gestionar el
comienzo de la crisis financiera, le sucedió
Timothy Geithner, lo que le asegura prácticamente la
impunidad frente a todas las autoridades de control e
inspección, a pesar de las múltiples revelaciones habidas sobre
sus prácticas.
(Ver:
Hank Paulson, nuevo zar económico de Washington: la
construcción del imperio económico y la decadencia interna)
(Ver:
Timothy Geithner
sucedió a Paulson)
Aunque desde hace años
Goldman Sachs ha tenido todas las puertas abiertas en la
Comisión Europea, hasta ahora no había penetrado tan
profundamente en las más altas esferas de la
Unión Europea. La cercanía de Mario Draghi con respecto al
banco estadounidense ya se señaló antes incluso de su
nombramiento al BCE. Después de su paso por la Dirección General
del Tesoro de Italia, trabajó de consejero de
Goldman Sachs de 2002 a 2005.
Ahora la red de
Goldman Sachs se refuerza. El nuevo primer ministro
italiano, Mario Monti, excomisario europeo responsable de
Mercado Interior y más tarde de Competencia, es consejero de
Goldman Sachs. En cuanto a Lukas Papademos, antes de
convertirse en jefe del Gobierno griego, fue gobernador del
banco central griego de 1994 a 2002, para después ser nombrado
vicepresidente del BCE. Por tanto, desempeñó un papel clave en
el momento de la entrada de Grecia en el euro, con lo que
resulta difícil imaginar que no supiera nada de la manipulación
de las cuentas del Gobierno griego realizada bajo la batuta de
Goldman Sachs.
Hay que insistir en este asunto, ya que estos tres hombres
fueron autores y testigos de esa escena del crimen que hizo
surgir la duda sobre el euro antes de provocar una reacción en
cadena sobre las deudas de los Estados europeos y dar pie, en
respuesta, a una política de deflación social pagada
exclusivamente por los pueblos europeos, hasta dejar finalmente
en suspenso la democracia.
(Ver:
Crisis económica y financiera en EEUU y en el mundo: Cronología)
El falseamiento de las cuentas griegas
Todo comenzó en noviembre de 2009, cuando Yorgos Papandreu,
recién elegido, decidió someter a examen la gestión de sus
predecesores en el Gobierno. Confesó que todas las cifras
estaban falseadas: el déficit no era del 5,8 %, sino del 12 %
del PIB, y el endeudamiento pasaba del 90 % al 120 % del PIB. En
ese momento, el Gobierno griego reconoció que en realidad
Grecia nunca había cumplido los criterios de convergencia
exigidos en el marco del Tratado de Maastricht. Hubo engaño
desde el principio. Y el engaño lo pergeñó
Goldman Sachs.
Después de realizar minuciosas investigaciones, el New York
Times y Der Spiegel explicaron cómo fue eso posible. Al
constatar que las cosas no cuadraban, el Gobierno griego,
aconsejado por el banco estadounidense, llevó a cabo una serie
de maniobras para enmascarar el incumplimiento. Gracias a las
gestiones de
Goldman Sachs, en el año 2000 consiguió un préstamo de mil
millones de dólares, pero para que no quedara reflejado en las
cuentas públicas y por tanto aumentara la deuda del Estado, toda
la operación se llevó a cabo utilizando un vehículo especial
llamado Ariana, sin duda para mostrar el carácter laberíntico y
opaco de la operación.
(Ver:
El Crac del 29 puede
repetirse: Reportaje a J K Galbraith)
Fue la entidad llamada Ariana la que recibió el préstamo, pero
gracias a la ingeniería financiera, el préstamo se convirtió en
un simple intercambio de divisas, por lo que no hacía falta
contabilizarlo como una deuda suplementaria. En contrapartida,
el Gobierno griego garantizó la amortización del préstamo con
los ingresos futuros obtenidos de la lotería nacional. El año
siguiente, Grecia repitió la operación a través de una entidad
distinta, Eolo, quizá con la esperanza de que todas esas
manipulaciones se las llevara el viento. Esta vez, la garantía
para el préstamo fueron los ingresos futuros de los aeropuertos.
Semejantes maniobras, que no se alejan mucho de las de las
asociaciones público-privadas, reportarán 300 millones de
dólares a Goldman Sachs.
(Ver:
¿A cuántas personas matarán los políticos con
sus recortes?)
En 2005, el nuevo ministro griego de Hacienda, Yorgos
Alogoskoufis, denunció esas operaciones que privaban al Gobierno
de importantes ingresos, pues los aeropuertos y la lotería
nacional se habían convertido de hecho en concesiones de
Goldman Sachs. El banco, “con ánimo de restablecer las
buenas relaciones con la república griega”, aceptó negociar los
acuerdos y al final revendió la mayor parte de los títulos al
Banco Nacional de
Grecia. A finales de 2009, cuando el Gobierno griego ya
estaba luchando contra la asfixia financiera, los directivos de
Goldman Sachs, que habían empezado a especular alegremente
en torno a la deuda griega a través del mercado de CDS (Credit
Default Swaps), volvieron a Atenas para proponer que se renovara
la misma operación, garantizándola esta vez con el sistema
sanitario (!). El Gobierno declinó la propuesta.
De todas maneras, estos montajes, que ya fueron muy criticados
en el momento en que se pusieron en práctica, estaban prohibidos
en la zona del euro, y
Goldman Sachs no podía ignorarlo. En 2008, Eurostat, la
agencia europea de estadística, había denunciado aquellas
operaciones de ingeniería financiera “que parecen haberse ideado
especialmente para hacer aparecer un resultado contable que no
guarda relación con los méritos económicos de la operación”.
Si hay una persona a la que no pudo estar al margen de esas
maniobras, es Lukas Papademos. Desde 1994, este doctor en
Economía, diplomado por el MIT (Massachusetts Institute of
Technology) como Mario Draghi, era gobernador del Banco Central
de Grecia. Estuvo en el puesto hasta 2002, cuando fue nombrado
vicepresidente del
Banco Central Europeo. Durante todo ese periodo, su misión
principal consistía en organizar la transición de la dracma al
euro. Por tanto, conocía al dedillo la situación financiera de
Grecia y sabía perfectamente que no se ajustaba a los
criterios exigidos por Europa.
Resulta difícil imaginar que en su calidad de gobernador del
Banco Central le hubieran marginado de las negociaciones con
Goldman Sachs sobre las operaciones crediticias y la
falsificación de las cuentas. En todo caso, los cambios de
divisas por importe de mil millones de dólares difícilmente
podían escapar al control de las autoridades tutelares bancarias
de la época. Sin embargo, no le han formulado ni una pregunta
sobre su papel en aquel periodo. Y ahora se presenta como el
único personaje riguroso e íntegro, capaz de restablecer el
orden en Grecia e imponer los planes de austeridad que exige la
Unión Europea. ¿Qué habrá que pensar si, a raíz de las
reformas exigidas, los aeropuertos, la lotería, el sistema
sanitario, que por lo visto son muy codiciados, están en manos
de
Goldman Sachs?
(Ver:
Europa, la
desaparición de la democracia)
Las mentiras de Mario Draghi
Antes incluso de ser nombrado presidente del BCE, a Mario Draghi
también le ha alcanzado la sombra de Grecia. Después de dejar la
Dirección General del Ministerio de Hacienda italiano en 2001,
fue nombrado asesor jefe de
Goldman Sachs. El comunicado del banco en que anunció la
contratación de Draghi señalaba que su misión consistía en
“ayudar a la entidad a desarrollar y llevar a cabo operaciones
con las principales empresas europeas y con los gobiernos y
agencias gubernamentales a escala mundial”.
¿Intervino el actual presidente del BCE en la operación de
camuflaje de la deuda griega por cuenta del banco? Colocado a la
defensiva, Draghi contestó primero que no comenzó a trabajar
para el banco de
Wall Street hasta 2002, mucho después de los montajes en
torno a la deuda griega. En una comparecencia ante el Parlamento
Europeo previa a su nombramiento, en junio de 2011, el banquero
italiano recalcó: “Las operaciones entre
Goldman Sachs y el Gobierno griego se llevaron a cabo mucho
antes de que yo entrara a trabajar en
Goldman Sachs. Además, yo no tuve nada que ver con esas
operaciones, ni antes ni después. Yo no estaba encargado de
vender servicios a gobiernos. De hecho, trabajaba para el sector
privado. Y aunque
Goldman Sachs esperaba de mí que trabajara para el sector
público cuando me contrataron, les dije francamente que por el
hecho de haber estado anteriormente en el sector público yo no
tenía interés ni ganas de trabajar para el sector público.”
La explicación sembró la duda entre los diputados europeos. ¿Se
puede creer que
Goldman Sachs hubiera aceptado desaprovechar los buenos
contactos de uno de los hombres más introducidos en las esferas
gubernamentales europeas y en la Comisión Europea, cuando lo
habían contratado precisamente para eso, sin ninguna precaución
con respecto al conflicto de intereses? Buen conocedor de este
expediente, el diputado europeo de Los Verdes, Pascal Canfin, no
le creyó ni por un instante. “Después de su comparecencia no me
sentí para nada convencido por las declaraciones de Mario Draghi.
Ahora sé que mintió. No tuvo que ver con el expediente griego,
pero sí se ocupó de la gestión de la deuda europea cuando estuvo
en
Goldman Sachs, contrariamente a lo que afirmó”, explica.
La prueba se presentó con la publicación de un artículo a
finales de octubre en la revista española Tiempo con motivo de
la toma de posesión de Draghi en el BCE y la aportó
inesperadamente el Banco de Italia. ¿Torpeza o arreglo de
cuentas? En el documento, el Banco de Italia afirma que desde su
puesto en
Goldman Sachs “Mario Draghi tuvo que tratar determinados
aspectos relacionados con la gestión financiera de la deuda:
concretamente, una operación de colocación con el Gobierno
británico, otra con respecto al metro de Madrid con el Gobierno
español y operaciones de refinanciación del déficit con el
Gobierno alemán”. Suena extraño para un directivo que jura que
abandonó cualquier contacto con el sector público y que se
dedicó con cuerpo y alma al sector privado cuando estuvo en
Goldman Sachs.
Más allá de estas omisiones, el nuevo presidente del BCE no
podía ignorar lo que se había cocinado en Grecia. Conocía muy
bien este tipo de operaciones, que Italia ya había llevado a
cabo antes de que Grecia recurriera a ellas. En 1996, el
Gobierno italiano dirigido por Romano Prodi, que pasaría
seguidamente a presidir la Comisión Europea, se vio de nuevo
asfixiado por el déficit. El banco estadounidense JP Morgan se
prestó a ayudarle: puso en marcha un préstamo basado en una
operación de cambio de divisas con un tipo de cambio favorable.
Milagro: gracias a esta aportación de dinero, el presupuesto
italiano quedó equilibrado, y puesto que oficialmente se trataba
de una operación de cambio de divisas, nada se hizo constar en
las cuentas públicas.
En esa época, Draghi llevaba cinco años en el puesto de director
general del Ministerio de Economía. Imposible que no se enterara
de aquellos manejos y todo indica que incluso participó en ellos
activamente. Hoy, el nuevo presidente del BCE se presenta como
un defensor intransigente de la ortodoxia financiera y reclama
transparencia y rigor a los gobiernos. Está claro que participó
en la redacción de la carta enviada por el BCE al Gobierno de
Berlusconi el verano pasado, en la que el banco emisor dictaba
sus exigencias de reforma y recortes sociales.
(Ver:
La OTAN y el asesinato de Gadafi)
Cancerbero de la ortodoxia
Ahora es Mario Monti el encargado de cumplirlas. En la época de
las citadas operaciones italianas, él era comisario europeo
encargado del Mercado Interior. ¿Demasiado alejado para saber
nada? Monti ya era entonces un peso pesado de la política
italiana. Presentado como técnico, está bien visto tanto por la
derecha como por la izquierda. No se le escapa casi nada de lo
que ocurre entre los bastidores del poder en Roma y en Milán.
¿Realmente no supo nada de aquellos manejos de "creatividad
contable"?
Mario Monti se ocupaba en aquel entonces mucho de los servicios
públicos, propugnando su privatización para asegurar “una
competencia libre y no falseada”. Pero también supervisó los
primeros textos sobre la liberalización de los servicios
financieros y la regulación bursátil y bancaria. De ahí que le
cortejaran los bancos y todo el mundo financiero. Lo mismo
ocurriría más tarde, cuando fue nombrado comisario de
Competencia de 1999 a 2004 y estaba facultado para dar luz verde
o no a las grandes fusiones y adquisiciones orquestadas por los
principales bancos internacionales.
Goldman Sachs lo contrata, nada más irse de Bruselas,
justamente para hacerse con un hombre de talento. Y no es más
que por simple negligencia, como recuerda Le Monde, que Monti
olvida mencionar su función cuando, en 2010, el presidente de la
Comisión Europea, José Manuel Barroso, le confía una misión de
cara a una nueva profundización del mercado único. El
excomisario propone acelerar el proceso, tanto con respecto a
los productos como a los servicios y las finanzas. También
insiste en la necesidad de acentuar la movilidad de los
ciudadanos equiparando la fiscalidad y la protección social. No
indica en qué sentido debería realizarse esta unificación, pero
es fácil adivinarlo: en el sentido que “tranquilice a los
mercados”.
“Lo más grave es que estos hombres no se han distanciado, a
pesar de la crisis, del antiguo modelo. Resulta difícil creer
que son capaces de imaginar un plan B. Seguirán dispensando,
cada uno desde su puesto, una ortodoxia mortífera”, dice Pascal
Canfin.
15/11/2011
Traducción: VIENTO SUR
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