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Benazir Bhutto |
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291207 - La ex primera ministra y líder opositora
paquistaní Benazir Bhutto falleció el jueves 27 de Diciembre del
2007, en un atentado durante una concentración política en la
ciudad de Rawalpindi.
En un breve mensaje televisado a la nación, el
presidente Pervez Musharraf llamó a la calma y declaró tres días de
luto.
Entretanto, en una reunión de urgencia, el Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas condenó "en los términos más firmes el
ataque terrorista suicida perpetrado por extremistas".
281207 - BBC -
Pocos líderes políticos han suscitado tantas
esperanzas en el Tercer Mundo como Benazir Bhutto. Al mismo
tiempo, no hay tantos que hayan causado tantas decepciones.
Porque esta mujer, tan valiente como oportunista, ha propiciado
un número casi infinito de paradojas a lo largo de su
trayectoria.
Su retórica siempre ha sido impecablemente democrática. Pero fue
elegida presidenta vitalicia del partido que fundó su padre y en
el que ella imponía su voluntad. Su imagen era la de una
modernizadora capaz de sacar a Pakistán de una era de
intolerancia y fanatismo. En realidad, sus Gobiernos fueron tan
corruptos como los de sus adversarios.
Sus relaciones con los Gobiernos occidentales eran excelentes.
Pero los talibanes no habrían llegado al poder en Afganistán sin
el apoyo decidido de Pakistán cuando Bhutto dirigía el Gobierno.
Estudió en Harvard y Oxford y algunos de sus amigos eran
intelectuales europeos progresistas. Y aceptó casarse con el
marido elegido por su familia siguiendo una tradición de siglos
en su país.
Como todo político ventajista, tenía tantas caras como las que
necesitara ofrecer a su interlocutor. En cierto modo, Benazir
Bhutto, que ha muerto con 54 años de edad y tres hijos, comenzó
su carrera política antes de nacer. Su padre, Zulfikar Alí
Bhutto, fue el político más poderoso de Pakistán en los años
setenta hasta que en 1977 el general Zia le derrocó, juzgó y
ejecutó en la horca.
Benazir tenía 24 años y sabía que su juventud había concluido.
Al volver a su país, pasó a sufrir arresto domiciliario y
durante once años su destino pareció irrelevante. Otra muerte,
la de Zia en un sospechoso accidente de avión (probable venganza
del KGB por la ayuda de Pakistán a los mu-yahidines afganos),
devolvió a la familia Bhutto al lugar que se les había
arrebatado.
Ha
nacido una estrella
La irrupción en la política paquistaní fue espectacular y fugaz.
Los dirigentes del Partido del Pueblo de Pakistán (PPP) quizá
pensaron que sólo la necesitaban como atractivo mascarón de proa
del movimiento. No podían estar más equivocados.
En primer lugar, Benazir demostró un carácter combativo propio
de alguien que había presidido el prestigioso club de debates de
la universidad de Oxford. Y además, había un hecho
incontrovertible: el partido era propiedad de la familia Bhutto.
A la tierna edad para estos asuntos de 35 años, Benazir llegó al
poder en Pakistán en 1988 y causó una conmoción. Ni siquiera en
Washington o París una mujer había dirigido el Gobierno,
imaginémonos en un país musulmán.
Reforma, modernización, progreso... ésas eran las palabras que
salían de su boca. El mundo entero la veía extasiado. Veinte
meses después, fue destituida de forma fulminante por el
presidente.
En realidad, sus problemas habían comenzado un año antes de
presidir el Gobierno cuando se casó con Asif Alí Zardari.
Primera decepción: no fue el amor, sino la familia quien tomó la
decisión. Aún peor fue la segunda. Zardari se ganó el apodo de
Míster 10% por su voracidad en rentabilizar con un porcentaje su
cercanía al poder.
La corrupción de los Gobiernos de Bhutto se convirtió en una
rémora de la que se aprovecharon sus numerosos enemigos. En su
primer paso por el Gobierno, la líder del PPP no tuvo fuerzas
suficientes como para presentar batalla.
Pero aprendió la lección.En 1993, Pakistán le dio otra
oportunidad y esta vez no había margen para los sueños y las
esperanzas. El poder tiene sus propias leyes y Benazir ahora sí
había tenido tiempo de memorizarlas. Se rodeó de gente que podía
serle de utilidad en sus relaciones con los poderes fácticos, en
especial los uniformados. La cúpula militar continuaba
despreciándola, aunque descubrió que podía hacer negocios con
ella.
Lección aprendida
Bhutto nunca dejó de pactar con el diablo siempre que fuera
conveniente para sus intereses. Con los militares y los
servicios de inteligencia, llegó a acuerdos para financiar y
armar a los talibanes afganos. Eran la mejor carta para poner
fin a la guerra civil de los muyahidines y estabilizar el sur de
Afganistán, y eso convenía a la poderosa mafia del transporte de
Queta.
Una de las ventajas de comenzar tan joven en política es que los
fracasos sólo son reveses temporales. Siempre hay tiempo para
otra resurrección. Bhutto fue otra vez destituida en 1996, y
comenzó un largo periodo de ostracismo, al igual que en la época
de la dictadura de Zia.
Ella sabía que su momento llegaría más tarde o más temprano.
Sólo tenía que esperar. Y lo hizo hasta que hace unos meses se
convirtió en la última esperanza de Pakistán. Las expectativas
ya no eran tan altas como lo fueron hace 20 años. Ya no había
sueños que cumplir. Sólo tenía que garantizar que su país no
saltaría por los aires.
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