A partir de ahora, los colonos que se resistan a salir,
serán sacados por la fuerza. 50.000 son los efectivos alistados para
esta tarea de retiro y/o desalojo por la fuerza. La histórica
franja de Gaza estará ahora bajo
control de la autoridad palestina. La ultraderecha anunció que resistirá
"Un judío no
expulsa a otro judío"
Camisetas color naranja
con esta leyenda, se venden incesantemente entre los israelíes. Cintas
del mismo color se reparten gratis, así como carteles que dicen de
"Nosotros queremos a Israel,
Sharon no".
El naranja
es el símbolo de esta contrarrevolución inspirada en el
movimiento ucraniano que terminó con el régimen de Leonid Kuchma a fines
del 2004. También es el color que distingue al Consejo Yesha, una
coalición formada para impedir la evacuación de los colonos de Gaza
ordenada por el primer ministro
Ariel Sharon en su plan de Hitnatkut (desenganche en hebreo) y que
comienza mañana lunes.
Los casi 3.000 militantes que se infiltraron para resistir la evacuación
en la zona de las colonias de Gush Katif, inundaron del naranja las
calles de estos barrios countries, algunos con casas de un nivel del
Boating de San Isidro. E impusieron sus cantos e indumentaria a los casi
9.000 colonos. El centro comercial de la colonia de Neve Dkalim, la más
grande con 800 residentes, así como el de Morag y Netzer Hazani, ayer se
engalanaron de naranja, desde la vidriera de la pizzería hasta los
globos aeroestáticos que mantienen sobre el cielo y miran hacia el
Mediterráneo, a apenas 500 metros.
La disputa entre el gobierno que desplegó a casi 50.000 soldados y
policías para cumplir la evacuación, y sus colores, se trasladó a
las calles de las grandes ciudades. En Jerusalén y Tel Aviv hay una
verdadera batalla de cintas. Los que apoyan a los colonos, por supuesto,
colocan cintas naranja en las antenas de sus autos. Los otros, los de la
mayoría silenciosa (un 59%) que están de acuerdo con la medida del
gobierno y creen que devolver las tierras a los palestinos es un paso
más hacia la paz, se identifican con el color azul. Pero no engalanan
demasiado sus autos porque el fanatismo de los naranjas, ya dejó a
muchos sin antenas.
Y no son sólo inocentes cintas. Hay muchos que decidieron simbolizar la
disputa de una manera mucho más gráfica. Se tatuaron números en sus
brazos, como hacían los nazis con los judíos europeos durante el
Holocausto. "Es la forma más brutal que encontré de mostrarles a
Sharon y sus soldados que lo que están haciendo es comparable a lo que
hizo Hitler en la Shoa", me dice Shamuel Tal, uno de los colonos y
rabino del asentamiento.
De pronto, aparece Ariel Zilber, un cantante que vive en el asentamiento
de Elei Sinai. Sentado en el techo de una camioneta con altoparlantes
toca una canción mezcla de rock, blues y rap. "Cuantas veces tengo que
decírselos: un judío no puede estar contra otro judío", canta Zilber
recogiendo tímidos aplausos de los chicos en la plaza de la colonia.
Zilber no es su cantante favorito. Estos chicos preguntan por la
banda argentina de Rebelde Way, que acá es un suceso.
Por ahora, el clima de las colonias de Gush Katif es festivo. Por las
ropas y el comportamiento de muchos chicos que vinieron a apoyar a los
colonos parece más una concentración hippie de los años 60 que una
protesta de la derecha. Pero a partir de esta medianoche, las cosas van
a ser mucho más serias. Comienza el virtual toque de queda impuesto por
el ejército israelí. Ya nadie podrá entrar y se impondrán cuatro anillos
de seguridad de policías y soldados. Los del primer anillo, para
desalojar a los colonos "por la razón o por la fuerza" primero con
invitación desde mañana pero de modo irreductible a partir del primer
minuto del miércoles 17. Los otros, para impedir que los manifestantes
antievacuación consigan su objetivo. "El peligro es que alguien saque
un arma y comience a disparar. Ahí, esto se puede salir de cauce porque
los colonos mantienen muchas armas en sus casas", me explica Elie
Darom, antiguo residente y que vive en un kibbutz del lado israelí.
El otro problema son los chicos militantes que no viven en las colonias
y que van a esconderse dentro de las casas, incluso si sus dueños se
van, para impedir que las topadoras las pasen por encima. "Nos vamos a
quedar acá. Tendrán que pagar el precio político de sacarnos entre
cuatro soldados delante de las cámaras de los periodistas de todo el
mundo", asegura Yisrael Keinon, un muchacho de 23 años que vino desde
Haifa. El plan de los militares es el de tocar el timbre e intentar
persuadir a los ocupantes que abandonen la casa. Si no lo logran, van a
aparecer en grupos de a 16 soldados y policías y tomarán a cada
residente entre cuatro para sacarlos a la fuerza. Los pondrán en un
camión que los trasladará al campamento de carpas especialmente
preparado para los que no quisieron aceptar la indemnización del
gobierno (entre 200.000 y 400.000 dólares) ni las casas temporarias que
le están construyendo cerca de la ciudad de Ashdod, no muy lejos de Gaza
y a metros de una magnífica playa, siempre sobre el Mediterráneo. Los
infiltrados que no vivan en las colonias serán encarcelados.
Todo el plan de evacuación le cuesta al gobierno unos 2.000 millones de
dólares, la mayoría para pagar las indemnizaciones, el resto para el
despliegue militar y la destrucción de las casas. Las topadoras dejarán
en escombros las viviendas y las sinagogas para evitar profanaciones. "Fueron
los palestinos quienes nos pidieron derribar las casas para evitar una
lucha interna por ver quien se quedaba con la mejor", dice Arik
Eldail, constructor de las nuevas casas. Ayer se llegó a un acuerdo para
que quedaran en pie los invernaderos y la infraestructura básica de
calles y servicios.
Si la evacuación se lleva a cabo como está prevista por el gobierno, los
palestinos podrán quedarse con los territorios a mediados de setiembre.
La Autoridad Palestina ya anunció que no permitirá que sus ciudadanos
entren en el área hasta que no se haya resuelto el destino de cada
asentamiento. Pero las organizaciones extremistas como
Hamas ya dijeron
que "apenas se vayan los judíos vamos a ir a festejar nuestra victoria".
En Gush Katif por ahora no piensan en nada de eso. Esperan que "algo
extraordinario" suceda. "Va a producirse un milagro. Se lo aseguro",
dice convencido el rabino Shamuel, mientras el cielo se va poniendo
de un naranja azulado
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¿Qué obtiene Palestina?
Cuando ya no
haya más colonos judíos en Gaza los palestinos tendrán sólo un pedazo de
todo lo que reclaman. Gaza no tendrá conexión física con Cisjordania y
tampoco tendrán control sobre el mar que baña las costas Mediterráneo.
El presidente
Abu Mazen tiene ahora la chance de demostrar que un Estado palestino
es posible. Deberá frenar el avance de los grupos extremistas, que
consideran victoria propia el retiro israelí, y controlar las fuerzas de
seguridad. Pero, sobre todo, eliminar el estigma de corrupción que
siempre ha ensombrecido a la Autoridad Palestina y, con ayuda
internacional, sacar de la miseria a cientos de miles de personas |