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240108 -
Me decidí a escribir este artículo ante el cúmulo de información
que llega sobre éste tema desde los medios de difusión[1][1];
cuanto menos se puede calificar la información que se nos
ofrecen de intencionadamente parcial. La génesis del conflicto
es casi siempre olvidada –salvo en el ámbito académico- así como
el desarrollo del mismo, dejando de lado las responsabilidades
que tiene occidente respecto a la situación global.
Diariamente se bombardea en los medios con las consecuencias de
los enfrentamientos, mostrando tal o cual barbaridad producto de
la violencia, pasando por alto de manera cotidiana las causas
coyunturales que han dado lugar a tales situaciones concretas, y
cuando los mass media deciden ofrecer explicaciones lo hacen por
repetición de tópicos (cuestiones religiosas, falta de
tolerancia, violencia arraigada históricamente...); todo ello
bajo un sutil alineamiento del lado hebreo, tarea que se realiza
sin mayores complicaciones por medio de la resta de argumentos a
los palestinos, dejando así un empate técnico encubierto bajo
una falsa neutralidad que sólo beneficia a aquellos a quien
favorece la situación presente.
Cuando pensamos en el conflicto arabo-israelí entendemos que se
trata de un enfrentamiento entre dos comunidades totalmente
diferenciadas –por cuestiones culturales- que comparten el mismo
territorio y que están condenadas a entenderse; en cierto modo
es así. Sin embargo, hay un desconocimiento general de la
problemática que lleva a que los hechos parezcan
incomprensibles, y como la situación parece incomprensible sólo
puede explicarse por sí sola por el radicalismo de ambos bandos,
cuando no de uno sólo, es decir, nadie puede comprender hechos
sobre los que no tiene datos y, como no se ofrecen, al buscar
una explicación muchos la encuentran en el extremismo[2][2]. A
éste extremismo le acompañan otros factores que serían su causa
como el integrismo religioso o la incomprensión hacia el otro.
Llegados a éste punto alguien podría preguntar... ¿y porque de
tal maniqueísmo? ¿Qué intereses hay en ello?. No podría
contestar en toda magnitud pero creo que se pueden esbozar dos
razones fundamentales, en primer lugar la explicación del
conflicto valida para hoy respondería más al juego de diversos
lobbies y sus intereses económicos y políticos –en este orden-
que a un radicalismo cultural o a un integrismo religioso; y en
segundo lugar, escudriñando en la historia se puede ver que el
paternalismo de occidente tiene una deuda para con la zona,
puesto que siente la obligación de calmar su conciencia con la
resolución forzada y a su favor de un conflicto que el mismo
colonialismo creó.
En este artículo se pretende mirar que hay detrás de las
imágenes del televisor, puesto que si estamos en una sociedad
donde se nos garantiza la libre opinión creo que deberíamos
tratar de que fuera eso... libre, y no una copia de aquello que
constantemente se nos viene a decir. Les invito a reflexionar
conmigo, subamos todos el volumen de la tele y vamos a ver de
que hablamos.
La génesis: de imperialismos y panarabismos (...-1919)
Hablamos de un problema antiquísimo cuya génesis se podría
llevar hasta la antigüedad de los tiempos, pero no vamos a ir
tan lejos sino que vamos a capturar la problemática desde la
historia contemporánea, es decir, desde que los europeos
entramos de lleno a influir en el conflicto, cambiando de manera
decisiva el destino de un pueblo, esta vez el Palestino.
Cuando hablamos de oriente próximo lo hacemos de un territorio
que desde el siglo XVI estaba regido por la lógica imperial que
dictaba el imperio otomano. Según R. Mantran los otomanos fueron
buenos administradores y gobernantes tolerantes; permitieron la
existencia de particularismos locales y respetaron la existencia
de tradiciones, religiones y lenguas diversas en sus
territorios. Este hecho habría permitido el desarrollo de
nacionalismos del XVIII, impulsados por las distintas elites
regionales, en pos de posiciones de poder estratégicas en
oposición a la centralización del imperio; de estas fuerzas
centrífugas se servirían las potencias europeas en la denominada
cuestión de oriente (XIX). No obstante, el imaginario político
de los territorios árabes quedan prendados de ciertos rasgos que
tienden a la unidad.
A la debilidad del imperio se suma la expansión europea, que es
fruto de la revolución industrial por la necesidad de materias
primas y de nuevos mercados. Los países desarrollados van a ir
asentando sus emporios en llas diversas rutas comerciales, van a
ir imponiendo tratados por presiones y juegos de alianzas que
abrirán las puertas a su expansión económica y financiera[3][3].
La integración de los países del Oriente próximo en el mercado
mundial capitalista es un hecho, se pasa a entrar en la lógica
del comercio desigual, por medio del denominado imperialismo
informal que se mantendrá hasta 1870 -fecha que nos dan los
historiadores para el fin del imperialismo informal y el
comienzo del colonialismo directo- aunque la vieja formula de
intervención perdura en combinación con la nueva.
La convención comercial de 1838 va a marcar las relaciones de
occidente con el imperio otomano hasta la IGM; este tratado que
confirma los privilegios de los mercaderes europeos en la zona
tendrá consecuencias negativas para la economía otomana, puesto
que sacrificará la artesanía autóctona frente a la competencia
extranjera. El desarrollo de las clases medias que va asociado
al proceso es percibido como negativo por los árabes puesto que
van ser las burguesías embrionarias -encarnadas por las minorías
que albergaba el imperio, es decir, judíos otomanos, griegos y
armenios, coptos en Egipto o cristianos en el Líbano- quienes se
beneficiarán del proceso, y la novedad radica en que van a pedir
protección a los europeos aumentando el peso de éstos en la
zona.
La apertura del canal de Suez y su importancia en las rutas
comerciales unido al creciente interés del petróleo como fuente
de energía hace que oriente próximo empieza a ser deseado como
colonia por las potencias europeas, a la vez que el resto de
territorios árabes por cuestiones de seguridad para los barcos
que completaban las rutas comerciales. Por cuestiones de
geopolítica la unidad del imperio se va a mantener hasta la IGM
con ayuda de las potencias europeas, incluso contribuyendo al
ahogo de movimientos separatistas internos, con la salvedad de
Egipto convertido en colonia británica. En este periodo de
decadencia el imperio debe plantearse el porque de su debilidad
y encuentra la respuesta en su falta de desarrollo desde la
óptica occidental, existe el convencimiento de que en el imperio
no se han producido los avances tecnológicos, políticos y
administrativos que en occidente. Una serie de determinaciones
van a tomarse en este sentido, sobretodo a nivel político,
administrativo y militar, encaminadas a copiar el modelo
europeo; hecho que contribuirá a tapar parches de manera
momentánea pero que debilitará al imperio sobremanera de cara al
exterior y a la larga creará una crisis de identidad interna.
Las Tanzimat o reformas estaban destinadas a la igualdad de los
súbditos del imperio independientemente de sus confesiones o
lenguas. Pero la crisis de 1878 marca el final de las reformas y
con ellas la muerte de la ideología otomanista. Abdul-hamid II,
es consciente de la caída de la fuente que legitimaba la unión y
se encamina a buscar una substitución, que encontrará en el
panislamismo de Al Afghani. Se enfatiza la unión de la umma bajo
la autoridad del califa y contra de los europeos, en recuerdo de
aquellos musulmanes que habitan bajo territorio de éstos. La
llamada a la autoridad del califa, incluso para aquellos que
habitan fuera de las fronteras del imperio, marca el retorno a
una ideología tradicional, centralizadora, que pone en jaque a
las autoridades religiosas de base (cofradías).
Sin embargo, en la década de los 80 ya han cambiado los
mecanismos de intervención europeos; los nacionalismos
emergentes contarán con apoyos exteriores y se acabarán
imponiendo pese a la política de alianzas del sultán con las
autoridades locales más tradicionales, que trata de frenar el
avance de la nueva ideología, moderna, europea y burguesa. El
último síntoma de unión que presenta el imperio será a su vez un
nacionalismo, el turco, que a través de un intento de
panturquización intentará frenar el resto de nacionalismos
emergentes. Tras el fracasado intento de derrocar al sultán, los
jóvenes turcos serán exiliados en 1892[4][4], pero consiguiendo
el apoyo europeo emprenderán su gobierno llevando a cabo una
política de homogenización turca en 1912[5][5].
La unidad árabe se ha mostrado como un equilibrio de fuerzas
políticas, centrifugas y centrípetas, que se han apoyado en la
base de legitimidad que representa la recreación de una
identidad común árabe.
La identidad árabe se apoya sobre tres pilares fundamentales:
Una lengua común, una religión mayoritariamente común, y una
cultura diferenciadora. La recreación y exaltación de estos
valores se inserta dentro del marco del colonialismo, sumado a
diversos factores internos, en oposición al europeo. Del mismo
modo que se produce la unión como contrapartida al peso europeo
en un marco común, también fuerzas centrífugas actúan
deshaciendo los lazos creados cuando el juego de alianzas lo
requiere. Estamos analizando una dinámica interactiva a escala
global.
No obstante no hablamos de un proceso rígido ya que todo el
proceso de reformas y la sucesión de ideológica tiene por otra
parte una dimensión reducida en cuanto al mundo árabe. El
imperio no puede ejercer un control efectivo sobre todos los
territorios que nominalmente le pertenecen por incapacidad
interna y por intervención europea. De esta manera, el norte de
África es ajeno al proceso que arranca en la década de los 30 y
40; así, las reformas únicamente afectan al creciente fértil y a
la zona otomana de la península arábiga, con dos excepciones: La
de Egipto, que si bien es integrante del imperio, en el momento
de iniciarse las reformas controla de manera autónoma territorio
sirio (1831-1840) aplicando las reformas bajo su propio modus
operandi de carácter centralista - más tarde pasará a estar
realmente bajo control inglés; Y la del Líbano donde la
estructura preexistente había superpuesto una jerarquía que
traspasaba las barreras religiosas, y por tanto la reforma con
su ideario otomanista y panislamista en su primera etapa era
difícilmente aplicable.
El rechazo interno a la centralización del imperio configura el
nacionalismo árabe, que nace como movimiento cultural y sólo más
tarde se configura como movimiento político. En su génesis el
movimiento cultural tiene mucho que ver con lo religioso,
siguiendo los pasos de Rachid Ridà que es según Bernabé López el
primero en oponerse a los turcos, pidiendo un califa árabe para
el pueblo árabe. Surgirán sociedades secretas que abogarán por
la descentralización política[6][6].
Los gobiernos occidentales y concretamente el británico, jugaron
una postura de doble moral y se puede decir que a grandes rasgos
ejercieron un freno considerable a la unidad árabe, motivado por
el cálculo aliado destinado a repartirse los territorios árabes
una vez terminada la guerra.
Negociaciones franco-británicas habían ido diseñando un mapa del
reparto futuro de los territorios árabes; acuerdos que habrían
de concretarse el 9 de mayo de 1916 y que pasarían a la historia
como los acuerdos Sykes-Picot por los apellidos de los dos
representantes de ambos países. Dichos acuerdos fueron
mantenidos en secreto hasta que los bolcheviques los hicieron
públicos tras la toma de poder en Rusia, poniendo en peligro la
relación de los árabes con las potencias occidentales, hecho que
los turcos tratarán de aprovechar para proponer un estatuto
autónomo para los árabes pero la firma el 30 de octubre de 1918
entre el imperio otomano y los aliados, cerrará el camino a tal
proyecto.
Tras la victoria de los aliados en la gran guerra el ideario
político que queda establecido merced a las circunstancias
sienta las bases para las independencias jurídicas de estas
nuevas naciones, sin embargo el paternalismo latente legitima la
continuación del intervencionismo sobre estas nuevas patrias en
gestación, esta vez bajo la fórmula de los mandatos[7][7]. Que
consistían en una nueva fórmula de tutela por la que las
naciones se administraban por autoridades autóctonas otorgando a
su nación tutora una serie de privilegios jurídicos, militares,
políticos y económicos.
Pero sin duda un punto esencial del ideario político europeo no
había sido tomado en cuenta para con la zona, el derecho de los
pueblos a escoger su propio mandatario; los intentos de enviar
una comisión de encuesta a la zona fue boicoteado repetidamente
por Francia e Inglaterra, siendo en última instancia EE.UU quien
asuma la tarea con el envío de una comisión que pasa a la
historia con el nombre de King-Crane, la cual elevó al
presidente Wilson unos resultado que revelaban los temores
palestinos hacia las ambiciones de los sionistas ya en la zona,
así como la hostilidad hacia los franceses en la zona del Cham.
Palestina, un conflicto anunciado
Por lo que se refiere a palestina, los acuerdos de 1916 habían
partido la región de Bilad al-Cham donde estaba inserto el
actual territorio de conflicto (israel-palestina) y había
quedado repartida por mandatos entre Francia e Inglaterra, hecho
que motivó la lucha de los nacionalistas pan-sirios.
Palestina estaba integrada por tres sanyaks (Acre, Naplús y
Jerusalén) en los que se asentaba una acomodada clase de
notables, comerciantes y terratenientes. La respetabilidad
social provenía principalmente de la propiedad de la tierra pero
también por una red de clientelismo y reconocimiento religioso,
unido a lazos comerciales con el extranjero, fuese éste el
otomano dominante o sus sucesores británicos. Evidentemente más
del 70% de la población la constituía los campesinos sin tierras
que poblaban unas 850 aldeas y ciudades palestinas.
La población total a principios del siglo XX ascendía a unos
700.000 habitantes, un 80% musulmanes, 10% cristianos y un 8%
judíos (Ma´oz, 1975). Los musulmanes eran gente principalmente
rural mientras que cristianos y judíos vivían principalmente en
las ciudades. Los judíos apenas poseían el 3% de la tierra.
La consigna sionista por un estado judío en Palestina es lo que
iba a cambiar el signo histórico de la zona. Según Nathan
Weistock la concepción de un Estado judío, sobretodo desde la
óptica sionista, es la introducción de un concepto nuevo; se
trata pues de un nacionalismo reflejo. Aunque el judenstaat
(estado de los judíos ) fue concebido por el vienés Theodoro
Hertz e impulsado por el Primer congreso Sionista de Basilea en
1897, había sido anticipado por Moisés Hess en proyecto de
retorno a la tierra prometida que ligaba con la expansión
colonial europea. El modelo que Hertz había desarrollado al
pensar en una Compañía judía (Jewish Company) se basaba en el
cliché de las compañías inglesas coloniales. Como compañía, la
Jewish Company programaría la compra de tierras, la construcción
de inmuebles, conduciría la política de asentamientos e
instauraría todo un programa para la organización de la
inmigración.
Palestina sólo fue una de las varias propuestas para establecer
el Estado hebreo, se pensó también en la posibilidad de
Argentina, pero las mayores posibilidades de inmigración hacia
Oriente Medio y las justificaciones de carácter historicista,
incentivaron la rápida inmigración, nutrida en un principio por
judíos centroeuropeos.
Con la alineación de los turcos del bando alemán palestina va a
convertirse en campo de batalla por su proximidad con Egipto,
donde se establecen bases británicas; a éste hecho seguirá el
malestar británico por la previsible internacionalización del
canal de Suez, hecho que llevará a la declaración Balfour (2 de
noviembre de 1917), documento en el cual el gobierno británico
se mostraba favorable a la creación de un Hogar para el pueblo
hebreo sobre suelo palestino. Vemos pues que antes de sentarse
en las mesas para las conversaciones de paz la partición de
Oriente Próximo era una cuestión decidida.
El problema del gobierno en la zona se solventó a favor de
Faisal, que quedaba como monarca de un territorio impreciso en
el que palestina, por supuesto, quedaba englobada. Faisal terció
a favor de la autonomía de su territorio y trató de anular los
acuerdos secretos con más despropósitos que éxitos efectivos.
Palestina quedaba englobada en un Estado sirio donde sus lugares
santos quedaban al cargo del mandatario y la Liga de las
Naciones. En la conferencia de San Remo, dos años más tarde,
Palestina quedaba desgajada de Siria y entregada a mandato
británico. En 1922 se otorgaba a Palestina una constitución que
la distinguía de los demás territorios desgajados de Siria,
tales como Transjordania, pero debemos tener en cuenta que si
bien Iraq o el Líbano quedaban bajo su propia soberanía por
medio de un imperfecto mandato de autodeterminación, el régimen
impuesto a Palestina se asemejaba más a un colonialismo directo.
En los años posteriores la inmigración judía fue multiplicándose
y a consecuencia de ello el miedo entre la población palestina y
su clase política también se acentúa. En noviembre de 1935 se
presenta un memorándum al alto comisionado Arthur Wauchope,
firmado por todos los partidos políticos palestinos, en el que
se pide el cese de la inmigración masiva, un freno a la venta de
tierras a extranjeros y la creación de un parlamento de
representación proporcional. Los británicos interpretan el gesto
como una actitud conciliadora de manos árabes y se muestran
favorables, pero se encuentran con la negativa de los judíos a
quedar en minoría.
La imposibilidad de hallar una solución política llevará a que
un sector de la población palestina conciba la insurrección
armada como única vía para proteger su propia
supervivencia[8][8].
En 1936 estallan los primeros brotes de protesta que aceleran la
integración de los grupos nacionalistas en el Alto Comité Árabe
y proclamando una huelga general indefinida en pos de las
reivindicaciones expresadas al Alto Comisario. Cuando el
movimiento remite en octubre los británicos aprovechan para
enviar una comisión de información (Comisión Peele) que
dictamina la incompatibilidad de los proyectos sionista y árabe.
Se plantea por primera vez la posibilidad de partición del
territorio, otorgando a ambas partes un gobierno propio. La
comisión Woodhead, en 1938, significa un segundo proyecto de
partición. Se pretendía que sin perder la unión económica
palestina se articulara a través de un proyecto federal
controlado por los británicos; tanto palestinos como hebreos se
negaron.
La prolongación de la insurrección en palestina y el temor que
la situación degenerara en un movimiento antibritánico proclive
a posiciones nazis empujó a los británicos a la redacción en
1939 de un libro blanco en el que se reconocían las razones
árabes. Al iniciarse la IIGM la situación estaba ante un empate
técnico, y la cercanía del conflicto sirvió para crear un estado
de tregua implícita; pero los resultados de la guerra no
tardarían en provocar un cambio de situación, al ver que se
alejaba el conflicto y a luz de los resultados para con los
judíos éstos iniciaron una campaña terrorista, a la que se opuso
la propia agencia temerosa de la opinión internacional, que
hasta el momento les era favorable.
Palestina va a ser el motor de la resurjencia de la idea de
unidad árabe (Laurens, 1991: 47), puesto que en el juego
geopolítico hay la necesidad de buscar una posición en el
tablero para una partida a nivel global; al finalizar la IIGM
las posiciones se redefinen y los países árabes corrían el
riesgo de caer en un tercer colonialismo, y de hecho cayeron. Se
plantearon las posibilidades de dos proyectos panarabistas como
es el caso de la Gran Siria o el proyecto del creciente fértil
(encabezados por los soberanos hachemíes de Transjordania e Iraq),
pero ambos contaban con la oposición de Francia y las
rivalidades Saudíes. A consecuencia de estas ideas unitaristas
nacerá la Liga de Estados árabes en 1945 englobando a Egipto,
Siria, Iraq, Líbano, Transjordania, Arabia Saudí y Yemén,
incorporándose Palestina de manera testimonial a través de un
representante designado por el consejo de la Liga. Hay que decir
que en la práctica la Liga distaba mucho de llevar a cabo
proyectos de unidad hecho que provocó reacciones en pos de esta
unión[9][9].
En esta coyuntura postbélica es cuando empieza a aparecer con
fuerza la influencia norteamericana en el destino de Palestina,
y sobretodo el lobbie judío cuya influencia en la política
estadounidense fue y es cuanto menos notable, hasta el punto de
que en el momento fue decisiva para la elección del presidente
Thruman. La decisión que iba a tomarse con el territorio
palestino dependería del apoyo que recibiera cada uno de los
proyectos, el palestino o el judío; y en este caso es evidente
que el apoyo sionista al proyecto hebreo fue muy superior a la
ayuda prestada por la Liga a los palestinos. Por su parte, la
Sociedad de Naciones(recién disuelta) se lavó las manos y pasó
la patata caliente a Naciones Unidas quien estableció un comité
especial sobre Palestina (UNSCOP) integrado por países neutrales
y alejados de la zona tales como Australia, Canadá o
Checoslovaquia. Se establecieron dos posibles soluciones al
conflicto, la primera aceptada por la mayoría (33 votos a favor)
preveía una partición del territorio donde el 55% del territorio
quedaría en manos judías (las mejores tierras para una población
menor); la segunda opción y minoritaria era principalmente
defendida por países tercermundistas que de manera más lógica
que sus compañeros preveían un estado federal centralizado en
Jerusalén.
Como sabrán se impuso la primera propuesta, aprobada por la ONU
el 29 de Noviembre de 1947[10][10].
Cabría preguntarse si era lógico que países como Nueva Zelanda,
Liberia o Africa del sur, con un desconocimiento evidente sobre
la problemática y con intereses propios en el juego de alianzas
mundial tomaran partido en una decisión que afectaba a una
nación entera. No hace falta ir muy lejos puesto que los
resultados de tal resolución pacificadora ahí están. Con
beneplácito de las instituciones encargadas de salvaguardar paz
y democracia en el mundo la retirada de los ingleses fue
acompañada de la proclamación el 14 de Mayo de 1948 del Estado
de Israel. La guerra vino sola.
A finales de 1949 nos encontramos con un millón de judíos y con
160.000 árabes; esto se debió a que los judíos desplazados de
sus países de origen por la Segunda Guerra Mundial se
concentraban en campos de refugiados franceses e italianos,
fundamentalmente, y rápidamente acudieron a Israel en cuanto fue
proclamada la independencia; los árabes, por su parte,
abandonaron masivamente la zona judía durante las hostilidades,
y cuando éstas hubieron terminado procuraron regresar, aunque
sólo unos 70.000 lo consiguieron. Debemos contar además con unos
360.000 palestinos desplazados de sus hogares. Pero a estas
cifras hay que añadir como mínimo otros 100.000 más, que
habitaban los territorios tomados por Israel durante la lucha,
con lo que el número de refugiados palestinos era ya de medio
millón en 1949.
La ONU aprobó una resolución según la cual los refugiados
palestinos que deseasen volver a sus hogares deberían ser
readmitidos por Israel y quienes prefiriesen permanecer en los
países árabes tendrían que ser indemnizados por el Estado judío.
Tel Aviv se negó.
Las motivaciones inmediatas se deberían precisamente a las
represalias árabes contra las provocaciones Judías: el bloqueo
naval y la lucha por el agua. El bloqueo naval tuvo lugar en los
estrechos de Tirán, impidiendo el acceso de los barcos judíos al
puerto israelí de Eilat, en el Neguev, y prohibiendo el paso de
los buques judíos por el Canal de Suez.
Otro motivo de fricción permanente fue el agua. Gran parte de
los 13.000 kilómetros cuadrados del sur de Israel están formados
por arena, polvo y tierra calcinada. Se trata del desierto del
Neguev que constituye más de la mitad del territorio de Israel.
Las implicaciones judías con las potencias occidentales,
contraria en muchos casos a los posicionamientos árabes, y
sobretodo las continuas trifulcas con los países árabes por
cuestiones económicas favorecieron los posicionamientos árabes
en contra de Israel, convirtiendo a Palestina en la piedra de
toque de la unidad árabe. Se promovieron todo tipo de acciones,
políticas, militares y terroristas. Respondieron siempre los
israelíes con represalias mucho más violentas, con un auténtico
terrorismo de Estado que tuvo su culminación con las operaciones
de Nitzana (octubre de 1955) en las fronteras del Sinaí y del
Golán (11 y 12 de diciembre de 1955)[11][11].
La situación llegó a su momento más grave a partir de la
decisión del gobierno egipcio de construir la presa de Assuán
sobre el río Nilo, con el fin de producir la electricidad
necesaria para el desarrollo del país, aumentar en gran
proporción las tierras fértiles de Egipto y asegurar el riego
permanente de los cultivos. Al no disponer de financiación
propia, Egipto pidió la ayuda financiera del Banco Mundial. Pero
ante los acuerdos firmados entre Egipto y los países comunistas,
EE.UU. y Gran Bretaña hicieron una declaración el 19 de julio de
1956 negándose a conceder la ayuda solicitada[12][12].
La decisión de Nasser tuvo inmediatas y profundas repercusiones
en Egipto -donde logró una inmensa popularidad- y entre los
países árabes, en los que fue visto como el modelo a seguir
contra el colonialismo occidental.
Ante esta situación, Gran Bretaña, Francia e Israel se pusieron
de acuerdo para organizar un ataque contra el Egipto de Nasser.
El 24 de octubre los tres gobiernos celebraron una conferencia
secreta en Sévres donde organizaron el complot militar, que
pretendía plantearse como dos operaciones distintas.
El 6 de noviembre la Asamblea General de O.N.U. aprobó el
proyecto de resolución presentado por EE.UU. y la U.R.S.S.
ordenando el cese del fuego. Ante las distintas presiones, tanto
de los norteamericanos como de los soviéticos, Gran Bretaña y
Francia se vieron obligados a aceptar el cese de las
hostilidades.
La resolución de la ONU 242 obligará a la retirada de Israel de
los territorios ocupados, frenando la implicación en la cuestión
palestina que podían acentuar los países vecinos por estar,
ellos mismos, implicados en cuestiones territoriales. Pero para
Palestina , esta resolución fue a todas luces insuficiente
puesto que centraba la cuestión sólo en el ámbito de los
refugiados y dejaba una vez más la cuestión de su
autodeterminación por resolver. Las guerrillas entre tanto han
tenido tiempo para su reformulación tras las sucesivas derrotas,
y la denominada guerra de los seis días de 1967 es prolongada
por un seguido de acciones guerrilleras de acción heterogénea
pero con cierta coordinación de movimientos. Asimismo nacerá el
Frente Popular de Liberación Palestina, producto de la fusión de
tres federaciones.
La derrota que seguirá a este nuevo enfrentamiento, revela las
posibilidades reales de vencer a un Estado fuerte, altamente
militarizado, con un servicio de información y espionaje
sensacional, desde una óptica de milicia guerrillera; asimismo
la unidad árabe parte con numerosos problemas que radican en la
disparidad de las fuerzas internas de cada Estado árabe. Las
fronteras marcan carácter y cada nación ha ido encontrando su
propio lugar, de desprestigio, en el concierto internacional,
dentro de una lógica de compradores y vendedores, aliados y
contraliados a escala global. La derrota de 1967 significó un
giro de 180 grados en cuanto a la postura de la OLP, si bien
antes habían jugado la carta de la solidaridad con palestina,
por lo menos de puertas afuera, ahora cada nación trataba de
desentenderse de un conflicto incomodo que ofrecía pocas
posibilidades de victoria.
La estrategia palestina a partir de entonces a consistido en
evitar la invisibilización del conflicto a través de la acción
armada, constantes atentados terroristas, intifadas, además de
acciones políticas y un sinfín de publicaciones de mantienen la
atención sobre el conflicto, que claman contra los abusos del
poder establecido, el Estado israelí que a través del monopolio
de la violencia y las instituciones amplia con los años la
política de expolio sobre la población palestina. Pero el
pescado parece estar ya vendido.
Sin apoyo internacional Palestina continuará siendo objeto de un
expolio sistemático, sin un cambio de rumbo en la opinión
pública que pueda influir en la política internacional la paz
tan sólo llegará por la desaparición como grupo de uno de los
dos bandos. Palestina es un conflicto de carácter multinacional
que se ha recreado a través de diferentes procesos identitarios.
Cuando Sadam Hussein invadió Kuwait, lo hizo para pasar factura
a los príncipes del país por su protección contra Irán, a través
de diez años de guerra que habían dejado al país en la miseria;
la intervención estadounidense se basó en efectos petrolíferos
pero la calificación de Sadam de imperialista se debe a que en
esa lucha planteó la cuestión del panarabismo, insisto, las
intenciones del dictador, buenas o malas, no eran imperialistas.
Hoy la coyuntura está empezando a virar, delante de la
globalización muchas naciones sufren las consecuencias de un
sistema neoliberal a escala mundial; ha dejado de hablarse de
panarabismo para volver a hablar de panislamismo, y da la
casualidad de que todas las naciones de población musulmana,
desde Marruecos hasta Indonesia pertenecen al sur del sistema,
lo que antes se conocía como tercer mundo antes de la
desaparición del bloque soviético (o segundo mundo). Las
muestras de solidaridad que recibe el pueblo palestino a través
de acciones en estos países tiene el aglutinante del Islam como
bandera, y no debe extrañarnos que estas manifestaciones no
coincidan con las posturas oficiales de sus Estados puesto como
saben las naciones son un constructo, y un invento moldeable de
aquellos que están arriba.
Bibliografía
· · Amín, Samir. La nación árabe. Nacionalismo y lucha de
clases. 1976.
· · Djait, Hichem. La personalidad y el devenir arabo-islámicos.
Mapfre, 1996.
· · Laroui, Abdallah. El Islam árabe y sus problemas. Península,
1984.
· · Lewis, Bernard. El oriente próximo, 2000 años de historia.
Crítica, 1996
· · López García Bernabé. El mundo arabo-islámico contemporáneo.
Una historia política. Síntesis, 1997.
· · Martínez Carreras, José U. El mundo árabe e Israel. Istmo,
1991.
· · Martínez Montávez, Pedro. Pensando en la historia de los
árabes. CantArabia, 1994.
__________________
[1][1] Utilizo el término difusión puesto que me parece evidente
que los mass media tienen finalidad puesto que en ínfimos casos
se ha planteado la posibilidad de comunicación, es decir de
interacción entre el informante y el informado. El uso de la
etimología para derivar comunicación del sustantivo comunicado
me parece una demagogia fuera de lugar.
[2][2] Tampoco es casual que la gente use el concepto extremismo
para explicarse situaciones de violencia aparentemente
incomprensibles, puesto que se ha buscado repetidas veces esta
explicación, para simplificar y no ir más allá, para fenómenos
violentos en los países occidentales.
[3][3] Véase como ejemplo el tratado con Turquía en 1827,
responde a la necesidad del corazón del imperio de seguir
ostentando su hegemonía, sin embargo los valores europeos que se
exportan responden al modelo nacionalista burgués que remite a
la idea ilustrada de autodeterminación de los pueblos.
[4][4] Los jóvenes turcos es como se denominó al grupo político
que encabezó la tendencia nacionalista en Turquía, exiliados en
París en un primer momento recibieron amplio apoyo internacional
por su ideario liberal y nacionalista. Regresaron a su patria
para encabezar el gobierno con la caida del sultan.
[5][5] El gobierno de los jóvenes turcos constituyó “el sueño
otomanista de una asociación libre, igualitaria y pacífica de
unidos por una fidelidad común a un soberano hereditario, de un
imperio multinacional y pluriconfesional” (Lewis, 1988; 193)
[6][6] Sociedades secretas como la Qahtaniya (1909), Al-fatat
(1911) o Al-Ahd (1914).
[7][7] El pacto de la Sociedad de Naciones, firmado el 28 de
Junio de 1919, distingue entre pueblos no capacitados para
dirigirse aun por sí mismos y naciones más avanzadas. Asimismo
la Conferencia interaliada de San Remos del 24 de Abril de 1920,
confirma la política de mandatos reestructurando las particiones
hechas en los acuerdos de 1916.
[8][8] Se puede hallar un precedente a la lucha armada en el
movimiento clandestino de Azzedin al-Qassem, que desde 1932
llevaba a cabo una lucha violenta en el norte del territorio una
lucha violenta en nombre de la cofradía de los jeques
insurrectos.
[9][9] Cabe destacar la creación de l Partido del Renacimiento
Árabe Ba´az o la tentativa por una República Árabe Unida.
[10][10] Resolución 181 de la ONU a la que siguió una huelga
general árabe para expresar el rechazo, seguido de la intención
de armar un ejército de liberación nacional, integrado por
voluntarios reunidos en Siria, contingentes de “los hermanos
musulmanes “ en Egipto y la legión jordana.
[11][11]Consolidación de Israel. La guerra del Canal de Suez,
Historia 16 nº 77. SOLAR, D. Madrid, 1985.
[12][12] El Mundo Árabe e Israel. MARTINEZ CARRERAS, J. U.
Madrid, 1991.
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