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Entre las recetas de las clases dominantes y la convergencia progresista

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070410 - Luismi Uharte - Han pasado casi 2 años desde aquel 20 de abril de 2008, cuando una coalición sumamente heterogénea liderada por el ex obispo Fernando Lugo, vencía en las elecciones presidenciales y lograba desplazar del poder ejecutivo al Partido Colorado, que durante 60 años había dirigido ininterrumpidamente los destinos del país.

El
Paraguay que había desaparecido simbólicamente del mapa de América del Sur, en gran medida producto de la dura y prolongada dictadura del general Stroessner, reivindicaba un lugar en el imaginario colectivo latinoamericano y mundial. La trágica caracterización del país como “una provincia argentina dentro de Brasil” pretendía ser superada.

Tras más de año y medio de gobierno efectivo –desde agosto de 2008-, la realidad no ha cambiado tanto como muchos deseaban, en parte por la combinación de temor y tibieza gubernamental, y sobre todo por la situación de bloqueo de facto que han impuesto las clases dominantes y sus medios de comunicación.

Secuestro de Fidel Zavala. En los últimos meses, el tema central del debate político fue impuesto por los grandes medios: el secuestro del ganadero Fidel Zavala por parte del EPP (Ejército del Pueblo Paraguayo). El ultraconservador rotativo ABC Color, dirigió la campaña mediática para convertir este suceso en asunto de interés nacional, eclipsando otra serie de informaciones de indudable relevancia como el papel proto-golpista del Parlamento, la histórica renegociación con
Brasil del Tratado de Itaipú, etc.

Las clases dominantes criollas aplicaron con notable precisión los métodos tradicionales de alienación mediática y solidaridad interclasista inducida que en otras latitudes se han utilizado con bastante éxito. El “lazo blanco” como símbolo de solidaridad con el secuestrado, se convirtió en la herramienta política fundamental para construir una conciencia colectiva donde todos los problemas de país se reducían al secuestro de un acaudalado ganadero, mientras una masa interclasista manifestaba su condena ante este suceso. Incluso algunos sectores de la misma izquierda, terminaron repitiendo el discurso hegemónico elaborado por los medios oligárquicos. Paradójicamente, a ninguno de estos medios se le ocurrió plantear una campaña similar por los centenares de paraguayos que en pleno siglo XXI siguen sufriendo otra forma de “secuestro”, trabajando literalmente en régimen de esclavitud en el extenso occidente del país (el Chaco).

Asesoría contrainsurgente colombiana. La insistencia de los mass media en vincular al EPP con las FARC y paralelamente el intento de identificar a ciertos miembros de la izquierda del gobierno como próximos a grupos extremistas, además de acusar al ejecutivo de inoperante e incompetente, facilitó un contexto para la intensificación de recetas represivas.

El ministro del Interior, Rafael Filizzola, identificado como uno de los hombres “preferidos” por la Embajada USA y ubicado en los sectores socialdemócratas más a la derecha, no tuvo excesivos reparos en incrementar la presencia policial en zonas campesinas. La consecuencia, obviamente, fue el aumento del control y la criminalización del movimiento campesino más combativo. Pero la decisión más controvertida, que trasciende al ministro del Interior y que salpica al propio Presidente Lugo es la aceptación de la cooperación colombiana en materia de secuestro y de contrainsurgencia. El riesgo de un apoyo de este carácter es muy alto, teniendo en cuenta que el Estado colombiano es líder en el continente en materia de violación de derechos humanos (paramilitarismo, fosas comunes, parapolítica...

Rifirrafe con la embajada USA. En medio de este clima contrainsurgente creado artificialmente, el ministro de Defensa, Luis Bareiro, se salió por la tangente, enviando una carta a la embajadora de Estados Unidos, Liliana Ayalde, advirtiéndole sobre lo poco conveniente de sus reuniones con sectores de la oposición (civil y militar). Tras el reciente y exitoso golpe en Honduras y la habitual dinámica conspiradora del actual vicepresidente con sectores poco afectos a la democracia, no resulta extraña la preocupación del ministro. Preocupación que también ha manifestado por la que considera poco acertada decisión de recibir cooperación “antiterrorista” colombiana.

Estas posiciones de Bareiro que podrían interpretarse como de inspiración anti-imperialista, han vuelto a alterar el pulso de los medios oligárquicos, que además de lanzar duras diatribas contra el ministro, han rescatado por enésima vez el absurdo y cansino leit motiv del “gobierno subordinado a Hugo Chávez y al bloque bolivariano”.

Convergencia progresista. En este contexto de hegemonía del discurso mediático más conservador, a lo largo de los últimos meses se ha puesto en marcha un proceso de encuentro, diálogo y convergencia entre diversos sectores de la izquierda y la socialdemocracia más consecuente. El surgimiento del denominado “Espacio Unitario-Congreso Popular”, conformado por los partidos de izquierda más influyentes (P-MAS, Partido Comunista, Convergencia Socialista y Tekojoja) y por varias de las organizaciones más importantes del movimiento campesino y popular, ha supuesto un gran avance en la histórica trayectoria fragmentada de la izquierda paraguaya.

El acercamiento al Espacio Unitario del sector socialdemócrata más progresista, liderado por el ex intendente de Asunción Carlos Filizzola, ha dotado de mayor atractivo y potencialidad a este proyecto de convergencia, sobre todo por la cercanía de las elecciones municipales de noviembre de este año, que indudablemente, son concebidas por todos como el primer gran plebiscito del gobierno y del propio
Fernando Lugo.

A su vez, el influyente ministro de Presidencia Miguel Ángel López Perito, ubicado también en el amplio espectro ideológico progresista, acaba de impulsar un nuevo proyecto político denominado “Movimiento 20 de Abril”, que no se define expresamente de izquierda, pero que pretende capitalizar la esperanza del cambio.

De cualquier manera, la clave de nuevo estará en el apoyo simbólico de Lugo, que continúa siendo la figura carismática clave para catalizar a la “multitud”.

 


 

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