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270711 - Carlos Noriega - Página 12 - Si su victoria electoral desató los temores del empresariado y la derecha y despertó el entusiasmo de la izquierda y de los gremios, en el día de su jura los primeros tienen bastante menos miedo y los otros no tanto entusiasmo.

 

El ex comandante nacionalista Ollanta Humala, de 49 años, se convertirá hoy en el presidente 79º del Perú y en el primero en llegar al poder luego de ganar las elecciones al frente de una coalición que incluye a la izquierda. Son quince los jefes de Estado, incluida Cristina Kirchner, que han confirmado su asistencia a la jura de Humala, un record histórico en el país en este tipo de ceremonias. Estarán todos los presidentes de Sudamérica, con la excepción del venezolano Hugo Chávez, ausente por razones de salud. Hay una gran expectativa por el mensaje de toma de mando de Humala y el rumbo que tendrá su gobierno. Si su victoria electoral desató los temores del empresariado y la derecha, por sus propuestas de cambio del modelo económico neoliberal, y despertó el entusiasmo de la izquierda y de los gremios sindicales y sociales, en el día de su jura los primeros tienen bastante menos miedo y los otros no tanto entusiasmo. En el camino entre la campaña electoral y su asunción de hoy, las ofertas de cambio de Humala se han ido suavizando, cediendo terreno a las evidencias de un acercamiento a la derecha económica, que se refleja en la formación de su gabinete ministerial, en el cual el empresariado y la tecnocracia neoliberal tienen un peso central.

Humala recibirá un país con un alto nivel de crecimiento económico, que en el año 2010 fue de 8,9 por ciento de Producto Bruto Interno (PBI), pero con un serio déficit en la redistribución de ingresos, una alta desigualdad, más del 30 por ciento de la población en la pobreza y una creciente conflictividad social. En el último mes, los conflictos sociales dejaron nueve muertos. Precisamente, el nuevo presidente ganó las elecciones con un mensaje de cambio que captó el amplio respaldo de los sectores pobres y del interior del país, especialmente de las abandonadas zonas andinas, que ahora asisten expectantes al inicio del primer gobierno progresista elegido democráticamente en la historia del país.

Pero los primeros movimientos de Humala como presidente electo han estado dirigidos a tranquilizar al establishment económico y a los sectores medios y altos que no votaron por él, antes que a reforzar su relación con la base social que lo llevó al poder. La designación para el manejo de la economía de un equipo alineado con la ortodoxia liberal y que es heredado del gobierno del saliente presidente
Alan García, muy criticado por Humala, es una apuesta por la continuidad del actual modelo económico, ese modelo que en campaña el nuevo presidente prometió cambiar.

Sin embargo, Humala ha asegurado que la redistribución de ingresos y la inclusión social siguen siendo su prioridad y serán la de su gobierno. Evitar una fuga de inversiones tranquilizando a los mercados asegurándoles la continuidad de los aspectos fundamentales del actual modelo económico, pero a la vez aumentar significativamente la inversión en programas sociales dirigidos a los pobres para que éstos también sientan los beneficios del crecimiento económico parece ser la apuesta por la que se ha inclinado Humala. Y ése sería el eje de su mensaje de hoy.

De este primer mensaje de Humala se espera, entre otras cosas, que ratifique su oferta electoral de aumentar el sueldo mínimo de 600 soles (220 dólares) a 750 soles (270 dólares), aumento criticado por los tecnócratas que el nuevo presidente ha decidido poner al frente de su equipo económico; la creación de un impuesto a las ganancias extraordinarias de las empresas mineras; la puesta en marcha de importantes programas sociales, especialmente para los jubilados y los niños; el incremento del presupuesto para sectores como educación y salud y la renegociación de los contratos de exportación de gas para priorizar el mercado interno. Cumplir estas ofertas es lo mínimo que debe hacer Humala para mantener el respaldo de los sectores progresistas y la base social que le hizo ganar las elecciones. También se esperan anuncios en la lucha contra la corrupción, una marca del gobierno de Alan García que se va.

“Si por inclusión social se entiende aumentar los recursos para los programas sociales de atención a la pobreza, en el gobierno de Humala podrá haber más inclusión en la medida en que sea exitosa la negociación con los mineros para que paguen más impuestos y así existan recursos para los programas sociales. Pero esa negociación estará cargo de un equipo económico que nunca ha manifestado su respaldo al aumento de los impuestos a las mineras, por lo que me parece que ésa será una negociación débil por parte del gobierno. Seguramente se obtendrá una mayor renta de parte de la minería, pero no todo lo que podría obtener”, le señaló a Página/12 el historiador y antropólogo Carlos Monge, investigador del Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo (Desco). Monge agrega: “Pero si el tema de la inclusión social se ve no con una mirada exclusiva de programas sociales, sino con una mirada sistémica, de modelo, en donde de lo que se trata es de recuperar el mercado interno para que la micro y mediana producción urbana y rural sean rentables y la gente tenga salarios dignos, de eso no veo nada. Hay una profunda contradicción entre continuar con el actual modelo de desarrollo y hablar de una inclusión social significativa”.

El investigador de Desco advierte que Humala iniciará su gobierno debilitado al haber nombrado un gabinete que apunta a mantener el modelo neoliberal. “Eso debilita su base social y los otros (la derecha y los empresarios) no le creen y en el fondo lo odian.”

En el tema internacional no se aguardan sorpresas: Humala ha adelantado que su prioridad será apoyar el fortalecimiento de
Unasur y la Comunidad Andina. Esta tarde, luego de jurar como presidente, se estrenará en el cargo como anfitrión de una cumbre presidencial de Unasur.


 

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