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180805 - Ya pidió, no podía ser de otro modo,
Pedro Pablo Kuczynski, el
ciudadano norteamericano que es jefe del gabinete de ministros del
Perú, que en nuestro país se instale una dinámica similar al Plan
Colombia. Algo así como bases militares, ejercicios conjuntos (hasta
con rancho pagado), helicópteros, tanques, rifles, lo que fuera, y a
cambio, las reservas de agua, de gas, hidrocarburos, biodiversidad,
etc. ¿Es posible negar el descarado pro-yanquismo de PPK?
El oncenio leguiísta enfeudó de alguna
manera significativa el Perú al
decurso estadounidense entre 1919-1930. Cuando se produjo el resfrío de la
quiebra de la bolsa en los años 30, aquí estalló una pulmonía que también
remeció al resto del continente. Se probó, hasta al hartazgo, que esa
dependencia era nociva, falsamente beneficiosa al país y las consecuencias
no pudieron ser peores. Pero aquí no aprendemos nada.
Nunca, en los últimos 80 años, ha existido un gobierno tan pusilánime
y tan claudicante, como el actual, con respecto a Estados Unidos. ¡Es más,
aquí los cipayos de todo pelaje, desde los momios conservadores hasta la
izquierda caviar y rufiana, se inscriben en el plan norteamericano a
través de empleos muy bien remunerados y como embajadores de sus proyectos
exaccionadores de la economía nacional!
¡Es impresionante, por descarado y antipatriota, cómo se expiden estos
sinvergüenzas que dicen luchar por los derechos humanos o por el
desarrollo económico del Perú, pero a condición de entregar a través de
contratos, licitaciones o privatizaciones hechizas el escaso
patrimonio que aún le queda al país!
PPK, a quien ha convertido en peruano el director de un diario de
intereses reaccionarios (en su primera edición promocionaron la
candidatura presidencial del sirviente de San Dionisio Romero
Seminario, Arturo Woodman), no es más que un chabacano de sonrisa
boba, simplismo muy bien estudiado, pero cínico regalador de lo que no es
suyo. Bien advirtieron algunos: ¡este gabinete es más de lo mismo!
Cuando una de las principales figuras políticas de un régimen anhela
–y confiesa públicamente- que en Perú se actúe al modo que el gobierno de
Uribe en Colombia, revela su intenso anti-peruanismo y su profunda calaña
fenicia. ¿Cómo puede entenderse que alguien nos proponga que a cambio de
muchísimos dólares, comprometamos los recursos naturales, la dignidad
jurídica y el futuro económico de un país a la potencia que actúa
comprando todo a su paso? ¿O es que PPK no sabe que eso es lo que
significan los 6 mil millones de dólares hasta hoy invertidos por EEUU en
Colombia? Ha poco, tuvo que ir a Crawford, Uribe, para dar muestras de
buen comportamiento adulón a Bush y procurar que le permitan la
reelección. ¡Qué falta de pantalones!
La partidocracia peruana está en crisis porque no sabe comportarse a
la altura del momento. En lugar de pelear un horizonte, se desvive
sólo para conservar las sinecuras y las pitanzas que dan las curules y
las rentas fáciles de un Estado que se desnacionaliza día a día. Hasta
hoy no se entiende qué pretendía Alan García cuasi rogando que PPK
estuviera en su fórmula presidencial. ¿Creerá este señor que la
globalización incluye a los quinta columnas en sus propuestas
electorales? ¡Craso error oportunista!
No extrañe que en cualquier momento los traidores aplaudan la adhesión del
Perú a la Convención del Mar porque Estados Unidos estaría considerando
unirse a este convenio internacional. ¡En Perú no interesa la
Constitución, sino los dólares que pagan a todos los
turiferarios nativos de causas proditoras! ¿Extraño? ¡No, natural!
Recuérdese que hasta la Cancillería lleva el nombre de un sucio
traidor como fue Torre Tagle. Pero, el silencio preside la agonía de
un país que merece, sin duda alguna, mejor suerte que la que tiene!
¡Ahora le toca al pueblo!
¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!
¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!
¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
Herbert Mujica Rojas
es investigador peruano
hmujica@suisse.com |
Oncenio de
Leguía
Augusto B Leguía y Salcedo fue,
primero presidente electo y luego dictador de Perú. Este último período,
de once años de gobierno (1919-1930), hasta que fue derrocado, se conoce
como "Oncenio de Leguía" |