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Perú: ¿Nuevo Estado libre asociado?
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121207 - En pocas horas más, en una de las puestas de hinojos más abyectas que registre la historia mundial, el mandatario Alan García Pérez estará en la Casa Blanca firmando el Tratado de Libre Comercio con Gringolandia. Para ese país es un simple acuerdo. Y lo hará ante uno de los idiotas y débiles mentales más talentosos que haya presidido al poderoso vecino del norte, Mr. George Bush. Perú: ¿nuevo Estado libre asociado?

Aquí será un tratado internacional. Para Estados Unidos es apenas un acuerdo sobre el cual ejerce veto, condiciones y capacidad de irrespeto si sus empresas o las que estén bajo su bandera, así lo determinen. Y si hay contencioso jurídico, según el TLC, serán tribunales digitados por transnacionales, las que otorguen el veredicto cuyo pronóstico, desde ya, no es ningún secreto.

Como aquí el presidente del Congreso notifica al país, con enorme sentimiento cívico, que su institución no tomará vacaciones (hasta hoy pensábamos que no existía), y como los legiferantes no se dan por enterados; mucho menos la rabanería caviar pro-yanqui y chilenófila tan ocupada del pretexto Fujimori (lo condenan y se acaba el timo pesca-dóláres) o las ONGs o asociaciones de cualquier tipo; tanto como los paquidérmicos partidos políticos, o la Cancillería cuya proverbial ineficiencia y pusilanimidad es de antología, en la cara pelada de todos aquellos, el embajador de Chile, Cristian Barros y a través de la agencia oficial Andina (¿habrá olvidado que lo es?), se despachó ayer un panegírico sobre la bendición que ha sido para su país el TLC con EEUU.

El propagandista Barros hizo una jugada de carambola: al salmodiar el TLC de Chile con Gringolandia, subliminalmente, empujó a la borreguil y acrítica opinión pública peruana para que "comprenda" que el TLC con Chile tiene iguales, mejores y milagrosas virtudes y que por tanto, urge su aprobación,
lo antes posible. Si hay que estar a tono con la globalización
y su magia multiplicadora de peces y panes, pues, hay
que rubricar cuanto venga en forma de TLC. Y mientras que aquí hay 5
mil millones de dólares provenientes de empresas sureñas, en Chile
existen unos cuantos restaurantes peruanos. Por lo menos, esta
desigualdad es incontestable.

¿Hay necesidad que frente a cada tratado, convenio, sociedad
estratégica que haga Perú con Gringolandia, viaje el mandatario
García? ¿o cualquiera que ocupe episódicamente el solio presidencial?
Hasta donde tengo conocimiento, el asunto es insólito, original,
virginal. El cipayismo acaba de dar su vagido y, por supuesto, en
forma vergonzosa e imborrable. Felizmente, don Armando Villanueva del
Campo dijo, sin que nadie le contradijese, que éste no es un gobierno
aprista. Es la administración del señor Alan García Pérez y su corte
de adláteres. De modo que habrá que fijarlos en la memoria para
recordar los abisales momentos de abyección que están por escenificar
en la capital del imperio.

Los actores de esta tragicomedia, presentes o pasados, directos o
indirectos, son muchos y es menester tener en cuenta sus nombres y
apellidos. Los negociadores peruanos sólo dijeron Sí a grito anuente.
No pelearon, hicieron cosmética, navegaron por la epidermis y todo en
nombre de un supuesto desarrollo económico superlativo y grotescamente
exagerado vía propaganda por radio, televisión y periódicos. Cuando
estallen las protestas de todos los cientos de miles que tendrán que
echar sus cosechas a la basura porque en el mercado nacional se
venderán productos más baratos, gracias al TLC, veremos qué ocurre. No
hay que ser muy zahorí para darse cuenta que los vientos de fronda en
un país cuya temperatura sobrepasó la ebullición rabiosa, hace rato,
será temible y disolvente. Y hay responsables a los que llevar a los
paredones.

Colombia, y así lo confesó con su felicitación Uribe en su paso por
Lima, ya dejó de ser la pieza estratégica de Estados Unidos en
Latinoamérica. El parte oficial de la Casa Blanca dice que Perú "es su
aliado incondicional" y cuando el río suena es porque piedras trae.
What else gentlemen?

Mientras tanto, amigo lector, ajuste el cinturón, y tome nota de cómo
el viernes en la Casa Blanca un presidente peruano habrá puesto la
piedra fundamental del nuevo Estado libre asociado de Gringolandia. ¡Y
el silencio de los corderos es abominable a lo largo y ancho de toda
la república!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

 

 

 

 

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