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Entre la vida y la muerte
Jorge Paredes Romero
arielperu@hotmail.com

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210707 - Desde Perú - Codalco -

Creo sinceramente que lo descrito aquí sucede en Perú y en cualquier otra parte del mundo, quizá en distinto grado de crudeza, pero sucede. Las naciones están clasificadas como desarrolladas, emergentes y subdesarrolladas, otros simplemente las clasifican como naciones ricas y pobres, aunque esto último es discutible, ya que existen naciones ricas, pero empobrecidas, tal es el caso de Perú, un país que tiene enormes riquezas y potenciales que son explotados gracias a la inversión de capitales extranjeros protegidos, utilizando la mano de obra barata de un país a propósito hambreado y dependiente, para de esa manera usar de su potencial humano y utilizarlo en la explotación de sus riquezas previamente exploradas, mediante la más fina tecnología puesta al servicio de los poderosos.

 

Pero ¿por qué el título de este escrito dice “entre la vida y la muerte”?, sencillamente porque quienes tienen el poder decisorio de mucho de lo que sucede en el país son los políticos, que de alguna manera acceden a las esferas del poder y desde allí pueden decidir la vida y la muerte de millones de personas, muchas de las cuales votaron por sus mismos verdugos.

 

No exagero al decir esto y es sencillo explicarlo. Un país se desenvuelve a razón de los mecanismos legales que supuestamente deben proveer seguridad, salud, derecho a la educación y la justicia, acceso  a un trabajo equitativamente remunerado, utilidades compartidas por el trabajador, la comunidad y el empresario, pero por sobre todo el respeto a la vida, la ecología y la herencia a nuestros hijos. Un país donde el decoro y la dignidad sea patrimonio de todos sin distinción, desde la persona mas humilde al encumbrado potentado o industrial; donde el cumplimiento de las leyes sea exigido a todos por igual, sin privilegios; donde la equidad sea una luz que brille en todos los sectores sociales.

 

Para que esto sea posible necesitamos una clase política honesta, responsable y madura, que tenga la decencia de prever las consecuencias de un desatino en su proceder y el ejercicio de su poder. El político debe ser conciente que su proceder, por ejemplo en el acto de votación en el hemiciclo, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte de muchas personas, que un acto deliberado al redactar y firmar un documento puede ser la sentencia de muerte lenta para muchas personas que resulten perjudicadas con los efectos de ese dispositivo legal; pero hay quienes todavía piensan que el costo social involucra la muerte y padecimiento de algunos para el progreso de otros, o que subsiste el principio maquiavélico“ el fin justifica los medios”. Lo cierto es que la presencia de muchos políticos elegidos por voto popular y en cargos de responsabilidad, resulta un gran peligro para nuestra población, de allí que me animé a escribir el presente artículo.

 

Por ejemplo, quienes tienen oportunidad de conocer a la Sra. Susy Díaz quizá se asombren que ella haya sido hace muchos años elegida congresista de Perú y lo mismo podría decirse de otros personajes como Víctor Valdez quien se ufanaba de tener una biblioteca que bordeaba el millón de dólares, hoy tenemos a congresistas que han sido disciplinados por sus colegas por diversas faltas y delitos. Del mismo modo tenemos en los medios periodísticos, información suficiente para afirmar lo sucedido durante el aciago decenio 1990 – 2000, en que una larga lista de personajes que dispusieron, dilapidaron y se apropiaron de ingentes sumas de dinero del erario nacional, pero también si se hiciera una revisión a todos los documentos del la Contraloría  General de la República, entonces conoceríamos sobre miles de funcionarios públicos que han sido denunciados por una serie de delitos en el ejercicio de la función pública, sea como alcaldes, congresistas, ministros y otros cargos públicos.

 

De todo ello podemos concluir que el pésimo desempeño de muchos políticos da resultados funestos para el desarrollo de una nación, pero quizá Uds. se pregunten: ¿acaso no son Uds. los ciudadanos quienes los eligen? Si, es verdad, nosotros los elegimos, pero no todos los electores son gente capaz de discernir, ya que no disponen de información o acceso a ella, para en base a su análisis poder decidir en las urnas electorales, de allí que se dejan llevar por las emociones producidas al escuchar discursos cargados de emotividad y palabras fabricadas, que tienen efecto contundente, sembrando expectativas que muchas veces son las que justamente esas masas desean escuchar.

 

¿Pero quiénes están detrás de estos políticos, vendedores de ilusiones? Pues quienes sostienen esas campañas  o montajes publicitarios son empresarios o personas de poder adquisitivo, que invierten sumas de dinero en campañas electorales tendientes a que sus candidatos arriben a los cargos, desde los cuales les sean útiles para sus fines, muchas  veces nada honestos. Apoderarse de fuentes de riquezas, obtener buena pro para sus empresas de construcción, mineras, agrícolas, de exportación o importación, o simplemente para adquirir poder local o regional.

 

Ahora bien, estos señores políticos acceden a cargos desde los cuales muchas veces deciden los destinos de pueblos, regiones, con la dación de leyes u omisión o postergación de las mismas, con el manejo descuidado en el articulado de esos dispositivos legales, lo cual muchas veces crea un vacío legal, que nunca es corregido o fue ex profesamente creado así para los fines convenientes. Se dice que Perú es un país con una enorme producción legislativa, sin embargo el inmenso caudal poblacional vive en el desamparo legal, lo cual resulta contradictorio. ¿Cómo es posible que un país con tantas leyes, pueda carecer de la jurisprudencia suficiente para vivir en seguridad y justicia?

 

Esto no es de estos años, este fenómeno social data de siglos, se ha venido sucediendo por siglos y es una herencia de la conquista, de cuando llegaron al imperio personas indoctas, escasas de valores y principios, con la etiqueta de una religión que hoy es símbolo de inmoralidad, que no obstante ser la mayoría en el continente es sin embargo la mas cuestionada por sus propios seguidores, ese tema es de largo discurso.

 

La gente que vino en las famosas carabelas fueron gente de presidio, aventureros y con líderes analfabetos que solo perseguían el oro y en todo caso resultado de una aventura necesaria para conseguir la salvación de una Europa que se moría de hambre, producto de pestes, guerras y cruzadas. Los europeos del siglo XV se lanzaron a todos los confines, en búsqueda de nuevas fuentes de sustento, sus tierras estaban agotadas y descuidadas y diversas potencias buscaban la hegemonía en base a sus conquistas, Inglaterra, España, Portugal, Francia, Holanda, se disputaron África, América y Asia, cuyos pueblos fueron independizándose lentamente, Hong Kong y pueblos africanos recientemente.

 

De modo que el continente sudamericano fue poblado, conquistado y saqueado por los iberos, dejándonos la herencia cultural que hoy manifestamos, y pensar que mucha gente se vanagloria de tener sangre española… Por eso es que vivimos la cultura de la mentira, el engaño, la informalidad y la piratería, la cual incluso está presente en el congreso, donde proyectos de ley de otros países fueron clonados para firmarlos como propios.

 

Por eso es que desde estas líneas elevo mi más enérgica protesta contra los malos políticos, que sin importarles el sufrimiento de mucha gente, siguen tentando el poder, buscando inversionistas para erigirse en líderes de barro que solamente harán daño al país, al sumarse a los 120 legisladores que decidan los destinos del país desde ese poder del estado.

 

En el ejecutivo tenemos un presidente y dos vicepresidentes que son elegidos por mandato popular, pero que lamentablemente son acompañados en los otros dos poderes del estado, el legislativo y el judicial, por gente incapaz, que lejos de sumar esfuerzos para que el desarrollo del país funcione, se convierten en estorbo y rémora a los buenos deseos de quienes realmente buscan el bienestar del pueblo. Un poder judicial reprobado, inmoral y corrupto, que vende sentencias al mejor postor, y un poder legislativo, presa de una avalancha de oportunistas, que al final se convierten en el hazmerreír de una población que no termina de aprender la lección y repite su error cada cinco años. Error que se reitera al elegir alcaldes, regidores y presidentes de gobiernos regionales.

 

¿Cuándo será el día que podamos tener un estrato gubernamental idóneo? ¿Una empleocracia pública de servicio? ¿Fuerzas armadas probas? ¡Magistrados honestos! ¿Cuándo dispondremos de una administración pública saneada y profesional?

Esa es la diferencia entre la vida y la muerte, el tener alrededor nuestro, una serie de personas de supuestamente se hacen cargo de la administración del país, pero para cuya función no están preparados y un pueblo desinformado que se deslumbra ante el discurso de estos flautistas y resultan electores chasqueados, mientras esto sucede, somos presa de quienes realizan inversiones al amparo de políticos informales, que solo se procuran seguridad para sus bolsillos y descuidan el bienestar de quienes confiaron en ellos y les eligieron.

 

Requerimos de funcionarios y legisladores que racionalicen el gasto, que tengan la inteligencia básica y desarrollada para administrar el país y el erario nacional y no lo dispendien o malversen, que no dupliquen ni enreden la administración del estado, para “a río revuelto obtener ganancia”. Pues ¿de qué nos sirve tener a Machupicchu como una Maravilla del mundo, cuando nuestra casa es otra “maravilla” de la cual debemos sentir vergüenza, por culpa de sus administradores?

 

Es tarea de quienes ahora están en las aulas universitarias, para tomar con seriedad su rol y prepararse para ser mas tarde los futuros políticos responsables y honestos que el país requiere y no tengamos que estar con el temor, de cualquier día ser declarados cadáveres porque una ley nos quitó la vida o las ganas de vivir.

 

 

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