Google

Avizora - Atajo Google

Hay que reconquistar lo perdido
Jorge Paredes Romero - Otros textos del autor

Ir al catálogo de monografías
y textos sobre otros temas

Glosarios - Biografías
Textos históricos

Perú - Entre la vida y la muerte - Tantra, el sexo meditativo -  Síntesis de Perú: Junio del 2007 - Un camino de duro recorrido - Deuda externa

200807 - Desde Perú - Codalco - Donde se reflexiona acerca de la realidad peruana

Hace unos días revisaba mi correo de Hotmail, cuando de pronto alguien pide ser agregado al chat. Usualmente lo hacen quienes desean conversar conmigo por Internet, de modo que le di clic y vaya sorpresa, el tema era verdaderamente peliagudo. Se refería a uno de mis recientes comentarios en red y me pregunta:

-         ¿Es Ud. honesto, veraz y formal?

Pues le dije que si y que siempre fue así

Luego de repetirme casi todo un comentario que había leído, en donde me refiero a diversos temas en Perú sucedidos recientemente y que subo a la página ATAJO me vuelve a preguntar:

-         Pero… ¿Ud. se considera una persona confiada y cumplidora de sus promesas? Y vive en Perú, ¿Verdad?

Le dije nuevamente que si, entones el me espetó lo siguiente:

-         Disculpe amigo, pero Ud. no es más que un pobre y triste imbécil…

Pues esto si me chocó y tardé en reaccionar, pero con la misma entereza de siempre y sin acusar la ofensa le pregunté:

 

 

-         ¿Por qué se refiere de esa manera, con esos gruesos adjetivos hacia mi persona?

-         Pues, sencillamente porque no entiendo –me dice- ¿Cómo es posible que en medio de toda esa informalidad, incertidumbre y retraso, donde la deslealtad y el engaño es pan del día,  pueda Ud. seguir viviendo con tanta tranquilidad.

Pues le dije que no estaba tranquilo, ni me sentía del todo feliz, pero tenía que aparte de ser tolerante, resistir esta situación, ya que no tenía otra alternativa, por mi estado de salud y mi edad, sobre todo por que tenía escasos recursos, todo esto unido me impedía tomar la decisión que tomó él, que vivía ya hace 12 años en los Estados Unidos. Eso me refirió en algún momento de la conversación, que es peruano y viajó al país del norte el año 1995.

Lo cierto es que, en cierta manera él tenía razón, no me refiero a los adjetivos que dirigió hacia mí, sino a los argumentos que luego desenvolvió en una larga conversación

Me decía, ¿cómo es posible que Ud. pueda permanecer impávido, ante tanta desvergüenza; cómo era posible que pueda ser veraz, en un medio donde todo era mentira cotidiana; cómo podía pensar en la justicia, donde para un juez es tan fácil prevaricar y fabricar sentencias; cómo podía ser leal, donde la deslealtad está en el acto desleal, incluso del que dice ser mi amigo.

 

 

Es cierto, me resultaba de mucho sacrificio poder con honestidad y esfuerzo, tener lo suficiente para cubrir una canasta familiar exigua, pero que un juez simplemente le bastaba una firma para embolsicarse miles de dólares, o para un congresista resultaba sencillo esquilmar al estado, nombrando a personas dependientes de él como asesores o técnicos de su despacho, personas con las cuales compartía los ingresos, que el estado desembolsa para dicha persona.

Me presionaban los comentarios del  reciente amigo, pero eran ciertos, me decía ¿cómo es posible que pueda aun creer en una policía que se colude con los mismos delincuentes?, ejemplo de ello ha sido lo concerniente al traslado de todo un conjunto de suboficiales y oficiales, incluyendo a su comisario jefe, de un distrito de Lima a otro, lo que es peor, la noticia de generales involucrados en negociados de combustible, comisiones dadas a empresas por concederles la buena pro en la compra de vehículos patrulleros, es decir la podredumbre saltaba por cualquier lado.

Me sigue presionando con argumentos válidos, por ejemplo, qué confianza tiene Ud. en los religiosos que están dispersos en todo el territorio nacional, en parroquias, colegios, monasterios, capillas, etc. y que toman parte de la educación de niños y jóvenes, incluso de manera sesgada en los asuntos políticos del estado, cuando este clero han sido duramente cuestionado por sus costumbres pederastas, violaciones y otros asuntos nada santos.

Continúa diciéndome que cómo puedo confiara mis hijos a una masa de educadores con escasa preparación y a un sistema educativo inmoral, donde se negocian los traslados, los ascensos y el manejo de vacantes y nombramientos, con un ministerio incapaz de superar el atraso, en el desarrollo de una curricula acorde a los tiempos, que sea capaz de superar el subdesarrollo de millones de estudiantes de todo el país.

Continúa diciendo que solo soy un pobre y triste imbécil, confiando en quienes dicen ser mis representantes en el parlamento, cuando esa gente lo único que hace es darnos la espalda y servir a sus promotores, a quienes capitalizaron su ascenso al poder, cómo puedo confiar en gobernantes, que sólo dilapidan el erario nacional en su sensual vida, en mantener sus vicios y status, burlándose de la masa sufriente que escasamente puede llevarse un pan a la boca, subiendo los precios, creando impuestos y congelando sueldos, persistiendo en la inestabilidad laboral, favoreciendo a mineras, trasnacionales y empresas de “servicios” en manos de extranjeros, quienes se sienten protegidos por estos políticos, que lejos de velar por la patria y los ciudadanos que le eligieron, vuelven su mirada a quienes les obsequian fajos de dólares para corromper su voluntad.

 

 

Por eso me decía que era un “pobre y triste imbécil”, por seguir siendo un tolerante ciudadano, mantenerme en la pobreza y no hacer uso de la criollada para lograr objetivos. Me decía: ¡Miente, finge, sustrae, no podrás de otra manera resistir más, llegará el momento en que el sufrimiento te aplastará…!

Le dije que en cierta manera puede tener razón en cuanto al sufrimiento que todo esto ocasiona, pero que esa no es la disculpa para olvidar los principios y valores aprendidos, sobre todo a lo que se concientemente que es correcto y válido, que no podría traicionar por nada en el mundo lo que aprendí de niño, lo que me inculcaron nobles maestros, quizá muy diferentes a los que hoy existen, a lo que viví cuando la época del “huayruro”, aquel policía  a quien uno con toda confianza podría confiarle la vida, la casa, el barrio; de aquellos dirigentes y políticos que sufrían cárcel y persecución manteniendo sus principios e ideales.

Que es cierto, hay quienes tuercen los valores aprendidos y se ríen a nuestras espaldas, le conté de quienes merecieron mi lealtad, mi entrega en el trabajo y dedicación, que a mis espaldas usufructuaban beneficios que no compartían conmigo, con quien les dio la oportunidad de trabajar con mis ideas e impulsé en momentos que necesitaban, para después de engañarme, volverme la espalda y durante todo ese tiempo se rieron de mi confianza y lealtad, la misma que no correspondieron. Quienes me conocen y saben de ello me dicen:

-         ¡Déjalos, no podrás hacer nada ahora, pero a su tiempo lo pagarán!

De modo que esa esperanza me queda, el que obra mal, tendrá que pagar las consecuencias de su engaño y deslealtad, pero mientras tanto el país sucumbe ante la inconducta y la informalidad, que se da incluso en las esferas gubernamentales, me avergüenzo de convivir con esta sociedad, pero no me queda alternativa, no puedo elegir otra, no puedo a viajar ni aspirar a una nueva sociedad contexto de nuevas esperanzas y materialización de ilusiones, aquí actúo, para buscar cambios, por lo menos en mi barrio, en el ámbito donde alterno con otras personas, en busca de ideales y recobrar valores que para muchos están perdidos.

Lo peor de todo es que estas incorrecciones se dan a niveles insospechados, no es característica de un lumpen o de aquellos que no accedieron a la educación superior, es justamente allí donde se da con mayor frecuencia, en aquellos que se vanaglorian de títulos y diplomados, de aquellos que aspiran a maestrías y doctorados. He conocido decanos que gustaban de hacer el “perro muerto”, de médicos que desdecían del juramento hipocrático, de abogados, que lejos de amar la justicia vivían de las injusticias fabricadas en sus despachos.

De modo que si esto significa ser un “pobre y triste imbécil”, el seguir siendo leal, transparente y veraz, pues le dije que no puedo dejar de serlo, y si esos adjetivos merezco por ello, no hay manera de cambiarme.

Al final, me da cam y con una límpida sonrisa me pide disculpas, y me aclara que no es lo que en realidad pensaba él de mí, y muy por el contrario, simplemente puso a prueba mis ideales y escritos y estaba firmemente convencido que tenía de mí el mejor de los conceptos y que le disculpe las expresiones, que en todo caso si así lo conceptúa alguien, quizá aquellos que se ríen a mis espaldas, allá ellos, que siga siendo como soy que solo así podremos reconquistar algún día lo perdido.

Me quedé pensando el resto del día en esta conversación y después de haberlo compartido con mi familia y verdaderas amistades, realmente me sentí mejor y con ganas de ayudar, a que otros recuperen lo perdido y puedan esparcir cual semillas, los beneficios de ser así, no importa que otra persona pueda pensar que solo soy “un pobre y triste imbécil”, los que en verdad me aman celebran conocerme así, mis hijos, mi esposa los que siempre me aman y no de aquellos que circunstancialmente dicen quererme, los que dicen falsas palabras, cuando en realidad en lo más hondo de su ser piensan lo contrario.

Podrá la enfermedad haberme marcado con trazos desagradables, pero eso puede superarse, las marcas de conciencia, del alma, no se las quita nada ni nadie, con ellas perviven y con ellas morirán. Quizá la edad, tal vez mi estado sea razón de rechazarme, como sucedió con el Apóstol Pablo y lo dijo por escrito, pero guardo tesoros que me hacen dichoso y puedo cada noche colocar la cabeza en la almohada, dormir con las satisfacción de haber vivido un buen día y con las ansias de despertar a uno nuevo, para seguir viviendo de esa forma.


 

 

 

 

 

 

AVIZORA.COM
TEL: +54 (3492) 452494 / ARGENTINA - Webmaster: webmaster@avizora.com - Copyright © 2001 m. Avizora.com