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Perú: 186 años engañados
Jorge Paredes Romero - Otros textos del autor

 

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1107 - Muchos pensamos que a partir del 28 de Julio de 1821 la libertad llegó a nuestro territorio y a sus ciudadanos, eso es lo que siempre tuvimos en mente, lo que se nos inculcó en las aulas escolares y lo que se nos dice en las plazas públicas, cada vez que los políticos buscan el apoyo del pueblo para lograr escalar el poder, cuando la realidad es otra.

La esclavitud y la dependencia continúan, quizá con la diferencia de ciertos tonalidades o matices que le han maquillado, dando la apariencia a lo que en su momento se planificó hacernos creer.
Hoy la dependencia es más cruel y dura, en la forma se nos hace creer que la libertad va de la mano con la “democracia” y que somos independientes y dueños de nuestro propio destino, cuando esa no es la verdad, en el fondo la situación es la misma que hace cientos de años.
Cuando leemos libros sobre la esclavitud, la época colonial o el virreinato, sabemos que en esos momentos existían los encomenderos, los virreyes y los amos criollos, por otro lado estaban los esclavos, los indígenas, es decir la plebe, la masa trabajadora, sean aborígenes, negros o chinos. Esta gente no podía acceder a los lugares donde los amos compartían las exquisiteces, de las que gozaban gracias a sus prerrogativas, los esclavos tenían que conformarse con las menudencias, sangrecitas y lo despreciado por los aristócratas dueños del ganado, la plebe no podía acudir a centros educativos, o si es que podía hacerlo con desventaja, de otra manera se quedaba en la ignorancia; los esclavos y libertos vivían en barrios o reservas, apartheid establecido para sus viles humanidades.

Nada de eso ha cambiado, hoy la masa empobrecida sigue consumiendo las menudencias, come patas de pollo o tripas de gallina, ya que los muslos y las pechugas van a los Kentucky, al pobre se le inculca a comer “sangrecita” y anchoveta, mientras que los ricos tienen acceso a la corvina y al caviar, se impide el ingreso a discotecas, clubes o eventos donde solo ellos van y en el supuesto caso que desees hacerlo pues deberás tener medios económicos, los cuales nunca llegan a nuestros bolsillos; los centros educativos ingleses, alemanes, franceses o norteamericanos que hay en la capital, son accesibles a quienes pueden pagar 500 dólares mensuales, el pueblo debe conformarse a la paupérrima educación que se imparte en los colegios fiscales; las universidades de paga son para quienes pueden pagarla, las estatales para los menos favorecidos; las masas trabajadoras viven en barrios apartados para ellos, los conos, los ghetos o reservas; ellos, los ricos, viven en San Borja, Surco y Monterrico; si vamos a las playas podremos ir a las que no pudieron privatizar y así podríamos seguir en una relación de situaciones, que verdaderamente nos hacen ver que la segregación persiste. Ya no se nos dice esclavos, ahora somos “el pueblo”, aquel que tiene que conformarse con 160 dólares mensuales en el mejor de los casos, si tiene el privilegio de acceder a un trabajo y figurar en planilla, de ellos solo un mínimo porcentaje de trabajadores en Perú, el resto está sub empleado o simplemente son desempleados que tienen que vivir como los cubanos, del invento, del “cachuelo”.

El virrey sigue vigente, ya no es solamente ibérico, pero está presente y de muchos otros países, es el representante de los sistemas de poder, los encomenderos que están a cargo de las minas, las industrias y las empresas, en donde el peruano trabaja exponiendo su vida, siempre con el riesgo de enfermedades “profesionales”, desde aquel que trabaja en cemento o eternit y expuesto a la silicosis, hasta el que trabaja en las minas expuesto a la toxicidad y al envenenamiento de sus pulmones y organismo, arrastrando a su triste destino, a los familiares que conviven con él en los campamentos, y lo que es peor, las tierras y la ecología siguen en la pendiente de su condena. El trabajador con sus exiguas entradas, debe ir a comprar comestibles a los supermercados de los amos, allí compra ropas, artefactos, si puede, donde los amos verán si le dan o no crédito.

Pero lo mas grave de todo es que ahora nuestros hermanos son utilizados para ejercer esa manipulación y explotación, los dan cargos en los bancos, oficinas y empresas, son los que hablan con nosotros, nuestro idioma, conocen nuestras costumbres y han sido aleccionados para ejercer su acción coercitiva y mediadora, a fin de conseguir que nosotros estemos mas tranquilos. Esos hermanos están en Telefónica, en las ventanillas de los bancos, en las cajas o pagadurías de las minas, y empresas textiles y manufactureras, donde trabaja la gran masa y algunos de ellos son elegidos para ser nuestros representantes y así hacernos creer que seremos defendidos, pero todo es falso, esos “representantes” se dedican a defender sus propios interés, ya que son empresarios, o tienen ya una agenda de quienes les ayudaron a llegar al poder.
Ahora hay personajes que se han encumbrado hasta posiciones muy privilegiadas, han conformado medianos grupos de poder, que les permite hablar de tu a tu con el sistema y así obtener prerrogativas y tomar parte en la repartija de la riqueza, son los diversos grupos como Romero, Rodríguez Banda, Graña, etc., etc.
Pero las grandes masas siguen empobrecidas, esclavizadas, manipuladas, recibiendo las sobras de aquello que los amos desechan y que no llega a los centros de consumo de privilegio, porque fue desechado en la selección de calidad. Es cuestión de asistir a los mercadillos de los diferentes barrios de la gran capital, en los grandes conos y ver la calidad de los productos a los que accede el pueblo, comprarlos con los que están en los supermercados, esa es la diferencia. Allí no se vende patitas de pollo ni bofe, eso lo encontrarán en los mercadillos.

El acceso a la información y a la tecnología depende del poder adquisitivo de cada quien, y ello es fácilmente deducible, ¿quiénes son los que tienen cuentas bancarias, giran cheques y poseen ominosas tarjetas de débito?
Es muy diferente al pueblo que debe conformarse con asistir a sus polladas de barrio en donde se embrutece hasta el extremo y termina en riñas y peleas a botellazos, para ser la noticia del día siguiente en los diarios y medios televisivos, esas noticias que el amo no ve, ellos tienen acceso al cable o simplemente lo ignoran.
Lamentablemente nuestro país está al mejor postor para ser concesionado, sería bueno poder ejecutar lo que el Dr. Alan García propone en su artículo “El síndrome del perro del hortelano” pero ¿qué hacer con los que tienen ya más de medio país concesionado?

Hasta cuándo soportar las lacras que se desprenden de nuestra buena coca, ¿cómo evitar que se produzca la droga? ¿Lo que sucedió en Ocobamba es realmente lo que dicen algunos críticos, que es el resultado de haber incumplido el contrato de ciertos policías, que dejan pasar insumos para la producción de la droga a partir de aloja de coca? De ser así entonces ¿estamos en un sistema caótico, donde quienes deben velar por nuestra seguridad son quienes constituyen el lado más débil del sistema, y por allí se rompe la cuerda...?
Si el sistema educativo sigue la línea del colapso que ya se ha detectado, si el sistema de salud prosigue en las condiciones que ya se ha denunciado, en donde los médicos están informando sobre las deficiencias de infraestructura, instrumental, calidad de medicinas, etc., si la desnutrición es una de las deficiencias mas notorias en un país que debería tener un estándar alimenticio óptimo, entonces de ser la despensa de América y del mundo pasaremos a ser los últimos en la escala de producción.

Algo debe hacerse, nuestros técnicos, profesionales y políticos deberían asumir su rol con honestidad y lealtad, con solidaridad y ser honestos consigo mismos, con su familia y la sociedad, entonces las masas recobrarán la fe en ellos y podremos elegirlos con la certeza que administrarán el país de manera óptima y sincera.
Esperamos se recobre esos valores por quienes tienen la responsabilidad de gobernarnos ahora y por quienes se preparan para el 2011, solo así tendremos la certeza que enrumbaremos hacia el desarrollo, sobre todo hacia una vida digna y saludable, con paz y seguridad.

 


 

 

 

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