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He dejado de creer
Jorge Paredes Romero - Otros textos del autor

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080308 - Perú - Hoy, después de haber escuchado a unas amistades, he dejado de creer en muchas cosas: en la democracia, en la justicia, en la política, en lo que llamamos religión, y empiezo a conceder razón a quienes desean hacer las cosas a su manera. Intentarán tildarme de resentido  o tal vez que estoy desquiciado, pues la verdad creo que estoy a punto de caer en una vorágine tal, que tardaría mucho en estabilizarme, si es que eso fuera posible.

No puedo entender cómo existen personas que aún puedan creer en la representatividad, en que las próximas elecciones serán las que por fin solucionen todos los problemas de nuestro país, Perú, y son los que otrora creyeron y siempre creerán, cada vez que van a las urnas electorales, o por lo menos piensan que se dará inicio al gran cambio que por siglos nuestra sociedad viene esperando.

A mi juicio, (y lo diré con colores para no herir susceptibilidades), esto no lo cambia ni los azules, los verdes, los tornasolados o cualquier otro que postule a la presidencia para el 2011, dará igual a quien un electorado obnubilado y arrastrado a ciertas preferencias, por discursos, polos y polladas, elija para los próximos años. Claro, de no cambiar las reglas de juego…

Pero si todo sigue igual, creo sinceramente que todo está perdido, que solo están accediendo al poder quienes desean asegurarse a si mismos y a quienes cual rémoras se suban al coche de la oportunidad, para los próximos años que les quede de  vida. Ya se perdió todo sentido de moralidad, sensibilidad y humanismo, cada quien busca tomar al paso lo que necesita para sobrevivir, aunque en ello tenga que dejar en la miseria a su madre o a sus hijos, ejercen una especie de “vandalismo social”.

Hoy estamos frente  al espectáculo de ver padres enfrentados a hijos por la herencia; hermanos contra hermanos e hijas que apuñalan a su madre por litigios familiares; jóvenes que masacran a martillazos a otra persona, o quienes descuartizan cuerpos por encargo; es común ver como dos personas que en su momento se amaron y prodigaron caricias, de pronto se enfrentan insultan y hasta se hieren, es decir ya se ha perdido el sentido mínimo de humanidad y se ha caído en el extremo de la bestialidad, el animal ha quedado salvado en su franja biológica, con la certeza que muchas veces, ellos resultan mejores que el ser humano.

Hace unos días nos preguntábamos por una amistad que es docente en un colegio de nuestro distrito, nos extrañaba no tener noticias de esa persona. ¿Qué había sucedido? Pues, ayer nos vino a visitar y nos relata que hace una semana se encontraba mal de salud, vive acompañado de su hijo, un joven estudiante de 20 años. Sintiéndose mal, como asegurada en EsSalud y confiando en ello, se dirigió al Hospital “Marino Molina” de Comas, que pertenece a la seguridad social, allí fue malamente atendida, con un cuadro de pancreatitis que requería ser derivada a un hospital de verdad y no ser tenida cuatro días en una silla con suero, sin acceso a una camilla o tal vez una cama y a médicos especialistas, como si el suero fuera la solución a su problema y es que en estos “hospitales” tienen como doctrina que el paracetamol es la reina de las medicinas.

Estos nosocomios de EsSalud que están por los conos de Lima, lo mismo sucede con los hospitales en provincias de todo el país, no dejan de ser mas que unas enormes postas médicas, en donde profesionales que a mi juicio deben sentirse frustrados, hacen lo indecible para salvar vidas, con los escasos recursos que tienen a disposición, que si se salvan es por mérito muchas veces de las ganas de vivir de sus pacientes. La frustración que deben tener estos profesionales deriva de la imposibilidad de hacer lo que aprendieron y saben que deben hacer, pero no disponen de medicinas, exámenes auxiliares confiables, ni la infraestructura quirúrgica para desarrollar el protocolo necesario en estos casos. De allí su frustración, pero siguen trabajando porque no tienen otro remedio, lo poco que pueden hacer, salvan algunas vidas y llevan un ingreso a su familia, lo que no pudieron hacer, si les alcanza su conciencia la cual debe encontrarse ya cauterizada, es rutina, frente a la costumbre de ver morir a mucha gente, en parte por su culpa, por no tener el valor de reclamar un mejor respaldo a su trabajo y responsabilidad  de un sistema que ha descuidado su rol y prefiere gastar en cualquier cosa, menos en lo que realmente necesita el asegurado: Salud.

Esa misma persona me contaba, cómo hace un tiempo atrás, cuando hubo un accidente en el colegio donde trabaja, llevaron a los alumnos con quemaduras al servicio de emergencia de  dicho hospital, pero no los quisieron atender por el simple hecho de “no ser asegurados”, cuando hay una ley que claramente dice que todos merecen ser atendidos en la emergencia de cualquier hospital. Tuvieron que llevarlos en un vehículo a otro hospital.

No puedo entender a qué extremo hemos llegado, vemos que la brecha económica se ha ensanchado a tal extremo, que con lo que un peruano de privilegios gasta en propinas, otro menos favorecido podría comer una semana, así están las cosas; con lo que un congresista gasta con la amiga de turno, podría tranquilamente alimentarse una familia durante un mes y eso ha sido denunciado más de una vez por los medios de comunicación, gastos hechos con dineros del estado. Los escándalos políticos reflejan la desvergüenza más grande de ciertos personajes, que con desparpajo se burlan de la sociedad, cometiendo actos bochornosos, desafiando con desfachatez a la justicia, las fuerzas del orden, que en todo caso la tienen a su servicio son muchas veces conocedores de esto.

Tenemos cada día la noticia de juicios que no son más que remedos de justicia, (y les dicen “juicios del siglo”) en donde los acusados se burlan de los que imparten justicia y hasta se permiten opinar, levantar la voz y pedir mesura a sus interrogadores. Todo ello nos refleja que se ha perdido el respeto a la autoridad y a la investidura del poder judicial, porque es bien sabido que estos señores (jueces, fiscales, vocales) se inclinan hacia donde suena el tintineo de monedas o el grito del poderoso. Pero el pueblo persiste en suponer que la justicia se impondrá, cuando muchas de las sentencias ya fueron dictadas por quienes tienen en sus manos la vara del poder.

El estado ha dado poder a funcionarios, que con descaro se esmeran en hacer notar que sus cargos son de privilegio, y hacen más notorio que son guardianes de quienes les otorgaron el temporal cargo, que otro ocupará dentro de poco al capricho del político de turno. ¡Todo es prestado, nada es eterno! Pero mientras tanto, hacen de las suyas y se cogen de la mamadera con fruición, mientras van pateando el trasero a cuanta persona se les cruce en el camino, salvo que sea un recomendado o familiar de otro funcionario.  Estas personas, constituyen la población encargada de ser la fuerza de choque para quienes aspiramos a nuestros derechos, pero estos lamentablemente son conculcados por miles de funcionarios en diversos cargos, que los “demócratas” gobernantes les otorgaron, por ser fieles camaradas de partido o quizá por ser primos o hijos de la cocinera de su casa, tal vez el esposo de la hija del mayordomo de su padre, el hijo de la nana que le cambió pañales en sus primeros años de vida, o el hijo ya crecido, que tuvieron en uno de sus viajes de “parranda representativa”.

De nada sirve hoy establecer que eres un profesional calificado, aunque se dice a grandes voces que solo los que obtuvieron altas notas son los llamados a ocupar cargos de responsabilidad, eso es fantasía, es la letra de la ley que no se cumple, lo que siempre sucede en nuestro país. Aquí hay demasiadas leyes, hermosas leyes en la letra, pero ausentes de concreción; la praxis de sabias leyes no es posible en un país, donde la informalidad y el “perro muerto” es la mejor ley que podemos contemplar.

Aun recuerdo el año 1991, cuando recibí la visita de un ex compañero de las aulas universitarias, que había accedido al Congreso por una lista “demócrata”, me sorprendió y se lo dije, tu eras de izquierda y la recalcitrante, sin embargo ¿ahora sales elegido por la derecha? ¿qué sucedió con el alumno revolucionario, listo para asumir su posición de líder?  ¡Claudicó! Lo mismo sucedió con otros compañeros de esa promoción de la Escuela de Psicología que ingresamos el año 1968 a la Universidad San Agustín de Arequipa, hoy están totalmente alejados del fragor de la batalla social, se que son prósperos ejecutivos unos, profesionales otros, pero quedaron allí en logros personales, y ¿Qué de la emoción social, la sensibilidad por los desposeídos y las ganas de cambiar el sistema corrupto? Todo quedó en promesas de estudiante, se diluyó  en el tiempo.

Creo que la mayoría de profesionales se deben a su familia a su esfuerzo personal, pero también a la sociedad que lo cobija, no puede soslayarse de su responsabilidad como ente social y aportar a la masa con su esfuerzo, ideas, alternativas,  de ser posible con su trabajo de campo y no retirarse a cierta distancia durante su juventud y luego a una cómoda y rechoncha jubilación, sin haber dado de si mismo para una sociedad que clama cambios y desarrollo.

Si dejamos que todo siga así entonces ¿que herencia moral y social dejaremos a nuestros hijos? ¿No pensaron en ello?, o es que cómodamente les dieron estudios y tal vez algún regalo de navidad para luego entregarlos a la bestia social que cada día ha crecido y se ha vuelto mas feroz para devorar a nuestros hijos.

Hoy conversaba con un amigo médico y analizábamos la precariedad de la seguridad social en el país, la podredumbre enclavada en las mas altas esferas gubernamentales y administrativas del país, la decadencia de la clase política y la vulnerabilidad del congreso, para quienes acceden a esa responsabilidad, pero lo más grave es la decadencia del sistema para asumir la responsabilidad de administrar sabiamente los recursos fiscales. Estos son fácilmente desviados a gastos no sociales y también debe considerarse la omisión de pago de muchos sectores favorecidos por la clase política y administrativa corrupta y vendida, que ejerce su poder para proteger a sus padrinos políticos, en el momento que estos lo soliciten.

Esta es quizá la causa de la degradación moral de la clase política, la misma que se encadena a la escoria, a cambio de dinero para sostener una campaña política de largo aliento, los “benefactores” son narcotraficantes, delincuentes, evasores de impuestos, consorcios comerciales, grupos económicos que aglomeran sectores de construcción, proveedores, servicios, insumos, armas, vehículos, etc. Todos ellos requieren tener un representante en el gobierno para en su debido momento superar dificultades judiciales, aduaneras, fiscales y obtener la buena pro en obras de envergadura, etc., es decir: “yo te ayudo hoy,  tú me lo devuelves mañana” ¡Ese es el trato!

Entonces a la hora de concretar un proyecto para el desarrollo de un  país, que en maratónicas jornadas  y con mucho esfuerzo planificaron los especialistas de cada tienda política, se encuentran con estas “piedras” en el camino: favores que devolver, familiares que exigen un puesto, los amigos que atosigan con sus lamentos, la amante que también quiere lo suyo, el hijastro, el sobrino y entonces el sistema se llena de incapaces y corruptos, de modo que es muy difícil encontrar gente interesada en el progreso del país, en la atención de los programas sociales, de la educación, la salud, nos topamos con gente incapaz y desleal, entonces nos percatamos que el destino del país es la ruina, la bancarrota y el permanente subdesarrollo que cada día nos hunde más en la desesperanza, en la certeza que la herencia que recibirán nuestros hijos es podredumbre y desvergüenza, en donde ellos tendrán que hacer uso de la “criollada” y la viveza para sobrevivir, en donde ser profesional es inútil, por eso es que esta juventud prefiere salir al exterior, porque allí si se valúa su esfuerzo y no piensa retornar porque sabe lo que le espera en su amado país, que se encuentra en manos de un lumpen de cuello y corbata.

Sabemos perfectamente y lo hemos escuchado en miles de discursos y foros, que la educación es elemental para que un país desarrolle, que la salud es básica aún antes de nacer, sin embargo los que conocemos el tema sabemos perfectamente que la educación es un negociado y el reino de la irresponsabilidad, desde el director hasta los docentes, desde las autoridades encargadas de  sentar bases disciplinarias hasta los padres de familia y  las APAFAS, estas autoridades siembran el caos y los legisladores están muy lejos de propiciar el cambio suficiente para que la educación en el país retome el cauce que en algún momento pudo haber tenido nuestro Perú, cuando la tasa de analfabetismo empezó a decrecer, ahora no solo ello ha crecido nuevamente sino que la mediocridad se ha enseñoreado a todo nivel: profesional, técnico y magisterial.

Quienes son los encargados de velar por las salud del país son los primeros que se llenan los bolsillos con dineros provenientes de contratos y facturas de medicinas obsoletas, de hospitales que solo representan estructuras de concreto sin proyección sanitaria, de médicos frustrados sin los elementos suficientes para luchar contra las enfermedades, de organismos e instituciones pobladas de gente inútil, que solo asiste a sus oficinas a calentar asientos pero no a luchar eficientemente contra las patologías y establecer medidas profilácticas eficientes, en un país donde la prevención está ausente de los protocolos sanitarios, en donde muchas enfermedades que han sido ya erradicadas de otros países aún nosotros las tenemos con presencia peligrosa. Los médicos y enfermeras del país se encuentran atados de manos para ejercer sus profesiones, por las limitaciones en recursos y presupuesto para cumplir a cabalidad lo que ellos saben hacer.

Por todo esto he dejado de creer en lo que durante siglos ha venido a llamarse democracia, en nombre de la cual se siguen cometiendo horrorosos crímenes (terrorismo de estado), escudándose en el concepto de salvaguardar el orden constitucional, cuando en realidad no es mas que el ejercicio de un terrorismo enmascarado, cuyas directivas vienen de grupos de poder económico constituidos en los deliberantes de los destinos de una nación. Estos grupos de poder a su vez obedecen consignas de transnacionales y lo que es peor, de imperios hoy en decadencia, que en su estertor arrastran a otras naciones vilmente hipotecadas, por gobernantes y políticos arrodillados por las prebendas que reciben en sus cuentas bancarias.

Ahora bien, ¿de qué manera esto puede detenerse? Se han ensayado mil y una fórmulas, se persiste en reformas, pero estas son apenas buenas intenciones o al menos intenciones disfrazadas, que de por sí pierden efectividad. “El hombre es lobo del hombre” frase en un drama de Tito Marcio Plauto del siglo III, que posteriormente es citada en un epigrama por Thomas Hobbes, (siglo XVII) filosofo ingles. Leer a Hobbes quizá nos lleve a comprender la realidad en la que vivimos, no obstante haber transcurrido ya cuatro siglos, plena de utilitarismo y egoísmo, en donde el hombre obviamente acepta lo agradable y rechaza lo desagradable, pero que debería establecer un pacto para ceder a un tercero la posibilidad de equilibrar el movimiento que impulsa todo lo existente. Este delegar a un tercero debe ser regido por normas inalienables y respetadas, no puestas al servicio de alguien, para ello el poder debe ser diversificado y no resumido en dictaduras o monarquías. Hobbes propugnaba una especie de monarquía en su afán de encontrar solución a la problemática humana, creemos que esa opción no es válida, debería constituirse una especie de socialismo auténtico, no copiado ni derivado sino sui generis, que nos lleve a una mejor convivencia, a un mejor reparto de la riqueza, a una mejor distribución de los recursos, en donde todos podamos acceder a los bienes del estado con mesura y equidad.

El ser humano debe resumir el saber en una gran doctrina, que le lleve a conseguir la felicidad, interpretar la verdad que se encuentra dispersa y discutir permanentemente los principios filosóficos que han regido a la humanidad desde sus albores hasta el día de hoy, Nada debe excluirse, todo debe ser escudriñado, descartando aquello que resulte perjudicial y asumiendo como válido lo que es beneficioso para la humanidad, solo así podremos disfrutar lo que tanto tiempo hemos buscado: paz global, alimentos para todos, tierras productivas, salud integral y globalizada, viviendas dignas y decorosas, educación accesible y honesta, y lógicamente la erradicación de los ejércitos y armas que tanto gasto ocasionan.

Los presupuestos de las naciones están dedicados en gran parte a la compra de armas y sostenimiento de fuerzas armadas, cuando esos dineros podrían utilizarse muy bien en salud, educación, alimentos y viviendas. Entonces cuando las armas se transformen en arados, este mundo habrá dado un gran paso a la consecución de la paz y la felicidad.

 

 

 

 

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