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080308 -
Perú - Hoy,
después de haber escuchado a unas amistades, he dejado de creer
en muchas cosas: en la democracia, en la justicia, en la
política, en lo que llamamos religión, y empiezo a conceder
razón a quienes desean hacer las cosas a su manera. Intentarán
tildarme de resentido o tal vez que estoy desquiciado, pues la
verdad creo que estoy a punto de caer en una vorágine tal, que
tardaría mucho en estabilizarme, si es que eso fuera posible.
No puedo
entender cómo existen personas que aún puedan creer en la
representatividad, en que las próximas elecciones serán las que por fin
solucionen todos los problemas de nuestro país, Perú, y son los que
otrora creyeron y siempre creerán, cada vez que van a las urnas
electorales, o por lo menos piensan que se dará inicio al gran cambio
que por siglos nuestra sociedad viene esperando.
A mi
juicio, (y lo diré con colores para no herir susceptibilidades), esto no
lo cambia ni los azules, los verdes, los tornasolados o cualquier otro
que postule a la presidencia para el 2011, dará igual a quien un
electorado obnubilado y arrastrado a ciertas preferencias, por
discursos, polos y polladas, elija para los próximos años. Claro, de no
cambiar las reglas de juego…
Pero si
todo sigue igual, creo sinceramente que todo está perdido, que solo
están accediendo al poder quienes desean asegurarse a si mismos y a
quienes cual rémoras se suban al coche de la oportunidad, para los
próximos años que les quede de vida. Ya se perdió todo sentido de
moralidad, sensibilidad y humanismo, cada quien busca tomar al paso lo
que necesita para sobrevivir, aunque en ello tenga que dejar en la
miseria a su madre o a sus hijos, ejercen una especie de “vandalismo
social”.
Hoy estamos
frente al espectáculo de ver padres enfrentados a hijos por la
herencia; hermanos contra hermanos e hijas que apuñalan a su madre por
litigios familiares; jóvenes que masacran a martillazos a otra persona,
o quienes descuartizan cuerpos por encargo; es común ver como dos
personas que en su momento se amaron y prodigaron caricias, de pronto se
enfrentan insultan y hasta se hieren, es decir ya se ha perdido el
sentido mínimo de humanidad y se ha caído en el extremo de la
bestialidad, el animal ha quedado salvado en su franja biológica, con la
certeza que muchas veces, ellos resultan mejores que el ser humano.
Hace unos
días nos preguntábamos por una amistad que es docente en un colegio de
nuestro distrito, nos extrañaba no tener noticias de esa persona. ¿Qué
había sucedido? Pues, ayer nos vino a visitar y nos relata que hace una
semana se encontraba mal de salud, vive acompañado de su hijo, un joven
estudiante de 20 años. Sintiéndose mal, como asegurada en
EsSalud y
confiando en ello, se dirigió al Hospital “Marino Molina” de Comas, que
pertenece a la seguridad social, allí fue malamente atendida, con un
cuadro de pancreatitis que requería ser derivada a un hospital de verdad
y no ser tenida cuatro días en una silla con suero, sin acceso a una
camilla o tal vez una cama y a médicos especialistas, como si el suero
fuera la solución a su problema y es que en estos “hospitales” tienen
como doctrina que el paracetamol es la reina de las medicinas.
Estos
nosocomios de EsSalud que están por los conos de Lima, lo mismo sucede
con los hospitales en provincias de todo el país, no dejan de ser mas
que unas enormes postas médicas, en donde profesionales que a mi juicio
deben sentirse frustrados, hacen lo indecible para salvar vidas, con los
escasos recursos que tienen a disposición, que si se salvan es por
mérito muchas veces de las ganas de vivir de sus pacientes. La
frustración que deben tener estos profesionales deriva de la
imposibilidad de hacer lo que aprendieron y saben que deben hacer, pero
no disponen de medicinas, exámenes auxiliares confiables, ni la
infraestructura quirúrgica para desarrollar el protocolo necesario en
estos casos. De allí su frustración, pero siguen trabajando porque no
tienen otro remedio, lo poco que pueden hacer, salvan algunas vidas y
llevan un ingreso a su familia, lo que no pudieron hacer, si les alcanza
su conciencia la cual debe encontrarse ya cauterizada, es rutina, frente
a la costumbre de ver morir a mucha gente, en parte por su culpa, por no
tener el valor de reclamar un mejor respaldo a su trabajo y
responsabilidad de un sistema que ha descuidado su rol y prefiere
gastar en cualquier cosa, menos en lo que realmente necesita el
asegurado: Salud.
Esa misma
persona me contaba, cómo hace un tiempo atrás, cuando hubo un accidente
en el colegio donde trabaja, llevaron a los alumnos con quemaduras al
servicio de emergencia de dicho hospital, pero no los quisieron atender
por el simple hecho de “no ser asegurados”, cuando hay una ley que
claramente dice que todos merecen ser atendidos en la emergencia de
cualquier hospital. Tuvieron que llevarlos en un vehículo a otro
hospital.
No puedo
entender a qué extremo hemos llegado, vemos que la brecha económica se
ha ensanchado a tal extremo, que con lo que un peruano de privilegios
gasta en propinas, otro menos favorecido podría comer una semana, así
están las cosas; con lo que un congresista gasta con la amiga de turno,
podría tranquilamente alimentarse una familia durante un mes y eso ha
sido denunciado más de una vez por los medios de comunicación, gastos
hechos con dineros del estado. Los escándalos políticos reflejan la
desvergüenza más grande de ciertos personajes, que con desparpajo se
burlan de la sociedad, cometiendo actos bochornosos, desafiando con
desfachatez a la justicia, las fuerzas del orden, que en todo caso la
tienen a su servicio son muchas veces conocedores de esto.
Tenemos
cada día la noticia de juicios que no son más que remedos de justicia,
(y les dicen “juicios del siglo”) en donde los acusados se burlan de los
que imparten justicia y hasta se permiten opinar, levantar la voz y
pedir mesura a sus interrogadores. Todo ello nos refleja que se ha
perdido el respeto a la autoridad y a la investidura del poder judicial,
porque es bien sabido que estos señores (jueces, fiscales, vocales) se
inclinan hacia donde suena el tintineo de monedas o el grito del
poderoso. Pero el pueblo persiste en suponer que la justicia se
impondrá, cuando muchas de las sentencias ya fueron dictadas por quienes
tienen en sus manos la vara del poder.
El estado
ha dado poder a funcionarios, que con descaro se esmeran en hacer notar
que sus cargos son de privilegio, y hacen más notorio que son guardianes
de quienes les otorgaron el temporal cargo, que otro ocupará dentro de
poco al capricho del político de turno. ¡Todo es prestado, nada es
eterno! Pero mientras tanto, hacen de las suyas y se cogen de la
mamadera con fruición, mientras van pateando el trasero a cuanta persona
se les cruce en el camino, salvo que sea un recomendado o familiar de
otro funcionario. Estas personas, constituyen la población encargada de
ser la fuerza de choque para quienes aspiramos a nuestros derechos, pero
estos lamentablemente son conculcados por miles de funcionarios en
diversos cargos, que los “demócratas” gobernantes les otorgaron, por ser
fieles camaradas de partido o quizá por ser primos o hijos de la
cocinera de su casa, tal vez el esposo de la hija del mayordomo de su
padre, el hijo de la nana que le cambió pañales en sus primeros años de
vida, o el hijo ya crecido, que tuvieron en uno de sus viajes de
“parranda representativa”.
De nada
sirve hoy establecer que eres un profesional calificado, aunque se dice
a grandes voces que solo los que obtuvieron altas notas son los llamados
a ocupar cargos de responsabilidad, eso es fantasía, es la letra de la
ley que no se cumple, lo que siempre sucede en nuestro país. Aquí hay
demasiadas leyes, hermosas leyes en la letra, pero ausentes de
concreción; la praxis de sabias leyes no es posible en un país, donde la
informalidad y el “perro muerto” es la mejor ley que podemos contemplar.
Aun
recuerdo el año 1991, cuando recibí la visita de un ex compañero de las
aulas universitarias, que había accedido al Congreso por una lista
“demócrata”, me sorprendió y se lo dije, tu eras de izquierda y la
recalcitrante, sin embargo ¿ahora sales elegido por la derecha? ¿qué
sucedió con el alumno revolucionario, listo para asumir su posición de
líder? ¡Claudicó! Lo mismo sucedió con otros compañeros de esa
promoción de la Escuela de Psicología que ingresamos el año 1968 a la
Universidad San Agustín de Arequipa, hoy están totalmente alejados del
fragor de la batalla social, se que son prósperos ejecutivos unos,
profesionales otros, pero quedaron allí en logros personales, y ¿Qué de
la emoción social, la sensibilidad por los desposeídos y las ganas de
cambiar el sistema corrupto? Todo quedó en promesas de estudiante, se
diluyó en el tiempo.
Creo que la
mayoría de profesionales se deben a su familia a su esfuerzo personal,
pero también a la sociedad que lo cobija, no puede soslayarse de su
responsabilidad como ente social y aportar a la masa con su esfuerzo,
ideas, alternativas, de ser posible con su trabajo de campo y no
retirarse a cierta distancia durante su juventud y luego a una cómoda y
rechoncha jubilación, sin haber dado de si mismo para una sociedad que
clama cambios y desarrollo.
Si dejamos
que todo siga así entonces ¿que herencia moral y social dejaremos a
nuestros hijos? ¿No pensaron en ello?, o es que cómodamente les dieron
estudios y tal vez algún regalo de navidad para luego entregarlos a la
bestia social que cada día ha crecido y se ha vuelto mas feroz para
devorar a nuestros hijos.
Hoy
conversaba con un amigo médico y analizábamos la precariedad de la
seguridad social en el país, la podredumbre enclavada en las mas altas
esferas gubernamentales y administrativas del país, la decadencia de la
clase política y la vulnerabilidad del congreso, para quienes acceden a
esa responsabilidad, pero lo más grave es la decadencia del sistema para
asumir la responsabilidad de administrar sabiamente los recursos
fiscales. Estos son fácilmente desviados a gastos no sociales y también
debe considerarse la omisión de pago de muchos sectores favorecidos por
la clase política y administrativa corrupta y vendida, que ejerce su
poder para proteger a sus padrinos políticos, en el momento que estos lo
soliciten.
Esta es
quizá la causa de la degradación moral de la clase política, la misma
que se encadena a la escoria, a cambio de dinero para sostener una
campaña política de largo aliento, los “benefactores” son
narcotraficantes, delincuentes, evasores de impuestos, consorcios
comerciales, grupos económicos que aglomeran sectores de construcción,
proveedores, servicios, insumos, armas, vehículos, etc. Todos ellos
requieren tener un representante en el gobierno para en su debido
momento superar dificultades judiciales, aduaneras, fiscales y obtener
la buena pro en obras de envergadura, etc., es decir: “yo te ayudo hoy,
tú me lo devuelves mañana” ¡Ese es el trato!
Entonces a
la hora de concretar un proyecto para el desarrollo de un país, que en
maratónicas jornadas y con mucho esfuerzo planificaron los
especialistas de cada tienda política, se encuentran con estas “piedras”
en el camino: favores que devolver, familiares que exigen un puesto, los
amigos que atosigan con sus lamentos, la amante que también quiere lo
suyo, el hijastro, el sobrino y entonces el sistema se llena de
incapaces y corruptos, de modo que es muy difícil encontrar gente
interesada en el progreso del país, en la atención de los programas
sociales, de la educación, la salud, nos topamos con gente incapaz y
desleal, entonces nos percatamos que el destino del país es la ruina, la
bancarrota y el permanente subdesarrollo que cada día nos hunde más en
la desesperanza, en la certeza que la herencia que recibirán nuestros
hijos es podredumbre y desvergüenza, en donde ellos tendrán que hacer
uso de la “criollada” y la viveza para sobrevivir, en donde ser
profesional es inútil, por eso es que esta juventud prefiere salir al
exterior, porque allí si se valúa su esfuerzo y no piensa retornar
porque sabe lo que le espera en su amado país, que se encuentra en manos
de un lumpen de cuello y corbata.
Sabemos
perfectamente y lo hemos escuchado en miles de discursos y foros, que la
educación es elemental para que un país desarrolle, que la salud es
básica aún antes de nacer, sin embargo los que conocemos el tema sabemos
perfectamente que la educación es un negociado y el reino de la
irresponsabilidad, desde el director hasta los docentes, desde las
autoridades encargadas de sentar bases disciplinarias hasta los padres
de familia y las APAFAS, estas autoridades siembran el caos y los
legisladores están muy lejos de propiciar el cambio suficiente para que
la educación en el país retome el cauce que en algún momento pudo haber
tenido nuestro Perú, cuando la tasa de analfabetismo empezó a decrecer,
ahora no solo ello ha crecido nuevamente sino que la mediocridad se ha
enseñoreado a todo nivel: profesional, técnico y magisterial.
Quienes son
los encargados de velar por las salud del país son los primeros que se
llenan los bolsillos con dineros provenientes de contratos y facturas de
medicinas obsoletas, de hospitales que solo representan estructuras de
concreto sin proyección sanitaria, de médicos frustrados sin los
elementos suficientes para luchar contra las enfermedades, de organismos
e instituciones pobladas de gente inútil, que solo asiste a sus oficinas
a calentar asientos pero no a luchar eficientemente contra las
patologías y establecer medidas profilácticas eficientes, en un país
donde la prevención está ausente de los protocolos sanitarios, en donde
muchas enfermedades que han sido ya erradicadas de otros países aún
nosotros las tenemos con presencia peligrosa. Los médicos y enfermeras
del país se encuentran atados de manos para ejercer sus profesiones, por
las limitaciones en recursos y presupuesto para cumplir a cabalidad lo
que ellos saben hacer.
Por todo
esto he dejado de creer en lo que durante siglos ha venido a llamarse
democracia, en nombre de la cual se siguen cometiendo horrorosos
crímenes (terrorismo de estado), escudándose en el concepto de
salvaguardar el orden constitucional, cuando en realidad no es mas que
el ejercicio de un terrorismo enmascarado, cuyas directivas vienen de
grupos de poder económico constituidos en los deliberantes de los
destinos de una nación. Estos grupos de poder a su vez obedecen
consignas de transnacionales y lo que es peor, de imperios hoy en
decadencia, que en su estertor arrastran a otras naciones vilmente
hipotecadas, por gobernantes y políticos arrodillados por las prebendas
que reciben en sus cuentas bancarias.
Ahora bien,
¿de qué manera esto puede detenerse? Se han ensayado mil y una fórmulas,
se persiste en reformas, pero estas son apenas buenas intenciones o al
menos intenciones disfrazadas, que de por sí pierden efectividad. “El
hombre es lobo del hombre” frase en un drama de Tito Marcio Plauto del
siglo III, que posteriormente es citada en un epigrama por Thomas
Hobbes, (siglo XVII) filosofo ingles. Leer a Hobbes quizá nos lleve a
comprender la realidad en la que vivimos, no obstante haber transcurrido
ya cuatro siglos, plena de utilitarismo y egoísmo, en donde el hombre
obviamente acepta lo agradable y rechaza lo desagradable, pero que
debería establecer un pacto para ceder a un tercero la posibilidad de
equilibrar el movimiento que impulsa todo lo existente. Este delegar a
un tercero debe ser regido por normas inalienables y respetadas, no
puestas al servicio de alguien, para ello el poder debe ser
diversificado y no resumido en dictaduras o monarquías. Hobbes
propugnaba una especie de monarquía en su afán de encontrar solución a
la problemática humana, creemos que esa opción no es válida, debería
constituirse una especie de socialismo auténtico, no copiado ni derivado
sino sui generis, que nos lleve a una mejor convivencia, a un mejor
reparto de la riqueza, a una mejor distribución de los recursos, en
donde todos podamos acceder a los bienes del estado con mesura y
equidad.
El ser
humano debe resumir el saber en una gran doctrina, que le lleve a
conseguir la felicidad, interpretar la verdad que se encuentra dispersa
y discutir permanentemente los principios filosóficos que han regido a
la humanidad desde sus albores hasta el día de hoy, Nada debe excluirse,
todo debe ser escudriñado, descartando aquello que resulte perjudicial y
asumiendo como válido lo que es beneficioso para la humanidad, solo así
podremos disfrutar lo que tanto tiempo hemos buscado: paz global,
alimentos para todos, tierras productivas, salud integral y globalizada,
viviendas dignas y decorosas, educación accesible y honesta, y
lógicamente la erradicación de los ejércitos y armas que tanto gasto
ocasionan.
Los presupuestos de las naciones están dedicados en gran
parte a la compra de armas y sostenimiento de fuerzas armadas, cuando
esos dineros podrían utilizarse muy bien en salud, educación, alimentos
y viviendas. Entonces cuando las armas se transformen en arados, este
mundo habrá dado un gran paso a la consecución de la paz y la felicidad.
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