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0205 - La
atmósfera terrestre podría estar calentándose más rápido que lo previsto.
En ese marco, y con la actitud desaprensiva de gobiernos y sociedades, son
pocos los réditos que traerá la entrada en vigencia del
Protocolo de Kyoto
Por fin, el
Protocolo de Kyoto para detener el calentamiento global, que suscitó tan
encarnizadas discusiones, entrará en vigencia el 15 de este mes.
Lamentablemente, este muy publicitado tratado ha quedado tan diluido
por años de tramoyas e internas políticas que probablemente tenga
poca incidencia en el empeoramiento de las condiciones climáticas de la
Tierra.
Recordemos que en 2001 el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático
(IPCC) de las Naciones Unidas emitió un pronóstico sumamente sombrío
sobre el calentamiento global. En ese momento, los investigadores
advirtieron que el aumento de las emisiones de CO2 y otros gases de
invernadero provenientes del desarrollo industrial amenazaban con elevar
la temperatura del planeta entre 2 y 10 grados Fahrenheit en el curso del
siglo XXI (un aumento de la temperatura de 9 grados Fahrenheit en los
últimos 15.000 años nos sacó de la última glaciación, cuando la mayor
parte del hemisferio norte se hallaba bajo una gruesa capa de hielo).
Pero estudios más recientes indican que la atmósfera terrestre podría
estar calentándose aun más rápido que lo previsto —ominoso signo de
que quizá ya sea demasiado tarde para abordar la enormidad del cambio que
se está produciendo en el clima de la Tierra—.
Las pruebas basadas en casos particulares también siguen avanzando por
sobre los pronósticos científicos. En todo el mundo se anuncian
condiciones meteorológicas más rigurosas. El aumento de intensidad de
los huracanes en el Caribe, la elevación del nivel del mar y la inundación
de países bajos, el derretimiento del manto de hielo que cubre los picos
montañosos desde el Kilimanjaro en africa hasta los Andes en Perú, el
desprendimiento de grandes masas de hielo en el Artico y la muerte de los
arrecifes de coral son todas señales de alerta.
A los investigadores también les preocupa la disminución de la capacidad
reproductiva de muchas especies acuáticas y terrestres, la desaparición de
los bosques y el debilitamiento de los ecosistemas.
Entretanto, la humanidad parece ser absolutamente incapaz de reconocer
la cabal dimensión de la catástrofe que se avecina o de reaccionar
ante ella con la movilización urgente y sostenida del ingenio y los
recursos que se necesitaría para cambiar el curso de los acontecimientos y
volver a estabilizar la atmósfera de la Tierra.
Podríamos estar navegando a sabiendas hacia nuestra ruina y sin
embargo no estamos dispuestos a hacer los sacrificios y los ajustes
necesarios.
Los seres humanos de todo el mundo se horrorizaron ante la pérdida de
vidas y bienes ocurrida en las tierras que bordean el Océano indico en la
serie de tsunamis que las golpearon el 26 de diciembre. Aunque no se
relacionaba con el calentamiento global, el tipo de destrucción que se
presenció en diciembre es lo que los científicos predicen que ocurrirá
cada vez con mayor frecuencia en el curso de las próximas ocho décadas
debido al cambio radical del clima mundial.
La raza humana está deplorablemente poco preparada.
El Protocolo de Kyoto, a decir verdad, es un intento lastimosamente
insignificante frente a la magnitud y la escala de la crisis. Sin
embargo, hasta este débil gesto de respuesta ha sido atacado de manera
permanente.
Debieron hacerse modificaciones antes de que Rusia firmara el Acuerdo.
Entretanto, Estados Unidos, el mayor contribuyente del mundo al
calentamiento terrestre, se ha negado a siquiera firmar el tratado,
argumentando que debilitaría gravemente su crecimiento económico.
Hasta la Unión Europea, la más entusiasta defensora del tratado, reconoció
que se había quedado atrás con sus esfuerzos por efectuar la transición de
la dependencia de los combustibles fósiles a un régimen de energía
renovable basado en el hidrógeno almacenado.
Pese a los acalorados debates sobre el calentamiento global entre los
científicos y los funcionarios políticos, la mayoría de nosotros sigue
adelante con sus quehaceres diarios apenas enterados del problema y
despreocupados de lo que se debe hacer al respecto.
Uno pensaría que, con la perspectiva de la posible desaparición de la
civilización humana en la balanza, ya en vida de nuestros nietos, la
amenaza alcanzaría para atraer nuestra atención de manera sostenida y
suscitar un compromiso activo.
Pero en un mundo acelerado que se mueve por nanosegundos y donde el
período de atención humana sigue reduciéndose a las gratificaciones del
momento, con escaso interés por los compromisos pasados y las obligaciones
futuras, no es de sorprender que el calentamiento global apenas pueda
despertar nuestra curiosidad.
Lamentablemente, el calentamiento global podría terminar siendo el mayor
logro individual de la humanidad, aunque se trate de uno negativo.
Literalmente, hemos comprometido la química misma de la tierra al
consumir enormes cantidades de combustibles fósiles en el curso de los
últimos siglos.
La pregunta es qué hace falta para que la humanidad despierte al desafío
sin precedentes que enfrentamos y se dé clara cuenta de que en esto se
juega nuestro destino y el destino de la Tierra
Jeremy Rifkin es norteamericano y economista
- Traducción de Elisa Carnelli |
Manipulación del clima
con fines militares
Bush contra el Protocolo de Kyoto |