Rusia / Russia
Rusia rompe con el ultraliberalismo
/ Russia breaks away from the ultraliberalism
Evgueni Primakov

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. Russia breaks away from the ultraliberalism (English version)

280507 Rusia rompe con el ultraliberalismo.
La recuperación de Rusia entra en su segunda fase
(Español)

Durante el año 2006 Rusia entró en la segunda fase de su recuperación, indica el ex primer ministro Evgueni Primakov (En la foto). Luego de dedicarse a recuperar el control de las riquezas naturales y a restaurar el poderío militar, Vladimir V. Putin ha roto con las teorías ultraliberales. En adelante, el Estado interviene de nuevo en la economía para organizar el desarrollo del territorio, incluyendo la parte asiática de la Federación. Las ganancias provenientes de la exportación de hidrocarburos se inyectan en la economía interna para luchar contra la pobreza, sin temor a un regreso a la inflación. Pero esta política enfrenta nuevos peligros: el incremento del chovinismo dentro del país y, en el exterior, el aventurerismo militar estadounidense.

2006, año de la ruptura

Ruptura significa que las grandes tendencias, las tendencias determinantes, son sustituidas por contra tendencias. No resulta en lo absoluto obligatorio que estas adquieran inmediatamente su perfil integral, menos aún que alcancen el punto culminante de su evolución. Si partimos, como en mi caso, de esa visión, el año 2006 fue el de la ruptura con toda una serie de estereotipos impuestos a la sociedad rusa desde principios de los años 1990. ¿Qué quiero decir con esto?

Primeramente, luego de haber pasado mucho tiempo tirando de la cuerda, hemos descartado finalmente –y yo espero que también definitivamente–la idea de que incluso en los albores de la economía, e incluso antes de la creación del primer mercado civilizado desarrollado, sea posible renunciar a una resuelta intervención del Estado en la vida económica del país. Según los dogmáticos liberales, el papel del Estado debe limitarse únicamente a una macro regulación y el sector real de la economía no tiene ninguna necesidad de inversiones provenientes del Estado. Podemos citar como ejemplo la posición del ministerio de Finanzas, hostil a la creación de un Fondo de Inversiones. En otras palabras, hostil a un financiamiento dirigido, con fondos provenientes del presupuesto del Estado, de los proyectos que el país necesita. Únicamente la obstinación del ministerio de Desarrollo Económico, que entró en conflicto con el ministerio de Finanzas, permitió finalmente la creación de ese Fondo. Dicho sea de paso, la separación, en 2006, del «tándem» ministerio de Finanzas-ministerio de Desarrollo Económico, que anteriormente había defendido la idea de excluir radicalmente al Estado de la economía, se convirtió en un síntoma definitivo de ruptura.

En segundo lugar, el presidente Vladimir V. Putin declaró el año pasado que, debido a las elevadas tarifas mundiales de los recursos exportados, las exportaciones de materias primas tenían que servir para desarrollar la economía y elevar el nivel de vida de los rusos. ¿No es esto síntoma de una ruptura con la tendencia que defendían celosamente los que declaraban que el Fondo de Estabilización no debía gastar ni un centavo dentro de Rusia ya que, según decían, eso podía provocar un aumento de la inflación? La inflación, cuyas causas son numerosas, resiste, además, de la misma manera cuando no se toca el Fondo de Estabilización. La política de consolidación desenfrenada de la tasa monetaria real del rublo también está subordinada a la lucha contra la inflación, lo cual afecta gravemente la competitividad de los productores rusos.

La creación del Fondo de Recursos No Renovables es una medida indispensable, lo cual está demostrado por la práctica mundial. Pero, ¿cómo gastar el excedente de los fondos provenientes de los elevados precios de las materias primas? Estuve leyendo un artículo del profesor Alexei Kudrin publicado en la revista Asuntos económicos. Este presenta un interesante panorama que muestra hacia qué objetivos se dirige el dinero proveniente de los recursos no renovables en Kuwait, Alaska, Chili, Noruega y Venezuela. Según ese panorama, en todos esos países sin excepción, esos fondos se convierten de una u otra manera en fuente de financiamiento de la economía nacional.

El ejemplo de Alaska resulta característico. Se crearon dos fondos: un fondo permanente y un fondo de reserva. Alrededor de la mitad del fondo permanente se destina a la población de Alaska en forma de dividendos y el resto se reinvierte. En cuanto al fondo de reserva, este sirve para alimentar el presupuesto. Hay un límite establecido para la utilización de los medios pertenecientes a ese Fondo, pero ese límite no es fijo y puede ser revisado por vía legislativa.

¿Por qué resulta tan importante el ejemplo de Alaska? Porque se trata de un territorio que también presenta problemas de demografía y de desarrollo.

Otro ejemplo característico, el Fondo Petrolero del Estado existente en Noruega (los que se oponen a la utilización de los fondos provenientes de los recursos no renovables gustan de referirse a la práctica de ese país). Sin embargo, según el citado artículo, el dinero proveniente del fondo noruego «sólo puede ser utilizado en transferencias destinadas al presupuesto del gobierno central».

Pienso que en 2007 no prevalecerá la posición de quienes afirman que no se puede utilizar los medios acumulados en el Fondo de Estabilización, ni siquiera para crear infraestructuras en el sector del transporte en Rusia, país que cuenta con 50 000 aglomeraciones urbanas que no están conectadas a las grandes carreteras. Ni para cubrir la parte correspondiente a los ingresos presupuestarios, cuyo descenso está condicionado por la reducción de los impuestos sobre los productos de alta tecnología, la industria de transformación y las pequeñas empresas. También hay una ruptura en la medida en que hay cada día más gente que comprende que la disminución del peso de los impuestos en esos ejes ayudará a la necesaria modificación de la estructura de la economía rusa, conducirá a la búsqueda de su florecimiento y, a fin de cuentas, acrecentará las sumas que alimentan el presupuesto.

En tercer lugar, durante el año 2006 se produjo un viraje decisivo hacia una economía con opción social. Me refiero a los cuatro proyectos nacionales que propuso el presidente Vladimir V. Putin, en lo tocante a la salud, la educación, la construcción de viviendas y el desarrollo de la agricultura. El carácter decidido de esa iniciativa está subrayado por el hecho que, desde el comienzo de la reforma de mercado de la economía rusa, los dogmáticos liberales afirmaban que el Estado sólo debe preocuparse por los más débiles y que los demás tienen que resolver por sí mismos sus propios problemas sociales. En el fondo, rechazaban toda inversión del Estado en el hombre.

En cuarto lugar, fue durante el año 2006 que comenzó la lucha contra la corrupción. No puede decir que haya pasado ya del carácter “selectivo”. Pero el hecho de que ciertos corruptores de alto rango hayan sido puestos al margen de los negocios, el hecho que funcionarios intermedios sean objeto de acciones penales es esperanzador. Esperanza que se refuerzan con declaraciones de Vladimir V. Putin, como aquella en la que señaló que los contactos entre funcionarios provenientes de cualquier nivel y el mundo de los negocios constituye un mal extremadamente peligroso. Si esas palabras se ratifican mediante medidas firmes durante el año 2007, la corrupción se verá privada del medio que la propicia en Rusia.

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No se debilita el papel del Estado en la economía

Los logros económicos del año 2006 son innegables. Hace ya varios años que se mantiene el desarrollo económico: cerca del 7% del PIB. Resulta incluso muy superior al nivel medio mundial. Lo principal aquí es que ese florecimiento transcurra sin recesiones importantes y que se mantenga durante un período largo. Por primera vez la inflación no pasó el límite del 10%. Las reservas en oro y divisas alcanzaron una cifra record. Subió el nivel de vida de la población. Creo que todos esos resultados positivos están relacionadas, en buena parte, con la ruptura con las tendencias esbozadas en los años 90.

Pero, ¿se puede considerar que hemos alcanzado con esto un límite a partir del cual el papel del Estado en la economía tendría que ir disminuyendo? No se puede juzgar la situación de esa manera. Durante el año 2006 los éxitos estuvieron acompañados de una serie de desequilibrios que exigen que el Estado tome medidas serias para hacerlos desaparecer. Me detendré sólo en algunos de ellos.

Veamos el primero. A pesar de una dinámica económica positiva, no se vislumbra una salida de la crisis demográfica. Esta reviste dos dimensiones en nuestro país. Por un lado, la disminución de la población en general; del otro, la salida bastante rápida de gente que abandona regiones esenciales en el aspecto económico: Siberia, la Transbaikalia y el Extremo Oriente. En 1991, 22 millones de personas vivían en lo que hoy constituye la circunscripción federal de Siberia. Hoy quedan sólo 19 millones. Hacia fines de 2025, según la previsiones de Rosstat, en Siberia quedará sólo un poquito más de 17,5 millones de habitantes, o sea cerca del 20% menos que en 1991. La circunscripción federal de Siberia representa cerca de la tercera parte de la superficie de Rusia y el problema no es solamente que esa tercera parte está poco poblado. La distribución de la población es allí muy desigual. Como decía, en la reunión del Mercury Club, el representante del presidente Vladimir V. Putin, Anatoli Kvachnin, si se traza un círculo de 300 Km. alrededor de Novosibirsk, encontraremos dentro de él 12 millones de habitantes, de los 19 millones que actualmente pueblan Siberia.

La situación demográfica es más difícil aún en el Extremo Oriente, donde la población disminuyó en más del 16% en 15 años. Para resolver el problema demográfico, algo que constituye un objetivo nacional primordial, hay que proponer un plan complejo y sistemático para el desarrollo de esas regiones. Me dirán que ya se han adoptados muchos proyectos de ese tipo. Yo respondería que ninguno de ellos ha tenido un carácter de conjunto, multilateral y sistémico. Claro, eso es consecuencia del hecho que los controles no están a la altura de esos proyectos dispersos ligados a un problema que reviste una importancia vital para Rusia, de una importancia económica, geopolítica y que está directamente ligado a los intereses de su seguridad. Poco antes del fin del año 2006, el presidente Vladimir V. Putin mencionó ese tema ante el Consejo de Seguridad. Entonces distribuyó tareas. Veremos cómo se concretan estas en durante el 2007.

Segundo desequilibrio. Durante el 2006 el desarrollo de nuestra economía condujo a una dinámica de consumo más bien elevada. Eso está bien. Pero el aumento del consumo va acompañado del mantenimiento de un bajo nivel de competitividad de los productos de la industria rusa. Ese desequilibrio estimula el incremento de las importaciones, cuyo ritmo es muy superior al de la industria nacional. El año pasado la porción del PIB correspondiente al comercio al por mayor y al detalle fue superior al 35% mientras que bajó la porción correspondiente a la industria. No se trata, naturalmente, de dedicarle menos atención al desarrollo del comercio y del sector de los servicios, lo cual era un defecto de la economía en la época soviética, o de limitar las importaciones. No debemos hacerlo. Pero la cuestión de la competitividad de la producción nacional se plantea con más fuerza aún. Para llegar a una solución, hay que poner a la industria en el camino de la renovación. Y no podremos hacerlo sin una seria intervención del Estado.

En estos últimos años Rusia ha dado un verdadero salto, con la creación de un Fondo de Inversiones financiado por el presupuesto, de un fondo “venture”, de las zonas económicas especiales, con la formación –en proyecto– de un organismo encargado de la gestión pública del desarrollo que se especializará en el financiamiento de los proyectos de inversiones a largo plazo, específicamente en materia de exportación. Al mismo tiempo, y no podemos cerrar los ojos ante esto, tiene poca amplitud la utilización de los instrumentos creados en las actividades de innovación. En Rusia, por ejemplo, se han creado nada más que cuatro zonas de innovación y de desarrollo. Digamos, para establecer una comparación, que en China tienen 57.

En ese sentido, la vía innovadora de desarrollo se hace para Rusia absolutamente indispensable debido a las difilcultades demográficas de nuestro país. Estas dan lugar a una reducción de la oferta de fuerza de trabajo, situación que no solamente se puede resolver mediante una intensificación del trabajo, una elevación de su productividad, lo cual resulta imposible sin el progreso técnico y tecnológico.

Tercer desequilibrio. A pesar de una ligera disminución del número de personas que vive por debajo del límite de pobreza, la desigualdad entre el 10% de la población que tiene los ingresos más altos y el 10 que tiene los ingresos más bajos persiste e incluso se está ampliando. Según las cifras de Rosstat, los ingresos monetarios de los ciudadanos más acomodados van en aumento mientras que los de los más desfavorecidos se estancan. Son por consiguiente los ricos los que más se benefician con el crecimiento económico. Se trata de una tendencia alarmante. Y que está lejos de ayudar a estabilidad social de Rusia.

Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta otro aspecto del problema, que yo calificaría de circunstancia agravante. Se sabe que, en los países desarrollados, la miseria afecta fundamentalmente a desempleados, inmigrantes y familias numerosas; pero en nuestro país, en Rusia, el 35% de la gente que cobra menos que el mínimo vital o que están cerca de ese límite son familias de trabajadores que tienen uno o dos hijos. En Rusia, los pobres son, en su gran mayoría, asalariados o retirados. Basta con decir que más del dos trabajadores de cada tres perciben un salario al salario mínimo vital en la agricultura, más de uno de cada dos en el sector de la cultura y del arte. El bajo costo de la fuerza de trabajo da lugar, sobre todo, una falta de interés por el progreso técnico y tecnológico.

Otro importante desequilibrio proviene del hecho que, a pesar del desarrollo del federalismo, seguimos conservando, en el fondo, el sistema financiero de un Estado unitario. Además, si hace unos pocos años todavía era posible justificar esto o explicarlo por la voluntad de mantener la integridad territorial del país, de utilizar los flujos financieros del centro hacia las regiones para consolidar el Estado único, esa explicación deja de tener sentido desde que se construyó una línea vertical de poder con la nominación de los gobernadores. Sobre todo teniendo en cuenta que, en todos los Estados federales, la centralización política se refuerza mediante una autonomía económica creciente de las entidades de la Federación. Pero, ¿de qué aumento de la autonomía económica de nuestras regiones podemos hablar si la mayoría de ellas entregan al centro gran parte de los impuestos que cobran localmente y si ellas mismas dependen por completo de las transferencias y subvenciones del centro federal? A menudo se explica esa práctica alegando la necesidad de equiparar la situación económica y social en el conjunto del país. Eso es realmente indispensable, pero no [debe hacerse] con métodos que no satisfacen ni a las entidades beneficiarias ni a las entidades donantes.

Es innegable que los desequilibrios siguen siendo numerosos en nuestro país. Podemos citar aún:
 
. el decrecimiento de los ritmos de crecimiento de las exportaciones de petróleo y de otras materias primas, que no se compensa con un aumento de las exportaciones de productos de alto valor agregado;
. la ausencia de un sistema de créditos a largo plazo con tasas aceptables aunque se hace necesario garantizar un desarrollo económico importante y estable;
. el crecimiento de las inversiones extranjeras provenientes del exterior que se limita al sector relativamente estrecho de las materias primas;
. el considerable atraso de uno de los países más ricos en productos energéticos en el terreno de la eficacia de la utilización de la energía;
. la ausencia de un mecanismo capaz de protegernos con eficacia de una formación de precios de tipo monopolista;
. un alto potencial intelectual que no se corresponde con un rendimiento extremadamente pobre que representa sólo el 0,5% de la producción de tecnología de punta y de alta tecnología en el mercado mundial;
. y, finalmente, las graves lagunas del mecanismo de toma de decisiones, en la que gobierno sabe de antemano que todos sus proyectos de ley tendrán automáticamente el apoyo de la mayoría parlamentaria cuando sean presentados a la Duma. El ejemplo más flagrante de ello es la llamada ley de monetarización de las ventajas, cuyas graves insuficiencias también tuvieron un impacto negativo en el año 2006, sobre en lo tocante al acceso a las medicinas.

El contexto interno e internacional

Cuando tratamos de analizar la situación política interna del país en 2006, el hecho de que los nacionalistas, bajo el impulso de la xenofobia, levanten la cabeza aparece como uno de los fenómenos más dolorosos. El patriotismo debe ser uno de los rasgos dominantes del ciudadano ruso, o sea el amor por la Patria y por el pueblo. Pero lo que caracteriza a los nacionalistas es el deseo de medir a los demás estableciendo la superioridad de su propio pueblo ante los otros. Algunos consideran que el internacionalismo que le oponemos es una formulación comunista que debiera ser reemplazada por el nacionalismo en las condiciones de desarrollo de Rusia en el marco del mercado. Esa interpretación es completamente falsa y nefasta.

Su carácter nefasto aparece todavía más cuando, por motivos indudablemente sanos –resulta indiscutible– se utiliza una terminología ambigua, como la afirmación de la «democracia soberana» de Rusia.

Claro está, Rusia fue y sigue siendo un Estado soberano, con una larga y rica historia. Naturalmente, las instituciones estatales rusas son originales, al igual que la mentalidad de gran parte de la población, tanto la de los rusos como las de otros pueblos de nuestro país. Rusia marcha hacia valores universales como la democracia pero lo hace siguiendo sus propias vías, que tienen en cuenta las tradiciones, la historia, el carácter multiétnico del Estado y su situación geográfica. Como muchos otros países, Rusia no admite sermones infundados y abstractos del extranjero, y admite menos todavía que traten de imponerle un modelo de estructuración de la sociedad, de forma de administración. Pero es indispensable que todo eso, que forma parte del concepto de soberanía del Estado, no esté al servicio de aquellos que, dentro del país o fuera de él, tratan de alejar a Rusia de los procesos objetivos en desarrollo: la globalización, la internacionalización de la actividad económica, el acercamiento entre las civilizaciones. Es indispensable defender los intereses de Rusia y de toda su población. Pero hay que hacerlo sin una confrontación con otros pueblos y países que resultaría humillante, nefasta y peligrosa para nosotros.

Abordemos ahora el contexto internacional en el que Rusia se desarrolla hoy. El fin de la guerra fría estuvo acompañado de un retroceso del sistema bipolar y una organización multipolar del mundo comenzó a construirse. China y la India, que disponen de un colosal potencial humano, se desarrollan rápidamente. Durante el año 2006, esos dos países sobrepasaron a Estados Unidos, si unimos el PBI de ambos. Dado que el crecimiento económico de China y la India es 2,5 veces superior al de Estados Unidos, parece evidente que son esos dos países los que garantizan el mayor aporte al desarrollo de la economía mundial. El aporte de la Unión Europea también fue superior al de Estados Unidos durante el 2006. Brasil y Argentina se transforman en países posindustriales. El proceso de integración es prometedor en América Latina. Es difícil imaginar que Rusia, cuyo desarrollo es dinámico, no se convierta en un centro autónomo en ese mundo multipolar.

Pero existen obstáculos objetivos para el desarrollo de esa organización multipolar en el mundo. Se trata de la política de Estados Unidos. En las condiciones actuales, este país es el más desarrollado del mundo en el aspecto económico, es el más fuerte en el plano militar y el más avanzado en el aspecto científico y tecnológico. En ese contexto, bajo el gobierno de la actual administración estadounidense, hemos asistido a la consolidación de la influencia de quienes tratan de mantener las posiciones hegemónicas de Estados Unidos durante este período de edificación de una organización multipolar del mundo. Eso repercute de forma negativa en el proceso de neutralización de las amenazas a las que la humanidad se enfrenta desde el fin de la guerra fría.

Citaré tres de ellas. La primera es la proliferación de las armas nucleares y de otros medios de destrucción masiva fuera del círculo de los cinco miembros oficiales del club nuclear que han aprendido a dar pruebas de moderación en las cuestiones relativas al uso de esa arma. La segunda es el terrorismo internacional, que se manifiesta bajo los rasgos del islamismo, aunque no tenga nada que ver con el Islam como religión. La tercera son los conflictos regionales que se agravan. El peligro es tanto más grande cuanto que esas tres amenazas pueden acumularse.

Fracasó la doctrina del unilateralismo. ¿Y después?

En la época de la guerra fría, lo que garantizaba la estabilidad en la arena internacional era la disuasión mutua de los dos superpotencias que dirigían los dos bandos ideológicos opuestos. En otras palabras, estaba basada en una confrontación cuyos límites aparecían claramente delineados.

Hoy en día, conjurar las nuevas amenazas sólo es posible mediante los esfuerzos comunes y dirigidos de todos los grandes centros del mundo unipolar en procese de formación. Pero esa verdad, al parecer indiscutible, está lejos de ser fácilmente realizable. Como quedó demostrado durante la operación de Irak, Estados Unidos se arrogó el derecho exclusivo de decidir qué país representaba una amenaza para la seguridad internacional y de decidir por sí solo si había que utilizar o no la fuerza contra ese país. Al mismo tiempo, proclamó su firme voluntad de exportar la democracia a países cuyo régimen no le conviene.

Ya se ha podido comprobar el fracaso de esa política, fracaso que también admiten numerosos representantes estadounidenses. Hasta el propio presidente Bush admitió recientemente, por primera vez, que Estados Unidos no ha triunfado en Irak. ¡Y de qué manera! Luego de la operación estadounidense, ese país árabe se ha hundido en el caos. Se desató una guerra civil con bases religiosas. El peligro de división del país aumenta cada vez más. Irak se transformó en la principal base de Al Qaeda.

El fracaso de la política estadounidense en Irak asestó un golpe mortal a la doctrina del unilateralismo. Eso fue lo que demostraron las últimas elecciones parlamentarias en Estados Unidos, en las que el Partido Republicano perdió la mayoría en ambas Cámaras.

Pero ese golpe mortal no significa aún el fin de esa doctrina, sobre todo cuando hay quien se las arregla para seguirle prolongando la vida por todos los medios. Prueba de ello es la «nueva estrategia» que proclamó Estados Unidos para Irak. Esta consiste en realidad, para el presidente Bush, en tomar la decisión, a pesar del parecer del Congreso y de la mayoría de opinión pública, de enviar a Irak un refuerzo de 22 000 soldados. Esa decisión es a la vez tonta y sin perspectivas como si, para salir del atolladero iraquí, bastara simplemente con que Estados Unidos aumente en una sexta parte la presencia de sus tropas de ocupación. Esa decisión, de carácter cínico, trata de ignorar el hecho de que el número de soldados estadounidenses muertos en Irak sobrepasa ya el número de víctimas de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, sin mencionar las decenas y decenas de miles de muertos iraquíes.

El hecho es que, en Estados Unidos, se entiende cada vez más ampliamente el perjuicio que ha causado el carácter unilateral de las soluciones de fuerzas adoptadas. Pero eso no significa que la administración estadounidense esté dispuesta a emprender acciones multilaterales universales para contrarrestar los nuevos peligros que amenazan la seguridad y la estabilidad del mundo. Hecho característico, no se apuesta por el fortalecimiento y la modernización del mecanismo internacional universalmente reconocido, o sea la ONU, sino por la extensión del bloque militar de la OTAN.

Creada como organización regional en la época de la guerra fría, en estos momentos la OTAN extiende poco a poco su influencia belicista a otras regiones.

Esa organización desplegó ya sus tropas en Afganistán. Y nadie sabe cómo evolucionará la situación. Por tanto, no podemos menos que sentir alarma cuando vemos, por ejemplo, que ciertos medios de difusión estudian la hipótesis de una intervención armada en Irán y Siria, intervención que podría dirigir la OTAN de no ser Estados Unidos. Naturalmente, hay mucho trecho entre esas discusiones y la concretización de la idea. Muchos miembros de la OTAN se negarán sin dudas a recorrer ese camino. Pero, ¿no hay acaso que estar alertas cuando vemos que los nuevos miembros de la OTAN y los países que quieren integrarse a toda costa a esa alianza están a menudo dispuestos a pagar un precio increíblemente alto por ganarse la simpatía de Estados Unidos?

La Alianza del Atlántico Norte, que no cesa de enrolar a nuevos países, se está acercando a nuestras fronteras. Por supuesto, eso no puede dejar de inquietarnos. Sobre todo porque la ampliación de la OTAN va acompañada de una retórica antirrusa y de una política ofensiva de Estados Unidos en las repúblicas ex soviéticas. Moscú no puede evitar ver en ello actos dictados por el descontento de ciertos medios occidentales al ver que Rusia, que está recuperando su gran potencial prometedor, vuelve a su posición de gran potencia. ¿No es acaso eso lo que demuestra la reacción histérica que provocada, en Occidente, por la resuelta decisión de Rusia de vender sus productos energéticos a los precios del mercado [mundial]?

Rusia: una política óptima

En esas condiciones, nuestro país pone en práctica, diría yo, una política exterior óptima. Obligada a consolidar su potencial militar estratégico y táctico, Rusia demostró de todas las formas posibles su voluntad de convertirse en una de las principales fuerzas para la estabilización de la situación internacional. El año pasado confirmó los éxitos de la política exterior rusa: establecimiento de relaciones estrechas, a veces incluso estratégicas, con numerosos países de Asia, en especial con China y la India; voluntad inquebrantable de mantener estrechos lazos con los países europeos; relaciones mutualmente ventajosas con Estados Unidos. Lo más importante es que el presidente Vladimir V. Putin adoptó una línea que conjuga la firme defensa de los intereses nacionales de Rusia con la voluntad de evitar toda confrontación con los demás países [1].

Me parece que los políticos occidentales deberían reflexionar sobre el papel y el lugar de Rusia en el mundo actual. No sobre el de una Rusia ficticia en la que la política interna degeneraría en amenaza para sus vecinos, ni sobre el de una Rusia imaginaria que utilizaría con fines imperiales las entregas de productos energéticos a otros países sino sobre el de la Rusia real que no tiene la intención de seguir la estela de ninguna política y que concentra a la vez sus esfuerzos en la lucha contra el terrorismo internacional, contra la proliferación de las armas de destrucción masiva, que no acepta una división del mundo en civilizaciones y religiones, que trata de utilizar sus excepcionales posibilidades en poner fin al extremadamente peligroso conflicto del Medio Oriente, el de la Rusia que aplica una política que haga entrar en razón a aquellos, carentes de juicio, que nada han aprendido en Irak y que se aprestan a reeditar sus mortales actos de fuerza contra los regímenes que no les agradan.

Se puede decir, en conclusión, que el año 2006 fue, en su conjunto, un año exitoso para Rusia. Los procesos positivos predominaron en la economía y la política. Pero los problemas pendientes, ciertos desequilibrios, se vieron con más claridad. Es absolutamente necesario dedicarles la mayor atención a principios de este año 2007, tanto más cuanto que el año será mas complejo debido al contexto electoral.
 

Evgueni Primakov Ex jefe de la KGB, sucesivamente ministro de Relaciones Exteriores y luego primer ministro bajo la presidencia de Boris Yeltsin, Evgueni Primakov es autor de Le Monde après le 11 septembre et la guerre en Irak.


Russia breaks away from the ultraliberalism. The second stage of the Russian recovery has started - Evgueni Primakov

The Russian former Prime Minister, Evgueni Primakov, indicates that Russia got into the second stage of its recovery during 2006. Having attempted to take back the control of natural resources and to restore the military power, Vladimir V. Poutin broke away from the ultraliberal theories. Henceforth, the state interfere again in the economy to organize the territory development, the Federation’s Asian part included. Receipts resulting from the hydrocarbons’ export are injected in the internal economy to fight poverty, without refueling inflation fears. However, this policy has to face new dangers: The rising chauvinism inside, and the United States’ military adventurism outside.

2006: Achievements and disproportions

At our traditional meeting a year ago my presentation was entitled “Will 2006 Be Crucial for Russia?” In my opinion, in many respects it was. What do I mean by “crucial”? I mean that certain principal trends are now being replaced by their opposites. It was not necessary for them to obtain a clear-cut full-fledged status, to say nothing of climaxing in their development. If we were to proceed from such understanding of that - and I do proceed from that - many stereotypes that had been persistently imposed on our society from the 1990s on disappeared last year. Which ones do I mean?

First, after we spent a lot of time in a tug-of-war we have finally, and hopefully, discarded for good the premise that even at the dawn of establishing of market relations in Russia, and prior to the creation of a well-developed market we could do without a resolute and efficient interference by the state in the course of economic life in this country. Dogmatic liberals argue that the state should limit its activities in this area to nothing but micro regulation as there is no need whatever for the sate to invest in the manufacturing sector. An example of this is the resistance mounted by the Finance Ministry against setting up the investment fund, or in other words against channelling budget allocations to the targe projects the nation needs so badly. But for the perseverance of the Ministry of Trade and Economic Development that steadily fought its opponents, the Fund would have never been established. By the way, the “disengagement“ in 2006 of the “tandem” of these two ministries that had previously stood for the idea of a total ousting of the state out of economic matters proved to be meaningful evidence that a break-up of this premise took place in this country. Second, last year we all heard President Putin say that - given high global prices - the natural resources sector should be a vehicle of economic development and a means of raising living standards of Russia’s population. Is it not an evidence of a dramatic change of the trend so zealously supported by those who used to state that not a single kopeck of the Stabilisation Fund money should be spent at home for fear that it might allegedly provoke soaring inflation? Inflation was caused by a number of reasons rather than just one and it never went downhill while the Stabilisation Fund remained untouchable. The line on an unrestrained strengthening of the rouble-to-dollar exchange rate is also a result of the fight against inflation, which does much harm to the competitiveness of Russian manufacturers.

The creation of stocks of non-renewable resources is a necessary step as is evidenced by the world’s experience. But how should we spend unplanned revenues we are earning owing to high world prices for the goods we export? Recently I read professor Aleksei Kudrin’s article in the journal “Issues of Economics”, where he presents an interesting table showing target projects financed by the funds that accumulate non-renewable resources in Kuwait, Alaska, Chile, Norway and Venezuela. It is clear from that table that in all these countries without exception the money they accumulate become a source of funding national economies in one way or another. The example of Alaska is very characteristic. Two funds are set up in Alalska, a permanent fund and a reserve fund. About half of the revenues of the permanent fund is paid to the population as their dividends, and the remainder is reinvested. The reserve fund is used to credit the budget. A variable cap is fixed for the use of the fund’s money that can be reviewed by law-makers. Why is Alaska’s example so important? Because that state also faces demographic and development problems. The Norwegian state oil fund is another characteristic example which supporters of immunity of stocks of non-renewable resources are so fond of referring to. However, to quote the table the money of the Norwegian fund “can be used only for transfers to the budget of the central government”. The inclusion of this table cannot be evaluated as other than the author’s objectivity as a researcher.

I think that 2007 will not see the triumph of the stance of those who state that money accumulated in the Stabilisation Fund may not be spent even for the creation of Russia’s transport infrastructure, where 50,000 settlements and villages have no connection to main motorways, or to cover that part of the budget, which decreases due to lower taxes in the science-intensive manufacturing sector, the processing industries and small business. We have also passed the point of no-return in that the number of those who realise that reduction of the tax burden in these segments would promote the necessary change of the structure of Russia’s economy thus stimulating its further growth and in the long run increasing budget revenues, is growing.

Third, in 2006 there was a resolute turn to the socially oriented economy. I mean the four national projects proposed by President Putin – in the areas of public health, education, housing construction and the development of agriculture. The resolve with which this initiative was proposed is stressed and accounted for by the fact that right from the start of economic reforms in Russia dogmatic liberals harped on the idea that the state should take care of only the disabled and incapable people, while the rest should solve their social problems on their own. In essence they denied state investments in the human being.

Fourth, the fight against corruption began in 2006.I cannot say that it has overcome its “random attack” character. But even the facts of several high-ranking corrupt officials having been fired and criminal proceedings against the middle-layer apparatchiks started, instil hope. This hope is invigorated by Vladimir Putin’s words that the perfect union between state officials at all levels and business has become the most dangerous evil. If resolute action follows this statement corruption in Russia would be deprived of its breeding grounds.

Next, about Russia’s economic development in 2006. For a number of years we have seen this country’s annual economic growth of almost 7% of the GDP, a much higher rate than the world’s average. What is the most significant about that is that this growth has taken place for quite an extended period in the absence of serious falls. For the first time in years inflation in 2006 was lower than 10%. Gold and hard currency reserves showed a record growth, and the living standards of the population have also risen. I think that all these positive results are to a large degree linked to the fact that what is taking place is a drastic change of the trends that began to take shape in the 1990s. At the same time, would it be right to think that we have already reached a point at which the role of the state in the economy is levelled down? It would not; we cannot assess the situation like that. Alongside certain achievements a number of disproportions became evident in 2006 in the economy that require taking serious measures with an eye at overcoming them. I will dwell on some of them.

First. In the conditions of positive economic dynamics there was no sign of overcoming the demographic crisis. In Russia it has two dimensions. On the one hand it is the decrease of the entire population and on the other – quite a rapid outflow of workforce from Russia’s economically most important regions. I have in mind Siberia, the Transbaikalia and the Far East. In 1991 about 22 million people lived on the territory that is nowadays called the Siberian Federal District. At present they number 19 million. According to the projections of the States Statistics Committee, by the end of 2025 there will be a little more than 17.5 million residents in this area. In other words, compared to 1991 the size of the population will have decreased by 20%. The Siberian Federal District occupies one-third of the entire Russia’s territory, but the trouble is not that this area is underpopulated. The pattern of the spread of the population is very unequal. As Anatoli Kvashnin, Presidential representative in this district said speaking at a session of “Mercury Club”:” Put a pair of compasses on the map with the centre in Novosibirsk and draw a circle of 600 kilometres in diameter. 12 million out of 19 million Siberians will be the residents of that circle.”

An even worse demographic situation is taking shape in the Far East, where the number of population in the last 15 years decreased by more than 16%. To solve the demographic problem, which is a top priority issue for the nation, a systemic complex plan of the development of these regions should be proposed. Someone may object saying that a big number of such projects have already been adopted. My answer is none was of a comprehensive, multilateral and systemic in character. Of course, it was also due to the fact that there is no adequate means of monitoring and control of the implementation of even these segmental projects that could help solve the problem vitally important for Russia, the economic and political problem directly influencing this country’s security. Shortly before the end of 2006 President Putin spoke about that at the Security Council. Orders and assignments have been given. Let us see how they are going to be implemented in 2007.

The second disproportion. The development of our economy in 2006 led to a rather high dynamics of consumption. This is very good. But the growth of consumption is taking place against the background of low competitiveness of the products of the Russian industry that was characteristic for a number of years. Such imbalance stimulates further growth of import, whose rate is significantly higher than growth rates of Russian industries. The share of wholesale and retail trade in the GDP amounted to more than 35% last year. The share of industrial product in the GDP decreased. No one is willing to disregard issues of development of trade and services, which was the sin of the economy in the Soviet period, or erect a barrier for imports. This should not be done. But the issues of domestic industries’ competitiveness become more and more acute. And this can be achieved only by switching our industries onto the innovation tracks. This cannot be done without a strong state involvement.

In the last several years a real breakthrough took place in Russia. Budget-supported investment and venture funds were established here along with special economic zones, there are plans to set up the State Corporation of Development that will be responsible for financing long-term investment projects including export-oriented ones. At the same time there are facts, which we should not close our eyes on – of insignificant scale of use of new tools of investment activities. For example, four technical and technological innovative zones are now being established in Russia. Compare this with 57 such zones in China. Incidentally, the innovative way of development is becoming more and more acute and urgent for Russia also in connection with its complicated demographic situation. It leads to a decrease of supply of workforce, which can only be overcome by raising intensity of labour and its productivity, and that is impossible without technological progress. The third disproportion is due to the fact that with a certain reduction of the number of people living beyond the poverty line, the gap between the 10% of the earners of the biggest revenues and the 10% of the lowest-paid people remains intact or even increases. According to the State Statistics Committee, the volume of earnings of the well-to-do is growing while the volume of revenues of the lowest-paid people remains the same. So it is exactly the rich who benefit the most from the economic growth. This is a trend that causes concern. It is far from being a factor of bringing about social stability in Russia.

At the same time we should pay attention to another aspect of the problem, which I would call an aggravating factor. It is known that poverty in the developed countries is mainly localized among the unemployed, migrants and families with many children. In Russia 35% of people living under or close to the poverty line are families of working people with one child or two children. The bulk of the poor in Russia are contract employees or old-age pensioners. Suffice it to say that the pay of two thirds of agricultural workers and more than half of the people in the sphere of culture and the arts is lower than the minimum subsistence level. On top of other things the cheap workforce accounts for the lack of interest in the technical and technological progress.

Another major disproportion is the fact that along with the development of federalism we actually preserve the financial system of a unitary state. If several years ago this could have been vindicated by the intention to save the country’s territorial integrity, using financial flows from the centre to the regions as a means of strengthening the single state, following the building of a political vertical structure by way of appointing governors, such an explanation is meaningless. All the more so that in all federative states political centralization is strengthened owing to the growth of economic independence of the federation subjects. What should we say about the growth of economic independence of our regions if most of them transfer to the centre the bigger share of taxes they collect, being totally dependent on the transfers and subventions from the federal centre. Such a practice is often accounted for by the need to level out this country’s social and economic situation. Indeed, this has to be done but not using the methods that are unacceptable to either the recipient, or the donor subjects.

Well, speaking about disproportions, unfortunately, we have a lot of them. They include:

- the slowdown of the growth rates of export of oil and other natural resources is not compensated for by the growth of export of products with a big share of added value;
- given the need to ensure high and sustainable economic growth there is no system of long-term crediting at a reasonable interest rate; # the growth of foreign investments is limited a comparatively narrow area of extraction of natural resources;
- as one of the world’s biggest energy producers, in terms of efficiency of the use of energy, Russia is lagging behind other countries sometimes by factor of 100%;
- no mechanism is in place to ensure efficient protection against monopolistic pricing policies;
- a high level of the intellectual potential is incompatible with its extremely low productivity amounting to 0.5% of the research-intensive products and state-of-the-art technologies on the global markets;
- finally, serious disadvantages of the decision-making mechanism are evident; the government knows well in advance that all the bills it tables at the State Duma would be automatically supported by parliamentary majority. The most striking example is the Preferences Monetisation Law whose drastic weaknesses negatively affected the beneficiaries also in 2006 especially in the process of provision of pharmaceuticals to social security beneficiaries.

Making an attempt to analyze the domestic political situation in 2006 I’d say it became evident that one of the phenomena causing grave concerns was the fact that nationalists moved by xenophobia began to raise their heads. One of the main features of a Russian citizen should be patriotism. This is love of Motherland and its people. However, the nationalists are characterised by the desire to ride the high horse before others, emphasising the superiority of the people they belong to over others. Some people regard internationalism that opposes that trend as a Communist definition, which in the conditions of the development of market economy should allegedly be replaced by nationalism. Such a theory is absolutely wrong and harmful. Its harm can aggravate if, undoubtedly guided by common sense, such theoreticians come up with ambiguous terminology, for example the assertion that what inherent to Russia is “sovereign democracy.”

Russia certainly has been a sovereign state with a long and rich history. Naturally, both Russian state institutions and mentality of the majority of the population retain their originality. Russia is moving along the road to the human values shared by all of mankind, including democracy, choosing its own direction with regard to its traditions, history, the multinational character of the state and its geography. As other nations Russia would not accept groundless abstract sermons from abroad, and more than that, imposition on it of different types of building of society and forms of governance. However, it is expedient to prevent those who are making attempts both at home and abroad to separate Russia from the objective processes underway in the world, including globalisation, trans-nationalisation of economic activities and the rapprochement of civilisations, from using the things that are embraced by the notion of state sovereignty. To defend Russia’s interests and the interests of its entire population is necessary. But this should be done without humiliating, harmful and dangerous matching ourselves to other nations and countries.

And next – about the international context, Russia is developing in. After the end of the Cold War the world departed from the bipolar system, beginning to create a multi-polar world order. China and India with their enormous human potential are rapidly developing. By their aggregate GDP in 2006 these two countries outdid the United States. Taking into account that the economic growth in China and India is two and a half times higher than that of the United States, it becomes evident that the contribution of these two countries to the growth of the world’s economy is the biggest in the world. The share of the European Union in the global GDP was also bigger than that of the United States. Brazil and Argentina are also turning into post-industrial nations. The integration process in the Latin America is also a promise of good things coming their way. It is hard to imagine that a dynamically developing Russia would not become an independent centre in such a multi-polar world. However, there are subjective obstacles to the making of a multi-polar world order. These include U.S. foreign policies. In the present conditions that country is the world’s most developed economy, the strongest nation militarily and the most advanced in the area of R&D. With regard to the above, those who are making attempts to preserve the U.S. hegemonistic positions also during the period of establishing a multi-polar world order have become ever more influential under the current US administration. This reflects negatively on the process of neutralisation of the threats mankind has been facing ever since the end of the Cold War. I will identify three such threats. The first is the creeping proliferation of nuclear arms and other weapons of mass destruction beyond the boundaries set by the five official members of the Nuclear Club, who have mastered the art of self-restraint when it comes to the use of such weapons. The second one is international terrorism that is now wearing the disguise of Islamism, even though it has nothing in common with Islam as a religion. The third threat is the spreading of regional conflicts. Their danger is further aggravated due to a possibility of all the three threats interlocking. In the days of the Cold War stability on the world arena was maintained by the mutual containment of two superpowers, each being the leader of one of the two opposing ideological camps. In other words, it was based on the confrontation with clearly defined boundaries. At present prevention of new threats is possible only by pooling the targeted efforts of all basic centres of the multi-polar world in the making. But to make this truth that can hardly be doubted, a reality is not so easy. The military operation in Iraq indicated that the United States has arrogated the right of monopoly in identifying the country that threatens international security and making unilateral decisions on the use of force against it. Simultaneously it declared its resolve to export democracy into the country of its choice, if its customs and conduct do not satisfy the United States.

Nowadays the collapse of such policies can be ascertained, and many US representatives have done so. Quite recently even President Bush admitted for the first time that the United States did not win a victory in Iraq. No doubt about that, as after the U.S. operation chaos reigns in this Arab country. A religious civil war has begun. The danger of Iraq’s falling apart is getting ever-clearer outlines, and it is now Al Qaeda’s main stronghold.

The collapse of the U.S. policies pursued in Iraq delivered a fatal blow on the American doctrine of unilateralism. This was also indicated by the results of the latest Congress elections, when the Republicans lost their majority in its both houses. But the mortal blow does not signify the end of this doctrine, all the more so regarding an all-out campaign to prolong its existence. The much-touted “new U.S. strategy” in Iraq is another evidence of that. In essence, it boils down to the decision made by President Bush in disregard of the will of the Congress and the predominant public opinion, to route an additional contingent of 22,000 U.S. troops to Iraq. A decision of mediocrity devoid of any prospects, which is allegedly expected to facilitate the U.S. withdrawal from the Iraqi deadlock, as if just increasing the number of U.S. troops in that country by one-sixth it could all be so easily done. The decision was cynically ignoring the fact that more U.S. troops were killed in Iraq than there were New Yorkers murdered in the September 11, 2001 terrorist attack, to say nothing of the Iraqi death toll of dozens and dozens of thousands.

It is a fact that more and more people in the United States begin to see the wrong done by unilateral decisions of the use of force. But this does not yet signify the preparedness of the U.S. administration to take universal multilateral action against new threats to the world’s security and stability. It is characteristic that the stake is made on NATO’s enlargement rather than on the consolidation and modernisation of the United Nations as the universally recognised international mechanism.

Set up in the years of the Cold War as a regional organisation NATO is nowadays spreading its military influence over different regions. This organisation has enacted its military force in Afghanistan, and nobody knows what is in store. A plan of the military intervention in Iran and Syria if not by the United States then by NATO, currently discussed in the media, cannot fail to cause concern. Naturally, it is a long way from the discussion of an idea to its implementation, and many NATO members would hardly be willing to get over it. But is the fact that the new NATO entrants and the countries that are dying to join the bloc are ready to pay exorbitant prices to earn American benevolence, not alerting?

Having captured more and more countries the North Atlantic Treaty Organisation has approached our borders, and this cannot fail to make us uneasy. All the more so that NATO extension is accompanied by the anti-Russian rhetoric, as well as the aggressive policies pursued by the U.S. in the former Soviet republics. Moscow cannot fail to regard all this as activities bred by the displeasure of certain circles in the West by the fact that restoring its enormous prospective potential, Russia is regaining its status of a superpower.

I would say that under the circumstances this country is pursuing the optimal foreign policies. With a need to strengthen its strategic and tactical military potential Russia uses every opportunity to demonstrate its desire to become one of the principal forces, capable of stabilising the international situation. The year that passed confirmed successes of Russia’s foreign policies, including establishment of close and - at times - strategic relations with many Asian countries, especially China and India, its ever-strong striving to have close ties with European countries and mutually beneficial partner relations with the United States. The main thing is President Putin’s taking up the course that combines firm advocacy of Russia’s national interests and the desire to avoid confrontation with other countries.

As I imagine, western politicians should re-consider Russia’s role and place in the present-day world, those of the real Russia, whose domestic situation they allegedly view as a threat to its neighbours, not the fictitious Russia that allegedly pursues imperialistic policies, using the flows of energy resources to other countries, but the real Russia that is not going to move in the freeway of somebody else’s policies, but Russia that makes efforts to fight international terrorism and the creeping of weapons of mass destruction, Russia that does not accept the division of the world based on the civilisation-related and religious principles, but strives to rely on its unique potential to put an end to the most dangerous conflict in the Middle East. Russia that pursues its policies, cooling hotheads who fail to learn their lessons in Iraq but are all but ready to repeat pernicious combat techniques against unwanted regimes.

The conclusion that can be drawn is that on the whole 2006 was a successful year for Russia. Positive processes in the economy and policies were predominant, but the unsolved problems and certain disproportions obtained sharper outlines. They should be directly in the focus of attention in 2007, especially in view of the aggravating pre-election situation.
 

Evgueni Primakov - Former Head of KGB, successively Minister of Foreign Affairs and later Prime Minister under president Boris Yeltsin, Evgueni Primakov is the author of The world after September 11th and the invasion of Irak.

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