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020308 -
BBC
- Carolina Robino
- ¿Tendrá Dmitry Medvedev la misma suerte que Vladimir Putin
tuvo con el alza del precio de los combustibles? ¿Será tan
liberal como dicen? ¿Y cómo va a ser su gobierno? ¿Logrará
controlar la inflación? ¿Y quién mandará: él o el actual
mandatario, que asumirá como primer ministro?
Ésas son algunas de las principales preguntas que rondan en
el aire ahora que se confirmó lo que ya se sabía: que el
candidato oficialista Dmitry Medvedev será el nuevo presidente
de Rusia.
¿Quién es Dimitri Medvedev?
Las cifras, como se había anticipado fueron
arrolladoras. Con cerca del 60% de los votos escrutados, "el delfín" de
Putin obtenía el 68,76% de las preferencias.
Su rival más cercano, el comunista
Gennady Zyuganov,
alcanzaba el 18,40 %, seguido de
Vladimir
Zhirionovsky (del partido Liberal Democrático) con el 10,24% y
Andrei
Bogdanov (del partido Demócrata) con el 1,33%.
La gran incógnita de cuántos rusos acudirían a las
urnas también favoreció al favorito del gobierno, que vio superadas sus
expectativas de repetir la asistencia que hubo en las elecciones
parlamentarias de diciembre. En esa ocasión fue del 62%. Este domingo
fue superior al 64%.
Para el Kremlin fue un triunfo redondo.
"Escenario sombrío"
Pero la jornada estuvo plagada de acusaciones de
presiones y manipulación.
Los escasos observadores que la supervisaron manifestaron su
preocupación por lo que llamaron irregularidades. Entre ellas
denunciaron intentos de rellenar urnas de votación en la región de Moscú
antes de que se iniciara el proceso electoral.
"El escenario es sombrío. Está claro que en las
regiones, donde los resultados son muy altos, por sobre el 90%, la
proporción de votos a favor de Medvedev también lo serán", dijo Liliya
Shibanova, directora general de Golos, un ente supervisor ruso
independiente.
Dos de los candidatos -Zyuganov y Zhirinovsky- también
alzaron la voz para impugnar los resultados.
Y la oposición extraparlamentaria liderada por el ex
campeón mundial de ajedrez, Garry Kasparov, confirmó que este lunes
realizará marchas en Moscú y San Petesburgo para protestar contra "la
farsa" de las elecciones presidenciales.
Cantando bajo la nieve
Pese a las acusaciones, el Kremlin celebra. Y lo hace
en grande.
A las 11 de la noche -hora de Moscú- un poco después
de que se difundieran los primeros resultados, Putin y Medvedev
aparecieron en televisión caminando codo a codo bajo la nieve.
Vestidos informalmente, sonriendo y con música de
fondo parecían más los personajes de un videoclip que los líderes del
país más grande del mundo.
Estaban en la Plaza Roja, donde se realizaba un
concierto para celebrar la jornada.
Hablando ante los más de 35.000 asistentes, Medvedev
agradeció a todos los que votaron por él y por los otros candidatos.
"El hecho de que dos tercios de la población haya
sufragado demuestra que los rusos no son indiferentes al futuro",
afirmó.
Cuando Putin tomó el micrófono la multitud comenzó a
corear su nombre. El presidente saliente defendió los comicios,
asegurando que se llevaron a cabo "de acuerdo a la ley".
Luego felicitó al presidente electo, le deseó la mejor
de las suertes y dijo lo que la mayoría de los rusos quería escuchar:
que habrá continuidad.
280208 -
BBC
- Carolina Robino - Olvídense de los carteles, los
bocinazos y los gritos a favor y en contra que marcan las
elecciones en los países latinoamericanos. Aquí en Moscú no hay
sensación de campaña.
Los
Candidatos
Las calles rusas siguen su rutina como si este domingo
no hubiese comicios presidenciales. Una bandera aquí, otra allá, un
afiche en una esquina, un póster gigante cerca de la Plaza Roja, ésas
son todas las señales de competencia que hay.
Y es que en realidad esta es una elección sin
contienda y los postulantes saben que la suerte está echada: si no hay
sorpresas -y pocos creen que las habrán- ganará
Dimitri Medvedev, el candidato apoyado por
Vladimir Putin.
Las cámaras de televisión también conocen esa certeza
y lo siguen haga lo que haga. Si va a una reunión, si pone flores ante
la tumba de un soldado, si se reúne con el patriarca de Moscú, si habla,
si canta, si se calla,
Dimitri Medvedev es filmado como si ya fuese el
presidente de Rusia.
El hecho de que se haya negado a participar en debates
televisados parece no haber hecho mella en su protagonismo. Ciertamente,
en los cinco días que llevo en Moscú, es el único candidato al que he
visto en la pantalla chica.
Aparte de en la franja electoral obligatoria, de sus tres rivales -Gennady
Zyuganov (del Partido Comunista), Vladimir Zhirinovsky (del Liberal
Democrático) y Andrei Bogdanov (del Democrático) no hay rastro. Ni en la
tele ni en la prensa ni en las calles. No han invertido demasiado dinero
en publicitarse. Los expertos dicen que saben que es un dinero que no
dará frutos.
Las últimas encuestas publicadas por el Centro de
Opinión Pública de Rusia hace unos días indican que el 73,5 por ciento
del electorado tiene la intención de votar por Medvedev. Zyuganov, su
competidor más cercano, tiene una proyección del 13,5 por ciento.
Aunque los márgenes de error fuesen importantes, son
cifras contundentes.
De hecho, lo único que parece temer el partido Rusia
Unida es que los rusos estén tan convencidos de la victoria de
Dimitri Medvedev, que muchos no se tomen la molestia de
votar este domingo. Si el porcentaje de votantes es muy bajo, el mandato
del presidente que sea elegido podría perder legitimidad.
¿Qué es la libertad?
Durante dos días salí a las calles a preguntarle a la
gente qué pensaba de esta falta de campaña.
Algunos me dijeron que les habría gustado ver más
debates; otros que les parecía suficiente; unos pocos me preguntaron
para qué era necesaria y los menos me insinuaron que era un abuso de un
gobierno que no respeta la libertad de expresión.
Pero para la gran mayoría la prominencia de Medvedev
es algo justo y necesario, que se ha ganado porque ya está en la cima y
le seguirá haciendo bien al país.
Rodrigo Fernández es corresponsal de El País en Rusia
desde hace casi 20 años. Vivió los años soviéticos, el auge y la caída
de Boris Yeltsin y ha sido testigo privilegiado del mandato de Putin.
Para él, la clave de este proceso está en que "aquí la
libertad se entiende de una manera distinta a como la entendemos en
Occidente. El ruso joven, de entre 18 y 40 años, se siente completamente
libre porque puede hacer cosas que antes no podía, como viajar, comprar
y leer lo que quiera y con eso le basta".
"No está dispuesto a poner en juego su estabilidad
para que realmente haya elecciones libres y competitivas, con lucha de
opiniones, programas e ideas", le dijo Fernández a BBC Mundo.
Dupla ganadora
El analista Anatoly Sosnovsky ve la falta de
competencia y campaña bajo la óptica de la transición:
"Para el observador internacional, la situación
electoral rusa puede resultar exótica. Ésta es una época de cambio y
sería ingenuo esperar que un país que por siglos no tuvo partidos y
luego por decenios fue monopartidario pase de un momento a otro a tener
una democracia como se entiende en Occidente", indicó.
"No es un modelo perfecto, pero funciona porque aquí
las libertades políticas no son una prioridad. Los estudios confirman
que la ciudadanía está más interesada en temas como la seguridad, la
grandeza de Rusia, los valores morales y la religión", explicó.
De vuelta en la calle, el electorado parece estar
listo para las elecciones del domingo.
Si las encuestas no se equivocan,
Dimitri Medvedev obtendrá una victoria contundente. Y en
mayo se instalará en el Kremlin, con el actual presidente
Vladimir Putin
como su primer ministro y mano derecha.
Desde allí
buscarán continuar proyectándose como la dupla ganadora que difunden en
el afiche gigante que está a unos metros de la Plaza Roja y que es
quizás el máximo exponente de esta singular campaña.
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