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Rusia / Russia
Georgia y su "aventura" militar contra Osetia

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140808 - No sólo Georgia sobreestimó sus propias fuerzas, además subestimó la reacción de Rusia y sobreestimó la de su aliado Estados Unidos: Bush y su peón Sarkozy se limitaron a vociferar, mientras que Dmitri Medvédev desde Rusia atacó con todo y sin vacilación

140808 -
RIA Novosti - Alexandr Jramchigin - Georgia sobrestimó su potencial combativo

Una de las primeras conclusiones que vienen a la mente a raíz del conflicto en Osetia del Sur es que el presidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili, sobrestimó mucho el potencial combativo de su Ejército.

Es cierto que el Ejército georgiano a día de hoy tiene poco que ver con la gentuza armada del período de Zviad Gamsajurdia, primer presidente de Georgia tras el colapso de la URSS. Y aunque el nivel de su preparación combativa es aceptable, el número de los efectivos militares en Georgia es muy limitado, como lo es también la cantidad de equipos bélicos, anticuados en más del 90%.

Saakashvili perseguía un plan muy claro: tomar la capital suroseta, Tsjinvali, situada cerca de la línea fronteriza; instalar allí un Gobierno leal con Dmitri Sanakóiev al frente; y proclamar que es la única autoridad legítima en Osetia del Sur mientras que las demás zonas de esta república permanecen ocupadas por agresores rusos. Si la conquista de Tsjinvali hubiera sido un éxito, los separatistas surosetas se habrían sentido totalmente desmoralizados y las tropas georgianas habrían podido continuar su ofensiva hacia el norte.

El plan se vio abortado. Georgia empezó con una acción claramente bárbara, ataque con lanzamisiles múltiples Grad contra los barrios residenciales de Tsjinvali, lo cual debería catalogarse, sin lugar a dudas, como un delito de guerra. Más tarde, las tropas georgianas se fueron arrastrando en largos combates callejeros con las fuerzas surosetas. Después de que el Ejército ruso introdujo sus unidades regulares en Osetia del Sur, a Georgia no le quedó siquiera un chance mínimo para lograr la victoria militar. De hecho, todo el Ejército georgiano es equivalente a una sola división rusa de infantería motorizada.

Es evidente que Georgia perdió una operación militar al estilo de guerra relámpago pero consiguió, al parecer, éxito político. Es muy probable que Rusia, a los ojos de la comunidad internacional, tenga la imagen de agresora.

La invasión georgiana en Osetia del Sur colocó a Moscú en una situación muy embarazosa. El dilema era traicionar a los osetas, tanto a los del sur como a los del norte, que viven en Rusia, o convertirse en un "agresor" con respecto a Georgia, dado que las tropas rusas entraron en el territorio georgiano e iniciaron operaciones militares contra el Ejército georgiano sin tener mandato de las Naciones Unidas.

No había alternativa y Moscú se decantó por la segunda variante que, sin lugar a dudas, representaba el mal menor, precisamente, porque Rusia figura entre los cinco países afortunados que son capaces de escapar al calificativo oficial de agresor. Tienen derecho al veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, el único organismo autorizado a catalogar una agresión como tal.

¿Cuál será la ulterior evolución de los acontecimientos? Georgia no podrá organizar un movimiento de resistencia contra las tropas rusas en Osetia del Sur, a falta de un porcentaje considerable de ánimos anti-rusos en esta república.

En teoría, Georgia podría optar por un relanzamiento de la "guerra regular", emprendiendo un nuevo ataque contra Tsjinvali y las zonas adyacentes. Ahora bien, semejante ofensiva fracasó cuando el Ejército georgiano estaba desplegado al cien por ciento y todavía sin bajas, mientras que Rusia aún mantenía una presencia militar muy limitada en Osetia del Sur. Si los combates se reanudaran ahora, los efectivos y equipos militares georgianos serían expulsados en poco tiempo.

Tampoco será posible reemplazar en breve por nuevas armas el material ya inutilizado que se importaba desde la Europa del Este, al menos, por razones geográficas. Conste que, además, se requieren varios meses para instruir al personal en el manejo de estos equipos.

Que las tropas de la OTAN se vean involucradas en este conflicto es totalmente descartable. Los Ejércitos europeos tienen un miedo visceral a las bajas, de modo que una guerra contra Rusia resulta inconcebible para ellos. Lo mismo se refiere a EEUU cuya atención, además, se centra en Afganistán e Iraq. El único país miembro de la OTAN que, en teoría, podría acudir en ayuda de Georgia es Turquía: se encuentra cerca del hipotético teatro de operaciones bélicas y, a diferencia de sus aliados, no teme tanto a las bajas.

Semejante perspectiva, sin embargo, podría parecer inaceptable a Tbilisi, dado que tal ayuda podría derivar en cierta forma de ocupación, ya en la totalidad del territorio georgiano. Es de esperar, además, que Turquía exigirá una recompensa colosal por esta operación que puede arrastrarla en un conflicto militar directo con Rusia. Ankara pediría a EEUU asistencia económica y militar a gran escala; y a los europeos, garantías para el ingreso en la UE. Sospecho que el futuro de Georgia no tendrá importancia tan crítica para Washington y, menos aún, para Bruselas para que acepten pagar tal precio.

Además de sobreestimar su propio potencial militar, Tbilisi se equivocó mucho al calibrar la disposición de EEUU y otras naciones occidentales de proporcionarle ayuda real. Una cosa son las retumbantes declaraciones que se escuchan en diversas tribunas; y otra, muy distinta, una guerra contra Rusia.

Es más: al embarcarse en la aventura suroseta, Mijaíl Saakashvili redujo drásticamente las posibilidades del ingreso de su país en la OTAN. Presentó a Rusia en calidad de agresora y así demostró a los líderes occidentales que, si admiten a Georgia en la Alianza del Atlántico Norte, tendrán que enviar sus tropas al Cáucaso, a una guerra muy cruenta contra Rusia. Seguro que las naciones de Europa Occidental harán lo posible ahora por que Georgia permanezca al margen de la OTAN.

De esta manera, el conflicto volverá obligatoriamente al terreno de la política. Eso sí, Rusia ya tiene en su frontera meridional más que un país inamistoso: se encara ahora con un enemigo directo, con el que le será mucho más difícil sostener la inevitable negociación.

Carne de cañón para el mercado - Fidel Castro Ruz

Tal vez algunos gobiernos desconocen los datos concretos, por eso nos pareció muy oportuno el mensaje de Raúl fijando la posición de Cuba.  Abundaré en aspectos que no pueden abordarse en una declaración oficial precisa y breve.

  El gobierno de Georgia no habría lanzado jamás sus fuerzas armadas contra la capital de la República Autónoma de Osetia del Sur al amanecer del 8 de agosto, para lo que denominó el restablecimiento del orden constitucional, sin la concertación previa con Bush, quien el pasado mes de abril en Bucarest comprometió su apoyo al presidente Saakashvili para el ingreso de Georgia en la OTAN, lo que equivale a un puñal afilado que se intenta clavar en el corazón de Rusia.  Muchos Estados europeos que pertenecen a esa organización militar se preocupan seriamente por la manipulación irresponsable del tema de las nacionalidades, preñado de conflictos potenciales, que en la propia Gran Bretaña puede dar lugar a la desintegración del Reino Unido.  Yugoslavia fue disuelta por esa vía;  los esfuerzos de Tito por evitarlo fueron inútiles después de su muerte. 

¿Qué necesidad había de encender el polvorín del Cáucaso?  ¿Cuántas veces irá el cántaro al agua antes de romperse?  Rusia sigue siendo una poderosa potencia nuclear.  Posee miles de armas de ese tipo.  Debo recordar que, por otro lado, la economía de Occidente extrajo ilegalmente de ese país más de 500 mil millones de dólares.  Si Rusia no significa hoy el fantasma del comunismo;  si ya no apuntan directamente hacia los objetivos militares y estratégicos de Europa más de 400 plataformas nucleares que fueron desmanteladas al desaparecer la URSS, ¿por qué el empeño en cercarla con un escudo nuclear?  El viejo continente también necesita paz.

Las tropas rusas que se encontraban en Osetia del Sur estaban desplegadas en una misión de paz reconocida internacionalmente;  no disparaban contra nadie. 

¿Por qué Georgia escogió el 8 de agosto, cuando se inauguraban los Juegos Olímpicos de Beijing, para ocupar Tsjinvali, la capital de la república autónoma?  Ese día cuatro mil millones de personas en todo el planeta presenciaron por televisión el maravilloso espectáculo con el que China inauguró esos juegos.  Sólo el pueblo de Estados Unidos no pudo disfrutar ese día la transmisión directa y en vivo de la estimulante fiesta de amistad entre todos los pueblos del mundo que allí se escenificó.  El monopolio sobre los derechos de transmisión había sido adquirido por un canal televisivo mediante el pago de 900 millones de dólares y deseaba obtener el máximo de beneficio comercial por minuto de transmisión.  Las empresas competidoras tomaron desquite divulgando a esa hora las noticias de la guerra en el Cáucaso que no eran exclusivas de nadie.  Los riesgos de un conflicto serio amenazaban al mundo.

Bush sí pudo disfrutar el espectáculo como invitado oficial.  Todavía el domingo 10, dos días y medio después, se le veía agitando banderas, fingiendo ser adalid de la paz y preparado para deleitarse con las victorias de los magníficos atletas norteamericanos, a los que sus ojos, acostumbrados a mancillarlo todo, veían como símbolo del poder y la superioridad de su imperio.  En sus ratos de ocio, mantenía largas conversaciones con los funcionarios subordinados en Washington, amenazaba a Rusia y alentaba los discursos, humillantes para ese país, del representante de los Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Algunos de los antiguos países que integraban el campo socialista o parte de la propia URSS, hoy actúan como protectorados de Estados Unidos.  Sus gobiernos, impulsados por un odio irresponsable contra Rusia, como Polonia y la República Checa, se alinean en posiciones de apoyo total a Bush y al ataque sorpresivo contra Osetia del Sur por Saakashvili, un aventurero de extraña historia que, habiendo nacido bajo el socialismo en Tbilisi, capital de su país, se hizo abogado en una universidad de Kiev, realizó cursos de postgrado en Estrasburgo, Nueva York y Washington.  Ejercía esa profesión en Nueva York. Se configura como un georgiano occidentalizado, ambicioso y oportunista.  Regresó a su país apoyado por los yanquis y pescó en el río revuelto de la desintegración de la Unión Soviética.  Es elegido Presidente de Georgia en enero de 2004.

Ese país, después de Estados Unidos y Gran Bretaña, es el que más soldados tiene en la aventura bélica de Iraq, y no lo hace precisamente por espíritu internacionalista.  Cuando Cuba, a lo largo de casi dos decenios, envió cientos de miles de combatientes a luchar por la independencia y contra el colonialismo y el apartheid en África, no buscó nunca combustible, materias primas ni plusvalía;  eran voluntarios.  Así se forjó el acero de nuestros principios.  ¿Qué hacen en Iraq los soldados georgianos sino apoyar una guerra que ha costado a ese pueblo centenares de miles de vidas y millones de damnificados?  ¿Qué ideales fueron a defender allí?  Es muy lógico que ciudadanos de Osetia del Sur no deseen ser enviados como soldados a combatir en Iraq u otros puntos del planeta al servicio del imperialismo.

Saakashvili por su propia cuenta jamás se habría lanzado a la aventura de enviar el ejército georgiano a Osetia del Sur, donde chocaría con las tropas rusas emplazadas allí como fuerza de paz.  No se puede jugar con la guerra nuclear ni premiar el suministro de carne de cañón para el mercado.

Esta reflexión estaba elaborada, cuando Bush habló a las 5 y 30 p.m., hora de Cuba.  Nada desdice lo que aquí se analiza;  sólo que la guerra mediática del gobierno de Estados Unidos es hoy más intensa todavía.  Es la misma maniobra prediseñada que no engaña a nadie.

Los rusos han declarado con absoluta claridad que la retirada de los invasores al punto de partida es la única solución decorosa posible.  Ojalá los Juegos Olímpicos puedan continuar sin ser interrumpidos por una gravísima crisis.  El partido de voleibol femenino contra un buen equipo de Estados Unidos fue fenomenal, y la pelota no ha comenzado todavía.

Fidel Castro Ruz

11 de agosto de 2008

 

 

 

 

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