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301011 -
Arturo del Villar -
Nada más finalizar en Bruselas la reunión de los líderes de
la zona del euro, en la madrugada del día 28, el presidente de
la República Francesa,
Nicolas Sarkozy, se dirigió apresuradamente al teléfono,
para ponerse en comunicación con el presidente de la
República Popular China,
Hu Jintao. En el papel de protagonista que se ha
autoasignado en las representaciones de la
Unión Europea,
y en otro de sus reiterados esfuerzos por anular a la primera
actriz,
Angela Merkel, “el Pequeño Napoleón”, según le llaman con
sorna los franceses, que están muy hartos de él, anhelaba
explicar al presidente chino los acuerdos tomados por el elenco
de la eurozona, tras muchas y tremendas discusiones, y solicitar
su ayuda para estabilizar la maltrecha economía de los
diecisiete estados depauperados a consecuencia de la moneda
única.
(Ver:
Discurso de Hu Jintao en el 90 aniversario del PCCh)
Al mismo tiempo se trasladaba a Pekín el presidente del Fondo
Europeo de Estabilidad Financiera, Klaus Regling, para
promocionar el buen estado de salud de la deuda europea, pese a
su olor putrefacto. Al parecer los líderes europeos siguen
creyendo que es cierto aquel viejo refrán de que se engaña a los
crédulos como a chinos. Quizá lo piensan porque la
República Popular China
está adquiriendo en los últimos meses grandes cantidades de
deudas soberanas europeas, de las que no se fían ni los propios
estados emisores. La pretensión de Regling es que los comunistas
chinos lleguen a aportar setenta mil millones de euros, según
dice el Financial Times.
Wen Jiabao, jefe del Gobierno de la
República Popular China,
ha recomendado a la
Unión Europea
que sanee sus cuentas capitalistas antes de pedir ayuda a la
economía comunista. Desea tener alguna seguridad de que no va a
tirar su divisa a un pozo sin fondo (sin fondo de estabilidad
financiera, por supuesto), Además, ha reclamado nuevamente que
la
República Popular China
sea reconocida como economía de mercado, a lo que se oponen los
Estados Unidos de América con
terquedad estúpida.
(Ver:
Hacia donde va Europa 2011)
China
con Cuba
Al otro lado del planeta, en ese momento, el general Guo Boxiong,
miembro del Buró Político del Comité Central del Partido
Comunista de
China,
y vicepresidente de la Comisión Militar Central, se reunía en La
Habana con el presidente
Raúl Castro, primer secretario del Comité Central del
Partido Comunista de
Cuba.
Trataron sobre la colaboración bilateral entre los dos estados
amigos, que tienen unos intereses comunes más allá de los
asuntos financieros. El primer territorio libre de América
padece por ello el ilegal embargo de los
Estados Unidos,
pero cuenta con la colaboración de la primera economía del
mundo, que ya es la china, y por eso puede despreciar a su
prepotente vecino.
Que, por cierto, sufre también una grave recesión económica, tan
aguda que a comienzos de agosto estuvo a punto de llegar a la
quiebra total. Por eso, el
emperador Obama, en su homilía del fin de semana, ha
amenazado al Congreso de su destartalado país con olvidarse de
él y poner en marcha sus ideas socioeconómicas, para superar la
crisis que arrastran. Parte notable de culpa de esa crisis la
tienen las intervenciones bélicas de los
Estados Unidos contra países
soberanos considerados enemigos. Los soldados gringos están
haciendo las maletas en
Afganistán, los que se han librado de los atentados, y el
año próximo abandonarán Irak,
dejando esos países en ruinas, pero no dominados. El
imperialismo capitalista gringo fracasa en las aventuras bélicas
como en los negocios económicos. También el
emperador Obama
pedigüeñea ayuda a la
República Popular China,
que generosamente se la concede.
(Ver:
La Unión
Europea y los «hedge funds»)
El comunismo despreciado
Al producirse la desaparición de la
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1991, los
historiadores pagados en dólares anunciaron el fracaso del
comunismo como doctrina económica y como estrategia política.
Ninguno quiso recordar que
Lenin y
Stalin habían logrado transformar a la Rusia medieval de
1917 en una gran potencia industrial en poco tiempo, mediante la
aplicación práctica de las
teorías marxistas. Y además tuvieron que superar primero una
guerra civil y después la invasión de la mayor maquinaria bélica
conocida en la historia del mundo.
Los Estados Unidos proclamaron a los cuatro vientos que el único
sistema económico sostenible es el
capitalismo,
sin considerar la existencia de naciones en las que seguía
activa la aplicación práctica del
comunismo. Es verdad que desde ese momento el Imperio carece
de antagonistas, y puede permitirse implantar su ley con
carácter universal. Si algún país le molesta lo invade, sin
inquietarse por las críticas que se hagan a su intervención
contraria al Derecho Internacional. Puesto que detenta el poder
absoluto como la mayor potencia nuclear, dicta las leyes a su
antojo.
Los analistas políticos capitalistas no quisieron estudiar las
causas conducentes a la caída de la
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Prefirieron declarar que es imposible sostener el comunismo como
sistema, y pusieron como ejemplo la destrucción del muro de
Berlín. Todavía es pronto para conocer las motivaciones reales
del fracaso soviético.
(Ver:
China prepara "operación de rescate" para Europa)
Una crisis occidental
Pero lo cierto en 2011 es que el capitalismo ha demostrado ser
ineficaz para procurar un estado de bienestar social a los
ciudadanos. En la
Unión Europea
y en los
Estados Unidos de América
el desempleo es endémico, la Banca está en crisis, las
industrias quebradas, y las esperanzas de las gentes
quebrantadas.
En setiembre de 2008 se hundió la Bolsa en Wall Street, con
unas consecuencias trágicas para todo el Occidente capitalista.
Esa caída ha obtenido una repercusión mucho más estruendosa que
la tan jaleada por las agencias de Prensa dolarizadas del muro
de Berlín. La estamos sufriendo en carne propia. La Banca
estadounidense y la europea se han salvado de la bancarrota
gracias a la aportación de capital por parte de los gobiernos
nacionales. Como consecuencia inevitable nos hallamos en estado
de catástrofe generalizada. No existen perspectivas positivas
para el futuro.
Todas las esperanzas quedan puestas en la ayuda que aporte la
República Popular China,
en donde el comunismo ha logrado la transformación total de una
nación que se hallaba en estado medieval en 1949, al triunfar la
Revolución, en la primera potencia económica mundial. Una
estrella roja ilumina desde Oriente las esperanzas de los
pueblos.
El capitalismo se ha descalabrado estrepitosamente. Pues
apostemos por el comunismo salvador.
(Ver:
Lo que estamos viendo es… la Caída de EE.UU.)
Arturo del Villar es PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER
MILENIO
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