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161111 - François Bonnet - Mediapart - Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

¿Nos encontramos en un momento crucial histórico, uno de la magnitud de la caída de la URSS (cuyo 20 aniversario se conmemora el mes que viene)? ¿Un momento crucial que sería el desmoronamiento financiero y político de Europa, el final de sesenta años de construcción europea?

(Ver:
¿Fin de la historia o fin de la democracia en Europa?)
 

Es lo que se constata con la aceleración, desde hace una semana y el fracaso del a cumbre del G-20, de una crisis monetaria que, convertida en una crisis política, acaba de provocar lo que hay que denominar dos golpes de Estado. Georges Papandreu en Grecia, Silvio Berlusconi en Italia no han dimitido debido a derrotas electorales, ni siquiera al voto de censura de sus respectivos parlamentos: estos votos de censura nunca tuvieron lugar, ni en Atenas ni en Roma.

No, ambos hombres, eslabones débiles de la cadena de jefes de gobierno de la zona euro, cayeron derrocados por los mercados y por unos socios europeos bajo presión. Los mercados, es decir, los banqueros y otros establecimientos financieros (fondos de pensión, hedge funds, fondos de inversión, etc.). Sus socios europeos, es decir, Angela Merkel, Nicolas Sarkozy, los dirigentes del banco Central Europero (BCE) y de la Comisión Europea, que afirmaban actuar en nombre de lo que ellos presentan como su deber: aislar el incendio, salvar el euro (y salvarse a sí mismos).

(Ver: ¿A cuántas personas matarán los políticos con sus recortes?)

En menos de una semana tres hombres acaban de encarnar y de prestar su rostro a los golpes de Estado de los mercados.

Mario Draghi: este banquero, vicepresidente del banco de negocios Goldmann Sachs-Europa, el cual había ayudado a Grecia a maquillar sus cuentas, y después gobernador del banco de Italia, toma la presidencia del Banco Central Europeo.

Lucas Papademos: este ex dirigente del Banco Central Griego (1994-2002), más tarde vicepresidente del BCE durante ocho años (2002-2010), y que después de desempeñar estos dos cargos no podía ignorar nada de las cuentas falsas griegas, se convierte en primer ministro griego. Su condición: un gobierno de unión nacional que va de la extrema derecha al partido socialista.

Mario Monti: este economista de la derecha liberal, comisario europeo al cargo de la competencia durante diez años (1994-2004) y a este título decidido actor de la desregulación de los mercados europeos, nombrado senador vitalicio, debe convertirse en primer ministro italiano. Su condición: un gobierno de unión nacional que debería ir de la xenófoba y populista Liga Norte al principal partido de oposición de izquierda a
Berlusconi, el Partido Demócrata.

Esto no ha acabado. Dentro una semana, para el domingo 20 de noviembre, está programada la muerte (esta vez en las urnas) del gobierno español. Sale el gobierno socialista: bajo la presión de los mercados financieros
José Luis Rodríguez Zapatero decidió anticipar las elecciones. Lo mismo que en 2010 había hecho en Irlanda Brian Cowen para ser derrotado él también y dimitir.

(Ver:
El plan de la élite para un nuevo orden social mundial)

¿Por qué, entonces, no seguir la curva de estos regímenes caídos o derrocados? Y escribir, por ejemplo, que a principios de enero, cuando las tasas de interés a 10 años sobre la deuda francesa se hayan duplicado (de 3,4% el jueves, superarían el 7%),
Nicolas Sarkozy pedirá formar un gobierno de unión nacional.

¿[Por qué no escribir] Que nombrará a su cabeza a un tecnócrata (Jean-Claude Trichet, el cual acaba de abandonar la presidencia del BCE y está disponible...) o un técnico, por ejemplo Michel Pébereau, un ex empleado del Tesoro, que pasó por el gabinete del ministro Monory y hoy es poderoso jefe de BNP-Paribas ?

¿Y que si por ventura la izquierda rechazara este gobierno de unión nacional a pesar de las repetidas presiones de los mercados se vería acusada de la política de lo peor como ya lo fue por haber rechazado la “regla de oro”?

Ciencia ficción estúpida: ¿estamos tan seguros de ello? Desde hace un mes Dominique de Villepin pide un plan de austeridad de al menos 20.000 millones de euros dirigido por un gobierno de unión nacional al que él se uniría enérgicamente. François Bayrou, que se quiere profeta en materia de denuncia de la deuda, blande su concepto de mayoría central, nueva unión nacional del círculo de la razón ( véase nuestra entrevista aquí ). Y no nos quepa duda de que un Jean-Louis Borloo se uniría sin dudar a este dispositivo.

¿Se miden bien las escandalosas denegaciones democráticas que tienen que padecer hoy los ciudadanos griegos e italianos? A diferentes títulos, puesto que no se puede comparar a ambos hombres, Papandreu y Berlusconi pueden encarnar o ser percibidos como unos modelos de hombres incompetentes o corruptos. Pero el primero fue elegido por un amplio margen en 2009 y el segundo también fue elegido por un amplio margen en 2008. Y ahora se les ha quitado de en medio, al margen de cualquier procedimiento democrático, en un pánico europeo provocado por las tasas de interés y las cotizaciones bursátiles.

(Ver:
José Luis Rodríguez Zapatero: El cadete de  Washington y la OTAN/NATO)

“Los locos han tomado el control del manicomio”, dice el economista Pierre Larrouturou en una entrevista para Mediapart. Los financieros “que han arruinado a gran cantidad de personas siguen explicándonos lo que se debe hacer... Estoy condenado a leer unos artículos económicos que no comprendo”, se hace eco en una entrevistas a Le Monde e l escritor franco-griego Vassilis Alexakis.

A partir de ahora es inútil hablar de izquierda, de derecha, de paro, de derechos sociales, de redistribución, de revolución fiscal: hay que vigilar los créditos swap, las tendencias de las Bolsas asiáticas y estadounidenses, la cotización de Crédit agricole, de la Société générale et de la Commerzbank, el diferencial franco-alemán, el estado del mercado de obligaciones y después analizar con lupa lo que puede querer decir el último comunicado del BCE que respondía al de la Reserva Federal estadounidense (FED, por sus siglas en inglés) y anticipaba la apertura de los mercados asiáticos. No, no es una broma: el presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, de 86 años y ex comunista, quiere un nuevo gobierno, a cualquier precio ¡antes del domingo por la noche y la “apertura de los mercados”!

Y así es como nuestras democracias desaparecen ante las fuerzas del mercado, las histerias especuladoras y las crispaciones nacionalistas.

Y es que nuestros dirigentes han dejado hacer. De pronto emerge una Europa de la urgencia, no “postdemocrática”, como escribe y dice el ex ministro de Asuntos Exteriores [francés] Hubert Védrine (véase el vídeo), sino a-democrática, la de una democracia que se ha desvanecido, la de una democracia que se ha dejado de lado hasta una eventual vuelta a una fortuna mejor.

(Ver:
Gadafi y la putrefacción moral del imperio)

Nos dicen que serán una verdaderas elecciones legislativas en Grecia dentro de quince semanas las que permitirán devolver la palabra al pueblo, pero mientras tanto ¡se habrá adoptado el plan de austeridad que endeudará al país durante la próxima década! En
Italia ni siquiera son seguras estas elecciones anticipadas... Por lo que se refiere a España, el Partido Popular (derecha), seguro de ganar a los socialistas, se ha cuidado sobre todo de exponer el menor programa económico y simplemente ha argumentado que era mejor estar en condiciones de aplicar las recetas europeas.

La Europa de urgencia, a-democrática, es la de los banqueros y de los tecnócratas. Pero una vez que la política ha salido por la puerta, no tenemos duda de que va a apresurarse a volver a entrar por la ventana en su peor forma: la extrema derecha xenófoba y populista. Y es que en cuanto se trata de Europa, tecnócratas y populistas se alimentan unos a otros: la denuncia de los primeros alimenta a los segundos y el miedo a los segundos arroja en los brazos de los primeros.

Librarse de los tecnócratas que son apoderados de los mercados financieros locos; librarse de los populismos extremistas y de los retrocesos de las naciones. Este es finalmente el verdadero reto de esta crisis sin precedentes. Y esto plantea a la vez la cuestión de las responsabilidades pasadas y de los esquemas de futuras reconstrucciones.

Las responsabilidades pasadas
Nicolas Sarkozy las ha identificado claramente: son las de sus predecesores, con Lionel Jospin y Jacques Chirac a la cabeza. Lo volvió a repetir el martes con ocasión de un viaje a Estrasburgo. Grecia no hubiera debido integrarse en la zona euro; el euro se hizo sin ninguna herramienta de coordinación de las políticas económicas (la famosa gobernanza económica), sin integración o armonización de las políticas de los Estados y de las dos primeras economías europeas, Alemania y Francia.

El vídeo del discurso de
Nicolas Sarkozy se puede ver aquí, en particular a partir del minuto 63.

El jefe de Estado se limita a enunciar ahí manidas banalidades. Sí, se conocían las carencias griegas, pero el débil peso de su economía (2% del PIB europeo) debía permitir absorberlas fácilmente (¿acaso no se aceptó a Bulgaria y Rumanía en la
Unión Europea sabiendo perfectamente que estos dos países no estaban preparados?).

La crisis actual no es consecuencia de malas decisiones en el momento decisivo de la década de 2000, sino de la gestión irresponsable de la zona euro realizada desde 2008 tanto por
Nicolas Sarkozy como por Angela Merkel. En vista de la situación se mide mejor hasta qué punto el “minitratado” de Lisboa, iniciado por los alemanes y promovido por Sarkozy desde su elección en 2007, no ha hecho sino instalar todas las palancas de una crisis política que hoy estalla a plena luz.

(Ver:
Los que ganan con la crisis griega)

Mediapart ha publicado varias investigaciones al respecto ( por ejemplo, ésta ) . ¿Podemos recordar simplemente que desde 2008
Sarkozy y Merkel hubieran podido obligar a Silvio Berlusconi a modificar su política económica? ¿Que nada les impedía pedir a la derecha griega (entonces en el poder) que dejara de amañar las cuentas del país? ¿Que tanto la canciller alemana como el jefe del Estado francés hubiera podido exigir igualmente a los grandes bancos franceses y alemanes que actuaran de otra manera en sus contratos especulativos sobre las deudas de los Estados?

Como no se hizo nada de eso, las tareas de la reconstrucción europea se inician en las peores condiciones. Se mencionan varios escenarios: todos ellos comportan peligros extremos que van desde una posible desintegración de la zona euro o la desmembración de la Unión Europea a una huida hacia adelante federalista y tecnócrata. En este momento ninguno de los escenarios implica nuevas consultas a los ciudadanos europeos ni planea aumentar de nuevo los poderes del Parlamento europeo.

El “gran salto adelante” federalista, tan deseado en Bruselas ( véase aquí nuestro artículo ) sólo podrá hacer el juego de los populismos. Hubert Védrine tiene razón al señalar hasta qué punto este término de federalismo es una “palabra maleta” que contiene todo y su contrario. Se puede deplorar, pero hoy es sobre todo un palabra-espantapájaros para una gran mayoría de los ciudadanos europeos.

Otro peligro es el proyecto claramente expuesto por
Nicolas Sarkozy de un núcleo duro europeo en una Unión Europea de 27 miembros. Es el viejo proyecto de un “grupo avanzado”, algunos países que aceleran su integración económica: esto se puede hacer a la escala de la zona euro (17 países), pero también a escala menor, los cinco o siete más cercanos.

(Ver:
Alemania no es como nos la pintan)

Berlín lo desmiente en este memento y París también, pero es una posibilidad que, sin embrago, se ha considerado en el Elíseo y que se expresó en el discurso de Estrasburgo del jefe de Estado. Además, Barroso, presidente de la Comisión Europea, no se equivocó cuando desde el día siguiente en Berlín se declaraba completamente opuesto a una zona euro que dejaría tras de sí y en una Unión Europea desmembrada a los otros diez países miembros de la UE pero no de la zona euro: “Quiero ser claro, es indefendible”, insistió.

Así que puede que haya que leer, con ojos nuevos, la declaración fundadora del 9 de mayo de 1950, la de Robert Schuman, que lanzaba el proceso de construcción europea. Y volver a los principios fundadores:

Su primera fase: “La paz mundial no se podrá salvaguardar sin unos esfuerzos creadores a medida de los peligros que la amenazan ”. ¿Toma hoy nuestros dirigentes “la medida” de lo que hay en juego?

Su quinta fase: “Europa no se hará de golpe ni en una construcción de conjunto: se hará por medio de las realizaciones concretas que crean en primer lugar una solidaridad de hecho”. ¿La “solidaridad de hecho” es la que se está aplicando a Grecia y a Italia? ¿Las “realizaciones concretas” lo son en prioridad para los ciudadanos europeos? ( Vease la declaración completa aquí )

Plantear estas preguntas muestra la magnitud del abismo que se ha abierto a los pies de los europeos. Desde 2005 y desde los votos negativos de franceses y neerlandeses, los partidos dominantes de las derechas y de las izquierdas europeas han eludido el debate europeo. Ya no es posible hacer economía, por consiguiente, hay que volver ante los electores de los 27 países miembros y consultarles.


 

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