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050112 -
Pere
Rusiñol
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Público - La mayoría de países de la Unión ha situado en puestos
económicos clave a directivos de la banca de inversión. Cuatro
excomisarios de Durao Barroso trabajan ahora para el sector
Algunos filósofos europeos tan reputados como
Jürgen Habermas ya
han advertido que lo que está en peligro ante el torbellino
financiero en la
UE
no es sólo el
euro. Va muchísimo más allá:
se trata de la democracia misma.
(Ver:
Ante
la agonía de la democracia:
Deudocracia. Debtocracy (2011))
Habermas
lo expresó en una entrevista en Le Monde mientras dos
primeros ministros elegidos en las urnas Yorgos Papandreu, en
Grecia, y Silvio Berlusconi, en Italia eran sustituidos por los
supuestos tecnócratas
Lucas Papademos y
Mario Monti,
respectivamente: "La democracia en un solo país no puede
siquiera defenderse contra los ultimátum de un
capitalismo
furioso que traspasan las fronteras nacionales", advertía el
último gran filósofo de la
Escuela de Frankfurt.
Papademos suma ocho años de vicepresidente del
Banco Central
Europeo (BCE) y otros ocho como gobernador del Banco Central
griego. Y Monti, que aterrizó en Roma tras seis años asesorando
a Goldman Sachs, ha colocado al frente de su equipo económico a
Conrado Passera, máximo ejecutivo del banco Intesa Sanpaolo, y a
Vittorio Grilli, ex directivo de Credit Suisse First Boston
Group.
Pero la toma del poder político en la
UE por parte de
tecnócratas vinculados al sector financiero, coincidiendo además
con la llegada a la cúspide del BCE de Mario Draghi, ex
directivo de
Goldman Sachs, no ha empezado este agitado
noviembre. Desde mayo de 2010, con el primer rescate griego, los
recortes coordinados en toda la UE y el incendio de la eurozona,
los puestos económicos clave de los Gobiernos los van asumiendo
directamente dirigentes con pasado en el mismo sector cuyos
excesos, coinciden los expertos, provocaron la crisis.
Desde entonces, la mayoría de vacantes económicas se ha cubierto
siguiendo este patrón (ver gráfico en la página siguiente): en
Portugal, Dinamarca, Suecia, Letonia Y al menos 14 de los 27
países que integran la Unión ha situado ya a exbanqueros o
gestores de fondos al frente del ministerio de Economía,
Finanzas o del Banco Central.
"Lo que está sucediendo en Europa es un auténtico golpe de
Estado financiero por parte de los mismos que causaron la
crisis", opina Marshall Auerback, economista de la Universidad
de Wisconsin. "El poder financiero quiere tener a los suyos en
los puestos de decisión política porque se juega mucho; no es
exagerado hablar de una dictadura financiera disfrazada", le
secunda Alejandro Inurrieta, del Instituto de Estudios
Bursátiles.
Auerback e Inurrieta comparten una rara característica: han
sido, en cierta forma, insiders. El primero es gestor del hedge
fund Madison Street Partners. E Inurrieta, que fue director
general del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, formaba
parte del núcleo más cercano al ministro de Industria Miguel
Sebastián, uno de los colaboradores del presidente con mejor
entrada en los mercados.
(Ver:
Otra apropiación más de Goldman Sachs)
La excepción española
España ha sido hasta ahora formalmente una excepción a esta
tendencia de ceder los puestos económicos clave a técnicos
vinculados al sector financiero, aunque la proximidad exhibida
en ocasiones por el Gobierno con los grandes banqueros ha
exasperado a los progresistas, que han visto además cómo
Zapatero se despedía indultando a Alfredo Sáenz, consejero
delegado del Banco Santander.
Pero todo indica que, tras las elecciones del 20-N, España se
sumará a la corriente. Mariano Rajoy empezó su ronda de
contactos reuniéndose con banqueros y la mayoría de candidatos
que las quinielas sitúan al frente de la política económica
responden al perfil que se ha impuesto en la UE. Entre otros,
Luis de Guindos, ex directivo de Lehman Brothers; José Manuel
González-Páramo, miembro del comité ejecutivo del BCE e incluso
Guillermo de la Dehesa, consejero del Santander y asesor de
Goldman Sachs desde hace más de 20 años.
Inurrieta, Auerback y otros economistas consultados Núria
Molina, de Eurodad; Yorgos Vassalos, del Corporate Europe
Observatory, ambos en Bruselas; Peter Whal, del think tank
progresista alemán Weed, y Oscar Ugarteche, de la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM) coinciden en los motivos que
a su juicio explican el fenómeno: esquivar la regulación
estricta que prometieron los políticos el francés Nicolás
Sarkozy llegó a hablar de "refundar el capitalismo" y evitar
"pagar la factura de la crisis que ellos provocaron", en
palabras de Ugarteche.
"Parecía que se iban a nacionalizar los grandes bancos y al
final han conseguido evitar la quiebra pasando la factura a los
contribuyentes a través de los rescates, primero, y luego de los
duros ajustes para contener el déficit provocado por estos
rescates", opina el economista mexicano, profesor visitante en
la Universidad Libre de Berlín.
"La gran banca manda más que los gobernantes", añade este
economista crítico, que coincide con las tesis que en el mundo
ortodoxo ha expuesto sobre todo Simon Johnson, ex economista
jefe del
Fondo Monetario Internacional.
"Hemos llegado a un punto en el que no hay elección: o sitúas al
que quieren los mercados en el puesto económico clave o te
arrasan", insiste Inurrieta. Y añade: "Por eso no se ha regulado
nada ni se han afrontado las causas del crash; y por eso no hay
perspectiva de salir de la crisis".
(Ver:
Seis sorprendentes revelaciones sobe el “gobierno secreto” de Wall
Street)
Reino Unido y Letonia son dos ejemplos emblemáticos de los
efectos del fenómeno.Cualquier intento de controlar al sector
financiero o imponer un impuesto europeo a las transacciones
especulativas es vetado por Londres, que alberga la City el
mayor centro financiero de la UE y también el Ejecutivo más
penetrado por el sector.
Varios puestos clave del Gobierno de David Cameron proceden de
las finanzas: Desmond Swayne, delegado del primer ministro para
el Parlamento, del Royal Bank of Scotland; Francis Maude,
secretario de la Presidencia, fue directivo de Solomon Brothers
y Morgan Stanley; Andrew Mitchell, ministro de Desarrollo
Internacional, estuvo en Lazard; James Meyer Sasson, alto cargo
en el Tesoro, fue vicepresidente de UBS Warburg, y Stephen
Greene, al frente de Comercio e Inversiones, saltó al Gobierno
desde la presidencia del HSBC.
En Letonia, el Gobierno tuvo que elegir entre romper la paridad
con el euro lo que hubiera hundido a los bancos suecos, que
inundaron el país de créditos o una "devaluación interior".
Eligió lo segundo y los dos ministros económicos que han
pilotado la decisión proceden directamente de la banca sueca (Seedbank
y SEB).
El plan ha sido verdaderamente de choque: se ha despedido a un
tercio de los funcionarios y al resto les ha reducido el sueldo
el 40%, el tijeretazo en educación y sanidad supera el 20%, el
paro se ha triplicado y el 10% de la población ha emigrado. Pero
la moneda no se ha devaluado.
Vassalos subraya que la supeditación de la política al poder
financiero se explica también porque los propios políticos
"están muy perdidos". "La liberalización radical del sector
financiero creó un mundo opaco tan incomprensible para todos los
que no forman parte de él que ahora nadie entiende qué sucede si
no llama a un banquero", añade.
(Ver:
El plan de la élite para un nuevo orden social mundial)
"Puerta giratoria"
Esta creciente simbiosis entre gobernantes y el sector
financiero se expresa también en la UE a través de lo que en el
mundo anglosajón se conoce como "puerta giratoria": directivos
del sector financiero ocupan puestos políticos clave y, en
paralelo, algunos gobernantes que han afrontado la crisis se
incorporan al mundo de las finanzas.
Al menos cuatro comisarios que formaron parte del equipo de Jose
Manuel Durao Barroso hasta febrero de 2010 trabajan ahora para
el sector financiero: Meglena Kuneva pasó de Protección del
Consumidor a BNP Paribas; Louis Michel, de Cooperación a Credimo;
Günter Verheugen, de Industria y Empresa al Royal Bank of
Scotland y a la alemana BVR, y Charlie McCreevy, de Mercado
Interior que tenía el encargo de regular los opacos productos
financieros que llevaron a la crisis al Bank of New York Mellon.
En España, el vicepresidente económico que afrontó la primera
ola de la crisis, Pedro Solbes, se sienta ahora en el consejo de
Barclays, mientras su secretario de Estado de Hacienda, Carlos
Ocaña, dirige Funcas, la fundación de las cajas de ahorros.
El fenómeno, que en el pasado fue sobre todo estadounidense, se
ha globalizado con la crisis y apenas quedan ya espacios por
cubrir: al frente del Banco Mundial está Robert Zoellick, que
llegó al puesto desde Goldman Sachs;
Christine Lagarde ha
nombrado como número dos del Fondo Monetario Internacional a
David Lipton, ex directivo de Citi y Moore Capital; el jefe de
Gabinete de Barack Obama es desde enero Bill Daley, ex directivo
de JP Morgan Chase. Y desde noviembre la entidad mandatada por
el G-20 para reformar el sistema financiero mundial tiene al
frente a Mark Carney, ex de
Goldman Sachs.
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