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190708
- El Mundo - Ramy
Wurgaft - Entrevista a José Mujica
(En la foto), senador uruguayo
MONTEVIDEO (URUGUAY).- Tras
alcanzar la notoriedad por ser el guerrillero que dirigió las
operaciones de los Tupamaros, lo que le costó tres años de
calabozo, José Mujica, senador de Uruguay y posible candidato a
las presidenciales de 2009, se ha transformado en paladín del
orden constitucional en su país. Y en el favorito de la clase
empresarial como futuro presidente.
El pasado marzo, Mujica dejó el cargo de
ministro de Agricultura "para reforzar la bancada oficialista en el
Senado", según rezaba el comunicado de rigor. Nadie dio crédito
a esa explicación.
'ETA es el testimonio de
que los nacionalismos resisten con vehemencia a esa
discreta evaporación de las fronteras que ha traído la
globalización'
Todo apuntaba a que Pepe -como familiarmente le
llaman- quería dedicarse por entero a organizar los cuadros de su
partido, Frente Amplio, de cara a las comicios de 2009.
- Pregunta:
Los diarios dicen que, junto con el futbolista Mateo Corbo, usted es
la persona más popular de Uruguay. ¿Qué espera para
proclamarse oficialmente candidato?
- Respuesta:
Estar en la política es como permanecer en una habitación
con mucho ruido, donde nunca se apaga la luz. A un hombre
como yo, nacido y criado en el campo, le cuesta soportar la vida
pública. Una parte de mi carrera, por llamarla así, fue tumultuosa y
extenuante en grado extremo [se refiere al periodo en que formaba
parte de los Tupamaros]. Cuando ya me había incorporado al marco
formal, recorrí Uruguay varias veces, a lo largo y a lo ancho. Y
ahora quieren que este viejo asuma ese nuevo reto...
- P: Como
descendiente de vascos o navarros, seguramente se interesa por lo
que pasa en tierras de sus antepasados. Y se habrá formado
una opinión sobre ETA.
- R: Creo
que eran de Cantabria. Para el caso da igual: yo amo a
España por encima de mis raíces y de los pleitos que la dividen.
No a la España de charanga y pandereta que menciona Antonio Machado,
sino a la de esas pequeñas tascas de barrio y la de esos pueblos
mareados de luz, donde la gente se saluda por su nombre.
- P: ¿Y qué
opina de ETA?
- R:
ETA es la crónica de un conflicto no resuelto. Ella es el
testimonio de que los nacionalismos resisten con vehemencia a esa
discreta evaporación de las fronteras -étnicas o geográficas- que ha
traído consigo la globalización.
- P: El
diario 'Wall Street Journal' pone a Uruguay como ejemplo de
lo bien que un país puede funcionar, cuando su Gobierno -en
este caso, del Frente Amplio- abjura de ciertos dogmas, como el de
la socialización de la economía o el intervencionismo estatal.
- R: No creo
que el buen desempeño de un gobierno esté reñido con la vocación de
construir una sociedad razonablemente justa. En
Latinoamérica hoy existen gobiernos para todos los gustos, pero
ninguno que haya renunciado a procurar comida, vivienda digna y
salud a los necesitados. Lo mismo ocurre en los países
ricos. (...) No soy partidario de boicotear las importaciones, ni
dejar a los agricultores a su suerte, pero tampoco de gobernar con
los ojos puestos en la redacción del Wall Street Journal.
- P: ¿Cuáles
han sido los mayores logros del Gobierno del Frente Amplio?
- R: Hemos
sido capaces de mantener la disciplina fiscal, reactivar el aparato
productivo, atraer inversiones e incluso promover la iniciativa
privada sin acrecentar la brecha entre los sectores de mayores y
menores ingresos. Junto con Costa Rica, somos el país de
Latinoamérica con la distribución de ingresos más equitativa entre
el 10% más rico y el 10% más pobre. Propiciamos la
recuperación de la clase media, que fue la más perjudicada por la
crisis de 2001.
- P: ¿Para
qué hacía falta esa guerrilla armada que usted organizó junto con
Raúl Sendic y Eleuterio F. Huidobro?
- R: La
reconstrucción de Europa, después de la Segunda Guerra Mundial,
acabó con el Uruguay mesocrático. Cuando una sociedad pasa
sin transición de la abundancia a la escasez, el efecto psicológico
es devastador. La clase política y el sistema de valores
que la sustentaba se caían a pedazos. La ultraderecha se organizaba
para llenar el vacío y ante esa disyuntiva juzgamos que había que
tomar el poder.
- P: A eso
se le llama oportunismo.
- R: No, a
eso se le llama idealismo. Creíamos que por la vía armada
construiríamos un mundo mejor sobre las ruinas del viejo orden.
Luego resultó que aquel orden era bastante más desordenado
de lo que suponíamos. (...) Si la suerte nos hubiera
acompañado, habríamos entrado triunfalmente en Montevideo, pero los
organismos multilaterales de crédito o los grandes centros del saber
tecnológico hubieran quedado fuera de nuestro alcance.
- P:
Reconoce que el capitalismo derrotó a la revolución.
- R: o hago
una distinción entre el capitalismo salvaje del sálvese quien pueda
y el liberalismo de raigambre humana que postula el fair play como
regla básica en las relaciones económicas. Le diré algo que quizás
le sorprenda: a los uruguayos, el viejo liberalismo inglés nos trató
bastante bien.
- P: Estuvo
tres años incomunicado en una celda. ¿Cómo logró mantener la
cordura?
- R: No era
un celda sino un pozo. Tuve que aprender a disciplinarme:
inventaba herramientas y las perfeccionaba con mi imaginación.
Mi única compañía eran las hormigas: aprendí que esos insectos
gritan. Lo puede comprobar si acerca una a su oído. También aprendí
que el hombre posee inagotables recursos para enfrentar la
adversidad. Por eso me duele mucho cuando la gente se siente
quebrada y renuncia a la vida.
- P: Para
muchos latinoamericanos, Estados Unidos sigue siendo el villano de
la película. ¿Usted comparte esa visión?
-
R: Estados Unidos es
cómplice de algunos de los capítulos más oscuros de nuestra
historia. Y digo cómplice porque la mayoría de las veces fueron los
oligarcas o los militares criollos quienes les abrieron las puertas
a los marines, a la CIA y a las compañías mineras o frutícolas.
(...) No comparto la visión del villano de la película porque con
esas clasificaciones nada se resuelve. Además, sería injusto meter
en el mismo saco a un líder de la estatura de Martin Luther King con
un auténtico desastre como George W. Bush.
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