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EE.UU. es un Estado terrorista, según su propia definición

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1104 - David Brooks y Jim Cason - "Estados Unidos es un estado Terrorista". Desde Nueva York, esto afirma  el intelectual norteamericano Noam Chomsky. Dice que está comprobado que los gobernantes de este país nunca operan sujetos a la ley. El poder de Washington y sus consecuencias mundiales.

NUEVA YORK.—El Gobierno de Estados Unidos es, por su propia definición, terrorista y bajo las leyes —nacional e internacional— el presidente George W Bush y sus asociados enfrentan la pena de muerte por sus acciones, pero también es obvio que esto jamás será tomado en serio, ya que se ha comprobado que los gobernantes de este país nunca operan sujetos a las leyes, afirma Noam Chomsky.

Durante una presentación la noche del martes en un auditorio repleto —decenas de jóvenes debieron permanecer afuera por falta de cupo— en la Universidad de Nueva York, Chomsky ofreció una vez más una amplia y profunda crítica del poder estadounidense y sus consecuencias mundiales. Hablando con su usual tono mesurado, destruye la versión oficial de la historia.  (Ver: Hay un gobierno secreto que, verdaderamente, dirige a Estados Unidos)

Hay verdades muy simples, dice, y están completamente a la vista: no hay nada complicado en reconocer que "los que están en el poder establecen las reglas". Siempre, añade, ha sido el caso: "Las normas (del comportamiento internacional) se establecen por los poderosos y son legitimizadas por los intelectuales".

Destaca que las normas establecidas para crímenes de guerra y contra la humanidad en Nuremberg fueron, desde su origen, definidas como que "un crimen es aquel llevado a cabo por otro y no yo". Recuerda que prisioneros alemanes fueron exonerados cuando podían demostrar que los aliados habían cometido el mismo tipo de crimen de guerra.

Los inmorales gastos de la guerra

La oficina Presupuestaria del Congreso (COB) informó que para el 30 de septiembre se batirá un nuevo récord en el déficit anual al alcanzar los US$ 442.000 millones

La Casa Blanca argumenta que la recesión es consecuencia de los costos de la guerra contra el terror

Cuando Bush tomó el poder en enero de 2001, el Gobierno de Clinton había registrado superávit fiscal durante varios años, con un saldo positivo acumulado de 537.000 millones de dólares

Los déficit también son consecuencia de las enormes reducciones impositivas que han beneficiado exclusivamente a los ricos

Lo diferente ahora —una posición expresada por el nuevo Procurador General de Estados Unidos— es que ha llegado la hora de anular las Convenciones de Ginebra por completo para evitar que los estadounidenses estén sujetos a sus reglas en esta nueva "guerra contra el terror".

Toma las noticias de ayer (martes) sobre Fallujah como ejemplo. Chomsky cita la Convención de Ginebra según la cual los hospitales no pueden ser atacados ni ser objetivos militares, y señala que los estadounidenses atacaron el Hospital General de Fallujah, tomaron presos a los médicos y pacientes, y afirmaron que el hospital representaba "un arma mayor de propaganda", ya que de ahí salían los informes sobre las bajas civiles en la guerra.

Esta acción, reportada por The New York Times y otros medios, fue grabada en fotos de los militares estadounidenses dentro del hospital. Fue una violación clara y comprobable de la Convención de Ginebra. Según la Ley de Crímenes de Guerra de 1996, que forma parte del código federal de Estados Unidos, este tipo de violación a la Convención por estadounidenses puede ser castigada con la cárcel y, si hay muertos como resultado, con la pena de muerte para los responsables.

"El Presidente y sus asociados deberían enfrentar la pena de muerte bajo la ley", afirmó Chomsky, y agregó que, a la vez, "es ridículo entretener con la idea de que los líderes estadounidenses están sujetos a la ley de la nación". Claro, añadió, nadie lo considera como propuesta seria, pero precisamente esto revela algo fundamental: el concepto de la universalidad del derecho internacional claramente no es aplicable a Estados Unidos, de hecho, jamás lo ha sido.

Chomsky argumenta que este es un punto básico y hace el recuento de varios ejemplos, incluido el rechazo al fallo contra Washington de la Corte Mundial que proclamó esencialmente que Estados Unidos estaba cometiendo actos de terrorismo contra Nicaragua en los ochenta, el apoyo clandestino a fuerzas terroristas en el Sur de África en la misma década, y otros más.

Para Chomsky, el nombramiento de John Negroponte como embajador estadounidense en Iraq es más revelador, ya que este "pro-cónsul" de Honduras fue el encargado de coordinar las actividades terroristas en Nicaragua. O la reciente visita del secretario de Defensa Donald Rumsfeld a El Salvador, otro "Estado cliente" de Estados Unidos, para elogiar allí la democracia y recordar la defensa del país centroamericano contra la "insurgencia", sin mencionar que costó 70 000 vidas. O Colombia, donde también se apoya directamente actividades terroristas del Estado y sus aliados.

"No es coincidencia que Colombia es, a la vez, el país con el peor récord de derechos humanos y el mayor receptor de asistencia estadounidense en el hemisferio", afirma Chomsky. "Eso es un patrón casi siempre presente en varias regiones del mundo", y menciona a Turquía como otro ejemplo.

Subraya que, según las definiciones oficiales de Washington sobre el terrorismo, tanto el que es patrocinado por estados como los países que lo albergan (recordó a los terroristas cubanos anticastristas como Orlando Bosch y sus aliados, y los haitianos que viven en este país), Estados Unidos es un Estado terrorista.

Así, la definición "no es utilizable", ya que "la definición de terrorismo es virtualmente la misma que la política oficial de Estados Unidos... aunque aquí se le llama antiterrorismo. Claramente, Estados Unidos está comprometido con el terrorismo. Eso es fácilmente comprobable".

Si uno sigue la lógica de la definición oficial del terrorismo y la doctrina de Bush del derecho a un ataque preventivo contra esas fuerzas y los Estados que las patrocinan, sostuvo, se puede argumentar que "Cuba, Nicaragua y otros tienen el derecho de bombardear a Estados Unidos".

Chomsky reitera que Estados Unidos —como todo poder y vencedor en la historia— establece cuál es la excepción al concepto de la universalidad en torno al derecho internacional. Peor aún, los medios y gran parte de los intelectuales y políticos no solo no cuestionan esto, sino que lo toman como punto de partida.

"Esto no es nada nuevo", aunque sí hay algunos elementos diferentes hoy día, señala. Uno es que la capacidad destructiva de las fuerzas terroristas, sean extremistas fundamentalistas o Washington, es mayor que nunca (y advierte que es solo cuestión de tiempo antes de que armas de destrucción masiva y terrorismo se mezclen), y emplear ejércitos privados o paramilitares en lugares como Irak y Colombia. "Esa es buena política neoliberal, privatizar las atrocidades", dice.

Chomsky finaliza, empapando a su público con información extensa, sí, pero más que nada, desmantelando engaños y enormes mentiras para revelar verdades potencialmente peligrosas, esas que podrían desatar pensamiento y, quién sabe, hasta rebeldía.

No es por nada que haya sido presentado esa noche como "el disidente más prominente de Estados Unidos".


 

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