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0205
- El Pentágono anunció la
retirada de 15 mil de los 150.000 efectivos militares que depositó hasta
ahora en Irak. Fueron enviados para reforzar la seguridad durante las
elecciones del 30 de enero y se irán en marzo, en principio y tal como
estaba proyectado. Los 135.000 restantes, quién sabe cuándo: “Queda por
recorrer un camino muy difícil” para derrotar a los insurgentes, aseveró
Paul Wolfowitz en una
audiencia que el Comité de Servicios Armados del Senado estadounidense
celebró la semana pasada (The Washington Post, 5-2-05). El segundo de
Donald Rumsfeld
adelantó también que no habrá más recortes de invasores en todo el 2005 y
reiteró que el cese de la ocupación dependerá de la rapidez con que
militares y policías iraquíes reciban el entrenamiento y el equipo
adecuados para cumplir sus funciones sin ayuda ajena, apenas como escudo
de la ayuda ajena. El general Richard B. Myers, jefe del Estado Mayor
conjunto, puntualizó en la misma audiencia que el “ausentismo” –nombre
elegante de la deserción– es del 40 por ciento en el ejército iraquí y que
apenas el 30 por ciento de los 136.000 enrolados en las fuerzas de
seguridad locales está en condiciones de combatir. El senador demócrata
Joe Biden, figura destacada del Comité de Relaciones Exteriores, achicó
esa evaluación: “El número de iraquíes preparados para luchar contra la
insurgencia oscila entre 4000 y 18.000” (The Washington Post, 6-2-05).
Pareciera que el camino a recorrer, además de muy difícil, será largo.
O permanente. La Casa Blanca no renuncia a su sueño imperial y Wolfowitz
anticipó que las fuerzas armadas norteamericanas aumentarán en número,
algo ya previsto por el Pentágono para el 2006: 17.500 millones de dólares
se destinarán a la compra de vehículos y cañones y a la creación de dos
nuevos batallones de infantería, tres compañías de exploradores y varias
unidades de apoyo en el cuerpo de marines (Star and Stripes, 8-2-05).
Otros 5000 millones de dólares permitirán establecer y equipar tres nuevas
brigadas de combate del ejército. Todo esto se financiará en virtud de una
práctica que el gobierno Bush inició en el 2004 en materia de gastos
militares: presenta al Congreso un presupuesto de defensa ligeramente
modificado respecto del que se aprobara el año anterior y por cuerda
separada agrega miles de millones de dólares a título de partidas
complementarias. Aparte de las sumas ingentes del presupuesto de defensa
“oficial” de este año, Bush hijo ha pedido 81.000 millones de dólares más
para las operaciones en Irak y Afganistán durante el 2005. El Congreso ha
aprobado ya “complementos” por valor de 203.000 millones de dólares desde
el 11/9. Ese disfraz presupuestario a nadie engaña.
Los “halcones-gallina” siguen atendiendo a los consejos de sus mentores
ideológicos agrupados en el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense,
uno de los think-tanks que con más contumacia abogan por el dominio
norteamericano del planeta. “Las fuerzas armadas de EE.UU. son demasiado
limitadas para asumir las obligaciones que les estamos pidiendo que
asuman”, pontifican dirigentes del Proyecto en carta dirigida a varios
representantes y senadores (Veterans Against the War, 7-2-05). Les exigen
que el Congreso autorice un incremento de al menos 25.000 efectivos cada
año para “sostener la guerra contra el terrorismo y cumplir con nuestras
otras responsabilidades en todo el mundo”. Se conoce la naturaleza de esas
“otras responsabilidades”, pero de dónde saldrá tanta tropa. Por primera
vez desde 1995, los marines incumplieron su meta de reclutamiento para
enero pasado. El jefe de la Guardia Nacional del ejército, general Roger
C. Schultz, reconoció que en el mismo mes sólo se enroló un 56 por ciento
del personal requerido por el cuerpo (CNN, 6-2-05). El Pentágono ofrece
ahora incentivos especiales a los militares con mayor experiencia de
combate: aumentos de salario y una prima de 150.000 dólares a quienes se
reenganchen por seis años más (The New York Times, 6-2-05). Al terminar
sus contratos, no pocos suboficiales y asimilados eligen la vida civil y
se convierten en agentes de seguridad de las empresas extranjeras que
instalaron filiales en Bagdad o Kabul después de las respectivas
invasiones. Se explica: un boina verde con 20 años o más en las filas
recibe un sueldo básico de 50.000 dólares anuales y las compañías privadas
pagan hasta 200.000. Este drenaje no cesa desde mayo del 2003.
Hay más. EE.UU., tan alarmado por el desarrollo nuclear de Irán, se
apresta a renovar y aumentar su arsenal nuclear. En los tres laboratorios
del ramo –Lawrence Livermore, Los Alamos y Sandia–, unos cien
especialistas diseñan calladamente armas más potentes en el marco de un
programa que aprobó el Congreso y supervisa la Administración Nacional de
Seguridad Nuclear. Es éste no más que el comienzo de un vasto proyecto que
conducirá ineluctablemente a la realización de ensayos con las nuevas
armas nucleares, prohibidos por las convenciones internacionales de las
que EE.UU. es Estado Parte. Pero eso no arredra a la Casa Blanca. En Abu
Ghraib y Guantánamo demostró que tampoco los Convenios de Ginebra le
impiden violar los derechos humanos. La ley es ley para todo el mundo, no
para la potencia auto ungida guardián de la democracia y la libertad en
todo el mundo
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Los inmorales gastos de la guerra
La oficina Presupuestaria del Congreso (COB) informó que para el 30 de
septiembre se batirá un nuevo récord en el déficit anual al alcanzar los
US$ 442.000 millones
La Casa Blanca argumenta que la recesión es
consecuencia de los costos de la guerra contra el terror
Cuando Bush tomó el poder en enero
de 2001, el Gobierno de Clinton había registrado superávit fiscal durante
varios años, con un saldo positivo acumulado de 537.000 millones de
dólares
Los déficit también son consecuencia de las
enormes reducciones impositivas que han beneficiado exclusivamente a los
ricos
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