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El papel de la religión en la política de los Estados Unidos
Ariel A. Pérez
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Nota:  Este artículo fue publicado en la revista Vida Feliz, en Buenos Aires, Argentina en 1996.

La imagen pública que la gente religiosa tiene en los EE.UU. es en general la de un montón de raros y marginados que tienen una visión fanática del mundo y de la vida. Sin embargo, en el mundo de la política y los círculos del poder se la ve de un modo muy diferente: Es una fuerza compacta y ultra organizada con fines políticos claros y determinados, empeñada en hacerse del poder a toda costa. Tal es el caso de la Coalición Cristiana (Christian Coalicion), la organización no denominacional de cristianos conservadores más grande y poderosa de los EE.UU.

     Para los políticos conservadores, tales organizaciones son como un “regalo del cielo”: son fáciles de movilizar durante las campañas políticas, son un grupo leal a la hora de votar, y en general son una parte fundamental de su maquinaria propagandística.

     Para los liberales y progresistas, un grupo ideológicamente tan hostil como la Coalición Cristiana es un interlocutor sin valor por ser “religioso”, una etiqueta que los “inhabilita” para participar en discusiones políticas.

     Pero la población en general, que está más allá de las posiciones de los grupos religiosos extremistas, observan con asombro cómo su propia forma de pensar y ver el mundo aparece distorsionada por la publicidad que reciben estos poderosos grupos minoritarios.

     En un país donde el 90% de la población afirma creer en Dios, es difícil aceptar que “la mayoría” de los cristianos apoye políticas que contradigan tan escandalosamente principios religiosos como la caridad, la justicia, el amor al prójimo, la ética y una visión alternativa del mundo. Sin embargo, la derecha religiosa se empeña en imponer sobre el resto de los ciudadanos sus posiciones extremistas, pretendiendo representar a todos los cristianos: prohibición absoluta del aborto, oraciones en las escuelas públicas, cortes en el presupuesto federal para familias pobres, denegación de ayuda económica a madres solteras, políticas antiinmigrantes racistas, entre otras en boga.

     Desde principios de esta década, cuando la Coalición Cristiana surgió como una fuerza política considerable, los cristianos que rechazan sus posiciones extremistas han buscado en vano, con desesperación y desconcierto, una voz que represente sus valores con más justicia. Esta ausencia se deba a una notable falta de organización y estrategia de parte de los sectores cristianos progresistas y moderados, así como al hecho de que son rutinariamente ignorados por la prensa masiva.

     Los cristianos actualmente marginados por los medios de comunicación se han caracterizado por participar en el movimiento por los derechos civiles contra el racismo y la discriminación sistemática iniciados en la década del 60, y muchos protestaron contra la guerra de Vietnam y contra la intervención norteamericana en Centroamérica en apoyo de los gobiernos dictatoriales de la región. Entre las figuras más sobresalientes de estos movimientos impulsados por el respeto a la vida y la dignidad humana están Martin Luther King Jr., Rabbi Abraham Joshua Heschel, William Sloane Coffin y Dorothy Day.

     Pero a pesar de esta tradición progresista y militante de las organizaciones religiosas en favor de la justicia y de la ética en el marco individual e institucional, con un discurso claro contra la avaricia, la indiferencia y la frialdad de corazón, la derecha religiosa ha acaparado el espacio político para hablar de: “responsabilidad individual” –para castigar a las madres solteras por su pecado–, y apoyar los recortes que la derecha política quiere hacer en los programas del gobierno que ayudan a familias –y madres solteras– de bajos recursos. Al mismo tiempo, la Coalición Cristiana hace mutis por el foro cuando se trata de denunciar el pecado de avaricia de corporaciones multimillonarias que para enriquecerse aún más, despiden a miles de empleados de un día para el otro. Por ejemplo, en enero de este año, mientras se discutían en el Congreso dichos recortes, la compañía telefónica AT&T anunció el despido de 72.000 trabajadores, pero la Coalición Cristiana no tuvo nada que comentar sobre la “responsabilidad social” ni de los sufrimientos que soportarán las familias de los trabajadores desplazados.

     En los EE.UU. hay muchos que creen que la religión debe ser una parte esencial del gran debate que hoy enfrentan a quienes son ricos y están en el poder con los pobres que carecen de él. La energía moral de la religión no se aplica sólo a los dilemas del pasado ni a las problemáticas de los individuos del presente, sino que también tiene una dimensión trascendente que puede ayudar a todos los seres humanos a imaginar diferentes formas creativas, moral, social y económicamente sanas para organizar las relaciones económicas y políticas de la sociedad. Descartar este potencial imaginativo de la religión es ignorar un discurso poderoso que puede hacerle frente a quienes ostentan el poder con avaricia, egoísmo y frialdad de corazón

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