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0905 - Fuente ALAI - Berkeley El libre
mercado desempeñó un papel crucial en la destrucción de Nueva Orleáns y la
muerte de millares de sus residentes. Advertidos por adelantado que un
colosal huracán (de fuerza 5) iba a abatirse sobre la ciudad y los
alrededores, ¿qué hicieron los funcionarios? Pusieron en juego el libre
mercado.
Anunciaron que todo el mundo debía evacuar la ciudad. Se esperaba que cada
cual ideara su propia salida del área de desastre por medios privados, así
como lo dicta el libre mercado, al igual que ocurre cuando el desastre
asesta a los países de libre-mercado del Tercer Mundo.
Es una cosa hermosa, este libre mercado, en el cual cada individuo
persigue sus propios intereses personales, de tal modo que efectúe un
resultado óptimo para la sociedad entera. Es así como la mano invisible
obra sus maravillas.
Allí no habría ninguna evacuación "colectivista y regimentada", como
ocurrió en Cuba. Cuando un huracán de alcance especialmente grande golpeó
esa isla el año pasado, el gobierno de Castro, apoyado por los comités
ciudadanos de vecinos y los cuadros locales del Partido Comunista, evacuó
a 1,3 millones de personas, más del 10 por ciento de la población del
país, sin la pérdida de una sola vida; una hazaña alentadora que pasó
prácticamente inadvertida en la prensa estadounidense.
En el Día Uno del desastre causado por huracán Katrina, ya quedaba claro
que centenares, sino miles, de vidas americanas se habían perdido en Nueva
Orleáns. Mucha gente se había "negado" a evacuar, explicaron los
reporteros de la prensa, simplemente porque eran "tercos". No era sino
hasta al Día Tres que los comentaristas -relativamente pudientes-
comenzaron a darse cuenta que decenas de miles de personas no habían
podido huir, porque no tenían a donde ir, ni medios para desplazarse. Con
poco dinero en efectivo a la mano, y carentes de vehículo propio, no les
quedó más que permanecer allí y confiar a la suerte. En fin de cuentas, el
libre mercado no funcionó tan bien para ellos.
Buena parte de esta gente era Afroamericana de bajo ingreso, junto con un
número menor de blancos pobres. Vale recordar que la mayoría de ellos
tenía un empleo antes de la visita mortal de Katrina. Eso es lo que hace
la mayoría de la gente pobre en este país: trabaja, generalmente muy duro
en empleos muy mal pagados, a veces en más de un empleo a la vez. Son
pobres, no porque son perezosos, sino porque les cuesta sobrevivir con
salarios de miseria, a la vez que cargar con altos precios, alquileres
elevados e impuestos regresivos.
El libre mercado incidió también de otra forma. La agenda de Bush es
achicar los servicios estatales al mínimo y obligar a la gente a recurrir
al sector privado para atender sus necesidades. Entonces, recortó $71.2
millones del presupuesto del Cuerpo de Ingenieros de Nueva Orleáns, una
reducción del 44 por ciento. Y tuvieron que archivarse los planes para
fortificar los diques de Nueva Orleáns y para mejorar el sistema del
bombeo para el drenaje de agua.
Bush sobrevoló el área y dijo que nadie habría podido prever este
desastre. Una mentira más que sale de sus labios. Toda clase de gente
había estado prediciendo un desastre para Nueva Orleáns, señalando la
necesidad de consolidar los diques y las bombas, y fortificar las tierras
costeñas.
En su campaña para aniquilar al sector público, los secuaces reaccionarios
de Bush también permitieron que los constructores drenen áreas extensas de
pantano. Una vez más esa vieja mano invisible del libre mercado se
encargaría de cuidar las cosas. Los constructores, persiguiendo su propia
ganancia privada, aducirían que se trata de respuestas en beneficio de
todos.
Sin embargo, los pantanos servían como absorbente y barrera naturales
entre Nueva Orleáns y las tormentas que llegan desde mar adentro. Desde
hace ya algunos años, los pantanos han estado desapareciendo a un ritmo
espantoso de la costa del golfo. Pero nada de esto les causó preocupación
a los reaccionarios en la Casa Blanca.
En cuanto a la operación de rescate, los defensores del libre mercado
suelen decir que la ayuda a los más desafortunados entre nosotros se debe
dejar en manos de la caridad privada. Era una prédica preferida del
presidente Ronald Reagan decir que "la caridad privada lo puede resolver".
Y de hecho durante los primeros días, esa parecía ser la política para el
desastre causado por el huracán Katrina.
El gobierno federal se hizo humo, pero la Cruz Roja entró en acción. Su
mensaje: "No envíen alimentos ni mantas; envíen dinero". Mientras tanto,
Pat Robertson y la Christian Broadcasting Network, -haciendo una breve
pausa en su obra divina de impulsar el nombramiento de John Roberts a la
Corte Suprema- hizo un llamado para donaciones y anunció la "Operación
Bendición", que consistía en un envío altamente publicitado pero
totalmente inadecuado de conservas y biblias.
Para el Día Tres, incluso los medios miopes comenzaron a darse cuenta del
enorme fracaso de de la operación de rescate. La gente se estaba muriendo
porque la ayuda no había llegado. Las autoridades parecían más preocupadas
en prevenir el saqueo que en el rescate de la gente. Era la propiedad
antes que la gente, así como los defensores del libre mercado siempre lo
han querido.
No obstante, surgieron preguntas que el libre mercado no parecía capaz de
contestar: ¿Quién estaba a cargo de la operación del rescate? ¿Por qué tan
pocos helicópteros y a penas un puñado de guardacostas? ¿Por qué los
helicópteros demoraron cinco horas en sacar a seis personas de un
hospital? ¿Cuándo se pondría en plena acción la operación de rescate?
¿Dónde estaban los feds (policía federal)? ¿Los troopers del estado? ¿La
Guardia Nacional? ¿Dónde estaban los autobuses y los camiones? ¿Las carpas
e higiénicos portables? ¿Las provisiones médicas y el agua?
¿Dónde estaba la Seguridad Interior? ¿Qué ha hecho la Seguridad Interior
con los $33,8 mil millones asignados a ella en el año fiscal 2005? Incluso
el propio noticiero de la tarde de ABC-TV (del 1 de septiembre 2005) citó
a funcionarios locales que dijeron que "la respuesta del gobierno federal
ha sido una vergüenza nacional".
En un momento de ironía sabrosa (y quizás pícara), llegaron ofertas de
ayuda exterior por parte de Francia, Alemania y varias otras naciones.
Rusia ofreció enviar dos aviones cargados alimentos y de otros materiales
para las víctimas. Como era previsible, todas estas ofertas fueron
velozmente rechazadas por la Casa Blanca. América, la Hermosa y Poderosa,
América el Salvador Supremo y Líder Mundial, América el Proveedor de la
Prosperidad Global no podía aceptar la ayuda exterior de otros. Eso sería
una inversión de roles humillante e insultante. ¿Será que los franceses
buscaban otro puñete en la nariz?
Es más, aceptar la ayuda exterior hubiese significado admitir la verdad:
que los bushistas reaccionarios no tenían ni el deseo ni la decencia de
proteger a los ciudadanos comunes, cuando menos a aquellos en situación de
necesidad extrema. Quien sabe si la gente comenzaría a pensar que George
W. Bush realmente no era más que un agente a tiempo completo de la América
corporativa.
Michael Parenti es autor de: "Superpatriotism
(City Lights)" y "The Assassination of Julius Caesar" (New Press), entre
otros libros. En el otoñó lanzará "The Culture Struggle" (Seven Stories
Press). www.michaelparenti.org. Fuente: ZNet (http://www.zmag.org).
Traducción del inglés: ALAI.
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¿Que es el Katrina?
Huracán Katrina
fue un gran ciclón tropical que asoló el sur y el centro de los Estados
Unidos en agosto de 2005. Produjo grandes destrozos en Florida, Bahamas,
Louisiana y Mississippi, incluyendo cuantiosos daños materiales y graves
inundaciones. Tocó tierra de la costa de Louisiana el 29 de agosto
convertido en un huracán categoría 4, y a pesar de que en el último
momento se desvió ligeramente de su ruta que atravesaba directamente la
ciudad de Nueva Orleans, se produjo gran devastación en la misma y en
áreas aledañas. Por los daños producidos, se convirtió en uno de los
huracanes más intensos en Estados Unidos en la historia reciente, y quizás
sea el mayor desastre natural en la historia de ese país. Katrina es el
cuarto huracán de la temporada de huracanes del
Atlántico de 2005.
Katrina se formó sobre Bahamas el 24 de agosto de 2005 y tocó tierra por
primera vez cerca del norte de Miami, en Florida, en la forma de un
huracán de categoría 1 y causó graves inundaciones, pérdida de la energía
eléctrica para más de un millon de residentes, y once muertes. Durante
este primer recorrido se debilitó y se convirtió en tormenta tropical. Sin
embargo, ganó fuerza con mayor rapidez de lo anticipado en las aguas
cálidas del golfo de México, donde se convirtió en un huracán de categoría
cinco y alcanzó una presión central de 902 mb (676,4 mms de Hg). Con estas
características, Katrina se convirtió en la cuarta tormenta más intensa de
la cuenca del Atlántico, con vientos sostenidos de 280 kilómetros por
hora. El sistema volvió hacia el norte y se debilitó levemente justo antes
de tocar tierra nuevamente, el 29 de agosto de 2005, cerca de Grand Isle,
Louisiana, como un huracán de categoría 4 con vientos de 241 kms/h.
Katrina volvió a tocar tierra al sur de Buras-Triumph, Louisiana
aproximadamente a las 6:10 hora local (1110
UTC), y su llegada
final a tierra se produjo a las 10am hora local (1500 UTC) en la frontera
entre Louisiana y Misssissippi.
Horas antes de la llegada del huracán,
las autoridades ordenaron una evacuación completa de Nueva Orleans ya que
el 70% de esta ciudad está por debajo del nivel del mar. La ciudad resultó
efectivamente inundada. Se produjeron también diversas alertas de tormenta
y tornados en zonas de Louisiana, Mississippi, Alabama y Georgia (toda la
costa del golfo). Las alertas en la costa fueron desactivadas, pero
persisten algunas en los estados del noreste y en Canadá.
"El poder de las pesadillas"
o Al Qaeda no existe
The Pew Research Center for the People & the Press.
Organismo dedicado al estudio de la opinión pública en relación con los
medios de comunicación y la política. Parte de sus estudios son accesibles
vía Internet y parte (en papel) bajo demanda.
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