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1205 - Estúpido, engreído y bárbaro,
Arnold
Schwarzenegger (Terminator) provoca la vergüenza de la especie humana y
hace honor a la despreciable política exterior e interior, terrorista y
genocida, que ostenta el
gobierno de Bush.
Es el momento de recordar la reflexión de María Elena Walsh a propósito de
la pena de muerte:
"Cada vez que se alude a este escarmiento la
Humanidad retrocede en cuatro patas"
El
ex líder pandillero estadounidense Stanley “Tookie” Williams, fue
ejecutado este martes con una inyección letal, 24 años después de haber
sido sentenciado por la muerte de cuatro personas en 1979.
Durante su tiempo en la cárcel Williams encabezó varias campañas para
alejar a los jóvenes de las pandillas violentas y escribió libros para
niños sobre el tema, por lo que fue nominado al premio Nobel de la Paz.
El ex pandillero siempre mantuvo su inocencia y su petición de clemencia
se basó en que supuestamente se había reformado.
El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, fascista declarado,
señaló que el convicto no mostró arrepentimiento real por los crímenes
cometidos y que su cambio de actitud no era genuino. Seguidamente le negó
la condonación de la pena de muerte.
El perdón de Schwarzenegger era la última esperanza para
el ex jefe pandillero, que fue postulado incluso para Nobel de la paz.
A último momento,
Schwarzenegger
negó el perdón con el que podría haber cambiado la pena capital por una
cadena perpetua reabriendo el debate en EE.UU. sobre lo que muchos
consideran un acto de barbarie.
Williams, cuya
controvertida figura incluía también la profesión de escritor de
libros para chicos que comenzó en prisión, recibió una inyección
letal en los primeros minutos de hoy (en California, poco después de las
5:00 en Argentina) en la penitenciaría de San Quintin, al norte de San
Francisco, donde pasó casi la mitad de su vida en el corredor de
la muerte.
Fue condenado a la pena capital en 1981 por el homicidio de cuatro
personas, pero siempre se declaró inocente.
Tras su
encarcelamiento renegó de su pasado, escribió libros en los que aconseja a
los niños evitar las pandillas y el crimen, y promovió la no violencia.
Según informó un portavoz de la prisión, el detenido rechazó la
célebre última cena
El condenado fue declarado muerto a las 5:35 de Argentina. Al darse a
conocer la noticia, miles de personas que se habían congregado en el
exterior de la prisión expresaron su descontento. "Ha terminado
pero no ha terminado", les dijo el reverendo
Jesse Jackson,
un defensor de Williams.
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La Pena de Muerte - María Elena
Walsh
Fui lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y
fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores
de la ley y a la vista de mis hijos.
Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a
la del Estado.
Fui condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el
demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un
lunar en la espalda, estigma demoníaco.
Fui descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.
Fui condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos
hambrientos. Mi señor era el brazo de la Justicia.
Fui quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un
contubernio católico-protestante.
Fui enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios
consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la
Mujer entre los Derechos del Hombre.
Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de
unitarios.
Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de
una interna de federales.
Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.
Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad,
sin tiempo de arrepentirme o convertirme en un hombre de bien, como
suele decirse de los embriones en el claustro materno.
Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo
distinto al de los verdugos.
Me condenaron de facto por imprimir libelos subversivos,
arrojándome semivivo a una fosa común.
A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron
con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que
yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era
ejemplar. Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad
retrocede en cuatro patas
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