020906 - La sentencia
"los ricos se enriquecen y los pobres empobrecen" suele emplearse para
ilustrar la situación de los países en desarrollo. Pero hoy describe el
panorama económico de Estados Unidos, la única superpotencia mundial.
Los últimos estudios del Buró de Censos de Estados Unidos
al respecto reflejan, según muchos economistas, el impacto negativo de
la "sociedad de propietarios", una plataforma programática propuesta a
la ciudadanía por el presidente George W. Bush.
El esquema se caracteriza por los recortes de impuestos a la inversión
de capital y a los ahorros y la privatización de la seguridad social.
La tendencia regresiva quedó patente en todos los hogares
estadounidenses por las imágenes televisivas de desesperados
damnificados por el huracán Katrina en el sudeste del país, cuya
abrumadora mayoría son pobres y negros.
Muchos sobreviven gracias a la menguante seguridad social y no pueden
gastar en combustible o en pasajes de autobús para alejarse de la
tormenta.
"Por lo general, la pobreza no mata rápidamente. Pero a veces sí, si,
por ejemplo, un huracán monstruoso devasta una región", escribió Bill
Berlow, editor en el periódico Tallahassee Democrat, en un comentario
sobre el censo.
"En medio del terrible sufrimiento que el huracán Katrina produjo en
unas pocas horas, y que atraviesa un gran espectro socioeconómico, nos
enteramos de que muchos pobres mueren porque, sencillamente, tienen
menos opciones", anotó Berlow.
Los datos del Buró de Censos lo explican con cifras.
El año pasado, la pobreza alcanzaba a 12,7 por ciento de la población.
Fue el cuarto año consecutivo en que ese porcentaje aumentó. Eso
significa que 37 millones de personas viven con ingresos de menos de
19.157 dólares anuales por familia de cuatro integrantes.
Traducido en cifras absolutas, eso significa que el año pasado hubo en
Estados Unidos 1,1 millones de pobres más que en 2003.
La inequidad económica se acercó en 2004 al récord: el 20 por ciento más
rico de la población recibió 50,1 por ciento del ingreso total. El cinco
por ciento más rico fue el único sector que disfrutó un aumento de su
ingreso real. El del restante 95 por ciento se mantuvo o cayó.
Pero la situación real, de hecho, puede ser aun peor, pues no es claro
si el Buró de Censos contabiliza a los inmigrantes ilegales.
El ingreso promedio por hogar de cuatro integrantes se mantuvo en 44.389
dólares, estancado desde 2003.
Entre las comunidades étnicas, los negros son los que reciben el
promedio de ingreso más bajo, y los asiáticos, el mayor. Y entre las
regiones, el sur --en el sudeste del país, donde se abatió el huracán--
fue la que tuvo el ingreso promedio menor, y el noreste y el oeste el
mayor.
El aumento de la pobreza se registra en medio de un fuerte crecimiento
económico de 3,8 por ciento anual, que permitió el año pasado la
creación de 2,2 millones de empleos.
Pero la mayoría de esos puestos correspondían al sector de servicios,
con salarios menores a los de la industria.
Los empleos industriales desaparecen, al mismo tiempo que la fuerza de
trabajo estadounidense continúa careciendo de las destrezas necesarias
para cubrir los empleos mejor pagados del sector de servicios.
La mayoría de los trabajadores deben tener dos empleos, para cubrir con
el segundo las reducciones salariales que sufrieron en el primero.
Para colmo, buena parte del crecimiento de la riqueza económica de los
últimos años se canalizó puramente a través de bienes financieros
adquiridos por ricos en forma de ingresos de capital, como intereses,
rentas y dividendos, según muchos economistas.
La cantidad de personas sin seguro de salud subió de 45 millones a 45,8
millones. Pero el Buró de Censos sostuvo que el porcentaje respectivo se
mantiene incambiado, dado un "aumento en la cobertura del gobierno" que
implica "una caída en la basada sobre el empleo".
Pero los programas públicos de salud como Medicaid sufren cortes en
estados que no pueden financiarlos, lo que deja a los pobres aun con
menos recursos sanitarios.
El paisaje económico desde la Casa Blanca y el Capitolio, sede del
Congreso legislativo en Washington, es, obviamente, muy diferente al que
se aprecia desde debajo de la línea de pobreza.
En la última legislatura, el Congreso, presionado por firmas emisoras de
tarjetas de crédito, aprobó una ley que dificulta a las personas de
bajos ingresos declararse en bancarrota para evitar las deudas.
Mientras, las emisoras de tarjetas alientan a sus clientes a
utilizarlas. Según organizaciones de defensa de los consumidores, su
objetivo es aumentar la posibilidad de un cese de pagos, más lucrativo
que las operaciones normales a causa de los intereses y multas
exorbitantes.
La semana próxima, cuando se reanuden las sesiones, el Congreso
legislativo analizará proyectos de ley que afectan a los más ricos (el
impuesto a los bienes raíces o recortes de tributos a las inversiones) y
a los más pobres (un aumento del salario mínimo).
Los legisladores también considerarán propuestas para recortar aun más
los programas de asistencia a los más pobres, como Medicaid, las
estampillas para alimentos y los préstamos estudiantiles.
Por otra parte, la Casa Blanca y el Congreso continúan paralizados en
torno de la reforma de la seguridad social, en parte porque, según las
encuestas, la mayoría del público no cree que la privatización
incremente el monto de las jubilaciones y pensiones por discapacidad,
como asegura el presidente Bush.
En los últimos años, la economía estadounidense ha tenido como motor el
gasto de los consumidores, más que las inversiones de los ricos
beneficiados por los recortes de impuestos.
¿Qué sucede con el consumo cuando los pobres se vuelven más pobres?
A medida que caen los salarios y las tarjetas de crédito quedan
bloqueadas, el consumo se frena, según advierten economistas. Cada vez
más personas se sumirán en un abismo financiero y su supervivencia se
convertirá en responsabilidad del gobierno y, por ende, de todos los
contribuyentes.
Dado el enorme déficit fiscal dispuesto por políticos que profesan
compromiso con la responsabilidad en el gasto público, los
contribuyentes --actuales y futuros-- deberán cargar con la pesada carga
de financiar la deuda acumulada por el Estado.
Por lo menos la mitad de esa deuda es propiedad de residentes en el
extranjero que esperan recibir los intereses de su inversión.
Eso implica una presión adicional sobre la balanza internacional de
pagos de Estados Unidos y deprime el valor del dólar, lo que, a su vez,
deja fuera del alcance de los pobres muchos productos importados de
primera necesidad.
"En definitiva, Estados Unidos no cumple con un criterio clave del
progreso económico: elevar la calidad de vida del segmento más pobre de
la sociedad", dijo a IPS el ex subsecretario (viceministro) de Comercio
Jack Behrman, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de
Carolina del Norte.
"Las actuales políticas favorecen a los ricos y se concentran en el
éxito financiero más que en la producción de bienes y servicios reales.
Es una receta para el conflicto económico y social más que para la
construcción de una sociedad unida", concluyó.
Informe del Buró de Censos de EEUU, en inglés (http://www.census.gov/Press-Release/www/releases/archives/news_conferences/005515.html)
(FIN/IPS/traen-mj/wf/ks/if pr dv ip/05) 2006